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lunes, 15 de mayo de 2017

Las tres primeras de San Isidro

   Con un tiempo loco y un público más loco todavía hemos empezado este san isidro marathon 2017. Mínimo diez mil personas diferentes todos los días hacen de nuestra queridísima plaza un manicomio donde lo mismo te dan una orejita con escasa petición por una faena de derechazos aprovechando inercias, más un pinchazo; que se lía una pajarraca de las buenas por apuntillar un toro tras los tres avisos. Lo mismo se pensaban que lo devolvían al careo de la dehesa, no me extrañaría. Los abonados se han dado a la fuga durante los años de crisis, a la par que iban aumentando el número de festejos ‒unos visionarios‒ así que estamos como estamos. El que tenga muy desarrollado el sentido de la vergüenza ajena lo va a pasar mal.


La Quinta

   De esas corridas imposibles de calificar con un solo adjetivo debido a la complejidad de la misma. Conjunto que metía mucho miedo por su irreprochable trapío, si bien me sobró el sexto, pues descabalaba por una cabeza que hubiera hecho las delicias en La Vall de Uxó. Dura de pezuñas, cinqueña, desengañándose en cada lance, lo cual hizo que las lidias tuvieran un interés de esos que el aficionado a toros degusta interiormente. Si hubiera cumplido en varas estaríamos hablando de palabras mayores, lo cierto es que hubo no pocas dosis de mansedumbre en los primeros actos y todo un repertorio de espantadas, coces y peleas en los dominios del picador reserva.

   El primero tuvo un pitón izquierdo pastueño, por el derecho peligroso, apagándose rápido, Aguilar, incomprensiblemente, se cambió al derecho cuando la gente estaba entrando en la faena. Segundo orientado, duro en la muerte, se quedó crudo por no saber qué hacer con él y mandó a la enfermería a David Galván cuando intentaba pasar en redondo a semejante prenda, gracias a ese sinsentido que predomina en el escalafón actual de torear a todos los toros igual, sin atender a las condiciones que desarrolle. El tercero cumplidor en varas, toro guapísimo, Matajaca, aprendiendo en banderillas y bajo de casta en la franela de Javier Jiménez, con un pitón izquierdo suave, donde vimos las maneras de este torero, intentando dominar, y dominando las embestidas con mucha verdad y ajuste, llevando toreado al toro al natural. En cuarto lugar un toro estrecho de sienes, veleto, con cara de loco, que se dejó por el izquierdo, siempre midiendo y con poco empuje, Alberto Aguilar no tuvo su mejor tarde. El quinto que estaba anunciado como sexto le costo muchísimo llegar a la caballería, por el derecho no tenía un pase y, sin embargo, por el izquierdo tuvo una embestida alegre, hasta el final; Javier Jiménez estaba construyendo una faena más bullanguera que otra cosa hasta que tuvo la inoportuna idea de echarle la derecha, ahí el toro cambió por completo y dijo que nones. El sexto se dejó dar con la cara alta, Jiménez nunca le cogió el aire, no era fácil, pues sabía lo que se dejaba en cada muletazo y aquello nunca tomó vuelo. Se mató mal y con muchas precauciones, a Javier Jiménez se le vio pegando el toque hacia el pitón izquierdo, en vez de meter la muleta en el hocico para entrar por derecho.


Matajaca, de La Quinta. Precioso ejemplar


El Ventorrillo

   Esta ganadería que pasta en tierras manchegas venía con buen cartel debido a las dos corridas que echó la temporada pasada. Los aficionados la esperábamos y pensábamos que podría salir una corrida, o bien dura, o bien embestidora. Nada de eso, salió una mansada de tomo y lomo, de nulas opciones salvo quinto y sexto. Muy bien presentada, corrida muy seria y rematada con diferentes pelos y hechuras, destacando el tercero, recortado de lámina pero con un cuajo indudable; y el quinto, un salpicado que era toda una pintura, aplaudido de salida en cada tendido por donde iba luciendo el tipo.


Cetrero, una pintura de El Ventorrillo y la primera oreja regalada de la feria

   Eugenio de Mora sorteó un lote infumable y solo pudimos ver lo tramposo que es matando, estirando el brazo al máximo, inclinando el tronco, y sujetando la muleta de horrorosa manera para acabar tapando la cara al toro. Suele ser efectivo, esta vez ni eso. A Román las virtudes inherentes de la juventud y poco más, no se le ve concepto, torería, ni inteligencia. Con ese precioso quinto burel que comenté, de nombre Cetrero, Morenito de Aranda construyó una faena por el derecho aprovechando la inercia que dan las distancias, pero una vez que ligaba los pases fueron bruscos, trabados o por arriba. Cuando le echó la zurda se vio que el toro tenía media arrancada. Pinchó arriba entrando bien y en la siguiente lo mató. El pinchazo arriba haciendo bien la suerte resta lo mínimo, lo saben los buenos aficionados, el tema es que la faena no era de oreja, no había mayoría y el nuevo usía se arredró y sacó el moquero. Mal vamos si achanta una tarde así. Cetrero fue un toro voluntarioso de embestida corta, en absoluto para ovación tan sonora y ni por asomo de vuelta al ruedo como pidió algún insensato.


El Pilar

  En esta corrida empezamos a ver cómo algunos de los toros flojearon de remos, tónica que desgraciadamente intuyo que va a continuar con Montalvo y Lagunajanda los próximos días. Mejor que entrar en harina con los toros y empezar a ponerlos pegas, decir que la terna estuvo nefasta, todos tuvieron su cartucho y estuvieron muy por debajo. Urdiales con el que rompió plaza, que ya en banderillas se puso pegajoso sin que "El Víctor" fuera capaz de encontrar soluciones. En la pañosa del torero riojano sucedió lo mismo, el morlaco sacó castita y este solo consiguió ligar una tanda, a media altura, el resto de la faena se diluyó de esa manera tan privilegiadamente urdialesca en la que el toro no parece tan buen toro, aquello toma un halo hipnótico y nadie sabe lo que ha sucedido allí.
   Un manso con fuerza, huidizo, en segundo lugar para David Mora, con el que en vez de porfiar, buscarle las vueltas tratando de sujetarlo, torearlo por los adentros o llevárselo a chiqueros a ver si así, se dedicó a mirar al tendido encogiéndose de hombros. Luego vino el sainete con el quinto, que no paró de trotar en el último tercio y Mora lo muleteó periféricamente, dando solo medio muletazo, esperando que el toro se toreara solo. Una faena dantesca. Pero la bronca se la llevó por marrar una y otra vez con el descabello hasta que sonaron los tres avisos y el petardazo que había pegado con la muleta pasó de puntillas. 
   No puedo eludir el tercer par que colocó Ángel Otero a este segundo, y vuelvo a señalar, tercer par, con las complicaciones que esto conlleva. El valor de este torero y la capacidad que tiene para cuartear cuando le vienen los toros galopando es una cosa tremenda. El público se levantó de la piedra como un resorte, fue un momento de auténtica emoción. ¡Olé los banderilleros buenos!
    Garrido en estas dos últimas comparecencias que hemos podido verle ha pecado de lo mismo: está más pendiente de componer la figura que de poder a los toros, construir faena y llevarlos toreados. Así de simple. Sumémosle que viene con las faenas y los quites hechos del hotel, salgan como salgan los animales. Espero evolución porque se atisbaban muy buenas aptitudes no hace mucho, no obstante el capote que tiene es de categoría. El tercero de la tarde fue un ejemplar descastado e inválido que se echó en mitad de faena, pero el que cerró plaza, dentro de la embestida sosa que tenía, tuvo cualidades para torearlo con más brillantez y se lo pasó muy lejos. 


Otero iniciando el cuarteo de un par de los que dejan huella


Seguiremos informando.

lunes, 9 de mayo de 2016

Corrida con interés de Montealto

  Con más de media hora de retraso asomaron los espadas por la puerta de cuadrillas para hacer el paseíllo debido a las maniobras de acondicionamiento que necesitó el ruedo tras el aguacero. La gente ha perdido demasiadas energías protestando lo inevitable, ya dijo Pérez de Ayala parangonando el carácter español con el público de toros que es propio de nuestra naturaleza soliviantarnos con lo banal y tragar con lo que de verdad merece repulsa. El caso es que ni media plaza para ver la corrida de hoy, la tarde desapacible, mas el señor Eolo estuvo de tregua todo el festejo.

La corrida de Montealto mantuvo interés y si el orden de lidia hubiera sido otro la sensación al salir del coso hubiera sido completamente diferente, no es lo mismo lidiar un gran toro en primer lugar, como sucedió aquí, que hacerlo en quinto. Las hechuras de los animales no permitieron otra forma de enlotar, hemos visto tres toros muy bajos de inicio, primero y tercero acochinados, con unas anchuras de lomos exageradas. Y otros tres muy grandes, altos, apretados de los cuartos traseros y largos como una mañana sin desayunar. Duros de patas, solo adoleció de fuerzas el tercero porque el puyazo cayó en mal sitio y no paró de manar sangre, y aún así quedó por encima de José Manuel Mas. En varas, en general, tuvieron la peculiaridad de coger un primer puyazo poderoso, largo y encelado; pero muy a menos en el segundo encuentro, protestando, o saliendo rebotados y sueltecitos. Puede que administrando el castigo como es debido, en vez de cebarse y tapar la salida en el primer encuentro hubiéramos visto otra cosa. En la muleta hubo de todo: desde el codicioso y encastado primero, pasando por el incierto y duro segundo, aplomado el tercero, exigente el cuarto, descastado el quinto y el noble aunque poco voluntarioso sexto. 

Juan Bautista ha sorteado un lote para ponerse en figura del toreo. El primero de ellos de nombre Venturoso II, de salida evidenció lo claro y largo que embestía, el asunto era llegar en tan buenas condiciones a la muleta y milagrosamente así fue. Aunque perdió fuelle en el segundo puyazo no hizo nada de manso. Era una gozada verlo embestir. Bautista dio dos muletazos y medio con un toro de Puerta Grande, al natural deslavazado y con la mano derecha acompañando el viaje, haciendo el tiovivo. En los adornos muy pinturero, eso sí. Lo mató de una estocada recibiendo en buen sitio, perdiendo la muleta. A base de tirones y mucho porfiar, Rafael González y compañía se lo llevaron a morir a tablas, cayó, y el público pidió la oreja, pero la ovación más fuerte se la llevó Venturoso II. Estuvo muy por debajo del toro, también del cuarto, Caracol, que de babosa no tenía nada, este pedía el carné de torero, había que llevarlo muy toreado, mandar y tirar de él para no quedar en evidencia, que fue lo que sucedió con el torero francés. Acabó matando con trampas, haciendo la pantalla con la muleta.

Morenito ha podido dejar algunos retazos de su toreo de capa pero en conjunto no deja buen sabor. Su primer ejemplar fue un manso de arreones, incierto, de los que se lo guardan todo dentro. Le pegó un revolcón cuando iba a echarle la izquierda, el toro se lo quería comer y hubo unos segundos complicados hasta que Jarocho le quitó al bicho de encima a cuerpo limpio. Con la taleguilla hecha jirones y casi con las vergüenzas al aire tuvo mérito Morenito poniéndose delante de nuevo, sacando algunos muletazos. Después de una estocada rinconera y algo atravesada, el toro se vino arriba y se puso a dar carreras por el ruedo más fresco que una rosa. Fue necesario otra estocada desprendida para despenarlo y lo arrastraron entre división de opiniones; Morenito saludó desde el tercio. El quinto fue un toro mediano y deslucido, acortó muy pronto las distancias y el trasteo careció de brillo. Antes, en el segundo envite con el penco, el burel dio un buen trompazo entrando en corto que mandó a Héctor Piña a verificar el estado del piso.

Muy desdibujado José Manuel Mas toda la tarde, se le ha notado la falta de actividad en demasía. Estuvo por debajo de su primero, un toro blando, y sin decir nada con el noble que cerró plaza. Se pasó de faena y sonaron los tres avisos. El tercero de su cuadrilla, José Ángel del Saz, ha provocado rechifla por su baja estatura pero ha dado una lección magistral poniendo banderillas de sobaquillo, no es el modo más artístico pero a él le ha servido para salir airoso y ganarse las palmas del público. Para eso están los recursos.

Juan Bautista con Venturoso II, un gran toro

lunes, 28 de marzo de 2016

Mano a mano Morenito versus Fandiño

  Frisó media plaza para la corrida del Domingo de Resurrección en Las Ventas y aún la primavera, tímida, no termina de enseñorearse. En el cartel un apetecible mano a mano entre dos toreros con sustanciosa historia en Madrid, de contenido distinto aunque similar necesidad: la urgencia de contratos. 

  La corrida de Martín Lorca y su hierro hermano, Escribano Martín, mal presentada. Antiguamente se valoraban los encierros por lo parejo de hechuras, por la igualdad en la báscula y cosas por el estilo. El clasicismo de la época romántica. Ahora, entre los propios criadores quedan muy pocos que miren este tipo de premisas, unas veces por la incontinencia de encontrar un hato presentable en Madrid, otras por la presión de los reconocimientos, o simplemente por pura desidia y falta de honra. Hoy, como digo, una paleta de hechuras y conformación de pitones muy alejados entre sí. Desde el cornidelantero corrido en primer lugar, pasando por el engatillado segundo, el basto castaño que salió en quinto lugar y el que asomó para cerrar plaza, finalmente devuelto, una mole de carne con la altura de un caballo. En su lugar un sobrero de José Luis Pereda, que después de la inmensidad del ejemplar devuelto, parecía una culebrilla. Y claro, se llevó la bronca. 

  De lo que llevaban dentro cabe destacar el comportamiento del primero. Manso, sí, pero muy encastado y con poco de tonto. Fandiño quedó a merced por el viento en un quite, se llevó una paliza y el toro tomó buena nota. Embistió fuerte, codicioso, y acabó subiéndose a las barbas de Morenito cuando tenía una oreja en el esportón, después de dos tantas de naturales en las que destacaron dos lances profundos y mandones, con el empaque personalísimo de este torero. Antes aguantó bien el brío del toro por el derecho, pero como decimos intentó prolongar una faena que tenía su medida y lo acabó emborronando. Selló con un pinchazo y una estocada en las péndolas de fenomenal ejecución, de lo mejor de la tarde, pidió a la cuadrilla con buen criterio que dejaran en paz al bicho, que marchó de huida al burladero del cinco y tuvo una bonita muerte a los pies del matador.

La muerte del primero

   El tercero fue el otro burel a destacar, el resto suspende en bravura sin ningún paliativo. En el caballo se dejó pegar y el piquero señaló en buen sitio, aunque barrenó descarada y vilmente, sin que la afición lo advirtiera y lo censurara. Llegó entero y voluntarioso a la muleta de Morenito y por lo que hizo con el anterior se presumía que iba a darle fiesta, pero no. El viaje no era largo pero acudía con celo a las telas, repitiendo. El torero castellano no consiguió que aquello cogiera vuelo y al final del trasteo flotaba en el ambiente la superioridad del toro. Espejo de la faena recién culminada, lo mató de estocada caída saliéndose. 

  Para agotar la última bala se las vio Morenito con un toro desabrido que se orientó por el pitón derecho durante la lidia. Y hete aquí que empezó el tercio de muleta por la mano izquierda, como requería el bicho. Por causas de fuerza mayor, pero ya hemos visto a un coleta iniciar el trasteo al natural, seguiremos informando... Dos pinchazos y una desprendida remataron una tarde que apuntó alto de inicio para el torero burgalés y cayó en picado.

  Lo de Fandiño es otro cantar. Desde aquella mítica encerrona anda bloqueado y hoy, en su primer acto de presencia, lidiándose el que rompió plaza, quitó por saltilleras a uno que no se desplazaba y cuando quiso salir de la cara, en un apretón, el viento le jugó una mala pasada y lo dejó a merced, llevándose una fuerte paliza de la que milagrosamente salió sin cornada. Presentarse en un mano a mano para poner la plaza a revienta calderas y volver al callejón desorientado, con una paliza en el cuerpo. La dureza del toreo.

  Salió su toro y en la segunda tanda le arrebató la muleta, fijo en la tela, costó arrebatársela. Todo se desarrollaba a la contra y así iba a ser durante toda la función. Cuando tomó la de acero pinchó pasando como una exhalación y, a continuación, dio una estocada con saltito, al estilo Juli. Donde antes habíamos visto estocadas casi frascuelinas, ahora había ardid, trampa. Malos tiempos para el fandiñismo.

  Entretanto, durante la lidia del tercero, Fandiño apareció para hacer el quite del mismo modo que se había llevado el revolcón, es decir, un desquite. Salió muy acelerado y revuelto, improvisó como pudo y perdió -o tiró- el capote al rematar los lances. Para colmo Morenito replicó y en los delantales sacó a relucir la torería, calentando al público. Otro palo para el torero de Orduña, la tarde era un calvario.

  La segunda opción para Fandiño no fue tal. El señor piquero, Rafael Agudo, se agarró en dos puyazos traseros que dejaron al toro inválido. La gente se mosqueó y protestó, don Justo Polo no tuvo a bien devolverlo y el resto ya se lo imaginan. A Rafael Agudo, si por un casual llegara a leer esto, que no lo creo, se le recomienda encarecidamente leer este documento. 

  Con el sobrero de José Luis Pereda, que se movía como descoordinado, Fandiño puso voluntad. El animal se dejaba hacer pero el trasteo resultaba hueco. Sin embargo a la hora de matar se tiró sobre el toro encunándose, como hizo en otras ocasiones, solo que esta vez el animal se pasó a Iván Fandiño de un pitón a otro como si fuera un pelele. Al parecer no hizo carne. La estocada quedó muy trasera y caída del lado contrario y parte del público sacó pañuelos, sin duda sobrecogidos por la arrogancia  y la temeridad del torero vasco.
  ¿Hasta qué punto es legítimo semejante temeridad, el desprecio por la vida, cuando se convierte en un habito? ¿Cómo podemos valorarlo los aficionados? Responder a estas preguntas daría para un tratado de filosofía.

domingo, 20 de abril de 2014

¡Ahí va la liebre!

  Cuando todos preveíamos una corrida de toros de Los Bayones para el domingo de Resurrección venteño, por ese birlibirloque taurodeltiano, al final fue que no. Los Bayones, esa ganadería en la que curan un jamón ibérico de bellota de primerísima categoría (según me cuentan pues no he tenido el gusto de catar), pero no se tienen noticias de un toro que haya embestido por derecho. Luego marearon la perdiz al bueno de Gerardo Ortega, con todo el perjuicio que conlleva menear los animales bravos como si fueran paquetes de mensajería. Y final y oficialmente, nos dijeron que iba a ser una de Gavira, que no se corría en Madrid desde el año 2012, en la festividad de la Virgen de la Paloma, donde vimos un encierro duro y seco, y un torero madrileño, de corte clásico, que sufrió una aparatosa y grave cornada: Fernando Cruz.

  No fue esta como aquella de 2012, toda ella igualada y de pelos zainos. Hoy, sin embargo, hemos visto una escalera de corrida, de dispares hechuras y cornamentas, con dos ejemplares de pelo colorado. Todos ellos, salvando el sexto, salían de chiqueros y huían del encuentro con los picadores al grito de "¡ahí va la liebre!". Una apabullante forma de escapar de la refriega que ya quisiera para sí Esperanza Aguirre cuando le dan el alto los agentes de movilidad en la plaza de Callao. Mansos sin paliativos.

  En la muleta no tenemos muy claro lo que llevaban dentro, ya que hemos tenido coletas, como Curro Díaz, que no han tenido su día. Muy acelerado y descentrado toda la tarde, sin dar tiempo a que los toros cogieran aire, ni ofrecer esa distancia que los hace crecerse. Como siempre, obcecado en torear con la muleta montada por el derecho, se le fue un tiempo maravilloso con el cuarto de la tarde, en vez de ponerse al natural por el único pitón potable. Eso sí, al inicio de faena dejó tres o cuatro lances por bajo, arrebatados, de esos que hacen rugir la plaza y que, por otra parte, le convierten en un consentido de la afición venteña.
  El que abrió plaza, un pavo de gran remate, pechos prominentes y pitones veletos que metía mucho miedo, a la postre fue el que más se movió -junto con el sexto- permitiendo a Curro dar un par de tandas por el lado izquierdo enroscándose el toro. Con la espada un sainete; se dio el curioso caso de matar al primero con un segundo estoque, pues el primero se hallaba envainado y no hubo forma de poder desprenderlo de la piel del toro. 

  Morenito de Aranda se las vio con un lote deslucido que nunca acometió con franqueza, descompuestos y con media arrancada. Siempre con la mansedumbre de argumento principal. Lo mejor fue el quite por verónicas que dejó en el primer toro de la corrida. 

  El colorado que hacía tercero andaba con la fuerza justa y perdía las manos a la mínima. Muy protestado por los tendidos, el señor presidente Javier Cano hizo caso omiso y al final se verificó que el público tenía razón; un inválido. Señor Cano, háganos caso a nosotros que usted es un neófito. Con el sexto, un ejemplar de pelo negro a punto de cumplir los seis años, escurrido de carnes, montado, bien colocado de armas y astifino; Antonio Nazaré cometió el error claro de echarse la muleta a la mano derecha cuando estaba calentando los tendidos con unos naturales de mano muy baja, corriendo la mano y embraguetados. Tirando mucho de lumbares y extendiendo el brazo en exceso, forzando mucho la figura, al estilo julianesco. Pero ya digo que el error fue flagrante. Lo mató de estocada trasera de ejecución hábil, que no ortodoxa, provocando petición de oreja, a mi entender no mayoritaria, con resultado de vuelta al ruedo sin apéndices cárnicos. 

  Todos los toros se han llevado dos rigurosos puyazos, no hubo simulacros. Exhibieron mansedumbre huidiza y tres de ellos tuvieron faena de lucimiento en la muleta. En la caballería: José Antonio Flor, medio toreando a caballo con el sexto y agarrándose en buen sitio. En la infantería: Francisco Javier Crespo, muy valiente y lucido pareando al cuarto. Luis Carlos Aranda clavó par y medio, una pena. Los coletas mal, vulgares y poco avispados; salvamos a Nazaré por disposición y ganas.

Carabinero, el primero de la tarde, un pavo

jueves, 3 de mayo de 2012

Los Bayones

   La seriedad del sobrero de José Luis Iniesta

    Dejo algunos retazos de la tradicional corrida goyesca del 2 de Mayo, ruinosa para la empresa debido al escaso público congregado con aproximadamente un tercio de plaza. El aficionado de todos los días al fin ha tenido una merecida tregua en lo que al clima se refiere: temperatura agradable y ausencia de viento para bien del toreo. El cartel muy del gusto de la plaza con Fundi, Sergio Aguilar y Morenito de Aranda.

   Se anunciaban toros de Los Bayones que tuvieron que ser remendados con dos ejemplares del hierro secundario de la casa, llamado Abilio y Ramiro Hernández. El primero no era apto para la lidia y fue devuelto por uno de José Luis Iniesta, un señor toro de capa castaña, cinqueño, aleonado y muy serio; aquerenciado en los tableros del 4 en los primeros tercios y con lo justo para la muleta.
  El resto muy desigual de lámina, feotes. Segundo y cuarto sin el trapío que corresponde a esto de Atanasio-Lisardo-Domecq ni el remate que debiera en esta plaza. Tercero y quinto más en el tipo: bastotes y cabezones. Cerró el encierro un toro de Abilio y Ramiro Hernández, con cuatro años recien cumplidos, cara de niño y falto de seriedad. Cuidados y mansos en varas, sin fuerzas, chochones, nobles y rajados rápidamente para la muleta.

  Exquisita la lidia del primero por el Fundi, que fue a buscarlo a sus terrenos de salida desconociendo las reacciones que podía tener el bicho, capeándolo con muy buenas formas. Atendiendo a las querencias del animal, ordenó cambiar los terrenos al picador de tanda aunque el toro no se dejó y el tercio resultó deslucido a pesar de la inteligencia y buena disposición del espada. Faena justa y medida con la muleta, con dos tandas muy templadas por el izquierdo rematada con una estocada en la yema al segundo intento, de despaciosa ejecución.
  No podemos decir lo mismo de su labor con el cuarto, un ejemplar manso en el caballo, con media arrancada por el derecho y revoltoso por el izquierdo al que Fundi no logró imponerse, siendo incluso desarmado por el bicho. Lo despena de una media en los bajos.


Fundi no manda con el cuarto


  Sergio Aguilar se llevó el peor lote, el primero rajado y el otro un buey de carreta, y fue una lástima porque las maneras que apuntó con el segundo de la tarde, en dos tandas al natural, fueron de verdadera categoría. Como siempre ocurre con este torero, por unas cosas o por otras, nos quedamos con la miel en los labios...


Las formas de Aguilar


  Morenito de Aranda trajo muchas amistades a la plaza y sus méritos fueron valorados en exceso, lo cual no es impedimento para reconocer lo buen torero que es, con capote y muleta, tratando siempre de gobernar la embestida de los toros en redondo con los engaños muy por abajo. Él y su cuadrilla estuvieron toda la tarde muy pendientes de la lidia, intentando extraer lo máximo del ganado. Firmó el mejor toreo de capa de la tarde cuando paró al tercero a la verónica, sin embargo, planteó la faena de muleta equivocadamente por el lado derecho, ya que el toro era mucho más claro por el izquierdo como se vio en dos buenas series muy ceñidas que a la postre resultó lo mejor del encierro con la franela. Aprovechando las querencias dejó algunos muletazos por bajo de bello trazo, al más puro estilo Morenito. Estocada contraria atracándose de toro.
  El sexto perdía las manos cada vez que Morenito trataba de llevarlo humillado por donde él quería, es un torero que exige muchísimo a los toros.



Morenito siempre por bajo
 


  Mención aparte merece el tercio de banderillas protagonizado por Luis Carlos Aranda en el tercero de la tarde, torero que el año pasado no vimos por nuestra plaza. Pero ayer se desquitó, vaya que si lo hizo, y la afición también se sacó la espina tributándole una atronadora ovación levantados de sus asientos, emocionados, en la que por un instante el ruido era tal que parecía que la plaza estuviera llena a reventar.
  Fue ponerse en la rectitud del toro palitroques en mano y Luis Carlos parecía decir "aquí estoy yo de nuevo y ahora lo váis a ver". Dos pares por el pitón derecho a cual mejor, con una torería sin igual, cuarteando con una despaciosidad pasmosa, dejando los palos en la misma cara del toro. Y como la perfección es casi imposible de alcanzar en el primero tuvo que refugiarse en la tronera y en el siguiente tomó la honrosa decisión de no saltar al callejón.


Luis Carlos Aranda, torero de Madrid


  Tanto Sergio Aguilar como Morenito de Aranda usaron estoques con la empuñadura similar a una pala de cavar agujeros, que seguro ayudan a imprimir más fuerza al meter el brazo pero son muy desagradables a la vista.