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viernes, 27 de diciembre de 2013

Los toros del 2013 (I)

  Demasiado tarde empezó el año taurino en Las Ventas, allá cuando finalizaba el mes de marzo y comenzaba la Semana Santa. Cada temporada retrasa un poco el inicio y adelanta el final, consecuencia del tejemaneje que se traen entre manos políticos y taurinos para borrar del mapa los domingos de toros y todo lo que no sean ferias de abonos cautivos que atraen el dinero fácil, y mucha pompa, dicho sea de paso. Menos mal que nos quitamos el mono en Valdemorillo con una victorinada amena y toreo de altos vuelos por parte de Alberto Lamelas y Fernando Cruz, el torero sin trampa ni cartón. Todavía recuerdo esa apabullante forma cargar la suerte, en el sentido más ingenuo de la expresión, rematando el muletazo en corto y en redondo, embraguetado en todo momento. Un torero, Fernando Cruz, de honestidad natural. 
  Pero volvamos al foro y su festejo de apertura con una ganadería que a priori sonaba muy apetecible: Torrestrella. Ganadería señera que traía buenos antecedentes con aquel sardo que trajo por el camino de la amargura a El Payo; en conjunto fue un encierro potable e interesante el que vimos en 2012. Todos los méritos contraídos los tiró por los suelos el ganadero esta temporada, no hizo los deberes y solo fue capaz de presentar cuatro toros, y debieron ser tres, entre medias se coló una cabra de monte, uno de los cornúpetas más feos del año que causó rechifla en los tendidos. Una vez en la lid fueron chochones y agarrados al piso. No obstante, el solo motivo de empezar el año con toros en vez de novillos ya fue motivo de celebración, como todo el mundo sabe: Madrid, plaza de novilladas. 

  La Semana Santa concluyó con agua bendita para el campo bravo, no tanto para el sufrido aficionado venteño que se quedó sin una seria corrida de toros de Peñajara y sin el esperado regreso de Fernando Cruz, in extremis, cuando ya teníamos nuestras posaderas sobre la piedra colmenareña del coso. Suspendida. Posteriormente, por imposición del Reglamento, pudimos devolver la entrada, aunque algún chino creo que no se percató de ello. Nos prometieron que buscarían un hueco para soltar aquellos bichos tan lustrosos que vimos en el apartado, al final todo quedó en una nueva mentira de Taurodelta. Desconozco dónde acabaron los Peñajara del Domingo de Resurrección, en manos del G5 seguro que no, de eso sí estoy seguro.


La corrida de Peñajara que nunca vimos

  Ya de lleno en temporada, en primavera, inmersos en los domingos del mes de abril, el aficionado madrileño volvió a su estado natural: novilladas de ganaderías sacadas de lo más profundo e ignoto del campo bravo, aderezado con novilleros mecánicos y desangelados, como sacados de una máquina de producir toreros en serie. Le colgaron la vitola de "certamen" y Telemolés ofreció el esperpento para toda España. Pasaron por la plaza, ofreciendo un espectáculo de animales contemporáneos al uso, blandos y más tontos que Abundio, las ganaderías de El Serrano, El Cotillo y Hermanos Collado Ruíz y La Martelilla (¡cuerpo a tierra!), que sorteó un sobrero. Salvaron la papeleta, con nota además, Javier Molina, ganadería a tener en cuenta con una regularidad muy buena, y Guadaira, últimamente más dócil que años atrás pero manteniendo un buen nivel de casta; las dos procedencia Jandilla-Fuente Ymbro.

  Llegó la miniferia en honor al histórico 2 de Mayo (cada vez más mini), con una novillada de El Montecillo en la que Paco Medina se sacó la espina de los petardos de años anteriores con su nuevo hierro de El Montecillo; buena novillada. Los toros corrieron a cargo de la familia Lozano, mediante los hierros de El Cortijillo y Lozano Hermanos. Como acostumbran, sobresalió la mansedumbre, pero en esta ocasión sacaron codicia en la muleta y quedó una buena tarde en la que la terna toreó a placer, tocando pelo todos ellos. Primer toque de atención de Antonio Ferrera y Alberto Aguilar.

  Hubo un receso antes de empezar la feria para ultrafondistas, con una corrida de toros de la siempre interesante vacada de Carriquiri. Ya quisieramos que fueran los originales toros navarricos con los que don Nazario ganó merecida reputación, pero esto es inviable, antes nos quedamos sin coletas en el escalafón. Ahora, el hierro de la "C" entrelazada lleva sangre Núñez, propiedad de Antonio Briones, y no lo hace nada mal a tenor de los resultados. Corrida con celo en el último tercio, mucho que torear para un confirmante como Arenas, el intermitente Oliva Soto o el pegapases de Esaú Fernández, demasiado diría yo. Entretanto se vio un burel de Aurelio Hernando, segundo de los tres sobreros que vimos a lo largo de la temporada; todos ellos con nervio, codicia y diferentes complicaciones en el tercio de muerte. De esta controvertida ganadería hablaremos con más detalle cuando lleguemos al ciclo de encastes minoritarios...

  Y llegó San Isidro, la ganga de Taurodelta. Ya lo dijo Paco Media-Luna en su Diccionario Cómico-Taurino; abonado: mina que las empresas explotan a su antojo sin cortapisas de ningún género. Cuánta razón. El problema es que los abonos caen a millares desde hace un par de temporadas, pero eso es harina de otro costal...
  Atrás quedó la funesta costumbre de abrir el ciclo con La Martelilla, alabado sea el Señor. Para esta ocasión anunciaron a José Luís Pereda, conocido hierro del aficionado madrileño que todos los años se prodiga varias tardes. Ganadería fetiche de Taurodelta, pues no se tiene constancia que aficionados o toreros la demanden. En su descargo apuntamos que últimamente está progresando, este año echó una corrida bien presentada en la que destacó la dureza de patas, ahora que bravura más bien poca.
  Siguió Los Bayones, ganadería que produce un jamón ibérico de bellota que es una delicia, ahora que de los toros mejor no hablamos... En los corrillos dicen que una vez echó un buen toro, memorias privilegiadas. Sin darnos cuenta, en los albores de la Feria, llegó una de los días señalados, don José Escolar Gil. Un encierro que metía miedo con su sola presencia, duros de pezuñas como es seña de identidad en la casa, aunque no llegó a romper en la muleta. Dejó para el recuerdo un buen toro, Bustillo II, motivo de perenne discusión entre aficionados, para unos estropeado por Rafaelillo en la muleta, para otros simplemente no lo llevaba dentro, se vino muy abajo.

Bustillo II en los corrales

  La Palmosilla debutó en San Isidro. Se ve a la legua que buscan el toro tonto de remate, de un circular detrás de otro... adiós, fue un placer. No se tienen noticias de animales bravos en el caballo de El Puerto de San Lorenzo, siempre correteando de aquí para allá en los primeros tercios, al final suele haber alguno que ofrece posibilidades a los espadas. Se antojan demasiado previsibles los atanalisardos, invitan al aburrimiento. Alcurrucén echó una corrida de toros potable el día de San Isidro, no así en la feria cultureta de junio, más estrechos que una bicicleta de contrarreloj.  Juan Pedro en Juan Pedro, dice que tiene un ordenador que predice los resultados toro por toro, debe ser que los de anonymous se lo tienen hackeado, desde hace unos cuantos años además.
 
  Llegamos a la esperadísima y expectante encerrona de Talavante con seis ejemplares de Victorino Martín en la que solo vimos uno propio de Madrid, dos a lo sumo, el resto demasiado terciaditos. Con lo que representa Victorino Martín en Las Ventas, va y echa esas liebres para la figura de turno, rebajándose como si de un ganadero ladrillero se tratara... mal asunto. Visto lo visto, el extremeño todavía sigue dando las gracias de que no arreara ninguno de verdad, impericia total y absulta.

Gran toro de Carmen Segovia, Lanzavientos. Ganadería vendida recientemente

  Fermín Bohorquez dio señales positivas, nos vale casi cualquier cosa porque viene de lo más profundo del pozo. No estaría nada mal recuperar el toro murubeño para la lidia de a pie, cualquier cosa con tal de salir de la monotonía ganadera. Carmen Segovia sorprende bajo la lluvia con uno de los toros de la feria, un sobrero con pujanza y nervio en la muleta, Lanzavientos. Nazario Ibáñez, por tercer año consecutivo, arroja buenos resultados. Estos Núñez no fallan, sin embargo, da la sensación que pasan desapercibidos. A mi Pedraza de Yeltes me gustó y mucho, debutó en Madrid con una corrida variada de comportamiento, apretando mucho en banderillas y, sobre todo, con mucha personalidad. Hubo un gran toro en la muleta, para Gallo, y una alimaña con la que David Mora hizo una de sus habituales inmolaciones, jugándose el pellejo con temeridad en lugar de lidiar y dominar con cabeza, claro que esto último es algo reservado solo a unos pocos y privilegiados ases del toreo. Esa misma tarde se vio otro gran toro, nuevamente desperdiciado por Gallo, con el hierro otrora de Aleas, ahora de José Vázquez, Amistoso se apodaba. Vaya tarde de Gallo, para cortarse la coleta y coger los palitroques.
  Parladé salió reforzado gracias a un toro, Grosella, y a los cojones de Fandiño, todo hay que decirlo. Es verdad que El Cid desaprovechó algún morlaco, al igual que Daniel Luque... bueno, Daniel Luque no desaprovechó nada, simplemente se limitó a estar en Daniel Luque. A la corrida le faltó un punto más de casta, cumplió sin más.

Dulce, de Pedraza de Yeltes. Buen toro

  Pasado el ecuador de San Isidro, se anuncia una de esas tardes de fuste con figuras en el cartel, lo cual lleva aparejado, por norma general, una tarde sin toros, en esta ocasión un petardazo más de Jandilla-Vegahermosa. Vaya añitos que lleva en Las Ventas, infumable de veras. Curiosamente Carmen Segovia, que venía de echar uno de los mejores ejemplares del ciclo en una de esas tardes de relleno, suelta un bicho de sobrero, para Morante, con un pitón ciertamente sospechoso por manipulación, qué cosas. Más figuras, en esta ocasión con Victoriano del Río, ganando el premio al encierro más completo en presentación y bravura como rezará el azulejo que van a colocar en el patio de arrastre, lo que da una idea de hasta qué punto hemos perdido el norte y la dignidad en esto del toro. Una cosa de locos. Me da exactamente igual que se lleve el premio fulano o mengano, la bravura es fuerza y es ataque, nunca será debilidad y huida. Para una persona inteligente, una mentira repetida muchas veces, sigue siendo una mentira.
  Montealto, después de varios años echando novilladas en buena sintonía de casta, debutó por fin con una corrida de toros. Cumplió el expediente sin grandes alegrías, toros probones de media arrancada. Aún con esas, Alberto Aguilar acarició la Puerta Grande de Madrid y a punto estuvo de conseguirlo. Chechu confirmó y sufrió un cornalón de caballo, se tomó demasiada confianza con un morlaco viejo, camino de los seis años y cara de viejuno, cuando estaba muy sobado y la faena tocaba a su fin. Cuartelero, uno de los toros más serios de la Feria. Alguno lo veíamos venir, no eran formas para con ese tipo de toro.

Cuartelero, de Montealto. Todo un señor

  La de El Ventorrillo fue una de esas tardes en las que sales de la plaza igual que entras. Arturo Saldivar cortó una de las orejas más vergonzantes que yo he visto, una faena festivalera compuesta de suertes accesorias y de adorno, sin dar un solo natural o derechazo. Antes de las corridas toristas, la empresa anunció una más de Jandilla, había que soportar la última penitencia para llegar a la parte atractiva de ganaderías que buscan la casta en puridad, sin sumisión a sindicatos toreros chantajistas. Otro escándalo más, ganadero y empresa se burlaron ostensiblemente de la afición. Huelga decir que la corrida fue remendada y los que vimos eran las sobras de los cercados, puesto que en otras plazas de primera categoría Jandilla echa otro tipo de género.

 Adolfo Martín vino a levantarnos la moral con un encierro de gran estampa que puso en la arena el peligro y la emoción del toro de lidia clásico. La terna tuvo mucha culpa en el éxito final de la tarde: Ferrera, Castaño y Alberto Aguilar estuvieron generosos y no dudaron en enseñar lo que llevaban dentro los toros. Siendo una buena tarde, faltó codicia en la muleta para terminar de redondear. Al día siguiente llegó Samuel Flores con una mansada de mucho cuidado. Como siga así habra que corregir el famoso Real Decreto 60/2001 y decir que el toro prototipo de Gamero Cívico es aquel que quiere volver a la dehesa a toda costa y sale de los caballos lanzando coces igual que un caballo de rodeo. Se jugó un sobrero de Aurelio Hernando, complicado y de arreones, estoqueado por Rubén Pinar. Dieron emoción y sentido a la tarde.

Marinero, de Adolfo Martín. Según los entendidos el toro más bravo de San Isidro; cantó la gallina en la tercera vara

  Fin de Feria con Cuadri. Decepcionó por falta de casta, en general muy aplomados. Salió uno de pelo castaño, Brigada, por el que el personal tomó partido. Le sentaron mal los primeros tercios y fue muy mal lidiado, al final ofrecía más garantías de ir al hule que de triunfo. La tarde quedará para el recuerdo por la histórica vuelta al ruedo de la cuadrilla de Javier Castaño. Bien está, todos ellos, con el matador a la cabeza, han rescatado la lidia íntegra del toro de lidia y no hay mejor sitio para reconocérselo que la Plaza de Madrid. Al que le pique que pida la de Adolfo y la de Cuadri y nos deleite con semejante recital.

  En la próxima entrega repasaremos el resto de la temporada.

viernes, 31 de mayo de 2013

Resurrección

Antonio Ferrera jugando con Baratillo, un señor toro

  Estos días de San Isidro, al finalizar las corridas indecentes que hemos visto día tras día, salían los aficionados de la plaza como muertos vivientes, marchaban taciturnos a sus casas, blasfemando sobre este espectáculo que están perpetrando los taurinos, empresa Taurodelta S.A. a la cabeza. Pero hoy, como algunos intuíamos, lo triste y anodino ha tornado en emoción, rito, valor, variedad, juego, riesgo; la Fiesta de los Toros en todo su esplendor. Las caras de los amigos que días atrás maldecían la Fiesta hoy se han iluminado, han vuelto a sonreír. La afición ha resucitado.

  Adolfo Martín presentó una señora corrida de toros a excepción del segundo de la tarde, escurrido y terciado. De salida se ovacionaron dos toros, primero y sexto, de lámina intachable. Como también se debió aplaudir al cuarto, Baratillo, Saltillo arcaico, ligeramente acarnerado y cornivuelto, un toro que transmitía pavor solo con su presencia.

  Pero esta corrida no hubiera sido apenas nada si no es por la torería y la generosidad de todos los hombres que se pusieron delante, especialmente Antonio Ferrera, así como Javier Castaño y su extraordinaria cuadrilla. En general faltó algo más de empuje y codicia en la muleta, no hubo ninguno verdaderamente bravo en varas aunque sí se vieron peleas espectaculares y todos muy exigentes para lidiar y torear de muleta.

  Aunque Ferrera no se entendiera demasiado con el toro que abrió plaza, burel blando, pegajoso por el derecho y más complicado por la zurda, durante toda la tarde, si acaso hubo algún momento para la distracción, ahí aparecía él, bien para ordenar la lidia, bien para colocar un toro en suerte a disposición del piquero, o para quitarlo presto del peto, haciendo planear las embestidas en su capote y rematar con medias verónicas de nota. Hasta en tres ocasiones nos deleitó en esta suerte de quitar al toro del caballo que destiló sabor añejo, torero y autenticidad. Mención aparte el tercio de banderillas que nos brindó con el cuarto, después de que el toro mostrara cierta renuencia para acudir a las provocaciones del piquero, demasiado aplomo, amén de hacer surcos en el suelo a fuerza de escarbar constantemente. Bien es verdad que cuando iba lo hacía con fijeza y poderío, colocando la cara para acometer al peto con celo, proporcionando un emocionante tumbo en el primer encuentro de puro poderío. Y seguro que esos dos encontronazos tan violentos fueron motivo de merma en los restantes tercios de la lidia. Como decía, Ferrera estuvo en maestro en banderillas. Primer par al cuarteo muy en corto, después de colocarlo él mismo con el capote que dejó plantado en los medios y que posteriormente lo uso para hacerse el quite a si mismo. Llevo el toro a punta de banderillas hasta la segunda raya para clavar un par de dentro a afuera tremendo. Y finalizó con un par pegado a las tablas, al quiebro, que no fue uno sino tres. Los palos quedaron bien reunidos, sólo le achacamos ese salto en el momento de clavar, sino hablaríamos de perfección, por lo demás rayó a un nivel magistral en cuanto a variedad, dominio del toro y sus terrenos. En la muleta hubo dos buenas tandas por la derecha, tirando del toro, la faena no cogió el tono que esperábamos, debido seguramente a la condición aplomada del toro en estos últimos compases -y en toda la lidia- porque Ferrera estuvo bien plantado y colocado en todo momento. Lo mató por arriba de estocada en la cruz algo atravesada. Oreja de ley.

  Javier Castaño sufrió una herida en la mano cuando toreaba de muleta al segundo, toro blando que quedó sin picar y se defendió en el tercio de muerte. Sin embargo, él y su cuadrilla pusieron la plaza en pie durante la lidia del sexto, que habría de lidiarse en quinto lugar si no se hubiera producido este percance. Tres puyazos en los que el toro tardeó, rajándose en el tercero, buscando excusas en los capotes. En los dos envites finales vimos el toreo en la suerte de varas, Tito Sandoval movió magistralmente el caballo y citó con la vara provocando la arrancada del toro con verdadero temple, igual que si lo hiciera el mejor de los toreros con el percal o la franela. Sublime. La ovación fue atronadora. La lidia continuó con tres soberbios pares de banderillas; David Adalid, que siempre ve toro, tenga la condición que tenga; y Fernando Sánchez, cogiéndolo en corto, andando en torero, dejó un par que provocó un clamor. Sonaron clarines para el tercio de muleta, con toda la plaza empujando, nos ilusionamos con el inicio de faena de Javier Castaño y algunos naturales largos y mandones que tuvieron eco en los tendidos en forma de olé ronco y seco. Ahí quedó, la faena nunca cogió vuelo puesto que Marinero tuvo a bien contener la euforia y esperar a Castaño dentro de dos días, cuando lleguen los Cuadri. Pero eso será otra historia.

  Alberto Aguilar sorteó el peor lote y no pudo refrendar las buenas actuaciones que ha cuajado esta Feria. El manso tercero fue muy descompuesto en la muleta y el quinto se orientó desarrollando mucho peligro. Le esperamos.

sábado, 25 de mayo de 2013

Victoriano del Río, figuras y Puerta Grande

  Las Ventas, toros de Victoriano del Río para Sebastian Castella, José María Manzanares y Alejandro Talavante. Sol y lleno de no hay billetes, los tendidos a rebosar, público de figuras. Se presentó un nutrido número de seguidores y partidarios deseosos de ver triunfar a sus toreros; la ponderación, la justicia, la equidad, son palabras desconocidas para toda esta turba de ultras enardecidos, mucho más peligrosos que cualquier aficionado de esos que llaman torista.

  Los toros de Victoriano, aunque de lámina desigual, estuvieron bien presentados, serios, con trapío, lo cual ya es mucho decir en un cartel de este tipo. Mansa de caballos y nobles toreables para la muleta en distintos grados.
 
  Abrió plaza un animal lesionado de una mano que Castella, con buen criterio, estoqueó con celeridad. En cuarto lugar deleitó a la masa con su archiconocida faena tantas veces vista, que todos los aficionados recitan de pe a pa; en esta ocasión más pueblerina que otras veces, enredándose con unos tremebundos circulares a un animal que admitía toreo fundamental, y del bueno. Por un momento pareció que nos iba obsequiar con el desplante del teléfono que algunos sólo hemos visto en foto, pero no, prefirió besar su mano y tocar la testuz del toro. Cortó una oreja.

  José María Manzanares sorteó un animalito más dulce que el merengue, de embestida pajuna y trote derrengado con el que pudo lucir su toreo de estilismo  en plenitud, ese que Ortega y Gasset decía que ocultaba el verdadero arte [el arte taurino está en agonía porque desde hace un cuarto de siglo entró en la zona etérea, remilgada y aniquiladora del estilismo]. Mató de una estocada recibiendo aprovechando inteligentemente las querencias del manso, de sobresaliente ejecución, llevando al toro toreado en el último lance de la lidia. Fue otorgada una oreja pedida mayoritariamente. Luego, parece ser que Manzanares se enfrentó a una fiera resucitada del averno taurino, pues no había manera que el hombre se impusiera al toro y de allí no salía nada en claro.
 
  Talavante abrió la Puerta Grande de Madrid cortando las dos orejas del tercero, bien es verdad que había petición sobrada y méritos suficientes para cortar la primera, pero la segunda, potestad del presidente, nunca debió concederse. Atendiendo al Reglamento Taurino, si la autoridad debe valorar lo sucedido en todos los tercios de la lidia, Talavante dio un recital de incapacidad y falta de recursos para lidiar un manso espantado en los caballos. Montó un buen guirigay moviendo los pencos desordenadamente. Era muy manso, pero no lo suficiente como para encerrarlo en tablas y dejarlo a merced del picador para arrearle un buen puyazo, esta vez sí, tapándole la salida. Así que el toro quedó crudito y a muchos hasta nos pareció de banderillas negras (qepd). En la muleta vino lo bueno y Talavante pegó tres o cuatro naturales soberbios, uno por aquí, otro por allí. El toro se lo echó a los lomos después del mejor natural que se ha dado en lo que va de temporada, cuando el Extremeño perdía la cara al toro y salía borracho de triunfo hacia las tablas, terreno que tanto gustaba al manso; otro detalle más de carencia lidiadora. A continuación vino el toreo por los adentros aprovechando los terrenos del toro, las bernardinas, y la estocada hasta la bola en la cruz. El toro tuvo su punto de nervio y de casta que calaba en los tendidos. Y al final, quedó la sensación que el bicho merecía una faena más rotunda, con más argumentos que los lances a favor de querencia y cuatro muletazos puntuales.
  Cerró la corrida un animal del demonio que, por lo que hizo Talavante con él, no tenía ningunas posibilidades, pero algunos tenemos nuestras dudas.

Así sale un torero ante sus partidarios en el siglo XXI
 
Pd. Queridos aficionados a toros, durante la lidia, olvídense de calibrar el pitón óptimo del toro, sea de la forma que sea, el 99% de los toreros comienza la faena por el derecho dejando bien claro "la verdad" con la que vienen a esta plaza.

domingo, 19 de mayo de 2013

Superado por los grises

  Desde el día que la empresa anunciara la encerrona de Talavante, a la sazón apoderados del torero, los aficionados hemos discutido largo y tendido durante el largo invierno que aún se resiste a marchar, hemos hecho muchas y diversas cábalas barruntando lo que pudiera acontecer en tarde de tanta expectación. Había opiniones de todos los gustos, tantas como tipos de aficionados: agoreros, triunfalistas, escépticos, cabales, pesimistas, optimistas, reservados... Estos últimos aportaban datos irrefutables, decían: "Plaza de Toros de Madrid, 6 victorinos, ganadería que Talavante nunca ha toreado", y se callaban. El resto nos mirábamos en silencio los unos a los otros y rápidamente nos abandonábamos de nuevo a la conversación haciendo mil y una conjeturas. El aficionado es iluso por naturaleza.
  Sin embargo ayer, cuando Talavante dio muerte al segundo de la tarde soltando la muleta y dando un sprint olímpico hacia el burladero del 10, volvíamos a la realidad de los toros, a la realidad de un torero que, efectivamente, no había olido la casta de los victorinos en la vida. En esos dos primeros capítulos ya habíamos visto como se inhibía de la lidia capotera, de vital importancia con estos toros; promulgaba la anarquía en los tercios de varas, abandonando las reses a su suerte y a la de unos picadores nefastos, sañudos, amantes de la paletilla y el espinazo; o despachaba al primero de una ominosa estocada envainada. Observamos también como Talavante era superado con capote y muleta por los grises, como el primero de la tarde, tras un inicio que orientó al animal, le ganó la acción a derechas en todo momento terminando por cabrearlo; o como fue incapaz de sacar una serie pulcra del segundo, toro malo, sí, como tantos otros con los que Fundi, Cid, Alberto Aguilar, Ferrera, Esplá, o Fernando Robleño, pelearon hasta imponerse aunque sólo sea en una tanda, antes de tomar la espada de matar con la cabeza bien alta.
 El tercero quedó en atisbo de faena grande por el lado izquierdo, y por momentos vimos esa mano izquierda del extremeño capaz de levantar al aficionado de la piedra en cada muletazo, pero ya digo que la faena fue un conato de lances puntuales y series de dos o tres muletazos, algunos excelsos y otros atropellados. Mató entrando bien, atravesando ligeramente el estoque, dando varios golpes de descabello antes de pasaportar al bicho, algo que quizás le privó de mayor premio que la ovación con saludos recibida.
  Aquellos naturales resultaron un palmeral en mitad de la inmensidad del desierto porque la tarde discurrió en la misma tónica que habíamos visto anteriormente, el torero ausente, inhibido y falto de recursos, esperando quizás el toro de carril que últimamente vemos con más frecuencia de lo deseado en la ganadería de Victorino. Intuíamos que el quinto lo iba a escoger el ganadero y raramente iba a fallar, así fue, pero aquello supuso el naufragio definitivo del extremeño. Se dejó torear de capa, fue manso y cuidado en varas, y a pesar de recibir una lidia aciaga el toro llegó a la franela y no paraba, humillando continuamente, sin echar una mala mirada a nadie. Sin ser toreado en ningún momento, con una estocada envainada y una media trasera muy tendida, este ejemplar, de nombre Plazajero, fue abroncado en el arrastre por el cada día más extraño y bipolar público de Las Ventas.

  El soso y descastado que hizo cuarto quedó inédito en manos del extremeño y el marmolillo que cerró el encierro era de nulas posibilidades para torear en redondo.

  En conjunto, imagen muy pobre de Alejandro Talavante con el animal de mil y un matices que se sale de lo acostumbrado y difiere de la monotonía ganadera que las figuras están imponiendo en la Fiesta. En ningún momento dio la sensación de dominar la técnica del toro de Albaserrada, de imponer la ley de su muleta. Ni bregó, ni lidió con la capa. Hubo un quite en toda la tarde, por chicuelinas (!). Mató mal. Las cuadrillas en la brega y los picadores, de pena. Un despropósito general.
  El ganadero se rebajó a las exigencias que supone una figura contemporánea en el cartel y trajo una corrida terciada, sin el cuajo y la seriedad que acostumbra en la Plaza de Madrid, salvando el cuarto y sobre todo el sexto. De juego: media casta, mansos en varas, y después de ver la actitud y aptitud del torero, ¡menos mal! Para ver un corridón de Victorino esta temporada, además del que ya echó en Arles, me temo que hay que ir a Bilbao.



Pd. El viento tiene la culpa de todo lo anterior. 

martes, 7 de mayo de 2013

Grises para San Isidro





Fotos web Victorino Martín

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 Fotos Emilio Pérez
 
 
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Toros reseñados para San Isidro, de Victorino y de Adolfo Martín, respectivamente. Quede claro que no sé qué llevarán dentro; sin embargo, por lo que se ve en las fotos, en cuanto a fachada, cuando normalmente los toros de la A coronada suelen venir a Madrid un punto por encima respecto a la gandería del hierro de la V, este año tiene pinta que se invierten las tornas...
 ¡Qué cosas!

viernes, 22 de marzo de 2013

El director de lidia: reflexiones sobre San Isidro y añadidos

La figura de Don Antonio Bienvenida, uno de los toreros con mayor honra, torería y vergüenza torera, testigo del dislate.
 
 Ya tenemos carteles para la feria del Santo Patrón, aquella que inventara don Livinio Stuyck para gozo y disfrute de la afición madrileña, pues no tenían un ciclo taurino del que poder presumir. Era de esperar que aquella genial idea, gracias al rigor de la afición y seriedad del toro, elementos que dan verdadera categoría a una plaza de toros y que desde tiempos remotos caracterizaron a las diferentes plazas de la Villa y Corte, rápidamente convertirían a San Isidro en la feria de toros más importante del orbe. Conjugaba afición, toro y presencia constante de las máximas figuras del momento, quienes competían entre ellos y dirimían durante San Isidro el cetro del toreo, midiéndose con los toreros que venían cogiendo cartel, e incluso concediendo algún capricho a la afición enfrentándose a las ganaderías que éstos estimaban de mayor respeto por su poder y casta. Con el tiempo, aprovechando que el viento soplaba a favor, el serial se hinchó y multiplicó su número de festejos, el abono madrileño se convirtió en un objeto de culto, un verdadero tesoro para cualquier aficionado a toros. Así, han ido transcurriendo los años y endegenerando hemos llegado hasta nuestros días.
 
  Hoy sobran abonos de Las Ventas porque hoy todo está del revés y ni siquiera percibimos el mínimo signo de mejoría. Nada más y nada menos que 35 festejos en 38 días, lo cual deja bien a las claras, desde un principio, que las pretensiones de la empresa no van ni muchísimo menos en favor del aficionado, que agradecería un ciclo más comprimido, con más grano y menos paja, sino de chuparle la sangre al mayor número de inocentes que, aprovechando el tirón de la decadente marca San Isidro, pasen por la plaza de Las Ventas en estos días de primavera y engorden los bolsillos del triunvirato empresarial que gobierna el coso. Qué es lo que ocurre con esta maratón taurina, pues que el público que cada día acude a la plaza es muy variable. Los abonados, salvo casos de excepción y ejemplar afición, no van a diario, regalan entradas, y esto da como resultado una plaza esquizofrénica, con criterios muy cambiantes y algunos días con arbitrajes que producen vergüenza ajena. La "crítica" tiene mucha culpa de que esto suceda porque ellos, además de informar, tienen la misión fundamental de formar y enseñar de toros, cosa que damos por perdida según están los portales y medios de comunicación taurinos. No hay cuerpo humano capaz de soportar la crónica de una corrida de toros simple y llanamente porque no hablan de toros.
 
  Las figuras, si las hubiere, no quieren oír hablar de Madrid. Ni están ni se las espera. No hay dinero suficiente en este país para satisfacer las necesidades de los astros taurómacos actuales, ni toros de suficientes garantías para que viéramos juntos en un cartel de Feria, pongamos por caso, a José Tomás, Morante y Juli. No una, sino varias tardes, como sucedía hace no tantos años. Quede claro que a mí, lo que cobren los toreros me parece siempre perfecto, pero esto es lo que hay. No queda atisbo de aquello que en los diccionarios taurinos llamaban "vergüenza torera". Los pocos que vienen, búsquenlos porque yo no los encuentro, cuantas menos tardes mejor. Madrid es una plaza inhóspita, que exige toro y, al parecer, la mayor parte de las veces no entiende de qué va esto del toreo ni por dónde se andan los modos y las formas más actuales. Madrid es una plaza chula, igual que sus paisanos, un coso que recibe con desconfianza a los sumos pontífices del toreo, porque así se lo han ganado históricamente a la par que el torero ganaba poder en detrimento del ganadero, y esto no gusta a los astros, acostumbrados al aplauso fácil en la mayoría de plazas del circuito. Ni compiten entre ellos, ni pelean con los pocos que ilusionan, ni se enfrentan a las ganaderías predilectas de la afición, salvando el honorable y asombroso caso de Alejandro Talavante con victorinos, tarde que todos esperamos ansiosos.
 
  Los ganaderos están jodidos. Soportan una legislación y regulación de las explotaciones que tranquilamente se podría calificar de antitaurina; unos precios desorbitados del pienso para engordar y dar lustre a sus toros; no tienen prácticamente ningún peso en la Fiesta y se deben a las demandas del torero, esto es, un toro con mirada triste que aguante trescientos cincuenta mil quinientos muletazos sin apartar ni una sola vez la mirada del trapo, un engendro de la selección que tampoco debe ser fácil de criar. Todavía nos queda algún revolucionario que permanece alejado de las cursiladas que hoy se buscan, afortunadamente siempre habrá ganaderos románticos respetados por los coletas e idolatrados por la afición. Éstos son los que sustentan el interés de los integristas, ganaderos que también lo tienen muy jodido en el putrefacto sistema actual, principalmente en todo el Pirineo meridional.
 
  Llegados a este punto, uno se pregunta qué hacer con el dichoso abono de ferias, qué utilidad tiene a la vista de los carteles, cuánto tiempo soportará el cuerpo semejante penitencia... Seguiré meditando.