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martes, 12 de enero de 2016

Nomeveas, de Pallarés


¿Se acuerdan de aquella corrida del pasado mes de septiembre, dentro del que dicen Ciclo de encastes minoritarios, en la que se anunciaron reses de Hermanos Fraile Mazas, según nos dijeron procedencia Atanasio Fernández, y resultó todo un engaño? 

Pues bien, aquel domingo día 27, se jugó un sobrero con el hierro de Pallarés (cinqueño, 590 kg.), de apabullante estampa, que fue recibido con una fortísima ovación. Las imágenes hablan por sí solas. 

Le tocó en suerte a Pérez Mota que, según parece, se afligió ante el trapío de Nomeveas y permitió que Tulio Salguero, puya en ristre, se cebara con el bicho y lo desangrara. Metía bien la cara como vemos en la foto, pero como era de esperar quedó muy agarrado al piso y apenas se meneaba.

Una buena oportunidad para reivindicarse de la que seguro todavía guarda infausto recuerdo la familia Benítez Cubero.

domingo, 18 de octubre de 2015

Se acabó, hasta el año que viene

La taquilla. El sol. La procesión. El quite que cambia la tarde. El puyazo que nunca llegas a ver. La sangre del toro. Lo auténtico. El pasodoble. El quite que salva una vida. El par con los pies en la arena. El incapaz. El presidente que adivina las intenciones del que no agita pañuelo. El natural. El toro que no teme a nada. El eterno recalcitrante. La lidia. La sardana. La vuelta al ruedo al manso. El miedo. El caballo ciego y blindado. El desdén con el tendido. El mugido. El bodegón en el ruedo. La sangre del héroe. El que huye. Las bostas. El empresario que conspira. La gloria. El indulto de la mona. La manguera. El presidente linchado. La emoción. Las mulas enjaezadas. El juicio permanente. Los txistularis. El medio toro con las figuras. La arrancada. El toreo. Los cascabeles. Lo impostado. El salto de la garrocha. El zortziko. La tragedia. Los taurinos del callejón. El valor. La verdad de la estocada. El toro de la jota. El optimista. La muerte gloriosa. El peón que no la respeta. El apretón de manos. La tertulia. 

Eugenio Lucas Villaamil (1858-1919)

martes, 8 de septiembre de 2015

San Martín en Las Ventas

  El pasado domingo volví a la Plaza de Madrid, desde la encerrona de El Cid con victorinos me he pasado todo el verano desertando, en guerra fría con la empresa hasta que de verdad programe algo con vistas al aficionado. No piensen que el verano ha sido en balde, he visto toros en Ceret, Azpeitia, Cenicientos e incluso una corrida de Adolfo Martín en Miajadas, Badajoz. En todos estos lugares el toro por bandera, íntegro, de un modo o de otro siempre apareció su raza combativa. Como decía, regresé a Las Ventas y dejé a un lado mis particulares diferencias con la empresa, empeñada en echar a los aficionados a base de carteles baratos y carentes de atractivo, con toreros malos o sin rodaje y ganaderías todas en la misma línea; y lo hacía atraído por el que fuera uno de los últimos iconos ganaderos de la afición de Madrid, la ganadería de Hernández Pla, sus últimos representantes, anunciados en los carteles con el nombre de San Martín.

   El encierro resultó una vulgaridad. En general se dejaron pegar y cumplieron en el caballo, yendo siempre a menos en el segundo envite al que se arrancaron bien desde la distancia. Igual que en banderillas, se dejaban clavar y ninguno hacía hilo. Insulsos, suavones, de escasa codicia, justos de poder y muy nobles. De las que produce sopor en los tendidos. Por orden, dieron este juego: Primero manso y aplomado, agarrado al piso y con la cara a media altura; segundo de buena condición, blando y soso; tercero encastadito y boyante, venido a menos rápidamente; cuarto suave y pastueño, por el derecho era un caramelo; quinto sale vivo y fogoso, colándose por el derecho, se raja rápido y acaba mirando al tendido tras cada muletado; y sexto blando, descastado y parado.

  De la terna destaco la torería y el valor seco de Antonio Mendoza, sin alharacas. No son malas mimbres para forjar un torero. Al sexto lo mató prácticamente en los medios después de un buen revolcón.

En tercer lugar el de mejor juego. Antonio Mendoza con Maleta

domingo, 19 de abril de 2015

Cuando Las Ventas está desnortada

 Novillos de La Ventana del Puerto, para Tomás Angulo, David de Miranda y Roca Rey.

  Las novilladas de Madrid cada día se hacen más plomizas. Me consta que hay aficionados que las descartan por sistema desde hace años, por mi parte hace tiempo que las dejé de lado, pero ya se sabe que de los toros es muy difícil desengancharse. No sabemos el tiempo que la Comunidad aguantará con este pliego o si la intención que subyace es cargarse la secular temporada de toros del coso capitalino. La situación se hace insostenible. Los aficionados acuden a las corridas de toros pero las novilladas hace tiempo que las abandonaron, se han convertido en un espectáculo vergonzante en los tendidos con un planteamiento negligente por parte de la Empresa: anunciar a novilleros para debutar con caballos en Las Ventas debería ser denunciable. Luego está el tema de los encastes y el ganado anunciado, con eso del "ciclo de minoritarios" de septiembre el resto de la temporada todos los domingos nos dan lentejas; sota, caballo y rey. De tal manera que los guiris y la claque de autobús multiplican por mucho el número de aficionados, y esto, para cualquiera que entienda lo que ha sido la Plaza de Madrid en un pasado no muy lejano es doloroso e imposible de digerir.

  El encierro de hoy, de La Ventana del Puerto (anunciaban también de El Puerto de San Lorenzo de los cuales no hemos visto ninguno y estamos muy agradecidos), pues ni bueno ni malo sino todo lo contrario. No ha sido manso declarado, tampoco bravo; no fueron blandos, pero tampoco les sobraba. En el caballo se han dejado pegar en el mejor de los casos y algunos fueron aliviados con el simulacro del picotazo en el segundo encuentro. En la muleta el juego se ha visto muy condicionado por la maña de los actuantes, los animales por lo general se han ido poniendo ásperos por el trato que iban recibiendo. De presencia muy igualada, seria, de pitones blancos y de esqueleto grande y desarrollado como corresponde a la sangre Aldeanueva. Lucieron crotales como si de ganado porcino se tratase. 
  Primero blando, noble, con buen tranco, empeorado por los constantes enganchones. Segundo soso, de media arrancada y poco codicioso. Tercero vivo, con celo, apenas se le pudo ver en la muleta debido a la terquedad del espada. Cuarto noble y boyante, de buena condición, ahogado por Tomás Angulo. Quinto es posible que se lastimase en el tercio de varas, queda blandito y bobalicón. El sexto bis, de José María López, sin ver en varas, de embestida corta y ceñida. 

  Hablaré solo de la actuación de Andrés Roca Rey que ha salido por la Puerta Grande. Toda la tarde presto a entrar en quites, con esa gracia y variedad tan característica del otro lado del charco, se prodigó en faroles, saltilleras, gaoneras y tafalleras. Solo hubo un par de tandas limpias en su actuación, la primera de cada faena. El resto ha sido una batalla constante con los novillos en la que no vimos toreo, al revés, porque todo lo que hizo fue en perjuicio de los animales, haciendo que acortaran el viaje y tornaran en descompuestos. Pero ahí estaba Roca Rey, levantándose de cada revolcón, de los muchos que se llevó, con tributo de sangre incluido, dispuesto a no dejarse ganar la pelea. Lo que toda la vida de Dios se ha dicho "estar en novillero". Al primero de su lote lo mandó al otro barrio de una estocada caída soltando la muleta; el otro de una media lagartijera bien ejecutada. Lo justo y lo cabal hubieran sido dos vueltas al ruedo de ley, pero es que oiga, aquí traen pañuelos hasta los japoneses y lo justo y lo cabal del público de Las Ventas como que hoy no estaba.
  El tiempo dirá si es un triunfo de verdad o de mentira, la ultima salida a hombros novilleril fue de Conchi Ríos y no sabemos dónde anda.

  A Tomás Angulo le apuntamos la bisoñez y dos faenas en las que ahogó a sus oponentes. De David de Miranda intuimos un concepto vertical y armónico aunque sin oponentes.

¡Viva Perú!

lunes, 6 de abril de 2015

La maestría de Eugenio de Mora

  Alrededor del tercio de entrada para ver la corrida del domingo de Resurrección que anunciaban de Martín Lorca y finalmente hubo de ser remendada con el segundo hierro de la casa con el consiguiente derecho a devolución para los que habían comprado el boleto antes del primer reconocimiento. 

  La corrida fue una amalgama de tamaños, pesos y hechuras. Así que por lo pronto el ganadero no cumplió con el deber que le compete de presentar el encierro como Dios manda. De comportamiento frío de salida, manso y sin poder, los tercios de varas en su mayoría fingidos para que pudieran tenerse en pie. De extremada nobleza, sin echar una mala mirada, quitando el arisco primero.
  El primero manso encastado, revoltoso; segundo manso, blando, de los que hay que citar ocho veces para que se arranque una; el tercero una babosa; el cuarto justo de fuerzas, noble sin empuje; quinto manso, aplomado y blando; y sexto manso huidizo, con mucha humillación en la muleta.

Osado, nº 53, cuatreño, 505 kilos, retinto. La foto seguramente no haga justicia pero el toro era muy guapo

  La tarde quedará en la memoria por la actuación de Eugenio de Mora. Haciendo gala de esa inteligencia que da el oficio extrajo más de los toros de lo que a priori se intuía, y apoyándose en el valor, la torería, la disposición y el conocimiento de la plaza, dejó un regusto de maestro en tauromaquia. Los aficionados salían del coso satisfechos. Si a esto le sumamos la actuación el pasado verano con un ejemplar del Conde de la Maza y otro de Guardiola Fantoni, en la que le mangonearon la Puerta Grande, dejamos de pensar en las casualidades. 

  Al revoltoso y geniudo sorteado en primer lugar lo toreó por los dos pitones pasándoselo por la bragueta. Aquello tenía emoción, como los remates por bajo para cerrar las tandas, y es que al toro le costaba mucho pasar si es que no se revolvía con agilidad. El aire y el tiempo entre tanda y tanda hizo mucho a favor de obra. Un pinchazo y una estocada desprendida para entregarlo a mejor vida y la sensación de estar muy por encima del toro, aun siendo una faena de altibajos.

  El quinto fue un toro negro salpicado, escurrido de los cuartos traseros, guapo y de exagerada y veleta arboladura. Una tanda por la derecha de rodillas, tres de naturales superiores, dos por la derecha, los remates y la estocada. ¡Pero cómo fueron esos naturales! Ligados en un palmo de terreno, es más, se lo ganaba al toro. Desde la verticalidad de su figura, en la rectitud de la embestida y por la faja; cada lance tenía un principio y un final, una ligazón con pausa. Los aficionados se entregaron y jalearon cada uno de los naturales. Los derechazos sin embargo fueron de otra manera: compás muy abierto, tronco inclinado y trazo más largo. El toro no tuvo empuje suficiente para aguantar los remates genuflexos que iban poniendo fin a la obra, rematada con una estocada caída, desde el hilo del pitón. Ahí tuvo su mácula, la rotundidad de la estocada no fue como con el toro del Conde de la Maza. En cualquier caso los aficionados que tuvieron la suerte de verlo tardarán tiempo en olvidarlo.

El del triundo de Mora. Quillo, cinqueño, 502 kilos. Salió muy gallito pero resultó un toro mediano

Eugenio de Mora al natural. Carteles de toros

  Víctor Barrio estuvo muy valiente y muy quieto frente al sexto. Un toro grande y alto de cruz, de mirada torva e incierto en los primero tercios, a las cuadrillas y al espada no les debió de gustar aquello porque lo intentaron machacar en varas con tres puyazos, el ultimo recargando insistentemente. Al final resultó que el animal humillaba e iba noble a la muleta, sin necesidad de poderle o enseñarle, y Barrio, al abrigo de las tablas y aprovechando las inercias del animal, hizo una faena de mérito y valor, coronada con una estocada honda, atravesada, escupida por el toro.

  En las cuadrillas destacamos el toreo a caballo de Luciano Briceño con el tercero y la tarde que ha echado Roberto Martín "Jarocho", muy aplaudido en la lidia del tercero y haciendo alarde de valor con el incierto sexto, clavando un par de poder a poder. Extraordinario.

Brega en el tercero
... Y banderillas al sexto. Ovaciones a pares para "Jarocho"

lunes, 30 de marzo de 2015

El quite que cambió la tarde


Toros de Partido de Resina, Adolfo Martín, Cebada Gago, José Escolar, Victorino Martín (se lidia un sobrero de Adolfo Martín) y Palha para Iván Fandiño en solitario.

  La tarde se las prometía felices, la temperatura era óptima y Eolo estaba calmado. En derredor al coso las calles rebosaban aficionados venidos desde todas las partes del planeta de los toros, no se podía entrar en los bares y nunca antes se había visto tanta gente joven en Las Ventas para un festejo mayor. Me cuentan que ya desde por la mañana la expectación fue cosa inusitada, el apartado fue un caos de tantos que acudieron desde primera hora, reventas y listillos hicieron acto de presencia sembrando desorden y encendiendo los ánimos. La plaza presentaba un lleno espléndido. Como digo, no se podía pedir más. Hasta que unos segundos antes de aparecer Fandiño por el túnel del miedo, los imbéciles de turno, los mismos que el pasado invierno han reventando actos de cátedra en universidades, los mismos que a su paso han dejado aficionados con lesiones que tardarán mucho en curar, acaparaban unos instantes de protagonismo haciendo el memo desde el graderío del bajo del dos, y de paso nos arrebataban ese momento mágico de la presentación del espada en el platillo. La ovación fue atronadora, pero el significado ya no era el mismo pues tenía mucho de desquite. Fue como una premonición.

   El festejo discurría por los cauces del "aquí no pasa nada", "el torero no tiene la culpa", "es que los toros no valen", hasta que salió el ejemplar de don José Escolar Gil. Un galán rematado de cabo a rabo que no necesitaba de exagerada arboladura para provocar la admiración y el respeto de la concurrencia. Redondeado en el tipo santacolomeño de la ganadería, de mirada penetrante y estrechito de sienes, como gusta decir a los taurinos. Salió levantando astillas, aprovechando el montón de arena del burladero para pasar el morrillo tratando de deshacerse de la divisa. Era uno de esos ejemplares de especial viveza que se crían en los cercados de Valdetiétar. El cuarto cartucho de la encerrona. La plaza se puso boca abajo en el tercio de varas, el Escolar, de nombre Curioso I, estrelló el caballo en tablas en el primer encuentro; en el segundo, Fandiño lo dejó en la boca de riego y el toro poco a poco fue acelerando el galope hasta llegar a jurisdicción, metiendo la cara decidido en el embroque. En ese momento, cuando muchos se relamían pensando en una tercera entrada, Fandiño se llevó a Curioso I a los medios y le recetó un quite a base de chicuelinas, alguna de ellas tan enganchada que hacía llegar el sonido del percal hasta las alturas de la grada donde me situaba. Me giré fulminante buscando a Alex, excelente aficionado a toros, los dos teníamos la misma cara de estupefacción. ¡Cómo osaba, tocarle las orejas a un toro de Escolar!, para más inri enganchando el capote. Comprendí que todo lo sucedido anteriormente no era fruto de la casualidad, Fandiño no estaba y ahora dudo si alguna vez estuvo en toda la tarde. Como cabía esperar el de Escolar llegó orientado a la muleta de Fandiño y ni siquiera la fabulosa y ovacionada lidia de Javier Ambel consiguió desengañarlo. Ese quite por chicuelinas fue el detonante, la confirmación de que Fandiño no iba a poder. 

  Semejante error con el de Valdetiétar explicaba porqué el blandito pablorromero nunca encontró las medias alturas que pedía, o cómo el boyante Adolfo era excesivamente sometido en redondo desde el primer muletazo en una faena de altibajos que dejaba una sensación pobre. El melocotón de Cebada encontró la arena del ruedo en su primera acometida a la pañosa, quedando lastimado para el resto. La culebrilla jugada en quinto bis, de Adolfo, era el típico Albaserrada que acaba haciendo surcos con el hocico si encuentra hombre que aguante firme y lleve largo sus embestidas, y solo hubo pajareo en el tercio. Y el de Palha acabó rajado y entablerado después de un tercio de varas de bravo, un gesto inexplicable y feo, como sus hechuras.

  Tres veces fue desarmado. Pasó apuros de capa. Enseñó todos los toros en los caballos y los tercios de varas fueron muy celebrados en la segunda parte de la corrida. Y precisó de un pinchazo y una estocada atravesada que hace guardia; media estocada y dos descabellos; una estocada trasera; media en el hoyo y cuatro descabellos; dos pinchazos y una estocada en la cruz; y dos pinchazos a paso de banderillas y un golpe de descabello, para despenar a los seis ejemplares dos horas y dieciocho minutos después. 
  


martes, 24 de marzo de 2015

Empieza la temporada 2015

Se acabó ese peregrinar invernal del aficionado, alimentado por los libros de toros, las conferencias, las tertulias, las conversaciones virtuales interminables y las visitas a los blog, algunos de ellos de mejor calidad que muchas publicaciones taurinas que vemos por ahí. Empieza la temporada y lo hace a lo grande. Iván Fandiño con seis toros, en Madrid. Seis ganaderías de diferentes hierros, distintas pero iguales, porque todas ellas mantienen la rusticidad del toro de lidia, su animalidad, su poderío, su fiereza y las complicaciones propias de la casta se hacen muy presentes en todas ellas y aún no han sido del todo devastadas por lo artificioso del toro que se deja, endeble, de tal nobleza que raya con la estulticia. Estas cualidades habrán o no de aparecer, no lo puedo anticipar, incluso cabe la posibilidad de que peguen un petardo. Pero los ganaderos no tienen impedimento en pronunciar la temida palabra casta públicamente, que ya es un logro importante y dice mucho sobre la honorabilidad de todos ellos.

Palha, Partido de Resina, Victorino Martín, Cebada Gago, José Escolar y Adolfo Martín. Casi nada. 

Un hombre asomará por el patio de cuadrillas en solitario. Toda una tauromaquia por mostrar, seis fieras esperando en los chiqueros y los tendidos repletos de inquisidores. Sugiero prestar atención a la salida del torero con toda la plaza aguardando, la grandeza se palpa en ese momento.
No sabemos qué sucederá, el compromiso con el aficionado, la hombría y la vergüenza torera está en el cartel. La gloria aguarda tras él. 

Suerte, Fandiño.


Apartado de toros en La Muñoza; Eugenio Lucas Villaamil. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.

lunes, 5 de enero de 2015

Feliz año de toros 2015

 ¿Qué le pedimos al año taurino 2015?

A los ganaderos: Respeto al toro. A su integridad, a su manejo, a su selección y a su condición de animal semisalvaje, cuasi totémico, que debe imponer respeto y nunca dar lástima.
A los toreros y en especial a las llamadas figuras: Competencia y vergüenza torera (esto es orgullo, amor propio que tiene un torero para no defraudar a los aficionados), especialmente en los puertos de primera categoría.
 A los empresarios/apoderados/ganaderos: Que se vayan. Por oligarcas y por el terrible daño que le están haciendo a la tauromaquia.
A los políticos: Que no nos usen de instrumento arrojadizo. La fiesta es del pueblo, ni de izquierdas ni de derechas.
A la crítica: Que no se deje sobornar. Que enseñe. Y que critique alabando lo bueno y censurando lo malo.
A la afición: Que no abandone y no renuncie a sus ideales, exigiendo el máximo a ganaderos y toreros. Que no se deje embaucar por el sistema y luche unida por sus intereses.

Eugenio Lucas Villaamil


Feliz año 2015