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martes, 20 de septiembre de 2022

Tarde histórica de Robleño en Madrid

18 de septiembre de 2022. Desafío ganadero entre José Escolar y Hoyo de la Gitana para Fernando Robleño, Miguel Tendero y la confirmación de Luis Gerpe


          Los aficionados lo estaban esperando y tomaron buena nota después de lo que pasó en el segundo de la tarde, una faena de arrestos, de querer, con un toro descastado y renuente de Hoyo de la Gitana que pasaba midiendo. Todo lo que allí sucedió fue gracias a las mañas de Robleño, que tuvo que tragar tela y se impuso en todo momento. Un pinchazo arriba y una estocada rinconera dieron lugar al flameo de pañuelos, siendo el premio final una vuelta al ruedo soberana tributando toda la plaza un reconocimiento sincero. Cómo hacerle faena a un Graciliano con guasa, podría haber sido el título de la lección impartida.

Saltó el cuarto del festejo, un cárdeno que clareaba de José Escolar y, digámoslo de paso, el único de la tarde de este hierro con la seriedad irreprochable que gusta en Las Ventas, un señor toro. Desde que vio la luz en los pagos abulenses de Valdetiétar atendía al nombre de Camionero, bajo, aleonado, bien colocado de defensas, la única tacha para estamparlo en un cuadro es que el borlón de la cola escaseaba. La lidia fue toda a pedir de boca, se dejo capear de salida, el del castoreño lo cogió delanterito en los dos envites, sin cebarse, pues Camionero no andaba sobrado de poder. Luego los de los palitroques montaron un lío como no podía ser de otro modo tratándose de Iván García y Fernando Sánchez que, esta vez sí, cito de frente y arrancó el cuarteo desde la rectitud, a diferencia del par que puso al toro anterior. Sonaron los clarines para el tercio de muerte y qué podemos decir, aquello fue como entrar en otra dimensión, en un sueño de los que no se olvidan. Robleño compuso una faena con argumento, el de la pureza, escrupulosamente medida en su metraje, manteniendo la intensidad del toreo y la emoción de los que tuvieron la suerte de vivirlo a flor de piel, de principio a fin. Un trasteo fugaz y al alza constante, desde los muletazos genuflexos para someter al toro e iniciar la obra, pasando por los redondos con la mano diestra que prologaron la especialidad de la tauromaquia del torero madrileño, el pase natural. Los aficionados enloquecieron ante la cadencia y la verdad de aquellos naturales de pata palante y mano baja. Los adornos y los trincherazos dieron paso a la suerte suprema, dos pinchazos en la cruz y una estocada tumbaron a Camionero y poco a poco volvimos del arrobamiento. Todavía estamos recuperándonos, la huella que dejó aquella efímera faena a buen seguro que será imperecedera en la memoria de los aficionados.

Fueron dos vueltas al ruedo, las dos orejas que debería haber cortado, y toda una lección de tauromaquia con el toro bueno y con el toro malo.  Un antes y un después, probablemente el aldabonazo definitivo del torero de San Fernando de Henares en Las Ventas, el que le otorga galones ante la afición de Madrid. Porque el que lo hace, lo hace, y van unas cuantas.






















Fotos de la web de Las Ventas, Andrew Moore y Luis Sánchez Olmedo

viernes, 31 de mayo de 2013

Resurrección

Antonio Ferrera jugando con Baratillo, un señor toro

  Estos días de San Isidro, al finalizar las corridas indecentes que hemos visto día tras día, salían los aficionados de la plaza como muertos vivientes, marchaban taciturnos a sus casas, blasfemando sobre este espectáculo que están perpetrando los taurinos, empresa Taurodelta S.A. a la cabeza. Pero hoy, como algunos intuíamos, lo triste y anodino ha tornado en emoción, rito, valor, variedad, juego, riesgo; la Fiesta de los Toros en todo su esplendor. Las caras de los amigos que días atrás maldecían la Fiesta hoy se han iluminado, han vuelto a sonreír. La afición ha resucitado.

  Adolfo Martín presentó una señora corrida de toros a excepción del segundo de la tarde, escurrido y terciado. De salida se ovacionaron dos toros, primero y sexto, de lámina intachable. Como también se debió aplaudir al cuarto, Baratillo, Saltillo arcaico, ligeramente acarnerado y cornivuelto, un toro que transmitía pavor solo con su presencia.

  Pero esta corrida no hubiera sido apenas nada si no es por la torería y la generosidad de todos los hombres que se pusieron delante, especialmente Antonio Ferrera, así como Javier Castaño y su extraordinaria cuadrilla. En general faltó algo más de empuje y codicia en la muleta, no hubo ninguno verdaderamente bravo en varas aunque sí se vieron peleas espectaculares y todos muy exigentes para lidiar y torear de muleta.

  Aunque Ferrera no se entendiera demasiado con el toro que abrió plaza, burel blando, pegajoso por el derecho y más complicado por la zurda, durante toda la tarde, si acaso hubo algún momento para la distracción, ahí aparecía él, bien para ordenar la lidia, bien para colocar un toro en suerte a disposición del piquero, o para quitarlo presto del peto, haciendo planear las embestidas en su capote y rematar con medias verónicas de nota. Hasta en tres ocasiones nos deleitó en esta suerte de quitar al toro del caballo que destiló sabor añejo, torero y autenticidad. Mención aparte el tercio de banderillas que nos brindó con el cuarto, después de que el toro mostrara cierta renuencia para acudir a las provocaciones del piquero, demasiado aplomo, amén de hacer surcos en el suelo a fuerza de escarbar constantemente. Bien es verdad que cuando iba lo hacía con fijeza y poderío, colocando la cara para acometer al peto con celo, proporcionando un emocionante tumbo en el primer encuentro de puro poderío. Y seguro que esos dos encontronazos tan violentos fueron motivo de merma en los restantes tercios de la lidia. Como decía, Ferrera estuvo en maestro en banderillas. Primer par al cuarteo muy en corto, después de colocarlo él mismo con el capote que dejó plantado en los medios y que posteriormente lo uso para hacerse el quite a si mismo. Llevo el toro a punta de banderillas hasta la segunda raya para clavar un par de dentro a afuera tremendo. Y finalizó con un par pegado a las tablas, al quiebro, que no fue uno sino tres. Los palos quedaron bien reunidos, sólo le achacamos ese salto en el momento de clavar, sino hablaríamos de perfección, por lo demás rayó a un nivel magistral en cuanto a variedad, dominio del toro y sus terrenos. En la muleta hubo dos buenas tandas por la derecha, tirando del toro, la faena no cogió el tono que esperábamos, debido seguramente a la condición aplomada del toro en estos últimos compases -y en toda la lidia- porque Ferrera estuvo bien plantado y colocado en todo momento. Lo mató por arriba de estocada en la cruz algo atravesada. Oreja de ley.

  Javier Castaño sufrió una herida en la mano cuando toreaba de muleta al segundo, toro blando que quedó sin picar y se defendió en el tercio de muerte. Sin embargo, él y su cuadrilla pusieron la plaza en pie durante la lidia del sexto, que habría de lidiarse en quinto lugar si no se hubiera producido este percance. Tres puyazos en los que el toro tardeó, rajándose en el tercero, buscando excusas en los capotes. En los dos envites finales vimos el toreo en la suerte de varas, Tito Sandoval movió magistralmente el caballo y citó con la vara provocando la arrancada del toro con verdadero temple, igual que si lo hiciera el mejor de los toreros con el percal o la franela. Sublime. La ovación fue atronadora. La lidia continuó con tres soberbios pares de banderillas; David Adalid, que siempre ve toro, tenga la condición que tenga; y Fernando Sánchez, cogiéndolo en corto, andando en torero, dejó un par que provocó un clamor. Sonaron clarines para el tercio de muleta, con toda la plaza empujando, nos ilusionamos con el inicio de faena de Javier Castaño y algunos naturales largos y mandones que tuvieron eco en los tendidos en forma de olé ronco y seco. Ahí quedó, la faena nunca cogió vuelo puesto que Marinero tuvo a bien contener la euforia y esperar a Castaño dentro de dos días, cuando lleguen los Cuadri. Pero eso será otra historia.

  Alberto Aguilar sorteó el peor lote y no pudo refrendar las buenas actuaciones que ha cuajado esta Feria. El manso tercero fue muy descompuesto en la muleta y el quinto se orientó desarrollando mucho peligro. Le esperamos.

lunes, 8 de octubre de 2012

Feria de Otoño. La novillada


  Vamos a ver si soy capaz de ir desgranando, poco a poco, lo que en mi opinión ha sido esta Feria de Otoño. Un ciclo breve bien acogido por el abonado que, curtido a base de tardes plomizas en cantidades industriales, lo recibe como ese bombón racionado en casa del pobre, que siempre deja buen sabor y no empalaga.
 

Novillos de Alcurrucén - El Cortijillo; para Gómez del Pilar, Luis Gerpe y Gonzalo Caballero.

 
  En Madrid, hasta hace bien poco, al anunciar las novilladas se podía leer aquella coletilla pasada de moda que decía: "defectuosos y desechos de tienta". Y digo hasta hace bien poco porque tengo el cartel oficial de Taurodelta delante y observo que ha desaparecido. Sin embargo, a razón de los novillos que han echado, para la familia Lozano la frase de marras se encuentra en plenitud, si no cómo explicar tan penosa presentación en una casa que cuenta con un número ingente de cabezas.
  Se vieron los clásicos del Cortijillo tan abrochados que resultan indecorosos en Madrid (2º); la sardina sin carnes (2º y 5º); e incluso un ¿Núñez? de pelo berrendo, bajo y ancho de pechos (4º). En juego, como era de prever, tomaron el camino de la mansedumbre más deslucida que viene siendo costumbre en el hierro con forma de ancla. Salvamos el primero, de Alcurrucén, buen novillo; y el sexto, que haciéndole bien las cosas hubiera sido otra historia.
 
  Gómez del Pilar ha vuelto por sus fueros, igual que lo hemos visto en tantas novilladas de temporada, confirmando que la tarde dada en San Isidro con los de Guadaira fue mero espejismo. Desaprovechó el mejor animal de la tarde, el primero, de comportamiento muy Núñez, calentándose en el caballo y yendo a más en la muleta, con recorrido, suavidad y boyantía. Toreó desangelado desde el extrarradio de Madrid y vendió demasiado humo entre tanda y tanda para tan poco toreo. Inició bien la faena con el berrendo, sometiéndolo, y poco pudo hacer en redondo dado que el novillo estuvo a la defensiva durante toda la lidia. Gran tarde echó el tercero de la cuadrilla, Fernándo Sánchez, cosechando aplausos en banderillas.
 
  Luis Gerpe estuvo bien con el descastado y esmirriado segundo, sacándole todo lo que tuvo, toreando con verticalidad y con porte. Nada pudo hacer con su segundo pues no había oponente de puro descaste. Hay mucho que pulir por supuesto pero apunta cosas distintas, veremos cómo evoluciona...
 
Luis Gerpe encajando la cintura de muleta
 
 
   Cosa parecida sucede con Gonzalo Caballero, uno de los novilleros que más ha ilusionado esta temporada. En todo momento busca el toreo de frente, con las zapatillas apuntando al toro, pero aún falta el temple y el mando necesarios para construir el toreo en redondo. Vale que su primer oponente no valía un duro pero el animal que cerró la tarde merecía más, pese a mansear en el segundo puyazo, tuvo alegría en banderillas y buena embestida en los capotes. A base de tropiezos en los engaños y llevarlo corto, el novillo se puso áspero  y peligroso, poniendo al novillero en apuros en más de una ocasión. Dejó la mejor estocada de la tarde en los medios y el público no se enteró.
 
 
Gonzalo Caballero matando en los medios