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domingo, 18 de octubre de 2026

El público y la afición madrileña. De la Cátedra a la histeria colectiva

  

Continuando con el artículo que publicamos en esta revista en octubre de 2025, La afición madrileña, de los intransigentes a los tolerantes, escrito por los periodistas José Antonio Donaire y Julia Rivera, me dispongo a hacer en esta pieza una continuación y, con ello, un breve repaso de lo acontecido en Las Ventas en las dos últimas décadas desde una perspectiva abierta, prestando quizá más atención en el aspecto sociológico. Sin pretensión de sentar cátedra con ello, sin la precisión y la rigurosidad del ensayo histórico o científico, simplemente desde el análisis, los recuerdos y las vivencias en primera persona, desde que me fui acercando a la plaza siendo un adolescente hasta nuestros días.

 

De la Cátedra a la crisis de la burbuja inmobiliaria

Hubo un tiempo en el que tener un abono de Las Ventas era como tener un tesoro, sin ir más lejos, servidor tuvo que hacer varias noches en la plaza para conseguir un hueco fijo en la piedra. Esta percepción, como vamos a ir viendo, fue cambiando. Hablamos de la primera década de los dos mil, por aquel tiempo, el público y la afición de Las Ventas mantenía muchas de las querencias y las virtudes que le hacían poseer el título de Cátedra del toreo. Todavía persistían algunas máximas bien marcadas e interiorizadas por los tendidos. La presencia del toro era muy importante, pero más aún cómo lo hacía el torero conforme a las características del cornúpeta. Para esto, claro, hay que saber ver al toro y aquella plaza sabía lo que veía. El toreo al natural con la mano izquierda era fundamental, no se concebía una faena con premios mayores si este no se producía; por otra parte, las alharacas, el tremendismo, y los adornos fastuosos tipo circulares, pases por la espalda y demás eran muy mal vistos y censurados con vehemencia, percibidos por las gradas casi como una ofensa: “¡eso lo haces en tu pueblo!”. La colocación de la espada se miraba con lupa, milimétricamente, no solo por parte de muchos espectadores, también por los presidentes que, muchas veces, enmendaban al resto de la plaza. Tan es así que la rigurosidad en este sentido a veces pecaba de excesivamente categórica; no era extraño presenciar cómo se denegaba la segunda oreja porque la espada había caído dos o tres dedos fuera de la zona ideal y, ojo, los presidentes no eran linchados por ello, se contemplaba como algo inherente a la plaza.

Fueron los años de El Cid y su mano izquierda citando a los Victorinos desde los medios sin probaturas, mandando desde la primera serie; los de las últimas lecciones de tauromaquia, manejo preciso de los tiempos, distancias y terrenos de César Rincón, por ejemplo, aquella tarde de 2005 con toros de Alcurrucén que nunca olvidaré. La intransigencia y el choque de conceptos entre la afición y El Juli que vivió durante casi toda su carrera quedó reflejada en aquella encerrona de 2003, en la que desplegó una tauromaquia larga y mandona frente a un encierro variado, pero ni con esas. José Tomás regresó en 2008 después de seis años de ausencia, reventó la plaza, reventó a sus toros, y nunca más se supo.

Esta década es la del surgimiento de una ganadería de leyenda en cuanto a casta y fiereza indómita −con genio en muchas ocasiones, también hay que decirlo−, lo mismo que sucedió antaño con la de Luciano Cobaleda, o muy antaño con los toros de Coruche. Hablamos de la ganadería de José Joaquín Moreno Silva y las terroríficas y encastadas novilladas de 2007, la de 2008 en la que Valentín Mingo tuvo que estoquear cinco ejemplares, 2009, y la de 2010 con mayor repercusión en la feria de San Isidro, en la que los animales hicieron correr a los de a pie y se adueñaron del ruedo.

Frente a gran parte de la plaza, recuerdo a Salva y a Fausto defender con ahínco su visión desde sus localidades del siete, que pasaba, inexorablemente, por la integridad del toro y la verdad del toreo. Fueron pérdidas muy notables dentro de la parte más combativa y severa de la afición. Época en las que todavía se luchaba en cada festejo, entre otras cosas, porque no se le taparan los dos ojos al caballo; la colocación de los actuantes en el ruedo era una obsesión y el “¡a tu sitio!” durante el tercio de varas era una constante. Entonces, los picadores se ponían entre la pilastra de la puerta grande y el burladero de matadores para llevar a cabo la suerte, cosa que se ha perdido.


Cuando se aguantaba el chaparrón estoicamente


La crisis de la burbuja inmobiliaria que estalló en los años 2008 y 2009 y se dilató varios años es un punto de inflexión importante en el devenir de Las Ventas. Las empresas que poseían un palco de grada o andanada para hacer relaciones, los colegios mayores que tenían muchos abonos repartidos por la plaza, etcétera, todo eso se perdió. El abono fue cayendo progresivamente hasta que en los años 2015 y 2016 tocó fondo con unos trece mil fieles. Mucha gente se fue y nunca volvió, la unidad de criterios que daba un público que siempre llenaba la plaza en los festejos de abono −los de temporada siempre han sido otra historia−, fuera el día que fuera, se fue perdiendo. Es decir, la Cátedra se diluía progresivamente. El momento que marca para mí este cambio de paradigma en el que mucha parte de la afición entendida iba a desaparecer en años venideros es el del 5 de junio de 2009, despedida de Luis Francisco Esplá, torero muy querido y valorado, conocedor y dominador de todas las suertes −menos la de matar− y de todo tipo de toros; inteligente, comunicativo con los tendidos, supo entender la idiosincrasia y el carácter de la plaza mejor que nadie.

De entre la infinita diversidad de público, tribus urbanas y rurales que poblaban Las Ventas por aquellos primeros años de los dos mil estaban “los aficionados de la Movida”, los que aún coleaban de ese Madrid canalla y fiestero y fueron testigos de las últimas actuaciones magistrales de Antoñete, emblema de esta corriente de aficionados. Eran fáciles de reconocer por su estética heterodoxa y subversiva en el contexto del coso taurino, yo mismo conocí a varios en mi primer abono en la grada del cinco, siendo su exponente más señero el gran Jaime Urrutia, un habitual de nuestra plaza.

 

La aparición de las redes sociales. De Taurodelta a Simón Casas y Plaza 1

En esa transición entre una década y otra mi memoria tiene inclinación por dos ganaderías, Palha y Cuadri. Las corridas de la vacada portuguesa acaecieron justo antes de entrar en la década de los años 10. En 2007 destacó un toro bravísimo, Rabosillo, frente a Sánchez Vara; en 2008 hubo una corrida grandiosa en la que sobresalió el toro Rachido, que salió reventando burladeros como en las láminas de La Lidia, y con el que sostengo que estuvo muy bien y muy digno Luis Bolívar, malogrando todos los méritos con la espada. Y en 2009 otro gran encierro, con sabor agridulce por la pavorosa cornada sufrida por Israel Lancho y la polémica servida porque el mayoral fue obligado a saludar.

El caso de Cuadri es un agradable recuerdo, esperamos que aquellos años de gracia se repitan, y es que cualquier persona de bien que sienta pasión por el toro bravo ha de tener admiración por esta casa ganadera. Esos momentos dulces del hierro onubense siempre serán asociados con un torero y su cuadrilla, la de Javier Castaño. Parecía que iban a sentar jurisprudencia haciendo las cosas con tamaña excelencia, especialmente en el tercio de varas, pero nada más lejos de la realidad. En Madrid, por lo que sea, no interesa hacer las cosas bien en varas. Al menos los aficionados supieron compensarlo y, en una jornada histórica, en mitad de una faena, picador y cuadrilla fueron invitados a dar la vuelta al ruedo en medio del clamor popular. Fueron años estupendos para la familia Cuadri y una legión de aficionados los acompañó por todas las plazas, los cuadriadictos.

Entrada la década de los años 10, paulatinamente, fuimos sintiendo la degradación del público de la plaza. Las reacciones desproporcionadas por cosas tales como que una montera cayera del derecho tras un brindis, que antaño se vivía con naturalidad; el abaratamiento de los trofeos; las calvas en los tendidos en los festejos de San Isidro que, poco a poco, se iban haciendo habituales, con lo que el público resultaba tornadizo y ampliamente mayoritario con respecto a los más habituales y recalcitrantes. La empresa Taurodelta, aburrida, ayuna de imaginación, de espaldas siempre al aficionado, con unos carteles infames fuera del abono de feria, no ayudaba a contrarrestar ese vacío producido por la crisis. Las figuras tampoco, algún gestito muy puntual, como cuando Talavante se encerró con Victorinos −muy justos de trapío−, pero toreros del corte de Perera o del Juli, con muletas muy poderosas, desaprovecharon la oportunidad de demostrarlo en el cogollo de su carrera frente a toros de poder y se prodigaron, casi exclusivamente, con el ganado facilón que los taurinos llaman “de garantías” y los aficionados “de carril”. Morante de la Puebla, redescubierto ahora por los públicos veinte o veinticinco años después, coleccionaba broncas y abucheos en prácticamente todas sus comparecencias en Las Ventas. Los bailes de corrales fueron importantes, frecuentes y muy sonados en este periodo, recuerdo incluso alguna pitada al iniciarse el paseíllo motivada por la escasez del ganado que se había visto por la mañana en el apartado mientras asomaba la pancarta clásica de aquella época: “hoy toros light”.


La empresa Taurodelta no dejó impronta

Empezada la temporada de 2014, nuestra Asociación y la delantera de grada del siete padecían la ausencia de Joaquín Monfil, aficionado con unos conocimientos profundos de la historia de la tauromaquia, de donde brotaba su particular visión del espectáculo taurino. Rodeado en la grada por mujeres de la categoría de Yolanda o de Rosa, aficionadas que sienten la plaza de Madrid como algo propio, donde la defensa de su crédito y posición se antepone a cualquier circunstancia, debilidad o partidismo. Ese tipo de aficionados que, ante un trofeo inmerecido, no digamos una puerta grande, una vuelta a un toro cuestionable… salen de la plaza dolidos, como si les hubieran clavado a ellos el arponcillo de las banderillas, con un berrinche que durará al menos hasta el siguiente festejo. Los hay por todos los tendidos pero son pocos en comparación al enorme aforo que tiene Las Ventas, sin embargo, es ahí donde reside el auténtico espíritu de la plaza.

Entretanto vivíamos la eclosión de las redes sociales y, con ello, un gran cambio en nuestros modos de vida y de relacionarnos. Propiciaban la inmediatez, la perdida de la reflexión profunda y la atención sostenida, tendencia a lo superfluo, a fingir un mundo ideal. Es notoria también la pérdida del respeto, del principio de autoridad, el colegueo y la banalización de las opiniones que gozan de un estatus y jerarquía. Todo esto iba a tener mucha influencia en el modo y las formas con las que los aficionados venideros se iban a acercar a la plaza, como vamos a ir viendo. Traían también otras cosas muy positivas como el intercambio de conocimientos y opiniones muy válidas y la conexión entre afines. Han sido infinidad los aficionados que han trabado amistad a partir de una relación virtual previa, servidor puede dar fe de ello. Ejemplo de ello podría ser el Ateneo Orson Welles, un grupo de aficionados irreverentes, alejados de los clichés prototípicos, agrupados en torno a una percepción global y vanguardista. Con iniciativas muy loables y una actividad cultural potente como la revista El Monosabio de la que publicaron varias ediciones; lástima que no pudieron mantenerse en el tiempo.

El periodo Taurodelta, que sirvió para enterrar la idea de cubrir la plaza gracias al fracaso de poner una techumbre y que esta se viniera abajo, nos trajo algunos cambios reseñables. Le quitaron el atuendo de torear al chulo de banderillas y al torilero, algo que era costumbre secular en Madrid, y apadrinaron el cambio de distribución de los caballos de picar, llevándoselos a la puerta grande en vez de hacer el clásico recorrido por la plaza desde el patio de caballos. Años anodinos por una empresa anodina que maltrató la calidad de la programación, especialmente fuera de abono. Además, unas figuras que iban a lo fácil y que ignoraban cualquier ganadería que no se plegara a ellos, lo que suponía el ahogamiento de muchos hierros y encastes y, en muchos casos, su desaparición. En contrapartida, surgió el llamado “ciclo de encastes minoritarios”, una forma de aislar oficialmente y de institucionalizar a todas esas ganaderías que se salían de la norma y que, de una forma o de otra, se ha ido manteniendo en el tiempo durante el mes de septiembre.

Podría decirse que Fandiño fue el torero que nos sacó de aquellos años de apatía en los carteles, además se fue haciendo en los festejos de temporada con la plaza semivacía. Estos son los espadas que gozan del mimo y el cariño de la afición, los que se fraguan en la propia plaza en todo tipo de tesituras y no los que vienen entre algodones con vitola de figura sin haberlo contrastado en Madrid. Lo vimos crecer, triunfar, fracasar, su pundonor y su vergüenza torera siempre fue intachable. Se anunció con todo tipo de ganado y lo vimos torear en vaqueros, tirarse a matar con inmensa verdad, a veces sin estoque, encerrarse con seis ganaderías del gusto de la afición a plaza llena... En fin, los que estuvimos ahí y lo vimos progresar, los que lo admiramos y lo sentimos, siempre llevaremos esa espina por su trágica pérdida.


Fandiño

 

De Plaza1 a la degradación de la plaza

En este epígrafe vamos a tratar de exponer los sucesos y actuaciones que han ido concatenándose desde que entró Simón Casas con Garrido hasta llegar al punto de degradación en el que nos encontramos, ya les adelanto que esta etapa es la más interesante desde el punto de vista sociológico.

Como sabemos, la plaza de toros no es un lugar estanco ni ajeno a la vida social y política española sino reflejo de ello. En este sentido, debemos recordar la eclosión del partido político Podemos a mediados de los años 10, dejando claro desde el principio una hostilidad inusitada no solo contra la fiesta de los toros, también contra los aficionados que acudían a las plazas. Sirviéndose de las redes sociales, no era extraño ver a representantes públicos de este partido, o candidatos a ello, tachando a los aficionados de psicópatas, homicidas, etcétera, o desear que las plazas de toros ardieran o una bomba causara su destrucción. Aquellos ataques tan frontales, descarnados y violentos se materializaron en diferentes medidas prohibicionistas que este partido aplicó conforme fue adquiriendo una cuota importante de poder en las diferentes administraciones locales y autonómicas. Las noticias negativas, de censura a la tauromaquia, se sucedían día sí día no, esto caló en muchas personas que no compartían estos ataques furibundos contra la fiesta y soliviantó a los que simpatizaban con ella. En contrapartida y para luchar contra estos ataques incesantes a la tauromaquia desde las instituciones nació la Fundación Toro de Lidia con un gabinete jurídico dispuesto a plantar cara, consiguiendo algunos logros importantes.

Paralelamente, en 2017 tuvo lugar el golpe de Estado o procés de Cataluña, en donde, queramos o no, se produjo un ataque contra la soberanía del pueblo español así como posterior humillación, puesto que los partidos políticos que ampararon este proceso de rebelión o sedición pasaron a formar parte de la coalición para formar gobierno, algunos de ellos fueron condenados por la justicia, si bien se procedió a liberarlos de prisión indultándolos, los delitos por los que fueron condenados se eliminaron del Código Penal y, con el tiempo, se impulsó una ley de amnistía ad hoc como si hubieran sido condenados por una dictadura, interfiriendo y eliminando la independencia de los jueces que se limitaron a aplicar la ley que, se supone, emana de la voluntad popular.

Perdonen la digresión, no queda otra que poner estos acontecimientos políticos sobre el tapete para entender la evolución y etología de la plaza de toros de Madrid que, junto con los ataques contra la tauromaquia desde las instituciones antes comentados, por partidos abiertamente hispanófobos, provocaron un efecto rebote y mucha gente empezó a acudir a las plazas de toros no solo como afición sino como defensa y reivindicación de españolidad. Esta fue la época en la que los “viva España” comenzaron a multiplicarse exponencialmente. Antaño, el “viva España” solo se vitoreaba en Las Ventas los días que venía el rey en Beneficencia y sonaba el himno, tras estos sucesos pasó a repetirse varias veces durante la lidia de cada toro, de manera tal que parte de la afición aborreció tanta insistencia.

Sobre este tema es inevitable recordar una anécdota muy divertida sucedida en una corrida de Beneficencia del año 2018 o 2019, presidida por el rey, en la que no paraba de gritarse “¡viva España!” desde los tendidos, continuamente. De repente, en la zona del siete pegando al seis, una mujer vociferó: “¡viva la república!”. Imagínense el revuelo que se montó alrededor, gran cantidad de personas se volvió contra ella, algunos querían echarla de la plaza. A mí me recordó aquello del alma libre y anárquica del ciudadano español que contaba Unamuno, o lo de Pérez de Ayala del carácter nuestro: aunque toda la plaza ovacione siempre habrá uno que se levante y pite, no lo hace contra aquello que provocó la ovación sino contra todos aquellos que baten palmas.

La nueva empresa, conocedora de cómo funciona el ocio actual pues una parte de ella está especializada en el mundo de los viajes y el turismo, comenzó a vender la corrida de toros como una experiencia. Eso que se lleva tanto ahora, como sucede en cualquier otro espectáculo de la actualidad: el cine, el fútbol, la fórmula uno…  el contenido no importa tanto como el decorado y la oferta alrededor del mismo, el atrezo. Las fiestas y las discotecas en la plaza proliferaron de tal manera que llegaron a fagocitar el espectáculo taurino, la música se abría paso incluso mientras se estaba lidiando el sexto de la tarde −luego piden respeto−. El botellón hacía su presencia sin ningún tipo de disimulo, creo que acabará provocando la típica solución salomónica tan nuestra: la prohibición del consumo alcohol en el coso. Es complicado porque hay importantes intereses económicos pero no descarto que, como siempre, acaben pagando justos por pecadores.

La oferta de Casas y Garrido para regentar la plaza ponía en valor la promoción de la juventud y el abono joven. Aquello funcionó −el discotequeo y el botellón son buenos alicientes− y se fueron agrupando y focalizando en la grada del seis. La juventud ya se sabe, es rebelde y opositora por naturaleza y allí había algunos grupos de chavales que bien, son jóvenes, pero no son tontos y muchos de ellos se movían por la afición a los toros más que por el gin-tonic. Entre otros, había aficionados de categoría como la gente de AJTE (Asociación Juvenil Taurina Española) o grupos como el de Borja, de Casta y Bravura, que conocen la plaza perfectamente. Así que, desde la energía de la juventud y la pasión por los toros, la grada del seis se convirtió en un frente de rigor, exigencia y protestas. La plaza tenía un nuevo hervidero, las protestas llegaron a superar ampliamente a las del siete, que nunca ha dejado de ir a menos paulatinamente, así que la empresa tomó cartas en el asunto y se encargó de disolverlos y acabar con este nuevo foco poniendo todo tipo de trabas a la hora de renovar.

Esta etapa coincide con los años en los que la afición que exigía era demonizada sistemáticamente desde los portales digitales, ciertos plumillas de los periódicos y redes sociales, cualquier protesta era sacada de quicio. En las crónicas y tuits de muchos medios y periodistas a los que no voy a dar protagonismo ahora siempre había espacio para alentar el odio contra una parte de la afición. A mi modo de ver aquello estuvo claramente orquestado.

Es verdad que la nueva empresa cambió algunas cosas para bien. Ponía más interés en los carteles que Taurodelta −no era complicado− y abrió el abanico ganadero atendiendo las demandas de los aficionados. La Feria de Otoño de 2018 se confeccionó por sorteo y el bombo dictó la suerte, aunque no se volvió a repetir. Los desafíos ganaderos de septiembre y la corrida concurso, recuperada después de diez años de ausencia, han ofrecido momentos excelsos e inolvidables de toros y toreros.

A pesar de la bajada del IVA para las entradas de los toros, del 21 al 10 %, implementada por el Gobierno en 2017, los precios de las entradas comenzaron a subir inexplicablemente antes de la pandemia por encima de lo que marca el IPC −en esta revista, en su momento, publicamos artículos demostrándolo−, pero la puntilla la sufrimos con el nuevo pliego en 2022. Bajo la premisa de subir el número de abonados y de generar beneficios los días de figuras, la empresa se cameló al director gerente de Asuntos Taurinos en ese momento, Miguel Abellán, y la Comunidad de Madrid cedió a una liberalización de precios sin ningún tipo de pauta o límite dentro de un pliego que, paradójicamente, regula cualquier tipo de detalle. En algunos casos, las localidades más económicas de la plaza multiplican por tres respecto al precio de venta original, no solo en carteles de mucha demanda y expectación, lo que podría explicar este abuso, también en novilladas sin ningún aliciente o en las corridas de los festejos de temporada. Con esta medida, en mitad de una inflación galopante generalizada, se ha ido perdiendo un nicho importante de personas que acudían frecuentemente a los diferentes festejos de temporada, aficionados de Madrid y alrededores, que no tenían por qué ser abonados y han sido claramente perjudicados, mas estos no salen en ninguna estadística.

La pérdida de identidad tras la crisis y la caída del abono; el público de patriotismo rebelde que vino a contracorriente de los ataques sistemáticos contra la tauromaquia o contra la nación; los que se arrimaron porque se enteraron que había barra libre para la fiesta, el botellón y el after bullfight en la discoteca; el público más llano y humilde sustituido por los que sí pueden permitirse unos precios desbocados. Con todos estos ingredientes ya tenemos el cóctel. La empresa encantada, se ha permitido poner algunas guindas, como los últimos carteles para San Isidro dirigidos a una clientela específica y muy concreta, resultante de todos estos factores que hemos ido comentando.

Algunos han dado en llamarlo la cayetanización de la plaza. Lo que está claro es que el carácter diverso y plural, la variedad de estratos sociales, de grupos urbanos y rurales, se han perdido, y el público es mucho más homogéneo. El monoencaste también ha llegado al tendido y esto hace que en Madrid ya no encontremos esa diferenciación que la distinguía, el crisol y la alegría de otros tiempos, siendo ahora una plaza mucho más aburrida, como sucede en el ruedo con el monoencaste.


Pancartas contra la actitud lamentable de la plaza

Cuando hablamos de la pérdida de criterio y rigor de la plaza es recurrente escuchar aquello de “es que el siete ya no es lo que era”. Vale, esto es cierto, pero no es el siete el único que ha mermado su condición reivindicativa con el paso del tiempo. Los tendidos de sombra merecen una atención en toda esta cuestión que pocas veces se analiza, el cambio de actitud a partir de lo sucedido tras la crisis de 2008 fue muy acusado. La Cátedra que recordábamos iniciando este artículo lo era, en gran medida, gracias al tendido ocho y a los tendidos de sombra, allí abundaban grandes aficionados que vivían la corrida con pasión, a su manera, con más mesura y un talante distinto al del siete y los tendidos de sol. La sombra que conocí en mi juventud protestaba los inválidos igual que el resto de la plaza, abroncaba cuando tocaba −sin la hostilidad y la predisposición del siete, claro−, se revolvía contra el palco cuando los presidentes la liaban y era un referente cuando había una pañolada demandando trofeos, especialmente los tendidos ocho y nueve. Sabían lo que veían perfectamente, aportaban un punto de equilibrio magnífico y defendían el crédito de Las Ventas frente a la bullanga y las facilidades que ofrecían los tendidos de solanera a los toreros. No obstante, los toreros armaban sus faenas frente a estos tendidos si querían triunfar de verdad, sin embargo, en la actualidad prácticamente nadie torea frente a la sombra, la histeria de los tendidos de sol se ha impuesto a la parsimonia del resto. Ya no se protesta nada por muy escandaloso que sea el asunto y no queda asomo de la personalidad que había en aquellos tendidos, los miras y parece un trampantojo.

Y esta, señores, es la plaza que tenemos ahora. El público cambiante y de oleadas con la caída del abono, los beodos que entran pasados de vueltas, desinhibidos y cargados de odio contra todo aquel que ose discrepar, los del vivaspaña, los silencios impostados, el palco y los asesores a la deriva, el pastoreo que se ha empleado desde los despachos, por ejemplo, cuadrando los “carteles de figuras” en días de la semana muy concretos… Recordemos que la categoría no la otorga el título de plaza monumental, ni siquiera el de bien de interés cultural, esto se gana por la seriedad y el trapío del toro que salta a la arena y la calidad y criterio del público que pondera y valora lo que sucede. Es necesario que los tendidos se pronuncien, para bien o para mal, sin la actividad y el juicio del público la corrida de toros carece de sentido, por eso no se ha de estar como en misa.

¿Cómo recuperar aquella plaza que añoramos, cómo hacer que regrese la Cátedra? Si alguien tiene la fórmula que venga y nos la cuente. Lo que sí podemos afirmar, es que los procedimientos, los modos de ser y estar de una sociedad están en permanente cambio y transformación, los ciclos pueden ser circulares, y la plaza de toros de Madrid no está al margen de ellos. Así que no desesperen.


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Artículo para el boletín número 66 de la asociación El Toro de Madrid, La Voz de la Afición.

domingo, 10 de mayo de 2026

Tarde histórica


[Crónica para la asociación El Toro de Madrid] 


Segundo festejo de la Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes”, con tiempo desapacible e inestable se ha lididado y estoqueado una corrida de La Quinta. En la mañana del día del festejo la empresa ha publicado un Acta de pesaje de los caballos de picar, hecho histórico sin precedentes.

Sosos y descastados los cuatro primeros, mal presentados Todos cinqueños, el quinto fue un toro mediano y el sexto un buen toro. El primero alto de agujas; el segundo bajo, generoso de carnes y badanudo; el tercero demasiado estrecho de cara; el berrendo cuarto no tuvo plaza y no aparentaba lo suficiente; quinto grandullón y sexto guapo y asaltillado.

 

Miguel Ángel Perera. Estocada atravesada saliéndose y varios descabellos; SILENCIO. Dos pinchazos y estocada caída saliéndose; SILENCIO.

Daniel Luque. Pinchazo y estocada; SILENCIO. Media estocada y descabello (un aviso); SILENCIO.

Tomás Rufo. Tres pinchazos y estocada honda (un aviso); SILENCIO. Estocada baja y dos descabellos (un aviso); SILENCIO.  

 

Presidente: Presidió el festejo el don Iñaki Sanjuán Rodríguez. Por la mañana envió a varios caballos a la báscula de pesaje y se publicó un Acta, muy bien. Por la tarde no tuvo ninguna situación comprometida, sin incidencias.

Tercio de varas: No se ha picado con mucha saña para lo que se estila. Se aplaudió a Juan Melgar por su labor con el cuarto, su caballo perdió los aplomos en la pelea y hubo un momento de peligro. Los toros, después de los primeros encuentros, no han sido huidizos ni tardos.

Cuadrillas:  Saludó la cuadrilla de Daniel Luqué tras el segundo tercio de su primer toro, lidiando Antonio Manuel Punta y banderilleando Juan Contreras y Jesús Arruga. Asimismo, saludó la cuadrilla de Rufo en el sexto de la tarde, lidiando José Luis Triviño y pareando Sergio Blasco y Fernando Sánchez, este último puso un par de categoría.


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No pasó apenas nada reseñable en lo estrictamente artístico y, sin embargo, fue una corrida histórica. Era la comidilla de todos los corrillos entre los aficionados, por fin, después de toda la lucha incesante por parte de esta Asociación, de su junta directiva encabezada por Carlos Rodríguez-Villa, hemos dado un pequeño gran paso acerca de las demandas sobre el pesaje de los caballos de picar, su publicidad y transparencia. En la mañana del día del festejo, el presidente de la jornada, el señor Iñaki Sanjuán Rodríguez, envió al menos dos caballos a la báscula −utilizada habitualmente para pesar los toros− y la empresa publicó un Acta de pesaje con una relación de seis caballos y sus correspondientes pesos en sus redes sociales, un hecho histórico y sin precedentes en esta plaza.

Algo a priori tan básico y sencillo como es cumplir con el pliego que rige Las Ventas y con el Reglamento de Espectáculos Taurinos vigente se transforma, por mor de los insondables recovecos de la Administración y la picaresca inherente de los taurinos, en toda una odisea. No se imaginan la lucha y la batalla que conlleva activar a todas las partes implicadas. Hemos dado un pequeño gran paso, como he dicho, pero todavía queda mucho. Para empezar, la infraestructura, es necesaria una báscula en el patio de caballos, sobre esto nuestra Asociación se ha ofrecido a instalar una. El pesaje ha de ser público y publicado, y los aficionados han de tener la forma de correlacionar y de hacer un seguimiento del caballo pesado con el que después sale a la plaza. Esos petos inmensos y rígidos también deben ser controlados, en fin, queremos justicia, equilibrio y espectáculo en el tercio de varas.

Además de las conversaciones sobre la acorazada de picar y el Acta de pesaje milagroso, se corrió y estoqueó una corrida cinqueña de La Quinta, de las malas, esto es, de las que van desarrollando descaste y, con ello, los malos vicios del encaste. Miradas al tendido, desentendidos de la pelea, sosería, paso sin embestir, dormidos, pegando el derrote por las nubes… un suplicio tanto para el público como para los toreros. Se me antoja realmente complicado conseguir algo lucido con animales de este cariz. Así fueron los cuatro primeros, además de feos o mal presentados.

Poco o nada pudo hacer Perera con su lote, desesperado frente al segundo de su lote viendo que aquello se diluía sin que pasara nada. Lo que sí pudo mejorar es la forma de matar dado que entró descaradamente a paso de banderillas en todas las ocasiones. En el saludo del cuarto de la tarde se llevó un susto y tuvo que tomar el olivo, lo paró resueltamente el subalterno Daniel Duarte.

Daniel Luque dio muestras de su dominio de las suertes de capa y tuvo momentos de lucimiento especialmente en un quite por cordobinas. Su primero se apagó tras la primera tanda, pero el quinto de la tarde se movió con más nervio que sus hermanos y permitió hacer faena. Me gustó su intención y actitud porfiando por el lado izquierdo hasta quedar por encima del animal, luego como que se pasó de faena. La gente no le echó cuentas en ningún momento, probablemente debido al sopor que llevaban encima a esas alturas de festejo.

El sexto tenía hechuras asaltilladas sobre todo por la conformación de pitones, veleto y cornipaso. Salió con viveza y en el segundo puyazo como que entró en calor y mostró buenos detalles. No estaba Rufo por la labor de pegarle otro puyazo clarificador, él juega en otra liga: la muletera. Fernando Sánchez le dejó al público de cara con un señor par del que salió con chulería mirando al tendido, tocaron a matar y Rufo se fue a los tendidos populares de sol y, entré las rayas, pegó dos tandas de derechazos excesivamente jaleadas. La primera perdiendo pasos y la segunda con la cosa de que ahí mandaba el toro. Por el izquierdo decayó su labor puesto que el morlaco ofrecía peores cualidades. Le dio una más por el derecho y cogió la espada de acero para dejar una estocada caída, también muy celebrada por unos tendidos que estaban locos por no irse de vacío. Había aficionados que afirmaban que le iban a pedir una oreja por semejante vulgaridad, pero esto se esfumó cuando Rufo empezó a fallar con el descabello.

Nos queda una corrida de La Quinta para toreros, digamos, de menor rango. Muchos aficionados nos recordábamos que si todo se desarrolla como se tiene que desarrollar y los ganaderos cumplen con el proceder acostumbrado, la del próximo sábado arreará mucho más que esta. Veremos.


El Acta milagroso que tanto ha costado conseguir



El toro Carretero, sexto de la tarde. Con varios como este estaríamos hablando de otra corrida... 


lunes, 9 de junio de 2025

El toro de Madrid, por Adolfo Rodríguez Montesinos


                         A ninguna persona que tenga conocimientos básicos en materia taurina se le escapa el hecho de que Madrid es la primera plaza del mundo y en consonancia el toro que se lidia en su ruedo es y debe ser el de mayor presencia y seriedad que pueda admirarse en cualquier recinto dedicado a la tauromaquia.

La seña de identidad del toro de Madrid es el trapío, entendido éste como la sensación de conjunto que transmite el animal en plenitud, su aspecto intimidatorio que va más allá del simple desarrollo corporal y que en esta plaza se entiende con inteligencia y se fundamenta en sus dos parámetros principales, que son la integridad y la relatividad.

La integridad, al menos aparente, es la base para que un toro pueda tener trapío, ya que éste es incompatible con cualquier tipo de manipulación, lo sea de los cuernos o de cualquier otra naturaleza. En este sentido y afortunadamente, Madrid aún marca un abismo diferencial con respecto al lamentable estado de las defensas que se aprecia en los ejemplares que salen a la arena en la mayoría de las plazas, incluso en otras que están consideradas de primera categoría.

El paso de los años ha extendido una capa de tolerancia generalizada hacia este fraude en todos los sectores que tienen que ver con la tauromaquia, de forma que se encubre y se consiente hasta el punto que está mal visto que a estas alturas alguien salga a clamar en el desierto denunciando una situación que cada temporada es más abusiva y, si uno osa hacerlo aún, se le censura, se le silencia o se le tilda de trasnochado sin darle la menor importancia para ver si acaba por aburrirse. 

La relatividad, el otro punto al que hacía referencia, consiste en huir por parte de la afición de un concepto rígido y universal en cuanto al trapío de los toros y reconocer las diferencias morfológicas y de comportamiento que marcan sus diferentes orígenes genéticos a través de la variedad de encastes que configuran la Metarraza de lidia.

La afición de Madrid ha sabido mantener el equilibrio en esta cuestión, conjugar la exigencia de la máxima seriedad con el reconocimiento de las características genuinas de cada variedad racial, sin caer en los estereotipos que son tan dañinos y respetando aquellos encastes que tienen menor formato, a sabiendas de que suelen tener más contenido que continente, como ocurre con el de Santa Coloma por citar un ejemplo.

Madrid es uno de los pocos sitios donde aún se sabe diferenciar la seriedad del tamaño desmedido, donde se valora la variedad frente a la monografía que siempre trata de imponer el sector profesional y por eso es prácticamente el único reducto importante que aún les queda a los aficionados amantes del toro, más allá de la pequeña aportación que puedan hacer algunas ferias temáticas en lugares concretos de España y Francia, donde aún se antepone al gran protagonista de la fiesta.

Pero llegar a consolidar ese equilibrio en la seriedad ha supuesto para la afición un esfuerzo constante. El sector profesional no siempre camina en la misma dirección y no desiste en buscar las formas para imponer su conveniencia. Por eso no fue fácil pasar de ese toro de presencia escasa que se lidiaba casi siempre hasta mediada la década de los años setenta en el pasado siglo y del que hoy se dice con razón que jamás se admitiría en esta plaza ni en una novillada sin picar. Por entonces la única opción para ver toros con seriedad y trapío pasaba por las corridas del verano, que muchas veces sobrepasaban la edad reglamentaria hasta que se instauró el Registro de Nacimientos de Reses de Lidia en 1969 y empezó a controlarse esta cuestión oficialmente.

 A partir de aquí Madrid ha sufrido numerosos vaivenes pasando a un toro que, en ocasiones era desmedido de tamaño durante la etapa empresarial de Manolo Chopera, que luego se redujo en tamaño e intentó mejorar en armonía con los hermanos Lozano y que posteriormente ha ido fluctuando dentro de la seriedad y en función de las imposiciones de determinadas figuras del toreo, aunque justo es reconocer que no de todas.

Pero independientemente de lo anterior, donde el toro de Madrid aventaja al de cualquier otra plaza es en la pluralidad. A pesar del excesivo número de ejemplares derivados de encaste Domecq que salen cada año al ruedo de Las Ventas, esta plaza es la única de España donde también hay cabida para la presencia de toros de otros encastes y los murubes, saltillos, santacolomas, albaserradas, atanasios, torrestrellas y Núñez, entre otros, rompen la monotonía argumental que impera en los restantes lugares por culpa del monoencaste.


Adolfo Rodríguez Montesinos para La voz de la afición nº 63



Belo, de Palha, 4º de la tarde el 20 de abril, lidia y muerte por Rafaelillo

sábado, 14 de septiembre de 2024

Toros que pasaron a la historia

 

EL PREMIO DEL AYUNTAMIENTO AL TORO MÁS BRAVO DE LA FERIA (I)

      Hagamos un poco de memoria. En 1946, por fallecimiento del gerente de la empresa Jardón −Nueva Plaza de Toros de Madrid− se le encomienda este cargo a un joven que, principalmente, había sido contratado para los asuntos jurídicos y apenas tenía conocimientos taurinos, se llamaba Livinio Stuyck, que a la sazón pasaría a la historia de la tauromaquia por su agudeza y deslumbrante gestión al frente del coso de la calle de Alcalá. Don Livinio fue el creador de la Feria de San Isidro, cuya primera edición se celebró en 1947 y tuvo cuatro corridas de toros y una novillada de abono, siendo también el impulsor de la Venta del Batán, que abriría sus puertas por primera vez en 1950.

Los festejos taurinos alrededor del día del Patrón fueron un éxito y continuaron los años siguientes, de manera que en 1950 se instituye, por parte del Ayuntamiento de Madrid, el premio al toro más bravo de la Feria. El galardón venía acompañado de un pergamino para el ganadero y de un obsequio económico, cinco mil pesetas de la época, para el mayoral de la ganadería. Este fue el primer premio que surgió alrededor de San Isidro, precisamente en torno al toro y a sus capacidades sobresalientes para la lidia, una prueba más de que Madrid siempre fue una plaza de cariz torista. Otro dato interesante es que en esa misma temporada de 1950 las banderillas negras de castigo sustituyeron a las de fuego y el olor a pelo chamuscado −como en la matanza del cerdo− desaparecía de las plazas de toros. 

El 14 de junio de 1950, la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Madrid hizo público el acta con el resultado del Jurado, el premio al toro más bravo de los lidiados con ocasión de las corridas de San Isidro, en su primera edición, recayó en el toro Fuentes, número 22, lidiado en sexto lugar el día 21 de mayo de 1950 por el torero portugués Manuel dos Santos, perteneciente a la ganadería de Felipe Bartolomé.

No está muy clara la actualidad de la ganadería de Felipe Bartolomé, las últimas noticias que tenemos es que mantiene muy pocas cabezas y lidia principalmente en novilladas. En el año 2014 tuve la fortuna de asistir a una corrida de este hierro en la icónica plaza torista de Ceret, se anunciaron Frascuelo, Alberto Lamelas y Esaú Fernández. Todavía recuerdo la faena de Frascuelo a uno de los ejemplares de esta ganadería, su maravilloso temple y la torería por bandera, entrando y saliendo de la cara del toro. Acerca del juego de esta corrida de 2014, tengo anotado lo siguiente: Mansos y de poco poder en varas; en la muleta vimos dos boyantes y nobles, dos de condición mular, uno blando y pastueño, y uno duro y avieso. En cuanto a la historia de la ganadería y su sangre, Felipe Bartolomé Sanz, proveniente de Soria, entabló negocios con Juan Buendía en la provincia de Sevilla, relacionados con el agro, y el periplo comienza cuando compran la ganadería al conde de Santa Coloma en 1932. Buendía se quedó con el hierro de Santa Coloma y Felipe Bartolomé con el que tuvo previamente de Rafael Surga. Durante mucho tiempo la selección de ambas ganaderías fue a la par y la llevó a cabo el hijo de Juan, Joaquín Buendía y después su hijo José Luis. En 1959 fallece Felipe Bartolomé, desde entonces sus herederas, las hermanas Sanz de Andino, así como alguna de las hijas de estas, se hacen cargo de la vacada, estableciéndose una suerte de matriarcado en la dirección y selección de la ganadería. La de Felipe Bartolomé, por tanto, es una casa pareja a la de la familia Buendía, el encaste es puro Santa Coloma – Buendía.

Durante la década de los cincuenta, sesenta y setenta la vacada de Felipe Bartolomé gozó de años de gloria, ejemplo de ello es esta corrida y el toro que conmemoramos hoy. En los años ochenta todavía se lidiaban corridas de este hierro en nuestra plaza, por ejemplo, el excelente conjunto presentado el 2 de junio de 1988 para Julio Robles, Ortega Cano y Sánchez Puerto, la corrida en la que compitieron en quites Robles y Ortega Cano; el mayoral de Felipe Bartolomé salió a hombros de la plaza junto con Ortega Cano. En los noventa llegó el declive, después una disminución de cabezas por problemas de saneamientos, no obstante, las herederas continuaron luchando por el crédito de su ganadería, consiguiendo lidiar en una plaza de la exigencia de Ceret, como hemos comentado, o el premio al toro más bravo de la corrida concurso de Zaragoza del 2011, que fue a parar a un ejemplar de esta casa de nombre Gargantillo.

Sobre el toro que ponemos hoy de relieve, el escritor y genial taurófilo Alberto Vera, Areva, escribió en las páginas de El Ruedo: Con tipo ibarreño que, por su bravura y codicia, por su temple y nobleza, por su celo y alegría, fue un bicho digno de los mayores elogios y, para nosotros, el toro mejor de cuantos se lidiaron en la semana de San Isidro. Fuentes, nº 22, negro y precioso de lámina, resultó bravísimo con los caballos, recargando en tres varas. En las mismas apretó de forma impresionante, durmiéndose en la suerte, mientras el picador le castigaba a placer. Desangrándose mucho, llegó el bicho a la muerte bravo, alegre, codicioso, noble y suave hasta más no poder.

Los premios del Ayuntamiento fueron una constante desde entonces y, con ellos, los azulejos o lápidas para rememorarlos en el patio de mayorales de la Venta del Batán. Recientemente hubo un lapso en el que este premio se pierde y luego se recupera, coincidiendo, probablemente, con la alcaldía de la señora Manuela Carmena. Lo que sí tenemos claro es que desde el año 2014, en el que el toro Zahonero de Miura recibió su homenaje en el Batán, no se ha vuelto a colocar una lápida honorífica al toro más bravo de San Isidro, tradición que nunca debió perderse y que desde El Toro de Madrid luchamos por recuperar. Salvo el caso del toro Duplicado, de Victoriano del Río, lidiado en 2022, al que le pusieron un azulejo en el patio del desolladero de Las Ventas, lo que censuramos en el número 53 de este boletín, en junio de 2023, porque su colocación no tenía ninguna lógica, rompía con lo establecido y no marcaba ninguna pauta de cara al futuro.

Esperamos que esta pieza haya sido del agrado de la afición, de manera que podamos continuar la serie y rememorar grandes momentos de bravura ahondando en la historia y en los entresijos del toro en Las Ventas. Sirva de homenaje a los toros bravos, a sus ganaderos y a los toreros que se enfrentaron a ellos. Por mi parte, solo me queda felicitar a las ganaderas de Felipe Bartolomé, agradecer su trabajo y su tesón por seguir manteniendo una de las ganaderías señeras y más puras de la estirpe que dejó tras de sí don Enrique Queralt y Fernández-Maquieira, conde de Santa Coloma.


Azulejos en el Batán




Frascuelo en Ceret


Manuel Dos Santos con el bravo Fuentes


 

jueves, 22 de junio de 2023

Plaza1 y el Centro de Asuntos Taurinos siguen desprestigiando la plaza de Las Ventas



 


−Una feria de San Isidro plagada de ganaderías facilonas que las figuras suelen llevar consigo allí donde torean, las ganaderías domequianas que, si no sirven para torear, no molestan y aburren a los tendidos. Muchas tardes de figuras, poca variedad de encastes y desaparición de las ganaderías de otra índole o toristas, que dinamizaban la feria y siempre han gustado en Las Ventas. Madrid se ha sevillanizado y esa no es su idiosincrasia, el Centro de Asuntos Taurinos nunca debería haberlo permitido.

 

−La discoteca dentro de la plaza funcionando mientras los toreros estaban haciendo faena o mientras estaban siendo atendidos en la enfermería, luego van por ahí pidiendo respeto. Esto, para cualquier persona que entienda la tauromaquia como es debido, constituye una profanación del templo y más en la llamada primera plaza del mundo. Derivado del ocio discotequero, el empresario se apunta el tanto de la abundancia de juventud en la plaza, esto es falso, en Madrid siempre ha habido mucha juventud y mucha variedad de gentes de toda índole y clase social, gracias a lo accesible de sus precios y a su condición de plaza pública y monumental. Ahora, las tarifas accesibles están dejando de existir, se ven muchos jóvenes, sí, pero la gran mayoría son de un perfil social y económico muy concreto. De igual modo, la discoteca conlleva un problema de seguridad grave y evidente a la hora de desalojar el coso mientras otros quieren acceder al mismo. Nadie hará nada hasta que no suceda algo grave, esto es España, hay que lamentar primero para imponer después medidas drásticas.

 

−El discotequeo y la fiesta no casa muy bien con la seriedad y el rigor. Los aficionados que todavía exigen, los últimos de Filipinas todavía no se han enterado que Madrid ya ha caído y siguen luchando por su plaza, mientras tanto, una serie de periodistas, viles y serviles, utilizan sus plataformas para azuzar al público contra aquellos, una campaña de desprestigio del sector crítico de Las Ventas sin precedentes. Los últimos de filipinas contra el público que ha crecido viendo las retransmisiones televisivas donde un bajonazo es un estocadón, los que se dejan manipular por los medios que acabamos de comentar, los que van un día a los toros, se han dejado un pastizal y la afición no les llega como para protestar un simulacro en varas o un toro que se cae constantemente, los que se han pasado de vueltas con las copas y entran desinhibidos... Lo metes en una coctelera, lo agitas y te sale el San Isidro que hemos visto. Triunfos exagerados, donde la mentira se impone a la verdad, y de los que los profesionales son los primeros afectados porque no les sirven para nada.   

 

−Casi tres mil personas pueden acceder a la plaza sin haber pagado un céntimo, no entiendo cómo se conjuga esto con la crítica y el papel activo que el espectáculo de los toros otorga al público, éticamente es inaceptable, ¿cómo se puede exigir nada cuando no has pasado por taquilla? Por otro lado, el sacrificio de los que se ponen delante del toro, al fin y al cabo, es para ganarse la vida y a costa de unos honorarios, ¿por qué tiene que haber tres mil personas en la plaza que no paguen nada, es esto moralmente aceptable? ¿Es congruente que algunos pasen gratis y el que está al lado, en una grada de sol, pague treinta euros?

 

−La temporada abandonada a su suerte, maltratada y denigrada por la empresa que solo tiene ojitos para la mercadotecnia de San Isidro. Dijeron, literalmente, que iban a “reforzar el carácter de plaza de temporada” y que iba a “primar la programación de calidad”, y ya ven. A la temporada le han quitado siete u ocho corridas de toros y la han llenado de novilladas en las que siguen viniendo chavales a debutar en Madrid con caballos, esto es, festejos sin ningún atractivo y condenados por lo general al fracaso. Por si no bastara con esto, a los festejos de temporada también los han subido el precio, llegando a costar el doble en los tendidos altos de sol. Muchas gracias por esto, por no haber previsto lo que iba a suceder, señor Abellán y demás ingenieros del Centro de Asuntos Taurinos y la Consejería de Presidencia, así es como se promociona la temporada, claro que sí. Carteles que más que atraer repelen, ganaderías que andan medio desahuciadas, precios de plaza privada, novilladas en vez de corridas, cambios en el cartel a última hora porque lo que anuncian no vale y una “programación de calidad” que brilla por su ausencia.

 

−El toro, desaparecido. Salvo honrosas excepciones, todos los días ha habido dos o tres toros que no servían para Madrid y, según la empresa, son los que más y mejor pagan. De lo que se deduce que los están engañando como a unos primos (a los chinos ya no los engaña nadie). El medio toro se ha instalado en Madrid. La variedad de encastes desaparecida, abocada a un mes de septiembre en el que nos volverán a anunciar otra novillada concurso de ganaderías, un festejo barato y sin fuste que no está a la altura de la categoría de la plaza. Han salido a malas con una de las casas ganaderas más humildes y honradas que hay como es Cuadri, así que gracias a la torpeza de esta empresa a saber cuándo la volveremos a ver. De un año para otro saben que en septiembre “el toro es el más protagonista” (sic) y, hasta el momento, no son capaces de agradar con un ciclo ganadero y una corrida concurso en la que se vea que hay un trabajo detrás de selección y de buscar hierros y ganaderías que sorprendan, atrayentes o que estén en buen momento, en definitiva, de generar expectación entre los aficionados.

 

−La manipulación de astas también ha llegado a Las Ventas. En otros tiempos había quejas porque se decía que se afilaban pitones, decían que los toros venían con los cuernos excesivamente buidos y, por lo tanto, se sacaba punta, sin embargo ahora no hay manera de ver un pitón que termine en punta. Aquí, además de la empresa, los equipos presidenciales tienen gran parte de responsabilidad, con la manipulación y el fraude tolerancia cero.

 

−El Batán, la mejor iniciativa que hemos visto materializarse y no se quedó en promesas y palabras huecas, se ha gestionado de manera verdaderamente chapucera. Un error de redacción en el pliego, como sucedió con el sistema precios, ha propiciado el abuso y la renuncia de muchos ganaderos. Solo unos pocos han venido al Batán para cumplir el expediente, las ganaderías de las figuras bajo ningún concepto, claro, y desde el Centro de Asuntos Taurinos y la empresa no se ha promocionado ni se ha anunciado las ganaderías que estaban en los corrales del Batán o anticipado las siguientes que iban a mostrar. Pagan mucho según dicen, pero no lo suficiente como para que los ganaderos cumplan con el pliego y el requisito de llevar sus toros a la Casa de Campo. Las instalaciones además están en estado ruinoso y necesitan un lavado de cara urgente. El castizo patio de mayorales del Batán, donde otrora se engalanaba con los azulejos de los toros más bravos ha sido suplantado por una ventana del desolladero de Las Ventas, donde ahora han colocado el azulejo del toro Duplicado, de Victoriano del Río. 

 

−A todo esto hay que añadir que la plaza sigue en un estado de mantenimiento muy deficiente, por decirlo de una manera suave. Un edificio catalogado de “bien de interés cultural con categoría de monumento histórico-artístico” que no se cuida. A todos se nos llena la boca con lo público, pero, ¿sucedería esto si el mantenimiento de Las Ventas dependiera de una entidad privada? A los madrileños nos gustaría presumir de plaza en vez de avergonzarnos.


viernes, 26 de mayo de 2023

Stop manipulación de astas, la afición quiere toros íntegros

 Jueves, 25 de mayo, toros de El Puerto de San Lorenzo, la Ventana del Puerto y sobrero de El Vellosino, para José María Manzanares, Emilio de Justo y Roca Rey.







 

 

domingo, 14 de mayo de 2023

Primera semana de San Isidro, Las Ventas se sigue hundiendo

 

   Antaño, primera plaza del orbe por el trapío del toro que se lidiaba y, principalmente, por la calidad, exigencia, criterio y el número de aficionados que la frecuentaban. Hoy, convertida en un enorme botellódromo, de público esporádico, cambiante, festivo, superficial, marioneta del sistema y de los clichés que pregonan los taurinos y sus medios pesebreros. La primera semana de San Isidro está a punto de concluir... Madrid ha caído, hay que ir a la plaza con ello asumido, evitando desazones que no llevan a ningún lado.