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lunes, 9 de septiembre de 2019

Desafío gris y un gran toro de Rehuelga


[Crónica para la Asociación El Toro de Madrid]


8 de septiembre de 2019. 

Primero de los llamados “Desafíos ganaderos” entre las ganaderías de Rehuelga y Pallarés, ambas procedencia Santa Coloma – Buendía. Se lidiaron tres ejemplares de cada casa, si bien hubo de salir un sobrero de Pallarés al lastimarse de los cuartos traseros el nº 4, de nombre Iluso, de la misma ganadería. Muy bien la empresa colocando un sobrero de cada hierro titular para que no se desvirtúe el “desafío” y, muy bien, como hicieron en temporadas anteriores, programando una tertulia con los ganaderos al finalizar el apartado, dándole la importancia que se merecen. La pena es que el festejo apenas convocó un cuarto de plaza, ¿dónde está la afición?, sencillamente no la hay. Añadir que la climatología fue ideal para el espectáculo taurino.

Arturo Macías. Inédito con la espada, corneado cuando finalizaba el muleteo con el primero de la tarde con pronóstico grave.
Oliva Soto. Estocada en los blandos y un descabello alargando mucho, era el toro de Arturo Macías; silencio. En el tercero de la tarde necesitó tres pinchazos saliéndose y una entera contraria; silencio. En el quinto estocada trasera (un aviso); silencio.
Thomas Dufau. Un pinchazo y una estocada caída para acabar con el segundo; palmas. En el cuarto una trasera entrando bien; saludos con división de opiniones. Y en el sexto media estocada, caída, tapándole la cara, y un golpe de verduguillo (un aviso); silencio.

Presidencia: D. Víctor Oliver Rodríguez. Bien en el cuarto invitando al matador a que pusiera al toro de nuevo en el caballo para verlo, a demanda de la afición. Mal retrasando tanto la devolución del jugado en quinto lugar, claramente lesionado de la pata derecha.

Tercio de varas: Se pintaron las rayas estilo corrida concurso, con las marcas de distancia incluidas, para acabar viendo un espectáculo, en general, bastante lamentable. Los picadores no estuvieron por hacer bien la suerte, ¡un día más! y los puyazos se fueron a sitios muy lesivos, por decirlo suavemente. Barrenar, recargar el castigo, poner varios puyazos en una entrada, tapar la salida… fueron prácticas habituales.

Cuadrillas: Hubo lidias notables con el capote. Con los palos sobresalió “El Monteño” en el segundo de la tarde haciendo la suerte con toda pureza y obligado a desmonterarse; así como un quite de Antonio Vázquez a una mano en el sexto cuando el banderillero pretendía llegar a tablas, eficaz y de bellísima factura.

Herido: El parte médico de Arturo Macías rezaba lo siguiente: “Herida por asta de toro en 1/3 superior cara externa de pierna derecha de 25 cm. que produce destrozos en músculos tibial anterior y perineos. Fractura de cuello de peroné, contunde nervio ciático poplíteo externo con arrancamiento de rama colaterales del mismo. Intervenido bajo anestesia general. Pronóstico grave que impide continuar la lidia. Fdo.: Máximo García Leirado”.




Toros.

1º. Chamorro, nº 60, de Pallarés. Justo de presencia sale blandeando. Dos puyazos, el segundo trasero, saliendo apagado de los mismos. En banderillas protestón, enseñando la lengua. A media altura, gazapón y despistado en la muleta. Toro bajo de casta y blando. Silencio.

2º. Artillero, nº 72, de Pallarés. Con plaza, leves palmas de salida. Lo ponen tres veces al jaco pero solo acude dos porque en la segunda, de largo, busca excusas y se va a capotes. Salió crecido del primer puyazo bajando los humos en el segundo, empujando con la cara alta. Galopa en el segundo tercio y persigue a los banderilleros. En las primeras tandas embiste como un torbellino aunque rápidamente se aburre y empieza a mirar al personal de los tendidos. Toro encastado venido a menos. Ovación.

3º. Torrelarga, nº 15, de Rehuelga. Cárdeno claro, zancudo y estrecho. Bruto de salida. Tardea mucho en la segunda vara y se lleva cinco heridas en dos encuentros, sangrando en una de ellas por el costillar. El autor de semejante escabechina fue Rafael Galán. A partir de ahí el toro se fue apagando, como es lógico, y quedó aplomado en la muleta. Tercio de varas toricida que acabó con el morlaco, inédito. Tibias palmas en el arrastre.

4º. Guanaguato, nº 7, de Rehuelga. Guapo, sin exageraciones. Embiste bronco de salida. Empuja con codicia en los dos primeros puyazos, Dufau pide el cambió, el público otro puyazo, lo admiten. En vez de pararlo y dejarlo de largo, a regañadientes por no admitírsele el cambio de tercio, el torero francés lo deja pegado la segunda raya, el picador sale a buscarlo y Guanaguato se arranca derecho para un tercer puyazo, ¡trasero! Con fijeza en banderillas, en la muleta fue un toro encastado y boyante que no se toreaba solo. Encastado en bravo. Ovación.

Guanaguato, de Rehuelga. Gran toro

5º. Dichoso, nº 82, de Pallarés (sobrero). Con lucero en el testuz, recortado de lámina, bien hecho y rematado. Sale muy vivo. En las puyas apuntó muy buenas maneras por cómo empujó en el peto, pero Oliva Soto lo escondió en el segundo encuentro. Se protestó que no dejaran ver un tercer puyazo. Galopa y muestra un gran pitón izquierdo en la brega. El torero lo encima en las rayas por el lado derecho en la primera serie y en la segunda le toca continuamente la tela. Con semejante muleteo, el toro cambia y se pone reservón y apagado. Sin ver en varas y a menos en la franela, probablemente por la impericia del matador. Silencio.

6º. Tejero, nº 10, de Rehuelga. Negro entrepelado, calcetero de las patas, aldiblanco y caribello. Veleto de pitones y de gran trapío, palmas de salida. Sale con poco celo, coceando y saliendo huido del picador de contraquerencia. Le dan dos buenos leñazos en frente de la enfermería, saliendo el picador a buscarlo a las afueras en el segundo encuentro con buen criterio. Persigue a tablas a los rehileteros, en el último tercio pasa con tendencia a ceñirse y con media embestida. En los medios, permitió estar en la cara y una faena larga. Manso en varas y mediano en la muleta. Silencio.

Tejero, de Rehuelga, precioso animal


El primero de los desafíos de los atractivos carteles ganaderos que la empresa viene programando en época septembrina quedó empañado por la escasa capacidad y la impericia de la terna. En estas corridas hay que anunciar otro tipo de toreros porque si no no vemos nada. Arturo Macías no es matador para este tipo de lides, el rompeplaza ya le avisó a inicios de faena que hacía hilo si no dominaba la situación y, al final de la misma, en los mismos terrenos, lo volvió a hacer y le pegó una cornada seca por detrás cuando el torero huía a la espera de que la cuadrilla se lo quitara de encima.

Oliva Soto es un torero puro de muchísima clase, tan puro como temeroso. Vino sin rodaje y eso en la plaza de Madrid y ante este tipo de corridas suele pasar factura, como así fue. El tercero de la tarde fue aniquilado por el picador y al quinto le recetó un inicio de faena perfecto para neutralizar las capacidades del toro, todo a la contra. Mató a paso de banderillas emulando a su paisano, el gran Curro Romero en las tardes de bronca y alboroto. Eso sí, dejó su impronta en un saludo capotero de arte ante el quinto, que al final acabaría devuelto, unas verónicas excelsas.

Oliva Soto haciendo un quite a Artillero, de Pallarés. Nótese dónde tiene la herida de un puyazo


Del francés sólo me gustó el recibo al segundo de la tarde, rodilla genuflexa, recetando unos preciosos lances de capa. A este toro ni siquiera le echaría la izquierda, abreviando rápido, y eso que no se comía a nadie. Con el más propicio de la corrida, Guanaguato, estuvo despegado y anodino, si bien aquello tuvo más alegría y ritmo gracias al toro. Con el precioso burel que cerró la corrida anduvo por ahí, sin que nadie le echara cuentas, y es que el personal andaba un tanto mosca por cómo se había desarrollado la tarde, por la falta de actitud de los toreros y, especialmente, por unos tercios de varas verdaderamente desastrosos, un día marcado para realzar esta suerte, al final lo que se vio fue un completo desastre. Así llevamos todo el verano y el domingo próximo espera una corrida concurso. Señores picadores: un poco de vergüenza torera.


Dufau frente a Guanaguato, de Rehuelga. Foto: Ana Escribano

lunes, 6 de mayo de 2013

Carriquiri

  Buen encierro de Carriquiri vimos ayer en Las Ventas, con más posibilidades de las que realmente obtuvieron los coletudos. El conjunto de los toros, sin ser muy corpulentos ni impresionar por sus cabezas, tuvo trapío, trapío de Núñez, algunos con una estampa realmente bella. Toros cinqueños, salvo el segundo, de gran finura, bajos de cruz, apretados de carnes, con rizos en la pelota y miradas serias. Hubo un garbanzo negro en sexto lugar, devuelto por inválido que fue sustituido por un ejemplar de Aurelio Hernando. De comportamiento variado que desgloso a continuación.  
 
  El primero quizás, por ser más basto, regordío y recortado de viga, fue el que más se diferenció de sus hermanos en hechuras. Un colorado anteado de nombre Flautista, que buscó los terrenos de la enfermería de salida pero acabó empujando en la contraquerencia en un tercer encuentro con los de a caballo. José María Arenas pasó en falso en dos ocasiones con los palos, dando la sensación de falta de poderío y facultades. Con la franela el toro tuvo un pitón derecho potable, voluntarioso y con cierta humillación, sin ser un dechado de codicia. Por el izquierdo apenas porfió Arenas tras un desarme. Mató arrancando de estocada trasera y caída, dejando una sensación anodina con el toro de su confirmación.
 
  Con muchos pies salió del toril Palillo, negro, bajo, largo y bien puesto. Empujó con brío en una primera vara, a media altura, y después Oliva Soto lo metió bajo el peto al relance privándonos del tercio de varas, como es costumbre actual.  Manseó muchísimo al sentir los arponcillos e incluso se descompuso con el peonaje. El toro peleó fenomenal en una primera tanda por el derecho, bien toreada por Oliva Soto y después se apagó y ofreció solo media embestida que el torero de Camas aprovechó para sacar muletazos de adorno muy pintureros. Toro rajado.
 
  El primero del lote de Esaú Fernández fue un colorado, ojo de perdiz, y apretado de armas, con el que pasó un mal rato y dejo evidencias de mal lidiador durante el tercio de varas. El toro no quería caballos y Esaú no tuvo recursos para imponerse, solo gestos de desaprobación para su cuadrilla que sonaban a excusa. El primer puyazo lo tomó el bicho por su cuenta en toriles y el segundo en la contraquerencia, haciendo el picador la suerte de la aceituna más allá de la primera raya, con la correspondiente bronca del público ignaro, que toma esto como una auténtica afrenta. Cuando tocaron a matar el toro quedó embestidor y tuvo faena por los dos pitones, como así se vio en las cuatro primeras tandas, antes de que Esaú se dedicara al toreo encimista de péndulos y caderazos en los hocicos del bicho. Mató entrando derecho de una estocada baja.
 
  Despúes salió el cuarto, para Oliva Soto, un toro que lo dejó en evidencia a pesar de las ganas y la actitud que transmitió. Este ejemplar, algo recortado de lámina y ensillado, lució una seriedad y un trapío incuestionable, amén de un comporamiento voluntarioso y sin reacciones reprobatorias en las dos varas que tomó en la Puerta de Madrid, siendo castigado arriba y no muy trasero, ¡por fin! Con fijeza y buen galope en banderillas, haciendo hilo a los de a pie, pasó a la muleta con muchísimo que torear: había que engancharlo, conducirlo y dominar al toro en todo momento, en una palabra, había que torear. Oliva Soto no hizo nada de esto en ningún momento y fue superado continuamente por Delicioso, falto de técnica y de mando, de bragueta, dejando nuevamente algunos lances de toreo accesorio y algún natural citando de frente, con el compás abierto, en la rectitud, de muy bella factura, aunque supo a poco para tan noble y boyante ejemplar. Lo pasaportó de una media en la cruz.


Delicioso de salida

Toreo de frente al natural de Oliva Soto, extraordinario planteamiento, escasos resultados. (Foto Francisco Pastor)



  El quinto daba aspecto de línea Villamarta, más alto, escurrido y ofensivo que sus hermanos, de hecho fue el de menos peso del encierro. Gañan se apodaba, de gran viveza y nervio durante toda la lidia. Se arrancó como un rayo al primer envite, se coló bajo el caballo y al levantar la cabeza en los cuartos traseros del caballo dio un tumbo espectacular del que Anderson Murillo, picador de dinastía, salió mal parado y tuvo que retirarse. Hubo unos segundos dramáticos, el toro corneando al caballo, los monos coleando al toro, el picador entrillado y el peonaje bastante pasivo a la hora de hacer el quite y alejar el toro del peligro. Después, colocado de nuevo en suerte, el toro tardea, se hace el distraido y se vuelve arrancar con celo, empujando fuerte en una segunda vara a cargo de Ricardo Romero, traserísima y carnicera que desangró al animal, dejando un reguero de sangre allí donde paraba el bicho sus pies. Imposible hacer faena a un toro en ese estado, aún así humilló y tuvo cierta codicia, antes de apagarse como era de esperar.
 
Gañán, de Carriquiri, derribando

Muy mal, ningún torero al quite. (Fotos Francisco Pastor)
 

 Cerró la corrida, tras devolución de un inválido de Carriquiri, un jabonero sucio de Aurelio Hernando, feote. Curiosamente se comportó al revés que un Vazqueño, frío y huidizo en los primeros tercios y a más en la muleta, codicioso y rebrincado. Esaú, con su tauromaquia rural, se hinchó a pegar pases, algunas veces limpios y otras deslucidos cuando los remataba por arriba y el toro cabeceaba el trapo. Pinchó una vez antes de finiquitar al jabonero, para darse una vuelta al anillo por voluntad propia muy protestada por el público.

El de Aurelio Hernando
 

domingo, 6 de mayo de 2012

Martín Lorca


  Con muy poco público y media provincia de Salamanca en los tendidos se ha lidiado una corrida de toros del hierro de Martín Lorca, remendada en tercer lugar con un toro de Escribano Martín perteneciente a la misma casa ganadera; procedencia Domecq. Desigualmente presentados como corresponde a los guarismos que lucían en las paletillas, con los tres años posibles que pueden jugarse en la presente temporada. Quinto y sexto bastos y regordíos; tercero y el retaco que hizo cuarto mucho más finos que sus hermanos.
  De juego dispar que desglosamos a continuación, si bien la sensación al salir del festejo ha sido de falta de fuerzas rozando la invalidez, nobleza extrema, condición mansa y embestidas tremendamente pastueñas. Salvamos el interesante tercero, del hierro de Escribano Martín, encastado. Y quizás el cuarto, que hizo la pelea más interesante en varas -que no brava- aunque desarrolló a menos y fue remiso en la muleta, media casta.


En tercer lugar el remiendo del encierro, del otro hierro de la casa. Un buen toro.

  Salvador Vega recibió al primero con unas bonitas verónicas rodilla en tierra y pare usted de contar, lo cierto es que no ha tenido su tarde. Nunca se aclimató a las dulces y humilladas arremetidas del toro que abrió plaza, un animal que se cayó varias veces en los primeros tercios. Lo despachó de estocada caída al encuentro: toda una fortuna para Salvador que ya se encontraba por la plaza de Manuel Becerra y casualmente apareció por allí el toro para clavarle el sable.

   Se agredece enormemente que Salvador mostrara en el caballo al castaño que hizo cuarto, a petición de algunos aficionados tras una larga y corajuda pelea en el primer envite seguida de una espantada. Se arrancó alegre para un segundo puyazo y fue rápidamente quitado por los peones, saliendo nuevamente sueltecito. Embiste con codicia en la muleta, es muy tardo y necesita mucha provocación que nunca llegó por parte de Salvador, dando dos tandas aceptables por el lado derecho cuando al bicho le vino en gana. Obsequia al personal con una retahíla de pinchazos y bajonazos, todos ellos en los mismos terrenos y en la misma suerte, recibiendo un aviso del usía. Mal día para Salvador.


  El segundo es un toro cinqueño de traje negro, con rizos y amplitud de astas, apodado Jaranero para más señas. Gallo lo saluda con unas verónicas medianas. En el primer encuentro sale sin nada de celo y en el segundo se cae o lo tira el peón, quién sabe. Es lidiado eficazmente por la cuadrilla del torero charro, que en la segunda tanda de muletazos se quedó sin enemigo y tuvo que emplearse con mucha firmeza en el toreo de cercanías, aunque citando en muchas ocasiones desde los costados con un animal muy aplomado que permitía mayor sinceridad en algunos pasajes de la faena. Calienta al público con pases circulares, pincha y deja una estocada completa en el rincón.

  Festivo no hizo nada por su nombre, más bien fue Gallo quien puso toda su voluntad por dar fiesta a los asistentes. Dos puñales mirando al cielo y 547 kilos de mansedumbre para bregar con ellos, que por hechuras parecen muchos más. Recibe una caricia en chiqueros y otra en la puerta de la enfermería, derribando en una tercera a José Ney Zambrano, justo en el momento que levantó el palo. Festivo aprovecha la coyuntura y se encela con el caballo mientras varios monos intentan colearlo en vano hasta que el toro, por su propia gana, sale de najas. Una buena tanda de derechazos tirando del bicho, mandando, y varios naturales sueltos superiores fue todo lo que Gallo pudo sacar de un animal muy parado y descastado. Da un pase circular para regocijo de sus paisanos e intenta un segundo sin éxito. Acaba con el negrito de un pinchazo y una estocada ida. Vuelta al ruedo tras petición en sendos toros.


  El tercero salió del calabozo y se emplazó en los medios, levantado, aquí estoy yo! Humano de nombre, cuatreño, pelo negro salpicado, fino y bien colocado de armas. Buena lid en el primer puyazo y rajado en el segundo huye a terrenos del uno. Galopa en banderillas y crea muchos problemas a la infantería. Con buen propósito, Oliva Soto se dobla con el toro de inicio intentando mitigar el temperamento del bicho. Una vez en redondo no consiguió calentar los ánimos, despegado, eléctrico y muy a merced de las fuertes embestidas del encastado animal. Mal con la espada, tuvo que liquidar al toro con el descabello.

  Cierra el encierro un colorado que llaman Finlandés, de muchas arrobas y acapachado de cuerna. Sin recibir apenas castigo, perdiendo las manos varias veces, chochón y de embestida desigual que Oliva Soto nunca consiguió gobernar. Desconfiado con la espada es auxiliado por su cuadrilla que a base de capotazos echan el toro a tierra.


  Destacamos la buena tarde de Pedro José Cebadera, de la cuadrilla de Eduardo Gallo, solvente con los palos, atento y muy bien colocado toda la función. Incluso tuvo que bregar con un gallo que los entusiastas partidarios gallistas (qué bien suena) arrojaron al ruedo; el pájaro tuvo muchos pies y más casta que algunos de Martín Lorca.


La afición gallista