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domingo, 11 de febrero de 2018

Pastelero, de Victorino Martín

Pastelero, de Victorino Martín. Dibujo de Juan Pablo Cardona


     Contemplamos el genial dibujo de Juan Pablo Cardona ilustrando a Pastelero nº 20, de Victorino Martín; 520 kilos, cárdeno, cuatro años y medio. Bajo, serio y cornalón. Jugado el día 6 de junio en la feria de San Isidro. De salida se queda en el burladero de matadores, sin dar rodeos, apretando en el capote de Ureña, obligado a sacarlo a los medios. Lo pica Pedro Iturralde cogiéndolo arriba en dos varas que toma empujando con la cara a su altura natural, mirando al caballo continuamente entre envite y envite. Lo sacan presto del segundo encuentro y va largo en el capote de Agustín de Espartinas, fijo en los cites y creciéndose tras la pelea. Pastelero se muestra pegajoso en el percal, dificultando el tercio de banderillas por ello y por cómo va aprendiendo de cada par, necesitando los rehileteros varias pasadas en falso mientras el bicho ignora el castigo de los arponcillos. La lidia más ordenada la proporciona el toro bravo gracias a su fijeza, claro, pero hay que poderlo. Ya en la muleta Ureña lo saca al tercio no sin algún trompicón, donde se desarrollaría toda la obra, es decir, en terrenos intermedios. En los medios hubiera pesado un mundo, también hubiera sido más meritorio. Casi toda la faena la plantea Ureña por el derecho, pitón más franco; por el izquierdo Pastelero se revuelve como un felino. Su fiereza requiere un sitio y un porqué en cada lance, valiendo su peso en oro cada uno de ellos. No está para monerías. El torero murciano le roba un par de tandas portentosas, en otras no tuvo otra alternativa que ceder terreno ante la pujanza del victorino. Cuando lo colocó para estoquearlo se vio la frescura del toro, signo de que no estaba vencido del todo. Dejó una tendida soltando la muleta, de la que tuvo que salir a la carrera por el acoso de Pastelero. Tres golpes de descabello necesitó y todavía seguía apretando y derrotando, y es que estaba para entrar a matar de nuevo. La plaza despidió a Pastelero con una fuerte ovación después de que el presidente, don Javier Cano, ignorara la petición de vuelta al ruedo para el toro. Paco Ureña sí la dio, acababa de vérselas con un auténtico toro bravo. 

Fotografía Javier Alvarado


Artículo para el boletín 51 de La Voz de la Afición.

martes, 3 de octubre de 2017

El bajonazo de Miura


      Vaya por delante que entre las pasiones taurinas más acusadas de un servidor siempre ha figurado con especial devoción la ganadería de Miura, los que me conocen lo saben. La rusticidad, lo tornadizo y la inteligencia que caracterizan a los astados miureños son un reflejo fiel del toro decimonónico, cuando la expresión “rey de la fiesta” no era un tópico manido y vacuo. Era la época que algunos tratadistas han dado en llamar heroica, anhelo de todo aficionado a toros que se precie. Continuando hasta hoy, 175 después de que el sombrerero sevillano Juan Miura, en 1842, impulsado por la afición de su hijo Antonio, adquiriese un hato de Antonio Gil de Herrera origen Gallardo; 169 años si tenemos en cuenta la errata del diccionario de la Real Academia Española que nadie se preocupa en enmendar en cuya entrada sobre miura leemos: “Toro de la ganadería de Miura, formada en 1848 por Eduardo Miura, famosa por la bravura e intención atribuida a sus reses.” He aquí el toro que vieron nuestros abuelos en la Plaza Vieja de la carretera de Aragón, el mismo con el que se asombraron nuestros tatarabuelos en el coso de la Puerta de Alcalá, donde Goya se nutría de inspiración para sus obras. Porque Miura, con toda probabilidad, será la única ganadería que ha lidiado en las tres plazas más importantes que han ido sucediéndose en Madrid, siempre en manos de la misma familia. Ver una corrida de Miura es el privilegio de presenciar el toro antiguo, el que puso en aprietos al mismísimo Frascuelo, a Lagartijo… Un viaje que nos retrotrae en el tiempo. Siempre que el de la A con asas cumpla con las características atribuidas a esa fiera añeja, lo cual no sucede con la frecuencia que me gustaría, todo sea dicho. 

Ocho temporadas completas estuvimos sin ver un pitón de Miura en la recia arena venteña, desde El Toro de Madrid hicimos todo lo posible insistiendo una y otra vez a la empresa de aquel entonces, “los choperitas”. Yo mismo, a nivel particular, di la tabarra por tierra, mar y aire, demandando el regreso de los morlacos de Zahariche, consciente de que la unión de la Casa Miura con Madrid no es menos tradicional que la mantenida con otras plazas que ahora se entienden como seculares para ellos. Llegó el ansiado regreso en 2014 con una corrida aceptable, la del célebre Zahonero; a la que siguió en 2015 un encierro mediocre, bajo de presencia y sin fuelle; y en 2016 un gran toro, Tabernero, dentro de un conjunto discreto en el que se devolvió uno por inválido.

Todas las corridas de esta última etapa vinieron con pelos cárdenos o negros, ni rastro en cuatro temporadas consecutivas de la variedad cromática del miura de no hace mucho, cuestión que no parece casual y que preocupa sobremanera a los aficionados. En cierta ocasión, encontrándome en el apartado mañanero, al preguntar por la monotonía de las capas, don Eduardo Miura me despachó con una larga, diciéndome: “Las camadas vienen así, son casualidades”. Y en noviembre de 2015 en una tertulia de nuestra asociación en Casa Patas, interrogado por el mismo tema, al mencionado don Eduardo se le escapó: “Los otros pelos (aquellos que no son cárdenos o negros) manchan mucho”, restando hierro al asunto. En frase tan breve dijo mucho. Los ganaderos sabrán lo que hacen en su casa, ahora bien, quitarle la variedad de pelajes a los miuras es desposeerlos de una de sus señas de identidad más representativas.

Ninguno de estos últimos años en Las Ventas presentaron una corrida de las que alegran la afición sólo por estampa y cuajo, más bien encierros pobres de trapío con un par de ejemplares serios, consiguiendo así engañar el ojo. El mismo ardid que, generalmente, han empleado en la presente campaña para lidiar en plazas tan comprometidas como Sevilla, Madrid, Pamplona, Ceret, Bilbao o Arles. A esta última llegaron con lo justo por falta de toros y sólo lidiaron tres, convirtiéndose en un desafío ganadero contra Baltasar Ibán. Dijeron que afrontaban el año de una efeméride tan longeva como uno más, que no querían hacer nada especial, y dudo que así fuera viendo la categoría de las plazas que acordaron. El resultado ha sido mediocre en cuanto a presentación salvando quizá la de Sevilla, rellenando el resto con un par de toros de respeto, como se ha dicho.

El cénit del desastre junto con Ceret posiblemente, y éste por cornúpetas razones, fue la tarde de San Isidro, el domingo 11 de junio, que para colmo atrajo a multitud de aficionados de otros puntos de España, desgraciados ellos que además del viaje aguantaron un petardo de proporciones siderales. Dos fueron al corral por inválidos y pudieron ser más, pero lo más grave fue el aspecto del encierro que los señores de Zahariche embarcaron para Las Ventas, un conjunto verdaderamente lamentable. Miuras de plaza de pueblo, con expresiones de novillo y cuerpos no agalgados, que aceptaríamos, sino raquíticos, especialmente los números 38, 21 y 39; primero, segundo y quinto respectivamente. Daba pena verlos, pensar en el hierro que llevaban marcado a fuego era descorazonador. Aquello transcurrió entre protestas y el lógico cabreo de los aficionados, algunos salimos de la plaza bufando. La mayoría de ganaderías no tienen capacidad para mosquearme más allá de media hora, otras, por admiración y respeto, como Miura, pueden dejar una espina clavada. Y es que, ¿dónde queda el crédito de la ganadería si presentan ese desecho de corrida en Madrid por el 175 aniversario? ¿Por qué, al menos, no emitieron un comunicado pidiendo disculpas a la afición?




Una máxima que todo aficionado sabe es que el nivel de casta de las reses no es tan achacable como otros factores que sí están en manos de los ganaderos, como la integridad de las reses y el trapío acorde a la plaza donde se lidia, cuestiones que en una ganadería señorial y de abolengo pensaba que eran tablas de la ley que no desdeñarían. Desconozco qué estima tendrá la familia Miura por la opinión de los aficionados, atrás quedó la relación cómplice, de respeto mutuo entre los fieles (fidelidad con la taquilla de la plaza, se entiende) y los profesionales de la fiesta. Romanticismos de la época heroica, viejo manual de valores tauromáquicos. Quiero decir: los actuales ganaderos de Miura, don Eduardo y don Antonio, han perdido la honra de su divisa para conmigo, la leyenda y la admiración por la historia de su Casa sigue intacta, pero la honra como ganaderos la tendrán que volver a conquistar. Y sospecho que no soy el único. 


Artículo para La Voz de la Afición de la asociación El Toro de Madrid.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Mala pero buena corrida de Lagunajanda

Por falta de tiempo solo voy a dejar constancia de lo que sucedió con el ganado en el día de ayer, que es lo que interesa en este blog. Tampoco hay mucho que decir de los espadas. Mala pero buena corrida de Lagunajanda porque se esperaba una hecatombe similar a la de Montalvo el día del patrón, toros rodando por el suelo y más tontos que Abundio. No se llego a tal extremo pero la corrida fue mala sin paliativos. Toda la corrida fue cinqueña. Me gustó la presentación en general, los toros tuvieron cuajo con hechuras y pintas variadas. El cuarto se tapaba por la cara y el quinto, todo un tío, pelín escurrido de atrás. Toro a toro:

1. Fue una babosa de principio a fin que el señor presidente no tuvo a bien devolver a corrales. Del Álamo se puso muy pesado, por momentos altanero con el público que le pedía que terminara con la vida de aquel animalito y además practicando el toreo rural con pases circulares, dejando constancia del pésimo gusto que atesora. 
2. De pelo negro, recortado de lámina pero serio. Se fingió la suerte de varas, echó la cara arriba en banderillas, y sacó más genio que bravura en la muleta, tirando cabezazos, posiblemente por falta de fuerzas. Fortes nunca dominó en redondo, se quedó quieto, eso sí, dio unas manoletinas, mató y la gente quedó muy contenta.
3. Negro listón. Largo y serio. Manseó en los caballos, El Sirio le puso un par con los pies en la arena. En la muleta embistió con nervio, tardeaba al arrancarse pero después repetía. Duro tres o cuatro tandas y ya. Román anduvo ahí, puso más el toro el tiempo que aguantó que él.
4. Negro zaino. Un poco abierto de púas, cornalón, recortado y escurrido de atrás. Ligeras protestas de salida. Descastado.
5. Castaño albardado. Toro que infundía respeto por la seriedad de la expresión, si bien desmerecía de los cuartos traseros. Empujó en el peto con la cara arriba y se arrancó presto. Sin salir huido, se quedaba mirando al jaco como pidiendo guerra. Una pelea estimable. En banderillas empezó a salir escupido de los lances y en la muleta duró un periquete antes de aplomarse. Hubiera estado bien exprimirlo en varas a ver hasta dónde llegaba. Faenas extra largas de muleta vemos muchas. 
6. De pelaje negro y bien presentado. Sangró mucho en la primera vara, en la siguiente puso muchas excusas para ir a pesar de que Pedro Iturralde lo provocó muy bien. Aminoró el empuje en ese segundo puyazo y se midió el castigo. Parece que se viene arriba en banderillas y galopa con alegría. Dura dos tandas y empieza a quedarse parado y a tirar cabezazos, dudo si por condición natural o por impericia de la muleta de Román.

Matraquero en quinto lugar. Hubiera estado interesante darle al menos una tercera vara

martes, 16 de mayo de 2017

Cinco inválidos y mal día para el currismo

Crónica para la web de la asociación El Toro de Madrid

Con tiempo agradable y la plaza prácticamente llena se ha jugado la corrida del día del santo patrón, San Isidro Labrador. Corrida de toros de Montalvo, encaste Domecq vía Daniel Ruiz y Zalduendo, más una pequeña reminiscencia de Martínez. Discretos de presencia en líneas generales, destacando positivamente el segundo, serio y rematado; y cuarto, aunque recogido de cuerna, de buen trapío.


Curro Díaz. Estocada trasera muy tendida, bajonazo sin pasar quedándose prendido de los pitones, dos descabellos; silencio. Bajonazo; pitos.
Paco Ureña. Estocada haciendo guardia y descabello; silencio. Pinchazo, estocada haciendo guardia; silencio.
López Simón. Estocada trasera rinconera; silencio (un aviso). Media estocada trasera y tendida; silencio.



Presidencia: D. Justo Polo Ramos. Cinco inválidos, los bueyes de Florito sin aparecer y muy ligero para sacar el pañuelo blanco cambiando de tercio. Lamentable actuación.
Tercio de Varas: La corrida ha aminorado notablemente el empuje en el segundo puyazo. Tito Sandoval provocó con torería la arrancada del tercero de la tarde, moviendo el caballo con soltura y tirando bien el palo, aunque los puyazos cayeron traseros. Se marchó entre aplausos.  
Cuadrillas: Saludaron Domingo Siro y Jesús Arruga tras parear al tercer toro con elegancia y ortodoxia.
Incicencias: Manuel Muñoz, tercero de la cuadrilla de Curro Díaz, fue corneado al salir de un par durante la lidia del primer toro, el parte refleja lo siguiente: Herida por asta de toro en tercio medio de cara posterior de muslo izquierdo de 20 cm. alcanzando el fémur, contusiona nervio ciático y causa destrozos en los músculos isquiotibiales. Intervenido bajo anestesia general se traslada a Clínica San Francisco de Asís a cargo de la Fraternidad. Pronóstico grave. Firmado Dr. García Padrós. 



    Las broncas son tan taurinas como las ovaciones y están presentes en la plaza de toros de Madrid desde los tiempos del triunvirato Costillares, Pepeíllo y Romero; que ya ha llovido. Hoy, para celebrar el día del patrón y por aquello tan castizo de las broncas, no se ha parado. Se montó el follón desde que Curro Díaz recibió a la verónica al cuatreño que rompió plaza, viéndose lo limitado de sus fuerzas y cómo echaba las manos por delante, y no cesó hasta que López Simón acabó con el último del encierro. Toda la tarde ha transcurrido entre improperios y frases de desaprobación contra el ganadero y, especialmente, el palco presidencial, ya que no devolvió ninguna de las babosas a pesar de las protestas, no me digan cómo ni por qué. La corrida fue un muestrario de toros al límite de fuerzas a los que no se les puede pegar cuatro muletazos seguidos por abajo sin que pierdan las manos, exceptuando el que se lidió en cuarto lugar.

Pedro Iturralde agarrándose con el segundo. De lo mejor que se puede ver entre los del castoreño


Precisamente la lidia del cuarto fue una pausa para el palco y el ganadero, que andaría sufriendo lo suyo, y las iras desviaron el objetivo, en esta ocasión contra Curro Díaz, torero muy querido en Madrid. El bicho, Escandaloso de nombre, con un pelaje que recordaba a lo de Martínez, no hacía caso de las provocaciones por el lado derecho, colándose descaradamente, y Curro fundamentó toda la intentona al natural, empezando frente al diez, continuando en los medios, en las proximidades del cinco y finalizando frente al siete. No porque el toro correteara de un lado para otro, sino porque Curro no sabía cómo ni dónde meterle mano. El toreo de desmayo hoy no servía, la parroquia quería ver torear, demandaba colocación, dominio, y muletazos con trazo de principio a fin; y no el medio pase sin ajuste, descolocado, que se vio constantemente. Intercaló algún muletazo bueno entre todo aquel despropósito, chispazos que no tuvieron eco, la afición sabe que Curro puede hacerlo mucho mejor, como también sabe que es un torero de altibajos. Desde luego que hoy no tocaba el Curro de altas cotas.
Lo más valioso, sin lugar a dudas, fue el quite a cuerpo limpio que le hizo a su banderillero, Manuel Muñoz, durante la lidia del primero. Gesto de gallardía y valor espontáneo por parte de Curro Díaz en una situación dramática, ya que el toro tenía al banderillero a placer contras las tablas y ni aun así se libró de la cornada. Correspondió este primer capítulo de la corrida con un toro que pendía de un hilo, blandito y de embestida chochona, que deslucía cualquier posibilidad del torero de Linares.

El único potable de la corrida en cuarto lugar, Escandaloso


Ureña tuvo enfrente un inválido en el segundo episodio de la tarde. La faena, como es normal, se desarrolló entre el mosqueo del personal, pasaportándolo, para mas inri, de una estocada haciendo guardia. El colorado que hizo quinto salió con muchos pies, se le cruzó de mala manera cuando se disponía a pararlo, soltó el capote y fue empotrado contra la barrera sin que tuviera tiempo de escaparse. Milagrosamente se libró de la cornada, rehaciéndose del golpe, pero el trasteo de muleta resulto insípido por las ostensibles carencias del animal, ayuno de casta, y el planteamiento del torero murciano, que nunca pasó de voluntarioso. Por si fuera poco, volvió a matar enhebrando la espada en la piel del toro.

Parecía que el castaño que sorteó López Simón en primer lugar iba a tener más fuelle y puede ser que el buen hacer de Tito Sandoval primero, y de la cuadrilla después, nos engañara. Lo cierto es que en el tercio de muerte acometió mortecino y apenas se tenía. Simón trasteó muy desigual, entre caída y caída, y solo se entendió con el burel al final de la faena, en dos tandas de naturales despaciosas. A esas alturas pocos le echaron cuentas. Cerró un toro feote de pelo colorado que se movió como si estuviera descoordinado, blandeando como el resto de sus hermanos… la afición trinaba. No salió nada lucido del tercio de muleta y lo mejor que pudo pasar es que Jesús Arruga acabara con tan desastrosa tarde de un certero cachetazo en la segunda intentona, mandando el toro al desolladero, al gremio de carniceros. Sin duda, la corrida de Montalvo dará más juego en la cocina que en la arena de Las Ventas.

lunes, 15 de mayo de 2017

Las tres primeras de San Isidro

   Con un tiempo loco y un público más loco todavía hemos empezado este san isidro marathon 2017. Mínimo diez mil personas diferentes todos los días hacen de nuestra queridísima plaza un manicomio donde lo mismo te dan una orejita con escasa petición por una faena de derechazos aprovechando inercias, más un pinchazo; que se lía una pajarraca de las buenas por apuntillar un toro tras los tres avisos. Lo mismo se pensaban que lo devolvían al careo de la dehesa, no me extrañaría. Los abonados se han dado a la fuga durante los años de crisis, a la par que iban aumentando el número de festejos ‒unos visionarios‒ así que estamos como estamos. El que tenga muy desarrollado el sentido de la vergüenza ajena lo va a pasar mal.


La Quinta

   De esas corridas imposibles de calificar con un solo adjetivo debido a la complejidad de la misma. Conjunto que metía mucho miedo por su irreprochable trapío, si bien me sobró el sexto, pues descabalaba por una cabeza que hubiera hecho las delicias en La Vall de Uxó. Dura de pezuñas, cinqueña, desengañándose en cada lance, lo cual hizo que las lidias tuvieran un interés de esos que el aficionado a toros degusta interiormente. Si hubiera cumplido en varas estaríamos hablando de palabras mayores, lo cierto es que hubo no pocas dosis de mansedumbre en los primeros actos y todo un repertorio de espantadas, coces y peleas en los dominios del picador reserva.

   El primero tuvo un pitón izquierdo pastueño, por el derecho peligroso, apagándose rápido, Aguilar, incomprensiblemente, se cambió al derecho cuando la gente estaba entrando en la faena. Segundo orientado, duro en la muerte, se quedó crudo por no saber qué hacer con él y mandó a la enfermería a David Galván cuando intentaba pasar en redondo a semejante prenda, gracias a ese sinsentido que predomina en el escalafón actual de torear a todos los toros igual, sin atender a las condiciones que desarrolle. El tercero cumplidor en varas, toro guapísimo, Matajaca, aprendiendo en banderillas y bajo de casta en la franela de Javier Jiménez, con un pitón izquierdo suave, donde vimos las maneras de este torero, intentando dominar, y dominando las embestidas con mucha verdad y ajuste, llevando toreado al toro al natural. En cuarto lugar un toro estrecho de sienes, veleto, con cara de loco, que se dejó por el izquierdo, siempre midiendo y con poco empuje, Alberto Aguilar no tuvo su mejor tarde. El quinto que estaba anunciado como sexto le costo muchísimo llegar a la caballería, por el derecho no tenía un pase y, sin embargo, por el izquierdo tuvo una embestida alegre, hasta el final; Javier Jiménez estaba construyendo una faena más bullanguera que otra cosa hasta que tuvo la inoportuna idea de echarle la derecha, ahí el toro cambió por completo y dijo que nones. El sexto se dejó dar con la cara alta, Jiménez nunca le cogió el aire, no era fácil, pues sabía lo que se dejaba en cada muletazo y aquello nunca tomó vuelo. Se mató mal y con muchas precauciones, a Javier Jiménez se le vio pegando el toque hacia el pitón izquierdo, en vez de meter la muleta en el hocico para entrar por derecho.


Matajaca, de La Quinta. Precioso ejemplar


El Ventorrillo

   Esta ganadería que pasta en tierras manchegas venía con buen cartel debido a las dos corridas que echó la temporada pasada. Los aficionados la esperábamos y pensábamos que podría salir una corrida, o bien dura, o bien embestidora. Nada de eso, salió una mansada de tomo y lomo, de nulas opciones salvo quinto y sexto. Muy bien presentada, corrida muy seria y rematada con diferentes pelos y hechuras, destacando el tercero, recortado de lámina pero con un cuajo indudable; y el quinto, un salpicado que era toda una pintura, aplaudido de salida en cada tendido por donde iba luciendo el tipo.


Cetrero, una pintura de El Ventorrillo y la primera oreja regalada de la feria

   Eugenio de Mora sorteó un lote infumable y solo pudimos ver lo tramposo que es matando, estirando el brazo al máximo, inclinando el tronco, y sujetando la muleta de horrorosa manera para acabar tapando la cara al toro. Suele ser efectivo, esta vez ni eso. A Román las virtudes inherentes de la juventud y poco más, no se le ve concepto, torería, ni inteligencia. Con ese precioso quinto burel que comenté, de nombre Cetrero, Morenito de Aranda construyó una faena por el derecho aprovechando la inercia que dan las distancias, pero una vez que ligaba los pases fueron bruscos, trabados o por arriba. Cuando le echó la zurda se vio que el toro tenía media arrancada. Pinchó arriba entrando bien y en la siguiente lo mató. El pinchazo arriba haciendo bien la suerte resta lo mínimo, lo saben los buenos aficionados, el tema es que la faena no era de oreja, no había mayoría y el nuevo usía se arredró y sacó el moquero. Mal vamos si achanta una tarde así. Cetrero fue un toro voluntarioso de embestida corta, en absoluto para ovación tan sonora y ni por asomo de vuelta al ruedo como pidió algún insensato.


El Pilar

  En esta corrida empezamos a ver cómo algunos de los toros flojearon de remos, tónica que desgraciadamente intuyo que va a continuar con Montalvo y Lagunajanda los próximos días. Mejor que entrar en harina con los toros y empezar a ponerlos pegas, decir que la terna estuvo nefasta, todos tuvieron su cartucho y estuvieron muy por debajo. Urdiales con el que rompió plaza, que ya en banderillas se puso pegajoso sin que "El Víctor" fuera capaz de encontrar soluciones. En la pañosa del torero riojano sucedió lo mismo, el morlaco sacó castita y este solo consiguió ligar una tanda, a media altura, el resto de la faena se diluyó de esa manera tan privilegiadamente urdialesca en la que el toro no parece tan buen toro, aquello toma un halo hipnótico y nadie sabe lo que ha sucedido allí.
   Un manso con fuerza, huidizo, en segundo lugar para David Mora, con el que en vez de porfiar, buscarle las vueltas tratando de sujetarlo, torearlo por los adentros o llevárselo a chiqueros a ver si así, se dedicó a mirar al tendido encogiéndose de hombros. Luego vino el sainete con el quinto, que no paró de trotar en el último tercio y Mora lo muleteó periféricamente, dando solo medio muletazo, esperando que el toro se toreara solo. Una faena dantesca. Pero la bronca se la llevó por marrar una y otra vez con el descabello hasta que sonaron los tres avisos y el petardazo que había pegado con la muleta pasó de puntillas. 
   No puedo eludir el tercer par que colocó Ángel Otero a este segundo, y vuelvo a señalar, tercer par, con las complicaciones que esto conlleva. El valor de este torero y la capacidad que tiene para cuartear cuando le vienen los toros galopando es una cosa tremenda. El público se levantó de la piedra como un resorte, fue un momento de auténtica emoción. ¡Olé los banderilleros buenos!
    Garrido en estas dos últimas comparecencias que hemos podido verle ha pecado de lo mismo: está más pendiente de componer la figura que de poder a los toros, construir faena y llevarlos toreados. Así de simple. Sumémosle que viene con las faenas y los quites hechos del hotel, salgan como salgan los animales. Espero evolución porque se atisbaban muy buenas aptitudes no hace mucho, no obstante el capote que tiene es de categoría. El tercero de la tarde fue un ejemplar descastado e inválido que se echó en mitad de faena, pero el que cerró plaza, dentro de la embestida sosa que tenía, tuvo cualidades para torearlo con más brillantez y se lo pasó muy lejos. 


Otero iniciando el cuarteo de un par de los que dejan huella


Seguiremos informando.

martes, 21 de marzo de 2017

Análisis de San Isidro de la Asociación El Toro de Madrid

 No queremos dejar pasar la ocasión sin dar un repaso a los carteles presentados para los ciclos de primavera –Feria de la Comunidad y San Isidro-  como solemos hacer en la Asociación El Toro de Madrid. Este año con más motivo por las expectativas levantadas con la llegada de una nueva empresa, Plaza1, y las promesas que su máximo exponente, Simón Casas, ha ido proclamando en diferentes medios, incluida nuestra tertulia en Casa Patas. Así, vamos a dar nuestra opinión en los puntos que a continuación exponemos.



Feria de la Comunidad de Madrid.

 Nos congratulamos por la inclusión del hierro de Doña Dolores Aguirre, años ha que no lidiaba en nuestra plaza. Probablemente el toro Argelón fue el último que se jugó en Las Ventas con su divisa, en San Isidro de 2010, ejemplar que dejó recuerdo en los aficionados por su inconmensurable poderío. Sin embargo lamentamos que pongan una novillada de Sánchez Herrero, ganadería que lleva varios años en la Lista Negra de esta Asociación por su reincidente comportamiento blando, soso y colaborador.

 Respecto a la corrida Goyesca, una pena que no se anuncien toreros de Madrid siendo la fiesta de la Comunidad. Aun reconociendo que los espadas anunciados son valorados por la afición de Las Ventas vemos harto improbable que la plaza se llene. Se trata de una de las fechas más señaladas de la temporada madrileña en la que habitualmente, hasta la llegada de Taurodelta, se daban carteles de máxima expectación con los tendidos prácticamente llenos. Por lo que vemos, Plaza 1 continúa la línea de Taurodelta y sigue sin recuperar la importancia que la Goyesca merece. En el debe de los toreros comentar que se anuncian dos toros de tres ganaderías distintas, todas de la misma rama: Domecq. No le vemos mucho sentido, puestos a anunciar diferentes hierros lo suyo es poner sangres distintas y demostrar dominio sobre diferentes tipos de embestidas.


Los toros de San Isidro.

 Observamos una leve mejoría pero sigue habiendo muchas sombras. Por ejemplo, es una tomadura de pelo que se anuncie dos tardes a Núñez del Cuvillo cuando es incapaz de presentar una sola corrida como es debido, por no hablar del juego que suele dar. Ganaderías como El Pilar o Jandilla llevan unos cuantos años dando unos resultados lamentables en nuestra plaza, en presentación y bravura. A Las Ramblas y José Luis Pereda tampoco le vemos méritos. Lagunajanda, anunciada en feria después de una corrida bobalicona la pasada temporada en la que se fingió el tercio de varas toda la tarde. Vuelve Garcigrande tras unos años de ausencia, sabemos que a esta ganadería le cuesta rematar los toros en plazas de primera, sobre todo de los cuartos traseros, veremos... No nos gusta que el encaste Núñez se limite exclusivamente a la torada de Alcurrucén, porque hay más; igual que los murubes sean coto único de los rejoneadores y no se lidien a pie. Eliminando algunas de estas y anunciando otras que se han quedado en el tintero podría haber quedado un serial mucho más redondo en el apartado ganadero.

 Como hemos comentado, nos alegra el regreso de Dolores Aguirre, con la casta por bandera. El de Rehuelga es igualmente positivo, también el de La Quinta, que por lo visto en la Feria del Pilar de Zaragoza parece recuperarse de la excesiva nobleza y la sosería manifestada los últimos años. Y esperamos mucho de Miura por su 175 aniversario.

 Valoramos la dignidad de hierros como Palha y Baltasar Ibán, ausentes en este ciclo porque no tienen corrida a la altura de Madrid. Bañuelos, otra gran ausencia, sabemos que por climatología encuentra el punto de trapío requerido avanzada la temporada y esperamos que venga este año después del gran encierro que lidió en verano. Se echa de menos a Cebada Gago y, por supuesto, a José Escolar, que un año más deja Madrid por Pamplona (por algo será, señor Casas), aunque esperamos que venga después con algún toro. También se echa en falta alguna divisa portuguesa como por ejemplo Murteira Grave, el campo bravo lusitano cuenta con diferentes encastes que ampliarían el abanico del ciclo isidril. Tampoco vemos nada de líneas como Gamero Cívico, Pedrajas, Graciliano, Vega-Villar, Vázquez, u otras muchas… así que pedimos que para el resto de la temporada se cuente con sangres que no tienen su oportunidad en San Isidro.

 No debería haber distinción entre ganaderías “toristas” y “toreristas”, si bien hay un aspecto en la configuración de los carteles reprobable: desde el jueves 11 de mayo que hay una corrida de La Quinta hasta el sábado 3 de junio que se celebra una novillada de Flor de Jara, no hay ninguna ganadería de corte “torista”. Tanta distancia es larga para los aficionados que buscan este tipo de ganaderías, deberían intercalarse corridas de toda clase y no marcar tanto la división entre unas y otras. Además, no ayuda en nada a acabar con unos clichés que están perjudicando a muchos encastes y ganaderías.


Los toreros de San Isidro.

 Mal aquí Plaza1. Más de lo mismo. No ha conseguido anunciar a José Tomás, se le ha escapado Juan Mora y la mayoría de las figuras, por no decir todas menos Talavante, se anuncian pocas tardes y con escaso compromiso, en lo relativo al toro y a la competencia con otros toreros. En un ciclo largo como este, las llamadas figuras han de venir mínimo tres tardes y demostrar que pueden con todo tipo de ganaderías, como siempre hicieron los ases de incuestionable torería. Algunos abusan de las confirmaciones, como Juli, anunciado junto a dos confirmantes en San Isidro y en Beneficencia ante un público más fácil y festivo. Las llamadas figuras deben asumir el máximo compromiso en Madrid en vez de copar carteles de plazas de pueblo, anunciándose abundantemente a lo largo de toda la temporada (no solo San Isidro), competir entre ellas, con los toreros que vienen arreando y con las ganaderías no solo de su gusto, también las del gusto de la afición. Si no que no se llamen figuras.

 Luego hay toreros que desentonan en Las Ventas, como Cayetano, Francisco Rivera Ordoñez, El Fandi o Padilla. También mucho torero modesto para rellenar carteles en la que dicen que es la “Champions League” de la tauromaquia, sin confundir “torero de relleno” con otros que no tienen la etiqueta de “figura” pero sí mucho interés para el aficionado.  Echamos en falta, entre otros, a toreros como Javier Cortés, Emilio de Justo o Luis David Adame, una de las promesas y de los triunfadores de la temporada pasada. Sin olvidar a Sánchez Vara, muy digno frente a un encierro complicadísimo de Saltillo, que merecía reconocimiento por parte de la empresa.

 Admiramos enormemente el gesto de Rafaelillo anunciándose con Dolores Aguirre y Miura, hierros predilectos de la afición y muy exigentes. Al igual que el San Isidro que afronta Alejandro Talavante, anunciándose con lisardos, victorinos y ganado de Domecq, un total de cuatro tardes. El extremeño lleva un tiempo aspirando a consolidarse como “torero de Madrid”.

 A todos los toreros hay que recordarles que la lidia consta de tres tercios, se debe respetar la liturgia y no menospreciar el tercio de varas metiendo los toros debajo del peto, escondiéndolos, o dejando que acaben con ellos en puyazos sangrientos. Si no hacen bien las cosas en un escenario como la plaza de Las Ventas es porque no quieren o desdeñan su profesión.


La empresa.

 No vemos la cacareada revolución por ningún lado, sino más bien una línea continuista con la última feria configurada por Taurodelta. Esto no es lo prometido, señor Casas. Entendemos que en un ciclo tan largo es muy difícil rematar todos los carteles, pero la labor de un empresario fetén es conseguir lo que otros no consiguen, anunciando el mayor número de tardes de máximo interés, rivalidad y carteles del gusto de la afición de la plaza. En este sentido Plaza1 se ha quedado escasa y, en lo que a San Isidro se refiere, no vemos diferencia con lo que teníamos. Si notamos interés por incentivar la fiesta entre la juventud con el incremento de abonos para jóvenes; por estar en los medios de comunicación y en el boca a boca de la sociedad, aspectos sin duda positivos. Y cierta mejoría en carteles fuera de feria, una de las demandas más ansiadas que esperamos no decaiga y termine en el olvido.

 Demandamos a la empresa que cumpla con las ganaderías anunciadas y no haya cambios y escándalos de última hora, así como la presencia y el trapío sea el que corresponde a Madrid, especialmente los días que se anuncian las figuras.

 No nos parece correcto que se pongan a la venta abonos para San Isidro antes de que los abonados renueven los suyos o puedan mejorarlos dentro de un plazo exclusivo para ellos. El abonado debe tener preferencia.

 Y esperamos que la oleada triunfalista no repercuta en presión sobre el palco presidencial y que este actúe con total independencia y máximo rigor.

  Suerte para todos.