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lunes, 24 de abril de 2017

Cogida mortal de Florentino Ballesteros

Y crítica severa para Gallito.



Semblanza biográfica

    Florentino Ballesteros nació en la calle del Caballo, de Zaragoza, el día 11 de enero de 1893. A los treinta y siete días fue depositado en el torno de la Inclusa del Hospicio provincial, criado hasta los cinco años en Loscos, pueblo de Teruel; y desde esa edad hasta los diez estuvo en el Hospicio de Calatayud, regresando al de Zaragoza. Dura infancia en la que mostró aptitudes para el dibujo y la pintura, aprendiendo el oficio de pintor, hasta que el 24 de septiembre de 1905 presenció una corrida de toros en la plaza de Zaragoza en la que actuaban Quinito y Antonio Montes, desde entonces sintió afición por el toreo y se dedicó a forjar la carrera de matador de toros. Lo hizo según costumbre de la época: actuando en capeas que se celebraban después de las novilladas, yendo de banderillero, o tirándose al ruedo en festejos de resonancia, como hizo en varias ocasiones. 

   En 1912 se presenta de novillero en el coso de la Misericordia, triunfando plenamente. Y la empresa, en ese año y en el siguiente, organiza varias novilladas más en las que la base del cartel es el nombre de Florentino Ballesteros. Zaragoza lo proclama su ídolo. En aquellos momentos apareció en el cartel otro torero maño que despertó grandes esperanzas, Jaime Ballesteros "Herrerín", por lo que la pasión taurina se divide en dos bandos hasta 1914, año en que "Herrerín" sufrió una cornada mortal en la plaza de Cádiz. La afición zaragozana, repartida hasta ese momento en ballesteristas y herrerinistas, fue toda ella partidaria de Ballesteros a partir de entonces. 

   Su primera toma de contacto con la afición de la villa y corte fue el 15 de agosto de 1913, si bien en lo primeros lances del primer ejemplar que le correspondía fue corneado en la axila derecha y quedó fuera de combate. En 1914 toreó veinticuatro novilladas, alternando en todas ellas con lo más granado de la novillería. Y en 1915 consiguió treinta y una actuaciones, tomando la alternativa como matador de toros el 13 de abril de 1916, de manos de Gallito, alternando con ellos Francisco Posada. Aquella temporada se puso el vestido de torear cuarenta y cinco tardes, hasta que el 18 de septiembre, toreando en Morón ganado de Urcola, sufrió una gravísima herida en el pecho. A comienzos de la temporada de 1917 el propio Florentino Ballesteros se lamenta de no estar completamente repuesto y no llegar con la fuerza y resistencia necesarias para la lidia de toros. El domingo 22 de abril de 1917 alterna con Gallito y Manuel Mejías Rapela "El papa negro", se lidian tres toros de Gamero Cívico y tres de Benjumea. En el sexto, de nombre Cocinero, de pelo berrendo en castaño, ocurrió la desgracia cuando Ballesteros "veroniqueó erguido, artísitico y ceñido, y fue al tercer lance tropezado, enganchado y agitado, con el pitón hundido en el pecho, cerca o en el mismo sitio de la tremenda cornada que sufrió en Morón". Desde el primer momento la opinión del público que presenció la cogida, y la más importante de los médicos, se sintió pesimista. Tras larga y penosa agonía falleció a las 2:25 horas del martes 24 de abril, tal día como hoy hace cien años, en la Fonda de los Leones, sita en la calle del Carmen, de Madrid, que era el hospedaje habitual y adonde fue trasladado desde la enfermería de la plaza después de hecha la primera cura. Murió con veinticuatro años.

  Según Cossío: "De su valía en conjunto puede formarse idea el lector apreciando la rapidez con que llegó a uno de los primeros puestos en aquella época de oro de la tauromaquia; puesto en el que seguramente se hubiera consolidado si la fatalidad no lo hubiera impedido. Con el capote puede calificarse de notable y muy cerca le andaba en el manejo de la muleta. Nunca banderilleó de matador. Con el estoque cumplía, sin buen estilo y sin fealdades. Dejó una estela de simpatías y afectos nacidos desde su iniciación a la vida del arte. Contribuían a ello, seguramente, los antecedentes de su vida desgraciada desde que se inició naciendo fuera del calor de una familia, desarrollada en sus primeros años en el ambiente melancólico del hospicio, en el que es cierto que fue tratado siempre con tanto cariño, tan querido, que Florentino tuvo para él sus atenciones más delicadas, no olvidándose nunca ni de la Casa, ni de sus hermanos en desgracia, en los momentos más felices de su abundancia y de su gloria. Únase a esto su natural extremada modestia; su carácter afable, siempre sonriente, con una sonrisa algo triste, pero muy atrayente; su innata bondad; el haber llegado al puesto distinguido que ocupaba en su profesión por sus propios méritos, por su valor, luchando contra la adversidad mostrada, en todas formas, desde su modestísimo nacimiento, y se comprenderá lo que antes decíamos del ambiente de simpatía que le rodeaba". 

   Según Don Ventura: "Ballesteros fue torero finísimo con la capa y la muleta. De amplio repertorio, acertaba a imprimir en su labor un bello conjunto artístico, con inconfundible sello propio, muy personal, realzado por su airosa figura". 

Momento en el Cocinero, de Benjumea, cornea mortalmente a Florentino Ballesteros

Comprobando la cornada
   

Crítica a Gallito

   En el número 60 de la publicación "Toros y toreros", correspondiente al 24 de abril de 1917, que se puede ver completa aquí, aparece la crónica de la luctuosa corrida, firmada por "Relance" con el seudónimo de Montera (Joaquín Bellsolá), y una crítica durísima a Gallito por sus tropelías y abusos por la posición de mandamás que ocupaba. No entro a valorar, solo decir que a partir del Guerra sabemos que los toreros dejaron de ser tan heroicos para empezar a aliviarse y mandar en todos los ámbitos y particularidades de la fiesta, con la salvedad de Bombita y Machaquito, que se vieron en otra tesitura. 

    "Relance" escribió lo que sigue: 

    Las exigencias de Joselito.

    El menor de los Gallos cobra mucho dinero para sí, y cobra para su apoderado, para el Montepío de toreros, para coches, para capotes, impone diestros y ganado, rechaza ganado y diestros, etc. etc. etc.
   "Celita" y la corrida de Pablo Romero eran dos de los elementos para la tercera de abono. Ni ese espada ni esos toros le han convenido a José, y por este se puso a Bienvenida y a Gamero Cívico, sustituyendo a aquel coleta y a aquellos astados.
   La explicación es que Joselito protege a Bienvenida y quiere que de los Pablo Romero "participen" los otros "ases".
   Es decir, que Gallito perjudica a un compañero y usurpa a la Empresa su facultad de organizadora de carteles. Como toda la coletería anda huyendo de los de Pablo Romero, en los compañeros débiles se apoya José el fuerte. Uno por otro, la casa sin barrer. Y ahí se quedan esos seis bureles, que no tienen nada de particular, metidos donde nadie los vea, y a ciencia y paciencia de la flamante e inútil "Unión de criadores". 
   Ayer se presentó "Maravilla" en los Madriles. ¿Serían para él los aplausos que sonaron en el paseíllo? Ya digo yo que el público es lo más bueno que hay en el mundo.


Viendo el trapío en fotos de otros toros del mismo festejo, Relance no anda muy desencaminado

   Nosotros agregaremos ahora y como ampliación a esas líneas, que si de los seis Parladés (cuya ganadería manejada por el Sr. Gamero Cívico, va desmejorándose, dicho sea en honor de la verdad y con arreglo a los hechos) se desecharon solamente tres, debieron serlo los seis, sin que pueda culparse a la Empresa, que ahora, como en la mayoría de los casos, ha sido víctima del criador y del torero, que en esta ocasión se llaman Gamero Cívico y Gallito. 
   ¿Que por qué alcanza la culpa a este último?
   Pues, sencillamente, porque el representante de la Empresa en Sevilla es Juan Soto, conocido por "Juanillón", protegido del menor de los Gómez Ortega e impuesto por éste para tal cargo, y como a él compete el embarcar o no embarcar la corrida, según su presentación, de ahí que se justifique nuestra imputación. "Juanillón", con daño de los intereses del que paga y del público, ayuda a su padrino, amo y señor de sus acciones. 
   Hay quien afirma, que en esta corrida no ha habido sorteo, y si lo hubo o no, lo ignoramos, pero la humildad de los diestros que alternaron con Gallito; el torear Bienvenida por recomendación de aquel, cuyo apoderado es el mismo de Ballesteros, y otras circunstancias, hacen presumir que puede ser verdad el hecho, que parecen confirmar algún tanto el que el maño cargase con el peor lote, pues el toro que le dio la cornada fue el mayor, de más poder y con más pitones de todos, Gallito en cambio tuvo por enemigos dos carneros sin respeto y sin poder y cuyo peso no excedería de veinte arrobas cada uno. 
   ¿Pero, y el Reglamento, Sr. La Barrera?
   Bienvenida no hizo nada de mérito ni de lucimiento. Mostró buena voluntad, sí, pero ella no supone nada cuando la decisión brilla por su ausencia. 
   Tuvo que despachar, a más de sus toros, el que cogió al aragonés pero en ninguno de ellos se destacó ni un rasgo interesante ni merecedor de aplauso.
   Gallito, según calcularía, venció fácilmente; sus dos compañeros no "eran gentes", el uno porque pasó, el otro porque no ha llegado y ambos por haber sentido la sensación y dolores que produce la puñalada de una cuarta de pitón cuando se introduce en el cuerpo. Si Joselito se encontrase en ese caso, tengan la evidencia (conocemos el género) que haría mucho menos que Bienvenida y Ballesteros. 


   El féretro con los restos de Florentino Ballesteros, ya en Zaragoza, camino del cementerio


En El Heraldo han dedicado una especial a Florentino Ballesteros de extraordinaria calidad. Dejo el enlace pinchando aquí.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Una de Ernesto


Un torero no será mejor que su público por mucho tiempo. Si éste prefiere los artificios a la sinceridad, en poco tiempo el diestro sólo utilizará artificios.
 Para que surja un buen torero y siga siendo honrado y sincero y no se sirva de trucos ni mistificaciones debe existir un núcleo de espectadores para quienes lidiar cuando aparezca. 

Ernest Hemingway

jueves, 26 de mayo de 2016

El toro de Madrid


Foto blog Extrapicurciela

  Estas dos moles de carne, bastos y sin pitones, salieron ayer por los chiqueros de Las Ventas. El de arriba estoqueado por Perera, el otro era para López Simón y fue devuelto al negociado de Florito por su invalidez. Tenía carita recogida, estrecha y cornicorta, como un servidor no ha visto nunca en esta plaza. Todo ello después del consabido desfile de toros en día de figuras, los jandillas fueron desechados por razones desconocidas y en su lugar una corrida fea, sebosa, desigual, blanda y descastada de El Vellosino. Con lo de "figuras" nos referimos concretamente a El Juli. No negamos su carrera o sus virtudes como torero, pero en cuestiones ganaderas, al menos en nuestra plaza, es un cero a la izquierda. Tanto poder para escoger, tanto mando, y al final solo hace acumular escándalos para que le embista uno de cada veinte. Hay toreros como Bautista, El Cid, o Juan del Álamo que, sin ser tan escrupulosos, en Madrid le embisten ocho de cada diez. Las paradojas y los azares que tiene esto.


Buen momento para recordar estos párrafos escritos por Joaquín Vidal:

  El público de Madrid -queremos decir, los aficionados- tiene preferencia por el toro y lo exige. Entiéndase, el toro de lidia, encastado y con trapío. No el toro grande, sino serio, bien armado, bien hecho y con la envergadura correspondiente a su encaste. Ése es el toro que quiere. Naturalmente, si sale un toraco de 600 kilos arriba, no lo va a protestar (no es antirreglamentario, ni mucho menos), aunque si se trata de una amorfa masa de carne también lo protesta y entonces les sirve a los taurinos para reforzar sus acusaciones respecto a las exigencias de la afición madrileña.

  En cierta ocasión -corrían los años sesenta- saltó a la arena un toro para Palomo Linares que, según la tablilla, rebasaba los 600 kilos, y los aficionados lo protestaron con tremenda vehemencia. No era por el tamaño, obviamente, sino por su discutible trapío y, sobre todo, porque tenía aspecto de estar afeitado "hasta las orejas".

  Aquella misma noche ya aparecía determinado taurino en el Telediario de TVE -los taurinos siempre han tenido una facilidad sorprendente para introducirse en TVE cuando les conviene - invitado con el fin de que explicara a la audiencia lo sucedido aquella tarde en Las Ventas. Y lo sucedido, según su versión (en TVE se cuidaron muy mucho de que no pudiera oírse la contraria), lo relató más o menos así: "Los aficionados de un determinado sector de la plaza (entonces eran los de la andanada 8), orquestados por un conocido crítico taurino enemigo de Palomo Linares, habían protestado un toro de más de 600 kilos, pues lo que pretenden es que salgan elefantes con cuernos para que no puedan triunfar los toreros". Semejante interpretación de los hechos era una grosera manipulación de la realidad, por supuesto, pero los taurinos la consideraron genial y han venido utilizando ese argumento hasta nuestros días.

miércoles, 4 de mayo de 2016

¡Qué vuelva el Toro!

Por su interés, ahora que se avecina San Isidro y enlazamos con las ferias de verano de primer nivel torista, como Pamplona y Bilbao (a punto de irse al garete), copio la editorial del La Voz de la Afición de octubre de 2015, de la Asociación El Toro de Madrid, y suscribo todas y cada una de sus palabras. 

¡Qué vuelva el TORO!

    Los toreros referentes del escalafón llevan tiempo menospreciando todo aquello que se escape del guión previamente establecido, reduciendo el abanico ganadero a dos o tres hierros a lo largo de toda una temporada, cuyo planteamiento resulta una burda caricatura del poderío que alguno tiene adjudicado por su círculo de loas. El toreo de cucamonas. El poderío de sota, caballo y rey; siempre que sean del mismo palo. Las consecuencias a la vista están, los ganaderos de otros encastes se ven en una encrucijada y si resisten es gracias a un esfuerzo encomiable por amor a la ganadería y la demanda de un núcleo determinado de la afición.  

Se ha impuesto de facto un solo tipo de toro, seleccionado por los principales espadas a imagen y semejanza en haciendas donde el ganadero es un mero colaborador. Un productor de reses de lidia donde la balanza torero versus aficionado solo se inclina de un lado.

En el imaginario del aficionado, las plazas de Pamplona y Bilbao, administradas en gran medida por comisiones de aficionados y seguramente gracias a ello, siempre se han visto como fortalezas inexpugnables, estancas al abuso de los mandamases del mundo taurino. Símbolos por excelencia del toro-toro donde no cabían concesiones. Estas son nuestras ganaderías, estos son nuestros toros, si quieres bien y si no también. Sin embargo, este verano hemos contemplado asombrados como estas ferias han sido sitiadas por las figuras y sus adláteres, instalándose en ellas el medio-toro. Ni los más pesimistas lo hubieran imaginado, pero así ha sido, la mona también ha llegado a esas plazas baluartes del toro en su máxima expresión y todo se ha desmoronado. Pamplona y Bilbao han claudicado. Pensando en positivo diríamos que solo es posible mejorar, puesto que hemos alcanzado el cénit de la decadencia.
No solo han cedido a la monotonía ganadera mencionada al principio, sino que han admitido corridas de toros propias de cosos de segunda categoría, toritos de escaso respeto, y en alguna ocasión de más que dudosa integridad en las astas, como ocurrió la tarde de Garcigrande en Pamplona, con El Juli, cómo no, anunciado en el cartel. Algunos son como Atila y su caballo, por donde pasan deja de crecer la hierba, o el toro, como es el caso.

La Semana Grande de Bilbao ha sido más sangrante si cabe, día tras día y siempre con determinados toreros, el medio-toro. Y fruto de estas corriditas propias de plazas portátiles se ha erradicado el tercio de varas, escenificando diariamente un paripé con los caballos. No hay nada que ahormar en un animal limitado, justo, sin poder ni fiereza. Los mismos jacos de Bonijol que más allá de los Pirineos deleitan con todo tipo de cabriolas, en Bilbao hacen la suerte mortecinos.

Nuestra plaza hace tiempo que se entregó a la tiranía de algunos toreros y son constantes los escándalos cuando hacen acto de presencia. Idas y venidas de camiones transportando reses, reconocimientos mañaneros, desmanes de apoderados, etc., es habitual los contados días que actúan ciertos coletas, todo por imponerse y echar el torito en vez del TORO. La realidad es que, desgraciadamente, las figuras no tienen vergüenza torera por demostrar este supuesto estatus, ni amor propio por establecer una conexión con la afición como hicieron tantos toreros, llamados “de Madrid”, sino que rehúyen acartelarse y las apariciones se limitan a una o dos tardes al año escrupulosamente calculadas. Domingo de Ramos, Resurrección, Dos de Mayo, Virgen de la Paloma, Feria de Otoño, Virgen del Pilar; nada, únicamente San Isidro. ¿Dónde está el respeto y la pleitesía hacia la afición venteña? Para colmo, el resto del escalafón vislumbra un futuro oscuro: los méritos en Madrid apenas aquilatan, las grandes empresas taurinas que dominan el sector hacen y deshacen en virtud a intereses particulares, menospreciando triunfos importantes.

Ante este panorama, quitar al torilero el vestido de torero ha sido todo el desvelo del sector, cuando fue costumbre y tradición en esta plaza desde tiempo inmemorial. El hombre que abre la puerta de la gloria o el fracaso viste ahora un atuendo campero que nada tiene que ver con la historia taurina de Madrid. ¡Y con eso hemos resuelto los problemas de la fiesta!

¡Qué vuelva el TORO!

Toro de saca de Murteira Grave. De su página de Twitter

jueves, 10 de marzo de 2016

La contradicción del Juli



   Entresaco en este artículo una pregunta con la correspondiente respuesta de Julián López en un encuentro digital de esos que organizan ahora los medios, en este caso El Mundo, en el que cualquiera, de forma anónima si prefiere, puede interpelar al invitado de turno. Otra cosa es que la pregunta pase el filtro y llegue a su destino, vaya usted a saber quién y cómo las canalizan... En cualquier caso es una buena oportunidad para averiguar, meter el dedito en la llaga, y reflexionar sobre cuestiones que quizá no haríamos frente a frente.  
  A pesar de la inquina que se me pueda atribuir con respecto al Juli, por todo lo que le exijo y le atizo; por su toreo, a veces tan impostado, heterodoxo cuando menos; no escribo hoy para cebarme con el torero. Mi intención no es otra que dejar patente la aflicción que siento por lo que significan sus palabras, por el futuro que nos espera y por lo que más me gusta de todo esto: los toros. Nada más y nada menos.

   Dice El Juli que hay que ser autocríticos con eso de la desaparición de encastes y seguidamente arremete sin contemplaciones contra el público y la prensa que ha demandando el toro mastodonte. ¡Menuda autocrítica! 

   Vamos por partes. La teoría de la exigencia de un sector de la plaza de Madrid, una minoría ruidosa, y la crítica implacable de la que Joaquín Vidal (qepd) era cabeza visible, está muy pasada de moda, caduca, y resulta bastante rancia y demagoga. De esto hace más de quince años y entretanto han seguido cayendo sangres únicas, muchas con morfología para plaza de primera. Hay que echarle bastante morro al asunto para salir ahora con esas. Es un problema mucho más profundo, cada casta, cada ganadería, tiene una historia particular, reducir la extinción del ganado a un grupito de aficionados furibundos y a unos cuantos escribas es un argumento muy pobre. Lo cierto es que el público medianamente entendido está cada vez más concienciado con la sangría de encastes y agradece sobremanera todo lo que salga del guión establecido, esto es el toro monotema. Solo hay que ver en San Isidro el aspecto de la plaza los días de corridas diferentes, por no hablar del llenazo de Fandiño con ganaderías de las no blandas.

  Por otro lado, habla Julián como si en todas las plazas que actúa exigieran el toro de Las Ventas, como si en cualquier plaza que no fuera Madrid, Pamplona, Zaragoza, Bilbao y, apurando, Sevilla, no admitieran toros de cualquier tipo de casta que no sea esa que ha conseguido dar toros gigantes, la del monotema por supuesto. 

  Me preocupa, y me duele, que nos pasemos el día defendiendo la riqueza del toro de lidia, su singularidad, el patrimonio de su genética, y una de las máximas figuras que a todas horas repite que le debe todo al toro, no sienta el mínimo miramiento con los encastes que poco a poco vamos perdiendo y que nunca más van a volver. Lo peor es que esta desidia no produce otra cosa que degradación para el toro. Poco a poco lo van minando. Es la culminación de una serie de figuras que han ido sucediéndose, que fueron cercando el abanico hasta llegar a esta situación caricaturesca en la que nos encontramos, donde un espada limita su temporada a tres o cuatro ganaderías con el mismo patrón de comportamiento, nos dice que son las que sirven, y pretende que sintamos atractivo.

  Es el fin, el monotema se impone. Los que vienen, salvo milagro de un Gallito redentor van por los mismo derroteros. Esto no lo salvan cuatro tardes en Vic, tres en Céret y dos en Cenicientos, perdonen el cataclismo. El artista ha reducido su temática a pintar siempre el mismo cuadro, uno facilón, no le interesan otro tipo de composiciones más complejas o simplemente diferentes. Yo no voy al museo a ver siempre al mismo artista pintando el mismo cuadro. Algunos incitamos al desafío, pero nadie nos oye, el torero vive en su mundo, aislado, sin apenas contacto con el aficionado de a pie, con su jerga del "pulsear", el "sentirse a gusto", "el sirve o no sirve" y el "expresarse" que todos debemos acatar y comprender. Como también debo asimilar y sentirme culpable por la desaparición de encastes debido a una situación que no viví. Como si no pudiéramos buscar un remedio a este disparate y proceso de autodestrucción. 

viernes, 25 de julio de 2014

Los toros, ¿espectáculo democrático?

  Aunque la crítica taurina está sujeta a las normas generales de toda crítica (conocimiento, neutralidad y capacidad de comunicación) tiene su especificidad, su propio perfil. La materia sobre la que discurre es un acto fugaz e irrepetible; no queda constancia de él salvo en el congelamiento de una fotografía o en un recuerdo deformado y borroso. Y si la fotografía es testimonio muerto, el recuerdo es una pasión imperfecta. Esta naturaleza súbita e imprevisible del acto creador se corresponde con la condición cambiante e individualista del espectador. Todo aficionado se considera depositario del secreto y expresa un juicio inapelable. De ahí surge la extraña convicción de que las plazas de toros son el ágora ateniense, templos de la democracia. Afirmar que la relación entre aficionados y corrida es genuinamente democrática es inexacto. La supuesta soberanía del público nace de la presunción sancionadora que los espectadores otorgan a sus ovaciones y silbidos. Pero estas sanciones carecen de la verdadera sustancia democrática, que es la capacidad para modificar el desarrollo y organización de los acontecimientos, en este caso de las corrida de toros. 

Javier Villán;  Antología de La crítica taurina.

***

  Recordé ayer este texto cuando a Miguel Ángel Perera le pusieron la alcachofa del Plus en la boca en la Plaza de Santander y, una vez más, arremetió contra el presidente por no conceder la segunda pelúa que el público pidió, amparándose en la supuesto carácter democrático del espectáculo. Es muy recurrente que en estos casos se les llene la boca a toreros y taurinos con la dichosa democracia taurina. Poco les falta para reivindicar el espíritu del 15M. Sin embargo, cuando reciben una bronca demonizan al público con toda clase de calificativos despectivos, e incluso, ciertos periodistas reivindican el espíritu tan democrático del paredón para acabar a tiros con esos aficionados que protestan. Parece ser que esto de la democracia en los toros va por barrios.

  Volviendo a las palabras de Villán, me pregunto qué capacidad soberana tiene el público de toros en España, qué poder intervencionista hay, al margen de aplaudir todo lo que suceda en el ruedo y agitar el pañuelo cada vez que el de negro cae patas arriba. ¿Acaso es el público el que pide que este torero se enfrente a aquel y dejen de lado al gallito de turno, o que vayan siempre anunciados con la ganadería de mengano? ¿Es el espíritu democrático de la afición de Sevilla el que decide quedarse sin ver a cinco toreros de las llamadas figuras? ¿Las ganaderías condenadas al ostracismo, lo fueron por expreso deseo del público? ¿Responde al carácter democrático de la tauromaquia que Juli pasee una oreja regalada en Madrid ante las protestas de una clara mayoría de espectadores? ¿Ha elegido el público soberano prescindir del tercio de varas; y el torillo insignificante que vimos ayer en la corrida de Garcigrande? ¿De verdad hemos demandado que haya empresarios-apoderados-ganaderos, o toreros-ganaderos-empresarios? ¿Es la democracia la que pide que todavía hoy, en pleno siglo XXI, se sigan viendo toros con claros síntomas de afeitado? ¿Los democráticos espectadores de Las Ventas prefieren tener una carpa-bar o una discoteca en las galerías de la plaza antes que ver las corridas en El Batán? Etcétera.

  Donde unos ven democracia otros vemos dictadura. Y a Perera una recomendación: léase el Reglamento, la democracia tiene unas reglas.

Golpe de estado a la democracia en Santander

sábado, 24 de mayo de 2014

Isidrada

  Segunda tarde consecutiva de figuras, y segundo lleno de reventón en los tendidos. "No hay billetes para hoy", qué bonita frase taurina, pero qué incómoda coyuntura en la Plaza de Madrid. En 3 años se han perdido 5000 abonados, así que 5000 "públicos" de aluvión hemos ganado en carteles de figuras como el de hoy, la mayoría con un nivel etílico vergonzante. El aficionado cabal, el crítico y escrutador aficionado de Las Ventas queda reducido a la nada. Algún valiente todavía se atreve a alzar la voz, pidiendo más compromiso, demandando, comunicándose con el torero, pero rápidamente es recriminado con insultos por voces de beodos enfurecidos, seguido por el aplauso y la risotada del resto. Para un día que vienen a los toros, nada ni nadie va impedir el triunfo, menos aún el atrevido aficionado que acude religiosamente a cada festejo, el que exige; porque algo bueno hay que contar a los amigotes y no se han emperifollado como pavos reales para salir de vacío del coso, sin las pelúas, de ninguna manera. El isidro siempre ha sido así, con la diferencia que ahora soportamos 5000 efectivos más. Casi nada. El aficionado se ha ido o sencillamente no lo hay, es un bien escaso y maltratado. Y esto, al sistema, parece ser que le agrada.

  Esta mañana, en el patio del desolladero, presencié con estupor cómo se descubría el azulejo "a la corrida más completa en presentación y bravura" del 2013, Victoriano del Río era el premiado. Una corrida en la que varios toros salieron pegando coces del caballo y uno de ellos mereció claramente una buena dosis de churrasco, o de las banderillas que lo sustituyen, por aquello de mantener calmados a los que se creen las películas de Walt Disney. Por la tarde observaba las reacciones del público, algunas ovaciones en el arrastre, y me preguntaba si esta corrida, que incluso se ha dejado pegar en el caballo, no sería merecedora de una estatua conmemorativa en la explanada de la plaza o algo por el estilo. Una cerámica va a ser poca cosa según está el nivel. Pero la realidad es que ha salido una corrida heterogénea de hechuras, edad y báscula; bien presentada en general, salvo un toro: el terciado que hacía segundo. Blandos, mansos, pastueños, dulces como el merengue y descastados.
  Primero devuelto por uno de Zalduendo, tremendamente manso y descastado, asustándose de su propia sombra; segundo blando, chochón y boyante; tercero blando, menos chochón, boyante y rajado; cuarto de arreones, brincos y cabezazos; quinto salió con brío, desangrado en varas y quedado en la muleta; y sexto manso, aplomado y bobalicón. Un corridón de toros, como se pueden imaginar.

En quinto lugar Jerezano, bella estampa


  Perera ha salido triunfador, los isidros necesitaban una víctima. La misma tauromaquia que siempre se ha rechazado en Las Ventas, exactamente la misma que se ha censurado severamente a Juli (de hecho yo dudada si era uno u otro el que estaba viendo triunfar), esa que deja la pierna atrás desde el primer cite, que retuerce el cuerpo antinaturalmente y lleva a los toros tirando líneas, es la que ha practicado Perera con el primero de su lote, un ejemplar almibarado y jabonoso. Muletazos largos, el toro cosido a la muleta, sí, pero, en qué lugar queda la ética y la estética, no hablemos ya de la naturalidad. La estocada, entrando con verdad, cayó muy pasada, y don Justó, el usía de turno, soltó con malas pulgas el pañuelo que concedía la segunda oreja, a todas luces indignado con los isidros. 
  Con el que cerró plaza, Perera, tras el clásico comienzo en los medios encadenando todo tipo de muletazos sin mover los pies -recuerdo un bonito cambio de mano seguido de uno de pecho- se ha pegado un arrimón, colocado entre los pitones, sintiendo los bufidos del animal y dando algunos muletazos mandones. No niego el mérito, tampoco la disposición, pero aquello, bajo los efluvios del humo del Cohiba a los isidros les pareció la séptima maravilla. Que vengan más días, se van a hartar de arrimones. Hay que decir que Perera lo remató de una fenomenal estocada.
  Tanto que ha despreciado a la afición de Madrid, o a cierto sector de la afición con declaraciones malsonantes, no creo que tenga queja el señor Perera, hoy lo han respetado como si fuera el mismísimo Marcial Lalanda.

  A Juli, tanto tiempo sin querer venir por aquí, lo he visto desorientado. No supo ni colocar los toros en suerte, puede ser la falta de costumbre, no es Julián un torero de Ceret precisamente. Ni tuvo lote para mostrar las maneras que Perera le ha plagiado, aunque al torero de San Blas sí se las hubieran censurado. Tampoco vimos ese poderío muletero con el que nos machacan sus panegíricos insistentemente, yo pensaba que iba a corregir el cabeceo del arisco cuarto, pero no. A este bicho lo mató de dos horrorosos julipies, uno detrás de otro, a los isidros les gustó aquello, batieron palmas con alegría.

  A media altura hubo de torear Manzanares al renqueante tercero. Yo le vi despegado y con ese peculiar estilo que no sabe uno dónde empieza el muletazo y dónde acaba. Los isidros estaban encantados. Imposible sacar nada del bonito y bien rematado castaño, por mucho brío que tuviera pocos animales aguantan la lanzada que le arreó "Chocolate" en el espinazo cuando el toro se le vino al galope desde el parquímetro situado en la división de los tendidos 6 y 7.

  Dos días de isidros y no se imaginan cómo echo de menos una tarde con los habituales, o una de esas con los "demagogos" toristas que acuden desde todos los puntos de España y del mundo entero.

  Epílogo: No hay más que ver las condiciones en las que los isidros han sacado a Perera por la Puerta Grande de Madrid para entender todo lo que les he contado; parecía el Cristo de la Buena Muerte.

martes, 22 de abril de 2014

Cartel de toros sin toros


Azulejo para la posteridad en la plaza de toros de Málaga. El Juli y Morante consiguen un hecho sin precedentes en la historia de la Tauromaquia: Un cartel de toros sin toros. Un hito solo al alcance de estas figuras incomparables. Y lo peor de todo es que aparecen por ahí los nombres de José y Juan; no se lo merecen.

jueves, 3 de abril de 2014

El veto de Victorino

Fotografía Antón Goiri

XL. ¿Nunca se han negado a que sus toros estén en un determinado cartel?
Victorino Martín García. Hay un solo antecedente: en 2003, mi padre se negó a que una figura que quería torear sus toros en Madrid lo hiciera, y la figura no los mató. El empresario decía: «Esto no lo he visto en mi vida».
 
XL. ¿Se está refiriendo al Juli?
V.M.G. Sí, le hizo una pajarraca en Ávila y mi padre dijo: «Este ya no me mata una corrida más».
 
XL. ¿Qué es una pajarraca?
V.M.G. Actuó de una forma muy poco correcta en Ávila y mi padre se molestó y se plantó.
 
XL. ¿Y qué quiere decir con «poco correcta»?
V.M.G. No trató bien a los toros en el ruedo. Digamos que acabó con el toro antes de la cuenta y mi padre le puso cruz y raya.
 
Victorino, que para entrar en calor se ha acercado a la chimenea, escucha a su hijo hablar del Juli y se arranca:
Victorino Martín. Es que era...
V.M.G. ¡Cuidado que luego se publica todo! [le interrumpe el hijo a su padre]. Hay que ser diplomáticos...
V.M. Ni diplomáticos ni gaitas [insiste el ganadero]. A mí me van a hablar ahora de diplomacias a estas alturas. ¡Y que publique lo que quiera! Son unos golfos. A mi edad ya puedo decir lo que me dé la gana [enfadado], que tengo más premios que años.
 
***
 
Un nuevo episodio del viejo conflicto Victorino Martín-Juli en la entrevista que los ganaderos han concedido para el Grupo Vocento. El mejor ganadero de la segunda mitad del siglo XX, con su brevísima intervención, hace gala de ello y de la rígida personalidad que siempre le ha caracterizado. Victorino Martín Andrés es un ganadero romántico y acreditado que cría sus bravos ejemplares con mucho esmero y, más de diez años después no da un paso atrás y no perdona que nadie, se llame como se llame, eche a perder sus toros de manera caprichosa, usando los peores trucos y artimañas que el arte de la lidia ofrece -tan viejos como la propia tauromaquia-. Julián López, como si de un torero decrépito se tratara, eligio un mal día y la divisa equivocada para tapar al toro. Otro obscuro capítulo en la carrera del torero de San Blas, al que veremos actuar en San Isidro en apenas un mes. No torea en Sevilla y, casualidades de la vida, esta temporada si ha habido entendimiento con la empresa de Madrid. Ojalá no tenga tan mala suerte como en Valencia y no le salga un toro bravo. Te esperamos Julián.

jueves, 8 de agosto de 2013

Competencia

 
  Condición indispensable es continuidad en el propósito, perseverancia y no repartirse las corridas de una feria, sino torearlas juntos. No quiero asustarles con el vocablo agrio de competencia; no se trata de malos modos, ni de incorrecciones, ni de zancadillas, sino todo lo contrario; alegría en la plaza, buen gusto y buen toreo. Que las palmas de uno vaya el otro a multiplicarlas con buen arte y buenas artes. En el ruedo no caben zancadillas. El señor del ruedo es el quite. Entre los toreros que compitieron es donde vi más nobleza. El juego del toreo en el ruedo (no opino fuera del ruedo) es el juego más limpio que conozco. Judas no fue torero.
  Es muy importante ocuparse de una manera formal de los toros. Primero, que los toros sean toros, con edad y trapío, sin ningún defecto físico que le rebaje a novillo. Segundo, que a las ferias adonde vayan miuras, toreen la corrida de Miura, que no es ejemplar dejarla para los segundones. Joselito y Belmonte las toreaban.
  Tiene otro alcance el torear juntos, y es que, sin querer, marcarán una pauta al toreo, le orientarán, que anda bastante desorientado.
 Y que no se olviden de Madrid.

Gregorio Corrochano; Cuando suena el clarín.

sábado, 25 de mayo de 2013

Victoriano del Río, figuras y Puerta Grande

  Las Ventas, toros de Victoriano del Río para Sebastian Castella, José María Manzanares y Alejandro Talavante. Sol y lleno de no hay billetes, los tendidos a rebosar, público de figuras. Se presentó un nutrido número de seguidores y partidarios deseosos de ver triunfar a sus toreros; la ponderación, la justicia, la equidad, son palabras desconocidas para toda esta turba de ultras enardecidos, mucho más peligrosos que cualquier aficionado de esos que llaman torista.

  Los toros de Victoriano, aunque de lámina desigual, estuvieron bien presentados, serios, con trapío, lo cual ya es mucho decir en un cartel de este tipo. Mansa de caballos y nobles toreables para la muleta en distintos grados.
 
  Abrió plaza un animal lesionado de una mano que Castella, con buen criterio, estoqueó con celeridad. En cuarto lugar deleitó a la masa con su archiconocida faena tantas veces vista, que todos los aficionados recitan de pe a pa; en esta ocasión más pueblerina que otras veces, enredándose con unos tremebundos circulares a un animal que admitía toreo fundamental, y del bueno. Por un momento pareció que nos iba obsequiar con el desplante del teléfono que algunos sólo hemos visto en foto, pero no, prefirió besar su mano y tocar la testuz del toro. Cortó una oreja.

  José María Manzanares sorteó un animalito más dulce que el merengue, de embestida pajuna y trote derrengado con el que pudo lucir su toreo de estilismo  en plenitud, ese que Ortega y Gasset decía que ocultaba el verdadero arte [el arte taurino está en agonía porque desde hace un cuarto de siglo entró en la zona etérea, remilgada y aniquiladora del estilismo]. Mató de una estocada recibiendo aprovechando inteligentemente las querencias del manso, de sobresaliente ejecución, llevando al toro toreado en el último lance de la lidia. Fue otorgada una oreja pedida mayoritariamente. Luego, parece ser que Manzanares se enfrentó a una fiera resucitada del averno taurino, pues no había manera que el hombre se impusiera al toro y de allí no salía nada en claro.
 
  Talavante abrió la Puerta Grande de Madrid cortando las dos orejas del tercero, bien es verdad que había petición sobrada y méritos suficientes para cortar la primera, pero la segunda, potestad del presidente, nunca debió concederse. Atendiendo al Reglamento Taurino, si la autoridad debe valorar lo sucedido en todos los tercios de la lidia, Talavante dio un recital de incapacidad y falta de recursos para lidiar un manso espantado en los caballos. Montó un buen guirigay moviendo los pencos desordenadamente. Era muy manso, pero no lo suficiente como para encerrarlo en tablas y dejarlo a merced del picador para arrearle un buen puyazo, esta vez sí, tapándole la salida. Así que el toro quedó crudito y a muchos hasta nos pareció de banderillas negras (qepd). En la muleta vino lo bueno y Talavante pegó tres o cuatro naturales soberbios, uno por aquí, otro por allí. El toro se lo echó a los lomos después del mejor natural que se ha dado en lo que va de temporada, cuando el Extremeño perdía la cara al toro y salía borracho de triunfo hacia las tablas, terreno que tanto gustaba al manso; otro detalle más de carencia lidiadora. A continuación vino el toreo por los adentros aprovechando los terrenos del toro, las bernardinas, y la estocada hasta la bola en la cruz. El toro tuvo su punto de nervio y de casta que calaba en los tendidos. Y al final, quedó la sensación que el bicho merecía una faena más rotunda, con más argumentos que los lances a favor de querencia y cuatro muletazos puntuales.
  Cerró la corrida un animal del demonio que, por lo que hizo Talavante con él, no tenía ningunas posibilidades, pero algunos tenemos nuestras dudas.

Así sale un torero ante sus partidarios en el siglo XXI
 
Pd. Queridos aficionados a toros, durante la lidia, olvídense de calibrar el pitón óptimo del toro, sea de la forma que sea, el 99% de los toreros comienza la faena por el derecho dejando bien claro "la verdad" con la que vienen a esta plaza.

domingo, 19 de mayo de 2013

Superado por los grises

  Desde el día que la empresa anunciara la encerrona de Talavante, a la sazón apoderados del torero, los aficionados hemos discutido largo y tendido durante el largo invierno que aún se resiste a marchar, hemos hecho muchas y diversas cábalas barruntando lo que pudiera acontecer en tarde de tanta expectación. Había opiniones de todos los gustos, tantas como tipos de aficionados: agoreros, triunfalistas, escépticos, cabales, pesimistas, optimistas, reservados... Estos últimos aportaban datos irrefutables, decían: "Plaza de Toros de Madrid, 6 victorinos, ganadería que Talavante nunca ha toreado", y se callaban. El resto nos mirábamos en silencio los unos a los otros y rápidamente nos abandonábamos de nuevo a la conversación haciendo mil y una conjeturas. El aficionado es iluso por naturaleza.
  Sin embargo ayer, cuando Talavante dio muerte al segundo de la tarde soltando la muleta y dando un sprint olímpico hacia el burladero del 10, volvíamos a la realidad de los toros, a la realidad de un torero que, efectivamente, no había olido la casta de los victorinos en la vida. En esos dos primeros capítulos ya habíamos visto como se inhibía de la lidia capotera, de vital importancia con estos toros; promulgaba la anarquía en los tercios de varas, abandonando las reses a su suerte y a la de unos picadores nefastos, sañudos, amantes de la paletilla y el espinazo; o despachaba al primero de una ominosa estocada envainada. Observamos también como Talavante era superado con capote y muleta por los grises, como el primero de la tarde, tras un inicio que orientó al animal, le ganó la acción a derechas en todo momento terminando por cabrearlo; o como fue incapaz de sacar una serie pulcra del segundo, toro malo, sí, como tantos otros con los que Fundi, Cid, Alberto Aguilar, Ferrera, Esplá, o Fernando Robleño, pelearon hasta imponerse aunque sólo sea en una tanda, antes de tomar la espada de matar con la cabeza bien alta.
 El tercero quedó en atisbo de faena grande por el lado izquierdo, y por momentos vimos esa mano izquierda del extremeño capaz de levantar al aficionado de la piedra en cada muletazo, pero ya digo que la faena fue un conato de lances puntuales y series de dos o tres muletazos, algunos excelsos y otros atropellados. Mató entrando bien, atravesando ligeramente el estoque, dando varios golpes de descabello antes de pasaportar al bicho, algo que quizás le privó de mayor premio que la ovación con saludos recibida.
  Aquellos naturales resultaron un palmeral en mitad de la inmensidad del desierto porque la tarde discurrió en la misma tónica que habíamos visto anteriormente, el torero ausente, inhibido y falto de recursos, esperando quizás el toro de carril que últimamente vemos con más frecuencia de lo deseado en la ganadería de Victorino. Intuíamos que el quinto lo iba a escoger el ganadero y raramente iba a fallar, así fue, pero aquello supuso el naufragio definitivo del extremeño. Se dejó torear de capa, fue manso y cuidado en varas, y a pesar de recibir una lidia aciaga el toro llegó a la franela y no paraba, humillando continuamente, sin echar una mala mirada a nadie. Sin ser toreado en ningún momento, con una estocada envainada y una media trasera muy tendida, este ejemplar, de nombre Plazajero, fue abroncado en el arrastre por el cada día más extraño y bipolar público de Las Ventas.

  El soso y descastado que hizo cuarto quedó inédito en manos del extremeño y el marmolillo que cerró el encierro era de nulas posibilidades para torear en redondo.

  En conjunto, imagen muy pobre de Alejandro Talavante con el animal de mil y un matices que se sale de lo acostumbrado y difiere de la monotonía ganadera que las figuras están imponiendo en la Fiesta. En ningún momento dio la sensación de dominar la técnica del toro de Albaserrada, de imponer la ley de su muleta. Ni bregó, ni lidió con la capa. Hubo un quite en toda la tarde, por chicuelinas (!). Mató mal. Las cuadrillas en la brega y los picadores, de pena. Un despropósito general.
  El ganadero se rebajó a las exigencias que supone una figura contemporánea en el cartel y trajo una corrida terciada, sin el cuajo y la seriedad que acostumbra en la Plaza de Madrid, salvando el cuarto y sobre todo el sexto. De juego: media casta, mansos en varas, y después de ver la actitud y aptitud del torero, ¡menos mal! Para ver un corridón de Victorino esta temporada, además del que ya echó en Arles, me temo que hay que ir a Bilbao.



Pd. El viento tiene la culpa de todo lo anterior. 

viernes, 22 de marzo de 2013

El director de lidia: reflexiones sobre San Isidro y añadidos

La figura de Don Antonio Bienvenida, uno de los toreros con mayor honra, torería y vergüenza torera, testigo del dislate.
 
 Ya tenemos carteles para la feria del Santo Patrón, aquella que inventara don Livinio Stuyck para gozo y disfrute de la afición madrileña, pues no tenían un ciclo taurino del que poder presumir. Era de esperar que aquella genial idea, gracias al rigor de la afición y seriedad del toro, elementos que dan verdadera categoría a una plaza de toros y que desde tiempos remotos caracterizaron a las diferentes plazas de la Villa y Corte, rápidamente convertirían a San Isidro en la feria de toros más importante del orbe. Conjugaba afición, toro y presencia constante de las máximas figuras del momento, quienes competían entre ellos y dirimían durante San Isidro el cetro del toreo, midiéndose con los toreros que venían cogiendo cartel, e incluso concediendo algún capricho a la afición enfrentándose a las ganaderías que éstos estimaban de mayor respeto por su poder y casta. Con el tiempo, aprovechando que el viento soplaba a favor, el serial se hinchó y multiplicó su número de festejos, el abono madrileño se convirtió en un objeto de culto, un verdadero tesoro para cualquier aficionado a toros. Así, han ido transcurriendo los años y endegenerando hemos llegado hasta nuestros días.
 
  Hoy sobran abonos de Las Ventas porque hoy todo está del revés y ni siquiera percibimos el mínimo signo de mejoría. Nada más y nada menos que 35 festejos en 38 días, lo cual deja bien a las claras, desde un principio, que las pretensiones de la empresa no van ni muchísimo menos en favor del aficionado, que agradecería un ciclo más comprimido, con más grano y menos paja, sino de chuparle la sangre al mayor número de inocentes que, aprovechando el tirón de la decadente marca San Isidro, pasen por la plaza de Las Ventas en estos días de primavera y engorden los bolsillos del triunvirato empresarial que gobierna el coso. Qué es lo que ocurre con esta maratón taurina, pues que el público que cada día acude a la plaza es muy variable. Los abonados, salvo casos de excepción y ejemplar afición, no van a diario, regalan entradas, y esto da como resultado una plaza esquizofrénica, con criterios muy cambiantes y algunos días con arbitrajes que producen vergüenza ajena. La "crítica" tiene mucha culpa de que esto suceda porque ellos, además de informar, tienen la misión fundamental de formar y enseñar de toros, cosa que damos por perdida según están los portales y medios de comunicación taurinos. No hay cuerpo humano capaz de soportar la crónica de una corrida de toros simple y llanamente porque no hablan de toros.
 
  Las figuras, si las hubiere, no quieren oír hablar de Madrid. Ni están ni se las espera. No hay dinero suficiente en este país para satisfacer las necesidades de los astros taurómacos actuales, ni toros de suficientes garantías para que viéramos juntos en un cartel de Feria, pongamos por caso, a José Tomás, Morante y Juli. No una, sino varias tardes, como sucedía hace no tantos años. Quede claro que a mí, lo que cobren los toreros me parece siempre perfecto, pero esto es lo que hay. No queda atisbo de aquello que en los diccionarios taurinos llamaban "vergüenza torera". Los pocos que vienen, búsquenlos porque yo no los encuentro, cuantas menos tardes mejor. Madrid es una plaza inhóspita, que exige toro y, al parecer, la mayor parte de las veces no entiende de qué va esto del toreo ni por dónde se andan los modos y las formas más actuales. Madrid es una plaza chula, igual que sus paisanos, un coso que recibe con desconfianza a los sumos pontífices del toreo, porque así se lo han ganado históricamente a la par que el torero ganaba poder en detrimento del ganadero, y esto no gusta a los astros, acostumbrados al aplauso fácil en la mayoría de plazas del circuito. Ni compiten entre ellos, ni pelean con los pocos que ilusionan, ni se enfrentan a las ganaderías predilectas de la afición, salvando el honorable y asombroso caso de Alejandro Talavante con victorinos, tarde que todos esperamos ansiosos.
 
  Los ganaderos están jodidos. Soportan una legislación y regulación de las explotaciones que tranquilamente se podría calificar de antitaurina; unos precios desorbitados del pienso para engordar y dar lustre a sus toros; no tienen prácticamente ningún peso en la Fiesta y se deben a las demandas del torero, esto es, un toro con mirada triste que aguante trescientos cincuenta mil quinientos muletazos sin apartar ni una sola vez la mirada del trapo, un engendro de la selección que tampoco debe ser fácil de criar. Todavía nos queda algún revolucionario que permanece alejado de las cursiladas que hoy se buscan, afortunadamente siempre habrá ganaderos románticos respetados por los coletas e idolatrados por la afición. Éstos son los que sustentan el interés de los integristas, ganaderos que también lo tienen muy jodido en el putrefacto sistema actual, principalmente en todo el Pirineo meridional.
 
  Llegados a este punto, uno se pregunta qué hacer con el dichoso abono de ferias, qué utilidad tiene a la vista de los carteles, cuánto tiempo soportará el cuerpo semejante penitencia... Seguiré meditando.

viernes, 11 de enero de 2013

El director de lidia

Galliformes

 
  Se comenta en los mentideros que algunos de los máximos exponentes de la torería actual andan vetando al bueno de Fandiño; aquellos que debieran abanderar el estandarte de figura, otrora dioses de la Tauromaquia que no rehuían la pelea con nada ni nadie y que, andando el tiempo, ha degenerado en un puesto acomodaticio al son del lobby taurino, por hache o por be, sobornado en su mayor parte; hoy, se dedican a torear semovientes renqueantes en plazas de provincia, excluyendo a los toreros que vienen empujando fuerte. El director de lidia andará pendiente de cómo se desarrollan los acontecimientos, porque estos que han dado en llamar galliformes de hogaño, lo mismo pegan la espantá amparados en un diploma de figura moderna, al parecer vitalicio e inexpugnable, en el que obra una solitaria Puerta Grande de Madrid en 15 años, que se dedican a ningunear al respetable tras freír un caracol a circulares, causando varias bajas por mareo en los tendidos. Sólo nos faltaba que ahora eviten la pelea con un vasco  que, el único pecado que hasta ahora ha cometido, ha sido volcarse en el morrillo de los toros más derecho que una vela, con los ojos ardorosos de triunfo. No olvidemos que en el planeta de los toros la familia de los galliformes viene de largo, y debe ser respetada, pues hubo uno en la estirpe que tenía casta para sostener la historia de la Tauromaquia él solito y dicen, y papeles hay que lo demuestran, que un día se negó a torear en Bilbao si no competía con el único torero capaz de hacerle sombra, frente a las reses más respetadas y temidas en aquellos gloriosos tiempos; esa que la temporada pasada, en una corrida levantina, tuvo la osadía de tomar 22 puyazos de los que hoy se estilan, lo que viene siendo una falta de respeto al toro de lidia moderno que no merece ser recogida en los anales de la temporada, una acto de sedición en toda regla. En la familia de los galliformes hay gallos, gallitos, gallinas, gallinitas y polluelos; distingamos pues. 
 
 
Nota: Con motivo del desbarajuste que se produce en el ruedo siempre que aparece un toro con nervio, El director de lidia se hará notar periódicamente en este blog, bajo una nota de mordacidad e ironía, a fin de poner un poco de orden y mirar por el buen estado de la cuestión.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Juli y el toro

 El Juli, desde su burbuja, en un ejercicio histórico de hipocresía y demagogia, reflejo fiel de la perdida tremenda de orgullo, vegüenza, y gallardía torera que predomina en la actualidad entre los que dicen ser mejores toreros; nos cuenta sus impresiones sobre las ganaderías que hace frente, en un alarde de extraordinaria oratoria según dicen sus acólitos.
 Transcribo literalmente sus declaraciones en Tendido Cero, podríamos comentar muchas cosas sobre ello, para qué, no importa lo que digamos, los aficionados importamos un pimiento. Él es el mejor, es sus manos estamos. Y yo me echo a temblar.

  Federico Arnás pregunta, Julián López "El Juli" responde; disfruten:

 
-Has toreado 39 corridas de toros. Vemos las ganaderías y son todas de distintas ramas de Domecq, no me gusta hablar de monoencaste porque no se ciñe a la realidad pero estamos hablando siempre del mismo tronco, del mismo árbol.
 
-Sí, creo que es verdad que pueda haber modas, que pueda haber oportunidad de momento, pero también hay que ser consciente de la realidad, al igual que yo entiendo que se matan muchas ganaderías de la misma rama, entiendo que es el toro que más se adecua a lo que el público quiere ver y la muestra es que las tardes más importantes del año, salvo algunas excepciones, los momentos históricos han sido con este tipo de toro y de ganaderías, y a eso no hay que darle la espalda ni hay que ser demagogo con lo que significa el toro de las figuras. Si hay un hecho histórico este año es la encerrona de José Tomás en Nimes, lo ha hecho con el toro de las figuras, con el toro que buscamos todos, y con ese toro ha sido capaz de emocionar y hacer una tarde histórica. Manzanares en Sevilla, Talavante, Perera, Morante, yo; todos los toreros que hemos hecho las grandes faenas de nuestra temporada han sido con ese tipo de toros. El rabo de Jerez fue con un toro bueno, con un toro que embiste como nosotros queremos.
Entonces, qué es lo que pasa, que sinceramente creo que muchas veces el toro de las figuras la gente lo quiere atribuir cuando sale el malo, cuando sale el toro parado, cuando sale el toro sin fuerza, cuando sale el toro que no vale, y ese toro a nosotros no nos vale ni nos gusta. No nos gusta. Para nada. Pero creo que sí hay que ser más justo porque el toro bueno de las figuras es el que crea ahora mismo más espectáculo.
 
 
 
-Pero permíteme que haga una corrección a esto. Estás hablando de triunfos de tus compañeros pero te voy a decir ganaderías con la que han triunfado otros compañeros: Toros de Alcurrucén, ha sido un año muy bueno de la familia Fraile, por ejemplo, hablamos no del Pilar, hablamos de Valdefresno, del Puerto de San Lorenzo, es decir hablamos de Atanasio con Lisardo. Ha sido un año muy bueno de Victorino Martín. Y si hay alguien que puede con todo absolutamente es Julián López "El Juli" y por eso hay muchos aficionados y muchos partidarios de Julián López "El Juli" que dicen: también me gustaría verle con esas ganaderías.
 
-Yo creo que muchas veces la perspectiva de las corridas depende de quién las mate, se le exige de una manera y se le exige de otra. Creo sinceramente que hay corridas de las llamadas figuras que si se mataran en carteles con un tinte torista darían un gran espectáculo. Pero lo que quiere ver el público cuando torean las figuras es una forma de torear que hace falta un tipo de toro. Es evidente que sale en muchísimas ganaderías y soy el primero en reconocerlo, y hay ganaderías extraordinarias pero nos movemos en base a un historial, a una serie de acontecimientos. Qué pasa, que a lo mejor muchas veces somos injustos también con algunas ganaderías, lo cual también lo reconozco, pero te da más confianza la regularidad porque nosotros somos los que más responsabilidad tenemos de triunfar. Tu imagínate yo en el mes de marzo que no tengo ninguna corrida firmada porque yo en el mes de marzo no tenía ninguna corrida firmada, o una en el mes de julio, cuando llego a Olivenza y tengo que solucionar lo poquito o lo mucho que pueda en Olivenza. Yo tengo una responsabilidad y yo busco el toro con el que más pueda emocionar al público y con el que más pueda hacer el toreo que yo quiero. Qué pasa, que cuando no sale, pues nos critican, pero es que cuando no sale, ese toro tampoco nos gusta a nosotros. No nos vale, ese toro no nos vale, nos vale el bueno. Y las exigencias con ese tipo de ganaderías es muchísimo superior a con otro tipo de ganaderías.
Hay corridas de las denominadas... yo no quiero entrar en toristas porque no creo en el torismo, ni creo en el torerismo, ni creo en lo comercial, ni creo en eso, creo en el espectáculo. Pero hay corridas de ese tinte que embistiendo un toro se justifican, y corridas de las figuras que embistiendo tres toros dicen que ha sido mala. Entonces, creo sinceramente que muchas veces no se es justo y entiendo que se juzga muchas veces el toro de las figuras por el toro malo y ese toro nosotros no lo queremos. El toro parado, cayendose, o sin moverse, o soso, el primero que no lo queremos somos los toreros.

jueves, 18 de octubre de 2012

Miserias


¿A qué se refiere Juli?

¿Es posible que sea por sus acostumbradas tardes de compromiso en Madrid, con los mejores toreros y las ganaderías del gusto de la afición? No creo, porque en 2012 no ha pisado la plaza de Las Ventas ni una sola tarde.
¿Lo dirá por su paso por la Feria del Toro de Pamplona, donde por dos años consecutivos ha conseguido menguar el trapío característico de tan histórica plaza; o quizá a su reciente comparecencia en Zaragoza con toros de la temida ganadería de Daniel Ruiz luciendo en sus paletilas el guarismo 9?
Juli con un "toro" de Pamplona
¿Será quizás por todos esos carteles en los que ha pugnado con los toreros que vienen arreando, léase Fandiño, Castaño, Aguilar, ...? Va ser que no, esos toreros matan todo tipo de castas que para una figura como Juli no existen. En 2011, 84 de las 96 reses estoqueadas tenían origen Domecq.
Torero no es sólo pegar pases, entiéndase derechazos y naturales, también es freír los toros a circulares por todas las plazas, un muletazo que, como todos los aficionados saben, admiten los toros de casta y bravura, propio de toreros con porte y torería. En todo caso, siempre habrá tiempo para hacer un nuevo desplante, como aquel de Badajoz la tarde de José Tomás, donde arrojó la muleta al toro como si estuviera dando una golosina al perro. Todo arte y majestad.
Ser torero es llegar a una plaza de Francia con las raquíticas reses de Garcigrande, ser pitado por ello, y a continuación usar Twitter para llamar "torero frustrado" a André Viard, una de las personas que más ha hecho por la Tauromaquia los últimos años. 




De toreros es conseguir que se retransmita una corrida de toros en la televisión pública después de un puñado de años, buscando para tan importante acontecimiento una plaza de tanto compromiso como Valladolid con animales de Victoriano del Río que dieron más lástima que miedo.


Tal vez lo diga por su altruismo para con los jóvenes, financiando la mitad de la entrada al festejo en varias plazas de España. Ahora que con tal de no torear en Madrid, no rebajó ni un céntimo a la empresa.


Lo dice por la estocada, la peor de toda la historia de la Tauromaquia con diferencia. ¿Qué aficionado en su sano juicio pediría las dos orejas después de verlo machacar un toro a cabeza pasada mientras vuela por los aires?

Toricidio


Ser torero es repetir hasta la saciedad que le debes todo al toro y, desde esa posición que otorga el privilegio de magnificar todo lo que se hace, no dignarse a matar ni una sola ganadería de encaste en peligro inminente de desaparecer para darle un impulso que no conseguiría ningún otro estamento de la Fiesta.


¿Acaso ser torero es llegar al apartado para quitar los toros más ofensivos de la corrida como se ha hecho este año en alguna plaza de Francia?



Redactor jefe de 6Toros6, esa revista donde de cada diez portadas, once son protagonizadas por Juli

lunes, 10 de septiembre de 2012

El torito de las figuras

 
 El Juli, ante una res de Torreherberos-Torrehandilla, aniquilando por segundo año consecutivo cualquier atisbo del animal que tradicionalmente se echa en la singular Feria del Toro de Pamplona.
 


Se ha dicho en letras de molde que el torero tiene derecho a elegir sus instrumentos de trabajo, como el pintor elige los mejores pinceles y pinturas para pintar sus cuadros. Y esto es verdad. Conformes. El torero tiene derecho a elegir los mejores capotes, muletas y estoques, que son sus instrumentos de trabajo. Pero ¿el toro? El toro es el cuadro a pintar. ¿Qué mérito daríamos a un pintor que, con los mejores pinceles, puesto ante el lienzo, se limitase a pintar un aro, por ejemplo? Y, ante otro lienzo, otro aro. Y ante otro, otro. No; el pintor que elija siempre como asunto para sus cuadros un aro, no puede ni debe cobrar treinta mil duros por sus obras. Hay que elegir asuntos más difíciles. Y, en el toreo, el toro no es instrumento de trabajo; es asunto. Y tiene más mérito pintar Las Meninas que pintar un aro.
 
Adolfo Bollaín; extracto de la conferencia titulada Hoy se torea peor que nunca, pronunciada en el Club Taurino Madrileño el día 7 de febrero del año 1947