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domingo, 18 de octubre de 2026

El público y la afición madrileña. De la Cátedra a la histeria colectiva

  

Continuando con el artículo que publicamos en esta revista en octubre de 2025, La afición madrileña, de los intransigentes a los tolerantes, escrito por los periodistas José Antonio Donaire y Julia Rivera, me dispongo a hacer en esta pieza una continuación y, con ello, un breve repaso de lo acontecido en Las Ventas en las dos últimas décadas desde una perspectiva abierta, prestando quizá más atención en el aspecto sociológico. Sin pretensión de sentar cátedra con ello, sin la precisión y la rigurosidad del ensayo histórico o científico, simplemente desde el análisis, los recuerdos y las vivencias en primera persona, desde que me fui acercando a la plaza siendo un adolescente hasta nuestros días.

 

De la Cátedra a la crisis de la burbuja inmobiliaria

Hubo un tiempo en el que tener un abono de Las Ventas era como tener un tesoro, sin ir más lejos, servidor tuvo que hacer varias noches en la plaza para conseguir un hueco fijo en la piedra. Esta percepción, como vamos a ir viendo, fue cambiando. Hablamos de la primera década de los dos mil, por aquel tiempo, el público y la afición de Las Ventas mantenía muchas de las querencias y las virtudes que le hacían poseer el título de Cátedra del toreo. Todavía persistían algunas máximas bien marcadas e interiorizadas por los tendidos. La presencia del toro era muy importante, pero más aún cómo lo hacía el torero conforme a las características del cornúpeta. Para esto, claro, hay que saber ver al toro y aquella plaza sabía lo que veía. El toreo al natural con la mano izquierda era fundamental, no se concebía una faena con premios mayores si este no se producía; por otra parte, las alharacas, el tremendismo, y los adornos fastuosos tipo circulares, pases por la espalda y demás eran muy mal vistos y censurados con vehemencia, percibidos por las gradas casi como una ofensa: “¡eso lo haces en tu pueblo!”. La colocación de la espada se miraba con lupa, milimétricamente, no solo por parte de muchos espectadores, también por los presidentes que, muchas veces, enmendaban al resto de la plaza. Tan es así que la rigurosidad en este sentido a veces pecaba de excesivamente categórica; no era extraño presenciar cómo se denegaba la segunda oreja porque la espada había caído dos o tres dedos fuera de la zona ideal y, ojo, los presidentes no eran linchados por ello, se contemplaba como algo inherente a la plaza.

Fueron los años de El Cid y su mano izquierda citando a los Victorinos desde los medios sin probaturas, mandando desde la primera serie; los de las últimas lecciones de tauromaquia, manejo preciso de los tiempos, distancias y terrenos de César Rincón, por ejemplo, aquella tarde de 2005 con toros de Alcurrucén que nunca olvidaré. La intransigencia y el choque de conceptos entre la afición y El Juli que vivió durante casi toda su carrera quedó reflejada en aquella encerrona de 2003, en la que desplegó una tauromaquia larga y mandona frente a un encierro variado, pero ni con esas. José Tomás regresó en 2008 después de seis años de ausencia, reventó la plaza, reventó a sus toros, y nunca más se supo.

Esta década es la del surgimiento de una ganadería de leyenda en cuanto a casta y fiereza indómita −con genio en muchas ocasiones, también hay que decirlo−, lo mismo que sucedió antaño con la de Luciano Cobaleda, o muy antaño con los toros de Coruche. Hablamos de la ganadería de José Joaquín Moreno Silva y las terroríficas y encastadas novilladas de 2007, la de 2008 en la que Valentín Mingo tuvo que estoquear cinco ejemplares, 2009, y la de 2010 con mayor repercusión en la feria de San Isidro, en la que los animales hicieron correr a los de a pie y se adueñaron del ruedo.

Frente a gran parte de la plaza, recuerdo a Salva y a Fausto defender con ahínco su visión desde sus localidades del siete, que pasaba, inexorablemente, por la integridad del toro y la verdad del toreo. Fueron pérdidas muy notables dentro de la parte más combativa y severa de la afición. Época en las que todavía se luchaba en cada festejo, entre otras cosas, porque no se le taparan los dos ojos al caballo; la colocación de los actuantes en el ruedo era una obsesión y el “¡a tu sitio!” durante el tercio de varas era una constante. Entonces, los picadores se ponían entre la pilastra de la puerta grande y el burladero de matadores para llevar a cabo la suerte, cosa que se ha perdido.


Cuando se aguantaba el chaparrón estoicamente


La crisis de la burbuja inmobiliaria que estalló en los años 2008 y 2009 y se dilató varios años es un punto de inflexión importante en el devenir de Las Ventas. Las empresas que poseían un palco de grada o andanada para hacer relaciones, los colegios mayores que tenían muchos abonos repartidos por la plaza, etcétera, todo eso se perdió. El abono fue cayendo progresivamente hasta que en los años 2015 y 2016 tocó fondo con unos trece mil fieles. Mucha gente se fue y nunca volvió, la unidad de criterios que daba un público que siempre llenaba la plaza en los festejos de abono −los de temporada siempre han sido otra historia−, fuera el día que fuera, se fue perdiendo. Es decir, la Cátedra se diluía progresivamente. El momento que marca para mí este cambio de paradigma en el que mucha parte de la afición entendida iba a desaparecer en años venideros es el del 5 de junio de 2009, despedida de Luis Francisco Esplá, torero muy querido y valorado, conocedor y dominador de todas las suertes −menos la de matar− y de todo tipo de toros; inteligente, comunicativo con los tendidos, supo entender la idiosincrasia y el carácter de la plaza mejor que nadie.

De entre la infinita diversidad de público, tribus urbanas y rurales que poblaban Las Ventas por aquellos primeros años de los dos mil estaban “los aficionados de la Movida”, los que aún coleaban de ese Madrid canalla y fiestero y fueron testigos de las últimas actuaciones magistrales de Antoñete, emblema de esta corriente de aficionados. Eran fáciles de reconocer por su estética heterodoxa y subversiva en el contexto del coso taurino, yo mismo conocí a varios en mi primer abono en la grada del cinco, siendo su exponente más señero el gran Jaime Urrutia, un habitual de nuestra plaza.

 

La aparición de las redes sociales. De Taurodelta a Simón Casas y Plaza 1

En esa transición entre una década y otra mi memoria tiene inclinación por dos ganaderías, Palha y Cuadri. Las corridas de la vacada portuguesa acaecieron justo antes de entrar en la década de los años 10. En 2007 destacó un toro bravísimo, Rabosillo, frente a Sánchez Vara; en 2008 hubo una corrida grandiosa en la que sobresalió el toro Rachido, que salió reventando burladeros como en las láminas de La Lidia, y con el que sostengo que estuvo muy bien y muy digno Luis Bolívar, malogrando todos los méritos con la espada. Y en 2009 otro gran encierro, con sabor agridulce por la pavorosa cornada sufrida por Israel Lancho y la polémica servida porque el mayoral fue obligado a saludar.

El caso de Cuadri es un agradable recuerdo, esperamos que aquellos años de gracia se repitan, y es que cualquier persona de bien que sienta pasión por el toro bravo ha de tener admiración por esta casa ganadera. Esos momentos dulces del hierro onubense siempre serán asociados con un torero y su cuadrilla, la de Javier Castaño. Parecía que iban a sentar jurisprudencia haciendo las cosas con tamaña excelencia, especialmente en el tercio de varas, pero nada más lejos de la realidad. En Madrid, por lo que sea, no interesa hacer las cosas bien en varas. Al menos los aficionados supieron compensarlo y, en una jornada histórica, en mitad de una faena, picador y cuadrilla fueron invitados a dar la vuelta al ruedo en medio del clamor popular. Fueron años estupendos para la familia Cuadri y una legión de aficionados los acompañó por todas las plazas, los cuadriadictos.

Entrada la década de los años 10, paulatinamente, fuimos sintiendo la degradación del público de la plaza. Las reacciones desproporcionadas por cosas tales como que una montera cayera del derecho tras un brindis, que antaño se vivía con naturalidad; el abaratamiento de los trofeos; las calvas en los tendidos en los festejos de San Isidro que, poco a poco, se iban haciendo habituales, con lo que el público resultaba tornadizo y ampliamente mayoritario con respecto a los más habituales y recalcitrantes. La empresa Taurodelta, aburrida, ayuna de imaginación, de espaldas siempre al aficionado, con unos carteles infames fuera del abono de feria, no ayudaba a contrarrestar ese vacío producido por la crisis. Las figuras tampoco, algún gestito muy puntual, como cuando Talavante se encerró con Victorinos −muy justos de trapío−, pero toreros del corte de Perera o del Juli, con muletas muy poderosas, desaprovecharon la oportunidad de demostrarlo en el cogollo de su carrera frente a toros de poder y se prodigaron, casi exclusivamente, con el ganado facilón que los taurinos llaman “de garantías” y los aficionados “de carril”. Morante de la Puebla, redescubierto ahora por los públicos veinte o veinticinco años después, coleccionaba broncas y abucheos en prácticamente todas sus comparecencias en Las Ventas. Los bailes de corrales fueron importantes, frecuentes y muy sonados en este periodo, recuerdo incluso alguna pitada al iniciarse el paseíllo motivada por la escasez del ganado que se había visto por la mañana en el apartado mientras asomaba la pancarta clásica de aquella época: “hoy toros light”.


La empresa Taurodelta no dejó impronta

Empezada la temporada de 2014, nuestra Asociación y la delantera de grada del siete padecían la ausencia de Joaquín Monfil, aficionado con unos conocimientos profundos de la historia de la tauromaquia, de donde brotaba su particular visión del espectáculo taurino. Rodeado en la grada por mujeres de la categoría de Yolanda o de Rosa, aficionadas que sienten la plaza de Madrid como algo propio, donde la defensa de su crédito y posición se antepone a cualquier circunstancia, debilidad o partidismo. Ese tipo de aficionados que, ante un trofeo inmerecido, no digamos una puerta grande, una vuelta a un toro cuestionable… salen de la plaza dolidos, como si les hubieran clavado a ellos el arponcillo de las banderillas, con un berrinche que durará al menos hasta el siguiente festejo. Los hay por todos los tendidos pero son pocos en comparación al enorme aforo que tiene Las Ventas, sin embargo, es ahí donde reside el auténtico espíritu de la plaza.

Entretanto vivíamos la eclosión de las redes sociales y, con ello, un gran cambio en nuestros modos de vida y de relacionarnos. Propiciaban la inmediatez, la perdida de la reflexión profunda y la atención sostenida, tendencia a lo superfluo, a fingir un mundo ideal. Es notoria también la pérdida del respeto, del principio de autoridad, el colegueo y la banalización de las opiniones que gozan de un estatus y jerarquía. Todo esto iba a tener mucha influencia en el modo y las formas con las que los aficionados venideros se iban a acercar a la plaza, como vamos a ir viendo. Traían también otras cosas muy positivas como el intercambio de conocimientos y opiniones muy válidas y la conexión entre afines. Han sido infinidad los aficionados que han trabado amistad a partir de una relación virtual previa, servidor puede dar fe de ello. Ejemplo de ello podría ser el Ateneo Orson Welles, un grupo de aficionados irreverentes, alejados de los clichés prototípicos, agrupados en torno a una percepción global y vanguardista. Con iniciativas muy loables y una actividad cultural potente como la revista El Monosabio de la que publicaron varias ediciones; lástima que no pudieron mantenerse en el tiempo.

El periodo Taurodelta, que sirvió para enterrar la idea de cubrir la plaza gracias al fracaso de poner una techumbre y que esta se viniera abajo, nos trajo algunos cambios reseñables. Le quitaron el atuendo de torear al chulo de banderillas y al torilero, algo que era costumbre secular en Madrid, y apadrinaron el cambio de distribución de los caballos de picar, llevándoselos a la puerta grande en vez de hacer el clásico recorrido por la plaza desde el patio de caballos. Años anodinos por una empresa anodina que maltrató la calidad de la programación, especialmente fuera de abono. Además, unas figuras que iban a lo fácil y que ignoraban cualquier ganadería que no se plegara a ellos, lo que suponía el ahogamiento de muchos hierros y encastes y, en muchos casos, su desaparición. En contrapartida, surgió el llamado “ciclo de encastes minoritarios”, una forma de aislar oficialmente y de institucionalizar a todas esas ganaderías que se salían de la norma y que, de una forma o de otra, se ha ido manteniendo en el tiempo durante el mes de septiembre.

Podría decirse que Fandiño fue el torero que nos sacó de aquellos años de apatía en los carteles, además se fue haciendo en los festejos de temporada con la plaza semivacía. Estos son los espadas que gozan del mimo y el cariño de la afición, los que se fraguan en la propia plaza en todo tipo de tesituras y no los que vienen entre algodones con vitola de figura sin haberlo contrastado en Madrid. Lo vimos crecer, triunfar, fracasar, su pundonor y su vergüenza torera siempre fue intachable. Se anunció con todo tipo de ganado y lo vimos torear en vaqueros, tirarse a matar con inmensa verdad, a veces sin estoque, encerrarse con seis ganaderías del gusto de la afición a plaza llena... En fin, los que estuvimos ahí y lo vimos progresar, los que lo admiramos y lo sentimos, siempre llevaremos esa espina por su trágica pérdida.


Fandiño

 

De Plaza1 a la degradación de la plaza

En este epígrafe vamos a tratar de exponer los sucesos y actuaciones que han ido concatenándose desde que entró Simón Casas con Garrido hasta llegar al punto de degradación en el que nos encontramos, ya les adelanto que esta etapa es la más interesante desde el punto de vista sociológico.

Como sabemos, la plaza de toros no es un lugar estanco ni ajeno a la vida social y política española sino reflejo de ello. En este sentido, debemos recordar la eclosión del partido político Podemos a mediados de los años 10, dejando claro desde el principio una hostilidad inusitada no solo contra la fiesta de los toros, también contra los aficionados que acudían a las plazas. Sirviéndose de las redes sociales, no era extraño ver a representantes públicos de este partido, o candidatos a ello, tachando a los aficionados de psicópatas, homicidas, etcétera, o desear que las plazas de toros ardieran o una bomba causara su destrucción. Aquellos ataques tan frontales, descarnados y violentos se materializaron en diferentes medidas prohibicionistas que este partido aplicó conforme fue adquiriendo una cuota importante de poder en las diferentes administraciones locales y autonómicas. Las noticias negativas, de censura a la tauromaquia, se sucedían día sí día no, esto caló en muchas personas que no compartían estos ataques furibundos contra la fiesta y soliviantó a los que simpatizaban con ella. En contrapartida y para luchar contra estos ataques incesantes a la tauromaquia desde las instituciones nació la Fundación Toro de Lidia con un gabinete jurídico dispuesto a plantar cara, consiguiendo algunos logros importantes.

Paralelamente, en 2017 tuvo lugar el golpe de Estado o procés de Cataluña, en donde, queramos o no, se produjo un ataque contra la soberanía del pueblo español así como posterior humillación, puesto que los partidos políticos que ampararon este proceso de rebelión o sedición pasaron a formar parte de la coalición para formar gobierno, algunos de ellos fueron condenados por la justicia, si bien se procedió a liberarlos de prisión indultándolos, los delitos por los que fueron condenados se eliminaron del Código Penal y, con el tiempo, se impulsó una ley de amnistía ad hoc como si hubieran sido condenados por una dictadura, interfiriendo y eliminando la independencia de los jueces que se limitaron a aplicar la ley que, se supone, emana de la voluntad popular.

Perdonen la digresión, no queda otra que poner estos acontecimientos políticos sobre el tapete para entender la evolución y etología de la plaza de toros de Madrid que, junto con los ataques contra la tauromaquia desde las instituciones antes comentados, por partidos abiertamente hispanófobos, provocaron un efecto rebote y mucha gente empezó a acudir a las plazas de toros no solo como afición sino como defensa y reivindicación de españolidad. Esta fue la época en la que los “viva España” comenzaron a multiplicarse exponencialmente. Antaño, el “viva España” solo se vitoreaba en Las Ventas los días que venía el rey en Beneficencia y sonaba el himno, tras estos sucesos pasó a repetirse varias veces durante la lidia de cada toro, de manera tal que parte de la afición aborreció tanta insistencia.

Sobre este tema es inevitable recordar una anécdota muy divertida sucedida en una corrida de Beneficencia del año 2018 o 2019, presidida por el rey, en la que no paraba de gritarse “¡viva España!” desde los tendidos, continuamente. De repente, en la zona del siete pegando al seis, una mujer vociferó: “¡viva la república!”. Imagínense el revuelo que se montó alrededor, gran cantidad de personas se volvió contra ella, algunos querían echarla de la plaza. A mí me recordó aquello del alma libre y anárquica del ciudadano español que contaba Unamuno, o lo de Pérez de Ayala del carácter nuestro: aunque toda la plaza ovacione siempre habrá uno que se levante y pite, no lo hace contra aquello que provocó la ovación sino contra todos aquellos que baten palmas.

La nueva empresa, conocedora de cómo funciona el ocio actual pues una parte de ella está especializada en el mundo de los viajes y el turismo, comenzó a vender la corrida de toros como una experiencia. Eso que se lleva tanto ahora, como sucede en cualquier otro espectáculo de la actualidad: el cine, el fútbol, la fórmula uno…  el contenido no importa tanto como el decorado y la oferta alrededor del mismo, el atrezo. Las fiestas y las discotecas en la plaza proliferaron de tal manera que llegaron a fagocitar el espectáculo taurino, la música se abría paso incluso mientras se estaba lidiando el sexto de la tarde −luego piden respeto−. El botellón hacía su presencia sin ningún tipo de disimulo, creo que acabará provocando la típica solución salomónica tan nuestra: la prohibición del consumo alcohol en el coso. Es complicado porque hay importantes intereses económicos pero no descarto que, como siempre, acaben pagando justos por pecadores.

La oferta de Casas y Garrido para regentar la plaza ponía en valor la promoción de la juventud y el abono joven. Aquello funcionó −el discotequeo y el botellón son buenos alicientes− y se fueron agrupando y focalizando en la grada del seis. La juventud ya se sabe, es rebelde y opositora por naturaleza y allí había algunos grupos de chavales que bien, son jóvenes, pero no son tontos y muchos de ellos se movían por la afición a los toros más que por el gin-tonic. Entre otros, había aficionados de categoría como la gente de AJTE (Asociación Juvenil Taurina Española) o grupos como el de Borja, de Casta y Bravura, que conocen la plaza perfectamente. Así que, desde la energía de la juventud y la pasión por los toros, la grada del seis se convirtió en un frente de rigor, exigencia y protestas. La plaza tenía un nuevo hervidero, las protestas llegaron a superar ampliamente a las del siete, que nunca ha dejado de ir a menos paulatinamente, así que la empresa tomó cartas en el asunto y se encargó de disolverlos y acabar con este nuevo foco poniendo todo tipo de trabas a la hora de renovar.

Esta etapa coincide con los años en los que la afición que exigía era demonizada sistemáticamente desde los portales digitales, ciertos plumillas de los periódicos y redes sociales, cualquier protesta era sacada de quicio. En las crónicas y tuits de muchos medios y periodistas a los que no voy a dar protagonismo ahora siempre había espacio para alentar el odio contra una parte de la afición. A mi modo de ver aquello estuvo claramente orquestado.

Es verdad que la nueva empresa cambió algunas cosas para bien. Ponía más interés en los carteles que Taurodelta −no era complicado− y abrió el abanico ganadero atendiendo las demandas de los aficionados. La Feria de Otoño de 2018 se confeccionó por sorteo y el bombo dictó la suerte, aunque no se volvió a repetir. Los desafíos ganaderos de septiembre y la corrida concurso, recuperada después de diez años de ausencia, han ofrecido momentos excelsos e inolvidables de toros y toreros.

A pesar de la bajada del IVA para las entradas de los toros, del 21 al 10 %, implementada por el Gobierno en 2017, los precios de las entradas comenzaron a subir inexplicablemente antes de la pandemia por encima de lo que marca el IPC −en esta revista, en su momento, publicamos artículos demostrándolo−, pero la puntilla la sufrimos con el nuevo pliego en 2022. Bajo la premisa de subir el número de abonados y de generar beneficios los días de figuras, la empresa se cameló al director gerente de Asuntos Taurinos en ese momento, Miguel Abellán, y la Comunidad de Madrid cedió a una liberalización de precios sin ningún tipo de pauta o límite dentro de un pliego que, paradójicamente, regula cualquier tipo de detalle. En algunos casos, las localidades más económicas de la plaza multiplican por tres respecto al precio de venta original, no solo en carteles de mucha demanda y expectación, lo que podría explicar este abuso, también en novilladas sin ningún aliciente o en las corridas de los festejos de temporada. Con esta medida, en mitad de una inflación galopante generalizada, se ha ido perdiendo un nicho importante de personas que acudían frecuentemente a los diferentes festejos de temporada, aficionados de Madrid y alrededores, que no tenían por qué ser abonados y han sido claramente perjudicados, mas estos no salen en ninguna estadística.

La pérdida de identidad tras la crisis y la caída del abono; el público de patriotismo rebelde que vino a contracorriente de los ataques sistemáticos contra la tauromaquia o contra la nación; los que se arrimaron porque se enteraron que había barra libre para la fiesta, el botellón y el after bullfight en la discoteca; el público más llano y humilde sustituido por los que sí pueden permitirse unos precios desbocados. Con todos estos ingredientes ya tenemos el cóctel. La empresa encantada, se ha permitido poner algunas guindas, como los últimos carteles para San Isidro dirigidos a una clientela específica y muy concreta, resultante de todos estos factores que hemos ido comentando.

Algunos han dado en llamarlo la cayetanización de la plaza. Lo que está claro es que el carácter diverso y plural, la variedad de estratos sociales, de grupos urbanos y rurales, se han perdido, y el público es mucho más homogéneo. El monoencaste también ha llegado al tendido y esto hace que en Madrid ya no encontremos esa diferenciación que la distinguía, el crisol y la alegría de otros tiempos, siendo ahora una plaza mucho más aburrida, como sucede en el ruedo con el monoencaste.


Pancartas contra la actitud lamentable de la plaza

Cuando hablamos de la pérdida de criterio y rigor de la plaza es recurrente escuchar aquello de “es que el siete ya no es lo que era”. Vale, esto es cierto, pero no es el siete el único que ha mermado su condición reivindicativa con el paso del tiempo. Los tendidos de sombra merecen una atención en toda esta cuestión que pocas veces se analiza, el cambio de actitud a partir de lo sucedido tras la crisis de 2008 fue muy acusado. La Cátedra que recordábamos iniciando este artículo lo era, en gran medida, gracias al tendido ocho y a los tendidos de sombra, allí abundaban grandes aficionados que vivían la corrida con pasión, a su manera, con más mesura y un talante distinto al del siete y los tendidos de sol. La sombra que conocí en mi juventud protestaba los inválidos igual que el resto de la plaza, abroncaba cuando tocaba −sin la hostilidad y la predisposición del siete, claro−, se revolvía contra el palco cuando los presidentes la liaban y era un referente cuando había una pañolada demandando trofeos, especialmente los tendidos ocho y nueve. Sabían lo que veían perfectamente, aportaban un punto de equilibrio magnífico y defendían el crédito de Las Ventas frente a la bullanga y las facilidades que ofrecían los tendidos de solanera a los toreros. No obstante, los toreros armaban sus faenas frente a estos tendidos si querían triunfar de verdad, sin embargo, en la actualidad prácticamente nadie torea frente a la sombra, la histeria de los tendidos de sol se ha impuesto a la parsimonia del resto. Ya no se protesta nada por muy escandaloso que sea el asunto y no queda asomo de la personalidad que había en aquellos tendidos, los miras y parece un trampantojo.

Y esta, señores, es la plaza que tenemos ahora. El público cambiante y de oleadas con la caída del abono, los beodos que entran pasados de vueltas, desinhibidos y cargados de odio contra todo aquel que ose discrepar, los del vivaspaña, los silencios impostados, el palco y los asesores a la deriva, el pastoreo que se ha empleado desde los despachos, por ejemplo, cuadrando los “carteles de figuras” en días de la semana muy concretos… Recordemos que la categoría no la otorga el título de plaza monumental, ni siquiera el de bien de interés cultural, esto se gana por la seriedad y el trapío del toro que salta a la arena y la calidad y criterio del público que pondera y valora lo que sucede. Es necesario que los tendidos se pronuncien, para bien o para mal, sin la actividad y el juicio del público la corrida de toros carece de sentido, por eso no se ha de estar como en misa.

¿Cómo recuperar aquella plaza que añoramos, cómo hacer que regrese la Cátedra? Si alguien tiene la fórmula que venga y nos la cuente. Lo que sí podemos afirmar, es que los procedimientos, los modos de ser y estar de una sociedad están en permanente cambio y transformación, los ciclos pueden ser circulares, y la plaza de toros de Madrid no está al margen de ellos. Así que no desesperen.


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Artículo para el boletín número 66 de la asociación El Toro de Madrid, La Voz de la Afición.

domingo, 3 de marzo de 2019

Top 10 de toros bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (II)


Continuamos con los toros más completos en Las Ventas en 2018 por El Toro de Madrid según el porcentaje de voto.


7º. Horquillito, de Saltillo. Nº 24, 510 kg., cinco años recién cumplidos (corrido el 9 de septiembre). 




De presencia correcta, justa, rayando la insuficiencia. Un toro bueno en todos los tercios cuya lidia estuvo llena de controversia. Hay mucho que matizar. Fue machacado alevosamente por Gustavo Martos en las tres varas que tomó, que no sé dónde pensaba que estaba. Una auténtica carnicería. También hay que mirar el papel del matador, José Carlos Venegas, que seguramente no tenía intención de que picaran al burel con esa saña y puede que hiciera algún gesto al piquero, a todas luces insuficiente. A partir de ahí un sector de la plaza la tomó con el espada y no se valoró en justicia nada de lo que hizo. Está bien que se censure al torero que deje que se carguen los toros en el caballo, ahora, hagámoslo con todos. Nunca vi que se tomara esta actitud negativa por lo sucedido en varas de forma tan tajante con ningún otro. 

Horquillito tuvo el mérito de aguantar una faena de muleta de las de hoy después de lo que le había hecho Gustavo Martos. Por abreviar, el astado quedó con embestida mejicana. Pausado y muy humillado en las telas de Venegas, con tendencia a querer irse a tablas. El jienense estuvo bien con el toro, por momentos muy bien, con esa forma de torear que tiene tan de verdad, carente de ventajas. Antes lo toreó fenomenal de capa, aunque se cebó dando medias verónicas. Pero como queda dicho, la faena de muleta fue censurada y no se le echó cuentas. 




Los más fanáticos de esta ganadería han elevado a Horquillito a los altares, lo cual encierra una gran contradicción. Porque el torismo normalmente demanda y gusta de toros con embestida fuerte, fiera, que exija dominio al que está delante, que lo ponga a cavilar antes de rebasar la línea. Y sin embargo la embestida de Horquillito está más cercana a las formas del toro insípido que tanto se detesta. Bien es verdad que es una embestida, la mejicana, prototípica del toro santacolomeño y que descubre a los malos toreros, pero uno prefiere claramente la vibración de un ejemplar como Viergado (¡torazo!), también de este ganadero, que Horquillito y su comportamiento pastueño. Quiero decir: si el torismo endiosa este tipo de toros que lo haga con los de todos los hierros, para unos no es malo lo que para otros es bueno. 

Al hilo de esto recuerdo el novillo de La Quinta que puso en circulación a Ángel Sánchez, de marcada embestida mejicana. Casualidades o no, como bien sabemos, la conexión entre Saltillo y La Quinta es notoria. 

Antes de concluir pedir disculpas a los que se consideren toristas por generalizar con el torismo en el punto antes expresado, sin ir más lejos a mí me pasa muchas veces que comentarios relacionados con el torismo no me representan en absoluto. Si un aficionado es torista lo es sin duda porque tiene una pasión meditada, sólida y tenaz por el mundo del toro, y cada uno tendrá unas opiniones argumentadas que pueden ser muy distintas a las de otros aficionados toristas. En fin, que cada aficionado es un mundo, el que haya hablado mucho de toros con otros aficionados bien lo sabe. 






6º. Laminado, de Fuente Ymbro. Nº 184, 536 kg. Cinco años justos (lidiado el 7 de octubre)




Toro muy en el tipo de la casa, acucharado de cuerna, con rizos, aunque sin llegar a la excelencia de otro ejemplares de Ricardo Gallardo. En varas hizo una pelea discreta y fue poco castigado, como sucedió prácticamente toda la corrida. Un puyazo más hubiera servido para aclarar todo. En Madrid había que dar tres puyazos por reglamento, como se hacía antaño. En banderillas comenzó a galopar y no dejó de hacerlo en toda la lidia, una máquina de embestir.

David Mora tuvo la mala fortuna de que le tocara en suerte después de una faena de valor, poso y mucha torería de Urdiales con el primero; y de una actuación valentísima, incluso temeraria, de Chacón con el avieso que hizo segundo. Al que pienso que no llegó a poder en ninguna de las tandas. Mora empezó a torear mecánicamente, echando la pata atrás y pasándoselo a medio metro. Y claro, vistas las dos faenas anteriores la gente se lo censuró, aquello cantaba demasiado. Él siguió igual así que el trasteo continuó entre protestas, que provenían de todos los tendidos. Toreo vulgar y Laminado dando un recital de embestidas. 





Creo que fue un banderillero de David Mora el que soltó en twitter que le habían reventado la faena a su torero de forma premeditada y estratégica, con aficionados reventadores repartidos por toda la plaza. Una idea que no es original y que ya se hacía en Madrid el siglo XIX de forma coyuntural. ¿Pero ahora?... risas. 



5º. Lastimoso II, de Baltasar Ibán. Nº 33, 535 kg., cuatro años y medio (lidiado el 13 de mayo).




Entramos en el top 5 y la cosa se pone interesante. Hablamos de otro toro que pedía a gritos un puyazo más, porque en el primero se repuchó, pero en el segundo se creció y de qué manera. Empotrando al picador contra las tablas y metiendo riñones. ¿Rabieta de bravucón o bravo de veras? Pues nunca lo sabremos. No vamos a pedir a Justo Polo, juez de plaza, que lo solicitara; y mucho menos a Alberto Aguilar, que a estas alturas de su carrera anda escamadísimo con el tema de la suerte de varas en Madrid y cómo toma partido el personal con aquellos toros que dan espectáculo y se arrancan, muchas veces sin entrar a valorar lo que hacen en la pelea con el piquero.




Estamos hablando del último toro de Aguilar en Las Ventas, si es que no hay un regreso ulterior, que yo apuesto que sí solo por intuición. Una vez más le volvió a tocar en suerte un toro fiero. Si hay alguien en el escalafón que haya sentido en sus carnes toda la furia y el poderío que los toros de casta brava son capaces de dar, ese es Alberto Aguilar. Sin embargo, una vez más quedó la duda, la eterna disputa siempre que sale un toro muy bravo. Como que ahí se podía hacer más. Unos calificarán la faena de digna, otros dirán que estuvo por debajo, depende del rasero de cada cual. Si valoramos por cómo reaccionó la plaza al trasteo hay que decir que no calentó los tendidos, es decir, por debajo. 





Se eternizó con la espada, necesito varias pasadas y al final lo despenó con la de cruceta al tercer intento. Su último toro en Madrid. Silencio para el hombre, ovación para el animal. 

Eso sí, respeto, muchísimo respeto y admiración por Alberto Aguilar. 





Las fotos son de la web de Las Ventas y del blog Fotoro J. Alvarado, de Javi Alvarado.


Saludos a la afición. Continuará...

sábado, 13 de enero de 2018

Aclaraciones sobre Cazarrata, de Moreno Silva


     Debido al tráfico de visitas que está recibiendo la entrada sobre este toro y con el fin de evitar malos entendidos, he añadido una nota en dicha entrada aclarando mi opinión que podéis leer a continuación:


Nota añadida: Viendo el número de visitas que está generando esta entrada debido al furor que está despertando este toro dos temporadas después (¿?), me gustaría añadir unas palabras aclaratorias. Efectivamente, Cazarrata no se dolió al castigo de las banderillas negras, bien, pero es solo un detalle dentro del conjunto de su lidia que, como sabemos, cuenta desde que sale del toril hasta que el hondero le pone la cincha para arrastrarlo. Este ejemplar, cuyas hechuras eran mucho más estrechas de lo que suele presentar su ganadero y también con respecto a las fotos que se vieron los días previos a su lidia, salió frenándose y buscando por el pitón derecho desde el primer momento, cosa que podemos atribuir a una naturaleza aviesa del animal o a que estaba currado, como opinan muchos aficionados. No estoy en posición de afirmar nada categóricamente, solo el ganadero lo sabe. En el tercio de varas Cazarrata se comportó con una mansedumbre clara y palmaria, buscando las vueltas del caballo, calamocheando o simplemente huyendo. Por mucho que le dieran siete u ocho veces, la mayoría fueron picotazos porque el bicho no se dejaba dar ni los picadores acertaron a taparle la salida. Ya en la muleta, Sánchez Vara, dentro de la dignidad de su actuación, no explotó el pitón izquierdo todo lo que debería a tenor de que el lado opuesto era imposible, como ya he comentado, creo que hubiera tenido alguna posibilidad por la zurda. El aliño fue muy corto y cuando cogió la tizona dejó media estocada tendida y baja, suficiente para que Cazarrata se echara sin mucha demora. Muy poca dureza de patas a la hora de morir. Esta es la lidia que yo vi, el que quiera la puede rememorar en YouTube. 

A mí el toro no me parece un dechado de nada, probablemente llama la atención por sus intenciones homicidas por el lado derecho y porque fue protagonista de un tercio con banderillas negras (en Madrid hemos pasado lustros completos sin que asomara el pañuelo rojo y no será por falta de mansos). He visto toros igual o mucho más listos, con tanta o más mansedumbre, pero con muchísimo más poder y casta, requisitos indispensables que Cazarrata apenas tuvo. He presenciado cantidad de toros desangrados en varias varas, con medio metro de palo dentro, y parecía imposible que nadie fuera capaz de tumbarlos. Cazarrata no tuvo casta ni en el sentido de acometividad, ni en el de vender cara su vida. Ni siquiera me trasmitió mucha fiereza o animalidad, simplemente mala leche para ir al cuerpo del torero y para arrancarse cuando entendía que podía hacer presa. 

Después hay otro aspecto no menos importante. A este comportamiento un tanto extraño, hay que sumar las declaraciones de su criador días después de la lidia de Cazarrata, afirmando que le había puesto una vacuna, a este y a toda la corrida, para tranquilizarlos y para que no se pegaran en el campo tratando de evitar bajas. De ahí, al parecer, la estrechez de hechuras. No sé si fue un arrebato del ganadero para exculparse y que los toreros no le hicieran la cruz, o si es cierto. En principio, si lo dice el ganadero, lo tengo que tomar por cierto, y, siendo así, un animal que ha sido vacunado antes de salir al ruedo para modificar su comportamiento no puede entrar en ninguna escala de méritos que yo haga. Es muy simple, el comportamiento del toro está manipulado, no es natural. Si esto le pasa a un ganadero del encaste dominante hubiera sido vapuleado. Cualquier tipo de manipulación siempre será censurada por un servidor, venga de donde venga, los toros han de salir a la plaza tal y como los parió la vaca. 

Se levantan muchas sospechas fundadas sobre Cazarrata. ¿Estaba toreado, estaba vacunado? Con estos aspectos oscuros, sumado, como he dicho, a que no fue ningún dechado de poderío y de casta, no me parece un toro, ni mucho menos, para elevar a los altares del torismo, del torismo que yo entiendo, al menos.

He dicho.




jueves, 27 de octubre de 2016

Cazarrata, de Moreno Silva











Cazarrata, de José Joaquín Moreno de Silva. Nº 45, 503 kilos.

Probablemente, el único toro de la historia condenado a banderillas negras que las tomó como un bravo. Sin queja, sin inmutarse, sin la más mínima protesta.

Fotos: De la web de Las Ventas, Andrew Moore y del blog de fotos de Ana Escribano. 


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Nota añadida: Viendo el número de visitas que está generando esta entrada debido al furor que está despertando este toro dos temporadas después (¿?), me gustaría añadir unas palabras aclaratorias. Efectivamente, Cazarrata no se dolió al castigo de las banderillas negras, bien, pero es solo un detalle dentro del conjunto de su lidia que, como sabemos, cuenta desde que sale del toril hasta que el hondero le pone la cincha para arrastrarlo. Este ejemplar, cuyas hechuras eran mucho más estrechas de lo que suele presentar su ganadero y también con respecto a las fotos que se vieron los días previos a su lidia, salió frenándose y buscando por el pitón derecho desde el primer momento, cosa que podemos atribuir a una naturaleza aviesa del animal o a que estaba currado, como opinan muchos aficionados. No estoy en posición de afirmar nada categóricamente, solo el ganadero lo sabe. En el tercio de varas Cazarrata se comportó con una mansedumbre clara y palmaria, buscando las vueltas del caballo, calamocheando o simplemente huyendo. Por mucho que le dieran siete u ocho veces, la mayoría fueron picotazos porque el bicho no se dejaba dar ni los picadores acertaron a taparle la salida. Ya en la muleta, Sánchez Vara, dentro de la dignidad de su actuación, no explotó el pitón izquierdo todo lo que debería a tenor de que el lado opuesto era imposible, como ya he comentado, creo que hubiera tenido alguna posibilidad por la zurda. El aliño fue muy corto y cuando cogió la tizona dejó media estocada tendida y baja, suficiente para que Cazarrata se echara sin mucha demora. Muy poca dureza de patas a la hora de morir. Esta es la lidia que yo vi, el que quiera la puede rememorar en YouTube. 

A mí el toro no me parece un dechado de nada, probablemente llama la atención por sus intenciones homicidas por el lado derecho y porque fue protagonista de un tercio con banderillas negras (en Madrid hemos pasado lustros completos sin que asomara el pañuelo rojo y no será por falta de mansos). He visto toros igual o mucho más listos, con tanta o más mansedumbre, pero con muchísimo más poder y casta, requisitos indispensables que Cazarrata apenas tuvo. He presenciado cantidad de toros desangrados en varas, con medio metro de palo dentro, y parecía imposible que nadie fuera capaz de tumbarlos. Cazarrata no tuvo casta ni en el sentido de acometividad, ni en el de vender cara su vida. Ni siquiera me trasmitió mucha fiereza o animalidad, simplemente mala leche para ir al cuerpo del torero y para arrancarse cuando entendía que podía hacer presa. 

Después hay otro aspecto no menos importante. A este comportamiento un tanto extraño, hay que sumar las declaraciones de su criador días después de la lidia de Cazarrata, afirmando que le había puesto una vacuna, a este y a toda la corrida, para tranquilizarlos y para que no se pegaran en el campo tratando de evitar bajas. De ahí, al parecer, la estrechez de hechuras. No sé si fue un arrebato del ganadero para exculparse y que los toreros no le hicieran la cruz, o si es cierto. En principio, si lo dice el ganadero, lo tengo que tomar por cierto, y, siendo así, un animal que ha sido vacunado antes de salir al ruedo para modificar su comportamiento no puede entrar en ninguna escala de méritos que yo haga. Es muy simple, el comportamiento del toro está manipulado, no es natural. Si esto le pasa a un ganadero del encaste dominante hubiera sido vapuleado. Cualquier tipo de manipulación siempre será censurada por un servidor, venga de donde venga, los toros han de salir a la plaza tal y como los parió la vaca. 

Se levantan muchas sospechas fundadas sobre Cazarrata. ¿Estaba toreado, estaba vacunado? Con estos aspectos oscuros, sumado, como he dicho, a que no fue ningún dechado de poderío y de casta, no me parece un toro, ni mucho menos, para elevar a los altares del torismo, del torismo que yo entiendo, al menos.

He dicho.

sábado, 28 de mayo de 2016

Viergado, de Moreno de Silva

Dibujo a lápiz por Juan Pablo Cardona


 Toro de nombre Viergado, nº 2, nacido en 12/2010, 576 kg. de peso. Ganadería Saltillo y herrado con la marca de Moreno de Silva. Fue lidiado y estoqueado por José Carlos Venegas el 13 de septiembre de 2015, obteniendo una oreja. Viergado ganó el premio de la Asociación El Toro de Madrid al toro más bravo de la temporada 2015, con un 65 % de votos; el ganadero, D. José Joaquín Moreno de Silva, recibió el trofeo en un acto que celebramos en Casa Patas el pasado mes de febrero.

  Recibió tres puyazos, haciendo un extraño en el segundo pero tomando un tercero creciéndose, en el que puso el caballo contra las tablas, empujando con poderío. Se vino arriba en banderillas y dio un revolcón a David Adalid, afortunadamente sin consecuencias. En la muleta mantuvo la casta, embistiendo con codicia por ambos pitones toda la faena, un torrente de embestidas humilladas y fieras a las que hizo frente con decoro José Carlos Venegas. Tuvo muerte de bravo. 

  
  Esto y mucho más, publicado en el nº 48 de La Voz de la Afición, Asociación El Toro de Madrid, que puedes leer aquí.