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lunes, 25 de septiembre de 2023

Presidente y torero se cargan la corrida concurso


Reseña para la web y libro de crónicas de la Asociación El Toro de Madrid.


 

Domingo, 24 de septiembre de 2023, se ha celebrado en Madrid una corrida de toros concurso de ganaderías con un clima perfecto para ello. Y hay que especificar lo de “corrida de toros” porque al margen de esta tenemos otros dos concursos más a lo largo de la temporada, que son “corridas de novillos”, por obra y gracia del sacrosanto pliego de Las Ventas, ese que unas veces es ley y otras papel mojado. Algo más de ocho mil personas en el coso, podemos decir que además de guiris y aficionados recalcitrantes para este festejo incluso había público en la plaza, hay indicios para pensar que la masiva manifestación que hubo por la mañana en contra de la sumisión del Gobierno con los nacionalistas tuvo gran culpa de ello. Las ganaderías que se corrieron fueron las de Partido de Resina, Samuel Flores, Victoriano del Río en sustitución de La Palmosilla, ganadora de la concurso de 2022, Peñajara, José Escolar y Pedraza de Yeltes. Los toreros anunciados:

Serafín Marín. Dos pinchazos, estocada trasera y caída; TIBIAS PALMAS. Estocada con telonazo que hace guardia; TIBIAS PALMAS.

Rubén Pinar. Estocada, un golpe de descabello; SILENCIO. Estocada corta y un golpe de descabello; SILENCIO.

Gómez del Pilar. Tres pinchazos, estocada desprendida; SALUDOS CON DIVISIÓN (dos avisos). Media estocada suelta y un golpe de descabello; SALUDOS CON DIVISIÓN (un aviso).

 

Presidente. Sr. José Luis González González. Solamente el desatino mayúsculo acontecido en la lidia del sexto toro, cambiando el tercio contra toda razón, tratándose para más inri de una corrida concurso, es motivo suficiente para que no volviera a presidir un festejo en Las Ventas.

Tercio de varas. Destacó y fue muy aplaudido Antonio Peralta por su quehacer picando al cuarto de la tarde, el de Peñajara.

Cuadrillas. Muy bien banderilleando y lidiando al de Peñajara, Marcos Prieto y Diego Valladar con los palos y Manuel Macias con el capote. Fueron obligados a saludar.


**

 

Antes de pasar a reseñar lo que pasó con cada toro hay que hacer un comentario contra la empresa, veedores y personas responsables de las ganaderías y trapío que hemos visto en esta corrida concurso. Una vez más la falta de originalidad a la hora de reseñar y la desidia que transmiten. En este tipo de festejos, que solo se demanda un ejemplar por hierro se podría abrir el abanico y traer cosas distintas o ganaderías que carecen de ocasión para venir con seis ejemplares, darle un toque extravagante que llame la atención de público y aficionados. Se podrían exhibir los toros en el Batán, que para eso está, para darle mayor resonancia. Pero nada. Luego está el toro que ha traído cada ganadero, solo podemos salvar aquí el ejemplar de Partido de Resina y el de Peñajara, lo demás, se ha visto claramente, eran las sobras de las sobras. Esto revela claramente la dejadez de la empresa a la hora de reseñar y poner en valor esta corrida. Creemos que Madrid merece una corrida concurso de categoría, un acontecimiento para el mundo del toro que fomente la competencia entre ganaderos, que recupere la esencia y el sentido que tuvieron este tipo de festejos. Y ahora pasemos a lo sucedido en el ruedo.

 

La tarde dio inicio con aplausos de salida para el toro de Partido de Resina que, ciertamente era guapo y se daba un aire al concepto de Pablo Romero que tenemos en la cabeza: bien puesto de pitones, hocico chato, lomo recto, grupa ancha y desarrollada… también esa forma tan cansina de desplazarse y ese movimiento aparatoso de las patas traseras. Tan cansino que el animal rozó la invalidez, por decirlo de alguna manera, y podría haber sido devuelto perfectamente. Nos referimos a Cabañito (nº 33, 510 kg, 04/19; arrastrado entre pitos), cuya salida dio buenas muestras de mansedumbre, visitando toriles y mirando a los espectadores de barrera. Ya en el primer puyazo el piquero tuvo que fingir el castigo, háganse a la idea de la escasez de fuerzas que mostraba, transcurriendo el tercio de caballos entre las protestas y las demandas de los tendidos porque Cabañito se fuera de vuelta a los corrales. No lo tuvo a bien el presidente y la lidia continuó con las pasadas en falso de los banderilleros y la atonía del morlaco. Cogió la muleta Serafín Marín, cuya aparición nos traía recuerdos de juventud, y le ligó una serie a media altura, templada, que era justo lo que pedía el animal. Estuvo inteligente con el toro y lo toreó bien en dos o tres tandas redondas y rematadas. Cabañito estaba entre alfileres como hemos dicho, Serafín no sudaba con él, así que se empachó de toro y se pasó de faena conforme a la costumbre y cánones actuales. Dos pinchazos y una estocada trasera y caída pusieron a los carniceros a trabajar y ya no los volvimos a ver en la bocana del dos. El presidente fue protestado por no devolver el toro.

 

En esta jornada de domingo había más probabilidades de ver a votantes socialistas manifestándose en contra del propio partido socialista que un toro de Samuel Flores saliera bravo. Y así fue, puede que haya que remontarse al socialismo de Guerra y González, a monterías borbónicas en El Palomar, para encontrar un ejemplar realmente bravo en esta ganadería. El samuelón de hoy venía con la cornamenta consuetudinaria, lo que no traía eran carnes que compensaran semejante aparataje. El hombre que montaba a caballo le recetó una lanzada en el costillar, cosa que vino a descomponer del todo la acometida de Triana, pues así se llamaba el toro (nº 55, 520 kg, 12/18; pitos de despedida). De los garapullos reaccionó dando cabezazos a diestro y siniestro y abriendo el hocico en gesto de cansancio, y en la muleta pasaba sin humillar y siguió en la misma tónica de soltar la cara. Rubén Pinar tardó algunos lances en cogerle el son para que no le topara las telas, cuando lo hizo se lo pasó demasiado lejos de la bragueta y los que tienen la perspectiva más cenital, en las gradas y andanadas, se lo echaron en cara. Estuvo hábil cruzando exageradamente la mano de la muleta y la de la espada, dejando una estocada a la primera y un golpe de descabello.

 

Asomó por chiqueros el tercero, de Victoriano del Río, un toro mal hecho, feo, una mole de carne de pelo negro apodado Manisero (nº63, 580 kg, 09/18; aplausos en el arrastre). Un toro corretón que se pasó la lidia haciendo hilo, en el caballo se arrancó presto en el primer cite − puyazo en el costillar− y en el segundo acortaron distancias, haciendo una pelea más bien discreta. Su movilidad puso en aprietos a los banderilleros, si bien esta pujanza que ofreció el ejemplar de Guadalix fue bien aprovechada en los primeros compases de faena por parte de Gómez del Pilar, lo mejor el inicio genuflexo y algunos remates. Basó su actuación en la mano derecha y exprimió todo lo que pudo al Victoriano, que metía muy bien la cara no sin ciertas complicaciones. Al final de la faena una tanda por derechazos haciendo el tiovivo agarrándose al lomo del toro, muy jaleada, nos confirmó que, efectivamente, hoy había público en Las Ventas. Después del primer pinchazo entrando a matar el de Victoriano se fue acobardado buscando las tablas, detalle a tener en cuenta en una corrida de este signo. Sobre esta faena concluimos que Noé no estuvo por debajo del toro, tampoco brilló al nivel que Madrid demanda, su actuación fue agradable, correcta, y no pasó de ahí. Eso sí, emborronada por la espada.

 

El de Peñajara fue uno de esos toros que caldean el ambiente los días previos a su lidia, la espectacularidad de su trapío propició debates y pronósticos, multiplicados por el altavoz que otorgan las redes sociales. El suflé estaba en todo lo alto cuando el de Peñajara saltó a la arena venteña, la bellísima capa ensabanada botinera era coronada por dos pitones espeluznantes; su cuerpo, dada la simiente contreras, carecía de exageraciones. La ovación para recibirlo estaba servida. Atendía por Mexicano (nº 47, 518 kg, 11/18, algunos pitos de veredicto) y desde los primeros lances se apreció que tenía poco interés por acudir a los cites. Estuvo bien en la suerte de picar Antonio Peralta, Mexicano acudió en tres encuentros con el varilarguero, tardeando en demasía, escarbando y acortando las distancias, sin excesivo empuje en la pelea, no obstante ese galope codicioso una vez que se arrancaba entusiasma a cualquiera. Siguió parándose en banderillas y no fue por las mañas de la cuadrilla, pues estuvieron de lujo intentando alargar la embestida con la capa, y Marcos Prieto con los palitroques pareó con clasicismo a un toro que, como hemos reflejado, tenía una cabeza pavorosa. Llegó completamente parado a la muleta, poco o nada se podía hacer con tan escaso material. Serafín entró a matar con telonazo, la espada cayó atravesada y asomó la punta por el costillar de Mexicano, cuyo juego fue mucho más agitado los días previos que durante su lidia.

 

Pensábamos que el de Escolar era un candidato para poner las cosas en su sitio, pero al verlo asomar la gaita decayeron gran parte de las ilusiones. Otro toro feo, sin cara y sin aparentar, protestado de salida. Eso sí, humillando desde el inicio, la pelea en el caballo no dijo nada y tomó un segundo puyazo a menos. En banderillas cortaba el viaje y los banderilleros se dedicaron al arte del rejoneo a pie. El Escolar, de nombre Castellano (nº 58, 503 kg, 12/18; palmas de despedida), regaló varias embestidas al paso arando con el hocico por el lado izquierdo, la gente lo vio, pero Rubén Pinar no pudo exprimir ese pitón e insistió por el lado derecho. El de Valdetiétar se puso áspero rápidamente y Rubén Pinar lo pasaportó de una estocada corta y un golpe de descabello.

 

Para finalizar esta concurso otro toro recibido entre rumores de protesta, Sombrero (nº 25, 597 kg, 09/18, arrastrado en medio de una ovación), de Pedraza de Yeltes. Esqueleto grande y agalgado como corresponde, pero una carita y una expresión de niño chico que desmerecía el conjunto. Tocan para que salga el caballo y aquí vino todo el meollo de la corrida. El toro cogió una primera vara, por parte de Sangüesa, de una manera sublime, agrandándose, echándose sobre las patas traseras para dedicarse a meter riñones que aquello era una epifanía. Luego se fue disimuladamente a tablas buscando a los capoteros. Lo ponen para un segundo envite, se arranca al galope y se pone a meter riñones del mismo modo que había hecho anteriormente, definitivamente, algunos estábamos viendo a la Virgen de la Paloma. De repente, miramos al palco y asoma el pañuelo blanco, Noé había pedido el cambio y el presidente, el inefable presidente y sus magníficos asesores, lo habían concedido inmediatamente. ¡Qué era aquello, por qué! Nadie entendía nada, quedamos en estado de shock, por fin un toro que se crece de verdad en el castigo y, ahí estaban, poniéndole las banderillas. Se suponía que estábamos en una corrida concurso de ganaderías. No vimos el segundo tercio porque seguíamos en trance, las protestas arreciaban, Gómez del Pilar, el torero lidiador que acompaña al caballo metro y medio cuando sale al ruedo había pedido el cambio y, el presidente… ¡qué podemos decir del presidente! Siguió la bronca cuando el torero, después de todo aquello, brindó el toro al público. Sin más preámbulo, se puso de rodillas y ligó una tanda de derechazos en una cuarta de terreno y, los mismos que lo habíamos abroncado hacía unos instantes, batíamos palmas entusiasmados. Siguieron dos tandas emocionantes, en gran medida gracias a la arrancada poderosa del ejemplar de Pedraza de Yeltes, recordándonos a aquel tremendo Huracán lidiado el San Isidro del año pasado. Se vino muy a menos, puede que cerrarlo en tablas y acortar las distancias no le sentara bien. Para culminar Gómez del Pilar dejó media estocada soltándose rápido la espada, con el obstinado e indeseable acoso de los banderilleros tratando de derribarlo, el burel necesitó un golpe de descabello. Gómez del Pilar saludó entre palmas y pitos, y no era para menos. El mal sabor de boca que dejó esta lidia no se olvidará fácilmente.

 

El galardón para el toro más bravo de esta corrida concurso de ganaderías fue para Sombrero, ejemplar de Pedraza de Yeltes. Esperamos que regrese el próximo año y que nos dejen ver lo que los toros dan de sí en el tercio de varas.


El de Peñajara. Foto: Alejandro Lara




El ganador de la concurso, Sombrero, de Pedraza de Yeltes


Sombrero en varas. No tenía mal estilo


Gómez del Pilar con el de Pedraza, la serie de rodillas que puso paz después de la bronca durante la lidia


lunes, 26 de septiembre de 2022

La Palmosilla se lleva el gato al agua

 

Crónica para la web y el libro de crónicas de la asociación El Toro de Madrid.


Domingo, 25 de septiembre de 2022. Con un cuarto de entrada y tiempo agradable y otoñal se ha celebrado una corrida concurso de ganaderías dentro de la serie de festejos de cariz torista que vienen celebrándose los últimos años en el mes de septiembre. Con toros, por este orden, de Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral.

 

Javier Castaño. Pinchazo saliéndose y estocada delantera; SILENCIO. Estocada rinconera y unos diez golpes de descabello; PITOS.

Rubén Pinar. Buena estocada ligeramente trasera, SALUDOS. Estocada contraria; DIVISIÓN DE OPINIONES.

Gómez del Pilar. Estocada traserilla; SALUDOS. Pincha saliéndose, estocada corta, pinchazo y estocada honda caída; SILENCIO.

 

Presidente: D. Ignacio Sanjuán Rodríguez. Tuvo que cambiar el tercio de banderillas del primero de la tarde con tres palos debido a la infinidad de pasadas en falso que llevaban los banderilleros. Al primero de Juan Luis Fraile y tercero de Pallarés los cambió con dos puyazos, uno por blando y el otro porque el picador Juan Manuel Sangüesa lo inutilizó (esperamos que lo sancionara) cuando la premisa hoy era de tres entradas al caballo.

Tercio de varas: Mal, muy mal. Solo se salva la actuación de “Puchano” con el de la Palmosilla que casi puso más el toro y el jaco de su parte que el propio picador. El resto han venido a machacar a los toros sin valorar las condiciones, sin calcular que hay varias entradas y posibilidades sobradas de ir ahormando al toro paulatinamente. Juan Manuel Sangüesa, con el jugado en tercer lugar, arreó un leñazo al de Pallarés en el brazuelo y lo dejó inútil para la lidia, sin ver que el toro se estaba templando por momentos -embestía pastueño- y que no le sobraba alegría, quitándole todas las posibilidades a su matador; esperamos que fuera sancionado por ello.

Cuadrillas: Marco Galán estuvo bien con el capote todo el festejo, sin embargo los banderilleros Joao Ferrera y Mariano Ruiz dieron un sainete y un ejemplo de incapacidad en la lidia de burel que abría plaza. Por otra parte y a las órdenes de Gómez del Pilar, destacaron Ángel Otero, con un primer par primoroso, y Pedro Cebadera, con el tercer toro de la tarde siendo obligados a saludar.

 

Por orden de antigüedad de cada hierro rompió plaza el toro de Juan Luis Fraile (Gañanito nº 84, 576 kg. 04/18; silencio y algún pito en el arrastre), de pelo negro y de fachada más bien discreta, rehuyendo del capote de Javier Castaño y blandeando en los primeros compases. Evidenciaba falta de fuerzas y, tanto fue así, que al salir del segundo encuentro con el picador perdió las manos y el presidente, meditándolo, se vio obligado a cambiar el tercio. Las opciones que pudiera tener este Gañanito se fueron al traste conforme los banderilleros iban pasando en falso, incapaces de dejar cuatro palos en lo alto, el astado estiraba la gaita impidiendo que los rehileteros clavaran a la par que fue desarrollando sentido y reponiendo las energías, de manera que cuando Castaño cogió la muleta el de Juan Luis Fraile ya se sabía la tabla de multiplicar. Hay que decir que la actuación del salmantino ha sido todo un desastre por falta de pundonor y de capacidad, para replanteárselo. Recortó al toro en los lances de inicio, le pajareó dos tandas por el derecho desde la lejanía, con muchas precauciones y, sin enseñarlo al natural, se fue a por la espada para entrar a matar a paso de banderillas, ¡menudo recital!

Continuamos con el ejemplar de Fermín Bohórquez, elección que ningún aficionado se explicaba dado el pésimo recuerdo que dejó en Madrid la última vez que lidió a pie, allá por el mes de junio de 2018, dando una exhibición de invalidez y descaste. Embarcaron un toro muy en el tipo murubeño, voluminoso, que atendía por Reducido (nº 47, 556 kg, 02/2018; tímidas palmas en el arrastre) y en los primeros compases dio señales de su falta de fuerzas. En varas salió suelto en los dos primeros puyazos, si bien en el tercer encuentro se queda y no se naja; en banderillas se dedica a mugir y a abrir la boca observando parsimonioso como le ponen las banderillas. Sin sorpresas, el toro se dedicó en la muleta a lo mismo que hizo durante toda la lidia, es decir, a blandear. A esto hay que sumarle la buena condición que tenía, así que Rubén Pinar estuvo ahí, machacón, dando muletazos y más muletazos, una veces el toro perdía las manos, otras pegaba el derrote en el trapo y, las menos, Pinar le pegaba algún muletazo de buen trazo. La estocada, eso sí, fue superior y apreciada por los aficionados que le tocaron las palmas por ello.

Para Gómez del Pilar aguardaba un cárdeno de Pallarés de nombre Pantera (nº 92, 490 kg, 12/17; despedido con aplausos), recibido con algunos reproches porque no aparentaba gran cosa y, más todavía, después de que el ojo se acostumbrara al aparataje del toro de Bohórquez. Esto se olvidó pronto porque Gómez del Pilar lo esperó decidido en el tercio y le ligó un ramillete de verónicas de buen trazo, tres medias y una larga llevándoselo a los medios que puso a la gente en pie. El toro tenía una embestida muy templadita y humillada, asaltillada que dicen algunos, lo vio toda la plaza menos Sangüesa que, sin venir a cuento, le arreó un segundo puyazo en el brazuelo con dolo y premeditación que dejó al animal medio cojo y manando sangre el resto de la lidia como un guarro en la matanza. Gómez de Pilar quería lucirse con esa embestida dulzona, estaba a gusto, claro, y el toro muerto en vida. Así que se pasó de faena y el toro terminó por echarse merced a la escabechina de Sangüesa, quitándoselo de encima con una estocada pasada y saliendo a saludar por el conjunto de su labor: capote, lidia en varas y estocada.

José Escolar escogió un señor toro para esta concurso, Minerito (nº 10, 587 kg, 10/17, división en el arrastre), de apabullante trapío, terrorífica testa y mirada penetrante, recibido con gozo y con aplausos por los aficionados como no podía ser de otra forma. No sabemos si lo avieso de su condición era una cualidad que traía del campo o una creación de Javier Castaño y su cuadrilla durante la lidia. Y es que ya desde salida empezó dudándole mucho, incapaz de hacer que pasara en el capote y de enseñarlo a embestir. Antes de que saliera la caballería Minerito ya había dejado varios capotes para ponerlos en venta en el segunda mano. Era un pavo de Escolar así que lo de las varas lo estábamos barruntando: le pegaron tres buenos lanzazos, dos en el mismo agujero, sin que Minerito desarrollara trazas de bravo, y todavía lo quiso llevar Castaño para que le arrearan un cuarto puyazo que finalmente no se produjo. A duras penas consiguieron dejar cuatro palos los peones y Castaño, que no lo veía por ningún lado, lo probó un par de veces por el derecho era un prenda por el izquierdo y cogió la calle de en medio yéndose a por la espada de verdad, sin someterlo ni machetearlo. Duro de patas, el poderío de tamaño toro salió a relucir a la hora de morir, negándose a doblar con una estocada en lo alto Castaño necesito una decena de descabellos para acabar con la historia de este Minerito que, si bien no fue bravo, hace justicia a la leyenda de ese ganadero sin par que es José Escolar.

Se cumplió el aforismo de no hay quinto malo con el ejemplar de La Palmosila. El ganadero embarcó dos toros y aquellos que se decidieron por este Brasero (nº 38, 560 kg, 11/06, ovación de despedida) acertaron de pleno. Era cinqueño, negro, bajo y generoso de carnes, no impresionaba en demasía quizá por la comparativa reciente que teníamos con el de Escolar. Salió de la jaula muy vivo e incierto enganchando el capote de Rubén Pinar y en varas dio un juego interesante, romaneando en las tres reuniones que tuvo con “Puchano”, propiciando un tumbo en la primera de ellas. Recibió un castigo medido, no salió suelto, pero hay que tener en cuenta que antes de acudir a esa tercera vara buscó excusas y se fue a capotes, lo que no me terminó de convencer acerca de la bravura innata del astado. Se descompone al ser banderilleado, muestra la lengua y no llega nunca a tablas, lo que no fue óbice para que el de La Palmosilla diera un recital en la muleta, acometiendo incesante por ambos pitones sin echar una mala mirada. Embestía como un tejón y Rubén Pinar no consiguió templarlo en las primeras series, toreó mecánico y tirando líneas, despegado, lo que provocó el enojo de muchos. Gracias que lo mató bien, el toro lo merecía, aunque los peones lo atosigaron y estropearon lo que hubiera sido una muerte digna de tan notable ejemplar.

Con expectación venía el ejemplar de Sobral, cuyo historial como sobrero de Pamplona era conocido por muchos, un toro grande de espectacular pelaje ensabanado, botinero, capirote, que atendía por Cebadito (nº 55, 520 kg, 02/17, despedido con silencio). Se dejó torear con la capa antes de que hiciera aparición a horcajadas Aguado, dando un ejemplo más, el enésimo de la tarde, de cómo picar un toro sin atender a sus condiciones. Salió de najas Cebadito al sentir el hierro y cuando regresó Aguado se cebó de manera desproporcionada con el animal. Lo pusieron de nuevo, le arrea otro puyazo y Cebadito sale perdiendo las manos vaticinando lo que iba a pasar a continuación. El animal se fue desfondando progresivamente, acusando el castigo sobremanera, de modo que se aplomó en la franela de Gómez del Pilar, que no tuvo otra que abreviar y terminar con la historia de este espectacular toro de Sobral, cuyo desenlace ha resultado decepcionante para todos.

Antes de finalizar no quiero concluir sin señalar el recital que dieron Gómez del Pilar y Rubén Pinar con el capote poniendo los toros en suerte, especialmente este último. Manejaron los vuelos de manera primorosa, variada, ciertamente bella y efectiva, propiciando lidias alegres, vistosas y colocando los toros para que los picadores mostraran una vez más su incompetencia a la hora de administrar el castigo.   

El premio al toro más bravo se lo llevó el ejemplar de La Palmosilla, su picador el del mejor tercio de varas y el de la lidia quedó desierto.


Brasero, de La Palmosilla


Brasero. Foto: Javier Alvarado

El de José Escolar


¡Casi nada! Foto: Andrew Moore


La espectacularidad del ejemplar de Sobral. Foto: Alejandro Lara

jueves, 19 de septiembre de 2019

Robleño y Matorrito, de La Quinta



      No quería dejar pasar la semana sin atestiguar en el blog la tarde de emociones que vivimos el pasado domingo en la corrida concurso de ganaderías que la empresa tuvo a bien organizar, aunque el público no terminó de responder, bien es verdad que el temporal fue el protagonista hasta antes de celebrarse y que el festejo fue televisado por Telemadrid, cosa que con toda seguridad echó para atrás a mucha gente. 

Me limitaré a comentar lo que aconteció en el primer acto principalmente, pero antes me gustaría decir que la corrida no estuvo nada mal en lo que al apartado ganadero se refiere, fíjense hasta qué punto que no salió ningún manso declarado en varas y, de algún modo o de otro, todos se arrancaron al caballo en tres encuentros (a excepción del sobrero de Rehuelga, Rubén Pinar sabrá porqué). Ya es raro que en una concurso suceda esto o que al menos tres o cuatro toros no resulten unos pregonados.

La nota negativa fue la cornada y pitonazo en la cara que se llevó Javier Cortés por torear con firmeza a un bravucón, bronco y geniudo ejemplar de Marqués de Albaserrada que en un pase de pecho buscó al torero. Peligra la pérdida de visión de un ojo, así que desde aquí lo mínimo que puedo hacer es desearle la mejor de la suertes y que se recupere lo antes posible. 

Los picadores, como pronostiqué, dieron un verdadero recital de cómo no se ha de picar, especialmente agarrando a los toros penosamente. Son muy malos o tienen muy mala leche, una de dos. La gente se fue mosqueando progresivamente, un día más, y ya en el sexto tenían a la afición de uñas. 

Finalmente el toro de La Quinta se alzó con el trofeo al toro más bravo, no lo veo muy claro pero a alguien había que darle el premio. Uno de los toros más grandes que hemos visto esta temporada, precisamente de La Quinta, que tanto se jactan de que el toro de su casa es más bien chico y para venir a Madrid lo sacan de tipo, especialmente cuando -según los ganaderos- no funcionan las cosas en Madrid. El toro era monumental y ganó el premio gracias al torero que tuvo delante, no duden de esto, que no es otro que Fernando Robleño. 

Acudió tres veces al caballo con un trote cochinero, como si le costara moverse, de hecho al principio parecía que iba a ser blando pero fue un espejismo. El toro fue un prenda que marcó claramente los casi seis años que tenía, guardaba toda la fuerza dentro, y nunca pasó por las telas convencido y entregado. Cuando sintió el hierro simplemente se dejó pegar y no empujó de manera especialmente reseñable. 

En banderillas persiguió en algunos pares y mostró cierta codicia. A continuación, Robleño, con la sabiduría y la maestría que le mantiene al pie del cañón todos estos años, fue madurando a Matorrito, que así se llamaba el toro, y a pesar de que tenía un pitón derecho por el que se ceñía y cortaba una barbaridad, porfió por ahí a ver si se olvidaba y, sin terminar de desengañarlo por ahí se paso a la mano izquierda, su mano. Poca gente comenta el poderío y la verdad que tiene el toreo al natural de Fernando Robleño, pero continuemos. 

El pitón zurdo de Matorrito era el menos malo, como dije nunca pasaba convencido, y por ahí fue donde Fernando Robleño le robó a ese tren algunos muletazos que calaron en muchos aficionados. Por momentos, el torero madrileño escuchó algunos rugidos de Madrid. La faena no fue redonda ni mucho menos, pero no había ninguna duda que en aquella lid fue el matador el que se impuso claramente. Qué emoción.

La cosa se torció a la hora de matar, el toro no paraba quieto y no había manera de cuadrarlo, empezaron a sonar los avisos. Dos o tres pinchazos y una estocada corta, no recuerdo exactamente, todos ellos arriba y entrando sin contemplaciones, esto si lo tengo claro, y siempre se ha dicho que valen más, para los buenos aficionados, tres pinchazos arriba entrando bien que una estocada saliéndose. En uno de estos pinchazos el morlaco le arrancó una hombrera y si no es por el capote providencial de un subalterno Matorrito ya estaba dispuesto a comerse al torero cuando yacía en la arena. Al final sonó el último aviso cuando estaban apuntillando al toro y una mayoría de los concurrentes aplaudió fuerte al torero a pesar de la deshonra de los avisos. La emoción lo puede todo. 

Una nueva lección del torero de San Fernando de Henares, para el que lo quiera ver.


Saludos a la afición.





Foto: Susana Ortiz


Foto: Susana Gómez


Foto: Ana Escribano






miércoles, 15 de mayo de 2019

Un puyazo para sacar las vergüenzas


Mi crónica para la web de la Asociación El Toro de Madrid.



Primera de feria de San Isidro, con tiempo caluroso y algo menos de media plaza se ha jugado una corrida de La Quinta (encaste Santa Coloma – Buendía), cinqueña, guapa, muy seria y generosa de carnes. El sexto atacado. En general corrida encastada, que no brava, fuerte, empleándose en el peto aunque agarrados y renuentes al cite del varilarguero. Primero pastueño y chochón (silencio); segundo voluntarioso y complicado por el derecho (palmas); tercero encastado con viveza (palmas); cuarto encastado de buena condición (palmas); quinto espabilado, codicioso y a media altura (ovación); sexto metiendo la cara, soso y a menos (silencio).


Rubén Pinar. Pinchazo y estocada pescuecera saliéndose, silencio. Metesaca recibiendo y estocada, saludos con división de opiniones.
Javier Cortés. Estocada caída y tendida entrando con telonazo, saluda con escasa petición. Estocada a la atmósfera, estocada corta y dos golpes de descabello, silencio (un aviso).
Thomas Dufau. Estocada corta suelta, estocada pescuecera y estocada trasera, silencio (un aviso). Estocada trasera y caída, silencio.

Presidente: D. Trinidad López-Pastor Expósito. Sin complicaciones.
Tercio de varas:  Puyazos insistentes en la paletilla, traseros, algún navajazo y barrenar fue lo que aconteció en los primeros toros, el cabreo era monumental porque aquello tenía todos los visos de escabechina por parte de los del castoreño contra la corrida de La Quinta, hasta que salió a picar, rumboso y torero, Juan Francisco Peña, y puso la plaza en pie durante la lidia del quinto ejemplar por lo que explicaremos más adelante. La corrida, como queda dicho, le costó mucho ir al jaco una vez que ya habían tenido el primer contacto, pero al sentir el hierro empujaban y no salieron de najas.


La primera de esta luenga e inflamada feria que nos espera será recordada, por mucho tiempo, por el impresionante puyazo que agarró Juan Francisco Peña, habiendo sido descabalgado previamente por el fuerte encontronazo que propinó Fogoso a la cabalgadura, haciendo honor a su nombre. Citó de largo, tiró el palo y picó arriba, a la par que el cárdeno iba desde la distancia al galope y daba un terrible topetazo, pudiendo Juan Francisco sujetar al bicho y aguantar a horcajadas a duras penas con todo el peso de su cuerpo en el estribo izquierdo mientras el toro recargaba y apretaba con pujanza. Extraordinaria ejecución. La gente en pie aplaudiendo desaforados, manicomio en los tendidos. Luego movió el caballo con soltura y citó dando los pechos. Al terminar el tercio, una vez comprobamos que lo de Fogoso no era arrancarse de largo y rechazaba por activa y por pasiva todas las invitaciones del bueno de Juan Francisco, daban ganas de bajar al callejón y darle un abrazo. ¡Eso es picar un toro, sí señor!

Aquello tuvo aún más mérito teniendo en cuenta los antecedentes con los que se estaba desarrollando el festejo en varas. Juan Francisco Peña puso valor y dignidad a su oficio sacando todo el brillo y la grandeza al noble arte de picar toros, se distinguió frente al resto de sus compañeros, los cuales parecía como si estuvieran confabulados y hubieran venido hoy a Madrid a acabar con la corrida en el primer tercio. Afortunadamente no fue así porque los toros de La Quinta resistieron bien las sangrías de esos matatoros con castoreño y, para más vergüenza, chaquetilla de oro. Los espadas no supieron aprovechar las posibilidades que dieron, que no fueron pocas, y al finalizar el festejo la sensación es que no había habido una sola tanda de auténtico dominio e imposición.

Rubén Pinar retomó su versión más vulgar de hace unos cuantos años, transmitiendo apatía con el rompeplaza, un toro que tenía sus posibilidades, sus veinte muletazos si se le buscaban las vueltas y se le daba buen trato, pero ahí no pasó absolutamente nada. El cuarto fue el toro más franco en la muleta, al menos por el pitón derecho, al que Rubén Pinar estuvo enganchando continuamente al relance y por las afueras, dejando mucho espacio entre ambos. Bisutería.

El segundo de la tarde fue un precioso ejemplar aldiblanco, aplaudido de salida, con el que Javier Cortés dio algunos naturales estimables sin terminar nunca de redondear y cerrar una serie de cabo a rabo. Por el derecho se quedaba corto, y cerró la faena con un muletazo tan brusco que dejó al toro echado. Estuvo generoso en demasía colocando en varas al asaltillado que hizo quinto, también recibido entre aplausos. La distancia para la primera vara superaba los diez metros así que en la segunda, el ya mentado Fogoso, terminó en la boca de riego y nunca se quiso arrancar. Se movió mucho en la muleta sin terminar de humillar, Javier Cortés puso ganas, pero aquello nunca tomó aire de toreo caro y en ningún momento logró meterlo en el canasto.




El tercero de la tarde, de nombre Coronel, fue un toro que embistió con fiereza toda la lidia, haciendo hilo a los rehileteros y embistiendo con brío en la muleta de Dufau, que solo sacó una tanda por el lado derecho de inicio y el resto estuvo a merced de lo que Coronel quiso, sin conseguir bajarle los humos ni hacer que entrara en vereda. Un toro encastado al que había que castigar para después torear. Para concluir, un ejemplar atacado de kilos y soso que al inicio de faena se vio que metía muy bien la cara, para torearlo despacio las quince arrancadas que tuvo antes de apagarse del todo, cosa que, como imaginan, Dufau no hizo.

El encierro tuvo las peculiaridades que distinguen al toro cinqueño de Santa Coloma. Miradas torvas, listas y desafiantes. Se dejó poco con el capote, se colaban en los de pecho o si veían el hueco, hacían hilo cuando sentían posibilidades de coger, echaron la cara arriba a los banderilleros y en la muleta había que tratarlos muy bien y ser muy ducho en el encaste, ya que penalizaban los errores. Para especialistas en sangre cárdena, pero, ¿los hay? La terna se empleó a la hora de matar, tratando a toda costa de clavar sin dar muchas pasadas para que los animales no se pusieran imposibles.

Al final, nos llevamos un grandísimo puyazo que puso la plaza a flor de piel. Esperamos que el resto de picadores que lo contemplaban desde el callejón del tendido tres, al menos, pasaran vergüenza cavilando lo que habían hecho ellos en comparación con Juan Francisco Peña, picador de toros.





domingo, 21 de septiembre de 2014

Y Pablo Romero volvió a Las Ventas

Corrida de toros de Partido de Resina para José María Lázaro, Pérez Mota y Rubén Pinar.


  Gran ambiente en Las Ventas para ver los toros de Pablo Romero, ahora Partido de Resina. La mejor entrada fuera de abono que yo recuerdo esta temporada y muchas caras de aficionados habituales. Y eso que la terna era de baratija, si llegan a anunciar toreros del caché de los Rafaelillo, Robleño, Alberto Aguilar, Ferrera, Urdiales, etc. seguramente hubiéramos visto media entrada, pero claro, a estos toreros hay que pagarlos, y la empresa no está por la labor de hacer esos esfuerzos. Después andan quejándose de que el personal no va a los toros...

Foto Juan Pelegrín

  ¿La corrida? Pues oiga, una pintura. Seguramente los pablorromero no son tan pablorromero como lo eran hace veinte años, pero esporádicamente salta alguno que hace gala de aquel apelativo con el que estos animales eran conocidos: Los toros guapos. Hoy hemos visto varios de esta clase, cuarto y quinto los de más guapura, ambos ovacionados de salida. Segundo y sexto también muy aplaudidos. Toros redondos, rematados de pitón a rabo, de hocicos chatos, bien puestos de armas, que despiertan la admiración de propios y extraños. El Toro. 
  ¿Y cómo se comportaron? Sin duda, mal. No ha sido la mejor corrida que hemos visto de este hierro, pero tampoco la peor. Sin llegar al nivel de las novilladas que precedieron a la seria y encastada corrida del 2010, pero mejorando el desastre del encierro del 2011, para más inri en San Isidro. Hoy penalizó y mucho la casta, la ausencia de esta quiero decir. Mansedumbre y falta de codicia el principal defecto, y en algunos toros la falta de fuerza. No obstante, hay que añadir que la suerte de varas ha sido un condicionante y una auténtica infamia durante toda la tarde. Exceptuando a Francisco Vallejo con el quinto, lo demás fueron más lanzadas que puyazos y se agarraron en el espinazo y en los bajos la mayoría de ellos, echando a perder las posibilidades de lucimiento de los espadas claramente. Es incomprensible porque los toros no mostraron en ningún momento una fiereza o poder especial que motivara (si es que hay alguna motivación para hacer esto) esos viles puyazos en los tercios de desangrar que los picadores, con el consentimiento de los matadores, nos han brindado. En banderillas esperaban y apretaban a tablas y los de infantería pasaron un quinario sin saber cómo solucionar los problemas que planteaban. Dos toros salvaron la honra de la divisa: Cristalero II y Cubanito, primero y quinto del encierro.

  El primero del que hablamos se enceló en el primer puyazo y acabo derribando; y en el segundo peleó con cierto calamocheo. Fue el de mejor comportamiento en varas sin ser nada extraordinario. Tuvo buen tranco en la muleta las tres o cuatro tandas que duró, Lázaro lo aprovechó por la derecha toreando con cierto desmayo y buen gusto, y cuando le quiso echar la izquierda ya no tenía toro. Una estocada desprendida no fue suficiente porque el burel se creció a la muerte y dio mucha guerra, necesitando varios golpes de verduguillo. José María Lázaro es un torero que vemos con frecuencia en el domingo a domingo de Las Ventas, probablemente sea la mejor lección para aprender los intríngulis de esta complicada afición y así lo percibimos en detalles que José María nos dejó. Como colocar los toros en suerte en el caballo; las distancias, los tiempos y la medida en la faena de muleta; o aguantar y recibir las tibias palmas desde el callejón, las mismas que se convierten en pitidos si sales al ruedo a recibirlas. Una actuación muy digna e inteligente que solo pudimos valorar con el primero, puesto que el cuarto fue inutilizado por el picador Manuel Cordero en la querencia de chiqueros, por lo cual espero que haya recibido la multa correspondiente.

Lázaro y el empaque con Cristalero II

  Pérez Mota poco pudo hacer con el segundo, manso, descastado y a la defensiva continuamente. Bien es verdad que porfiar en redondo con este tipo de ejemplares no es lo más conveniente. El quinto, Cubanito, no era un toro de caballos, pero sí ofreció juego en la muleta y con un poco más de fuerza estaríamos hablando de un gran toro en este tercio. Sin terminar de acoplarse y de poner toda la carne en el asador, Mota dejó algunos muletazos de muy buen trazo, sin terminar de consolidar la faena. Dejó una estocada desprendida entrando con decisión y salió a saludar. A mi modo de ver la faena no tuvo consistencia, solo algunos pasajes brillantes.

  Ruben Pinar pasó inadvertido con un manso de tablas y huidizo, y un pavo para cerrar la tarde que se aplomó en la muleta. Para no variar, penosamente picado.

Cubanito, en quinto lugar, ofreció buen juego en el último tercio

  Esperamos volver a ver pronto estos toros, por juego vemos otras ganaderías mucho más tediosas que repiten tengan el resultado que tengan. Por presencia, a los Pablo Romero no los gana ninguna.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Decepcionan los ibanes

  Parecía que iba a ser un buen encierro del hierro madrileño después de ver el juego del primero de la tarde, Camarito, negro, sacudido de carnes y apretado de pitones. Salió embistiendo codicioso en el capote de Robleño, acudió alegre al caballo, lo sacaron rápido, y aunque protestó una barbaridad en banderillas, tuvo varias embestidas para hacer las cosas con lucimiento. Robleño le dio distancias en las primeras tandas por el derecho, dejando ver el trote de Camarito, pero lo más lucido llegaría por la mano izquierda en una serie en la que el torero madrileño le buscó muy bien las vueltas, dando un paso para colocarse en la rectitud, pasándolo ceñido al natural. Quizá debió echarle antes la zurda, ya ha dejado patente más de una vez que borda el toreo por esa mano. Camarito rápidamente acortó el viaje, se quedaba a mitad de la embestida, pero, al fin y al cabo, fue un toro mediano.

  Después se fueron torciendo las cosas. El segundo, un toro serio, de bellísima estampa, muy en el tipo de la casa, era de pelo colorado encendido y embistió humillando de salida con gran codicia. Tomillero. Galopó a los cites de Luis Miguel Leiro, que no tuvo su día tirando el palo, puesto que en el primer envite clavó en los pulmones del animal, corrigiendo tan horrendo puyazo seguidamente. Bolívar lo dejó largo para un segundo encuentro, acudiendo el morlaco al galope. Morreaba el peto Tomillero y salió sin huir de la pelea. Pensándolo mucho, embestió de largo y poderoso al capote de brega, y protestó como los mansos al sentir los rehiletes, sin apretar a los peones. Al llegar a la muleta arreció el viento y la lluvia. Bolívar lo intentó en el tercio pero Tomillero acudiá en oleadas, pegando brincos y soltando cabezazos al cielo, de principio a fin. Hubo una tanda de mucho mérito por la derecha en la que logró gobernar los arreones sin que le tocara la pañosa, el resto fue verdaderamente deslucido. Tomillero murió al abrigo de las tablas de media estocada, tendida y trasera. Fue bravo en varas pero bajó sobremanera el resto de la lidia, quizás acusó la infame lanzada que recibió en varas, nunca lo sabremos. 

  El resto del encierro no tuvo mucha historia, toros malos, con la particularidad que han acudido prestos a los cites de los picadores y no salían rajados, que ya es mucho decir en los tiempos -de coces- que corren. El tercero manso, descastado, se desentendía de la muleta de Rubén Pinar. El cuarto reculó en el segundo puyazo; aplomado y sin celo en el tercio postrer. Quinto inválido. El sexto hizo buena pelea en varas, luego muy a menos, sin codicia en la muleta. 

   La corrida perfectamente presentada, los más serios segundo, cuarto y el rematado sexto.
  Destaca la brega y los pares de Ángel Otero, sin llegar al nivel de ayer. Gustavo Adolfo García brilló también pareando al quinto. 
  Bolívar hizo un quite providencial a Alberto Martinez al comenzar el tercio de banderillas del sexto.

  La terna ha colocado los toros extraordinariamente para calibrar la bravura en los caballos. Se ha visto torear bien a casi todos los picadores aunque colocando muy mal los puyazos. Han pagado tanta generosidad, pues una parte del público ha aplaudido la mayoría de los toros al arrastre, premios que nunca merecieron. 

Robleño dando distancias al primero, después todo se torció

jueves, 18 de julio de 2013

Céret de Toros. José Escolar

  Terminaba el miniciclo francés con la corrida de José Escolar, triunfadora en Céret los dos o tres últimos años. Los días previos al festejo, se habló mucho de la presencia del encierro, la corrida se exhibía en los corrales de la plaza y, claramente, se veían dos o tres sardinillas. Los rumores decían que vino un camión a última hora con un par de toros, los cuales tampoco convencieron a la exigente afición francesa. Todo apunta a que el ganadero ya había exprimido la cabeza de camada en todas esas plazas de España y Francia donde había lidiado anteriormente, y es que los toros abulenses de José Escolar son muy demandados por los aficionados de todo el orbe taurino, ansiosos por ver la autenticidad del toro de siempre, ese que legitima y da sentido a este tinglado que llamamos Fiesta de los Toros.  
  Finalmente se confirmaron las sospechas y vimos un encierro desigual, los tres primeros justos, muy justos, el resto cuajados, serios, eso sí, sin mucho desarrollo de armas. El primero llevaba una cornada en la paletilla izquierda y fue devuelto, así como el sexto, que blandeó de salida, aunque Matías -que también presidió esta corrida- se apresuró con el pañuelo verde y debió esperar a ver cómo evolucionaba. El primer sobrero fue de Escolar y el segundo de Fidel San Román (antes de este último fue devuelto otro por inválido, también de Fidel San Román).
 
  Los toros de José Escolar, al contrario de lo que sucede con otras divisas que admiten todo tipo de terrenos, lidias, enganchones y marrullerías varias... aprenden, desarrollan sentido y se ponen ásperos cuando los de a pie no hacen las cosas como conviene, es decir, son toros en el más puro sentido de la palabra. Fernando Robleño mata toda la camada de Escolar y lo sabe mejor que nadie, su cuadrilla está prevenida, sabe lidiar, y él sabe hacerlos, consentirlos y exprimir todo lo que llevan dentro. Salió triunfador cortando una oreja del cuarto tras una faena de muchos quilates. 
  No sucedió así con Fernando Cruz, él y su cuadrilla llenaron el ruedo de pánico y anduvo a la deriva toda la tarde. El torero madrileño aún no ha recuperado el sitio que le quitó un toro de Gavira.
  Rubén Pinar se limitó a hacer lo mismo que en una plaza de pueblo de su tierra allá en La Mancha, esto es, pedir el cambio en varas rápidamente, prolongar las faenas de muleta hasta el infinito y salir a saludar o dar la vuelta al ruedo a la que se oye el zumbido de una mosca.





  El primero bis, un toro ligero y cornicorto de nombre Capitán, tomó tres varas con casta de Juan Alfonso Doblado, arrancándose al galope antes de escarbar y olisquear la arena. Robleño lo había parado en el saludo capotero, lo colocó bien en varas y cuajó una faena inteligente por el derecho, sacando muletazos de mucho mérito. Capitán se creció en la muleta, cazaba moscas por el izquierdo y se revolvía como un gato en los remates de pecho, así que Robleño jugó muy bien las bazas que le quedaban, quitándoselo de en medio de una estocada corta y una gran estocada rinconera. Palmas para ambos.
 



  El segundo, Castellano II, sin hacer un mal gesto en toda la lidia, sembró el pánico en el ruedo y recibió tres puyazos de muerte, con un tres en uno en el primero y una carioca en el segundo encuentro por parte de Rafael Saúco. La cuadrilla pareó mal y a toda prisa, y Fernando Cruz no hizo más que pajarear antes de tumbarlo de un bajonazo precedido de un pinchazo. Aplausos para el toro.



 

  El tercero estaba haciendo una buena pelea en los dos primeros puyazos que cogió de Agustín Moreno, quien hizo muy bien la suerte, pero incomprensiblemente Rubén Pinar pidió el cambió y Matías lo concedió. Se protestó por ello, y Rubén Pinar hizo una faena vulgar basada en la nobleza del pitón derecho del toro. Pinchó y dejó una estocada en la cruz. Aplausos para el toro y vuelta al ruedo para Pinar sin que nadie la pidiera.





Camorrista fue un señor toro, muy serio de hechuras y juego, sin duda uno de los toros de la feria. Tan solo entró dos veces en la jurisdicción del picador, siendo castigado muy trasero y sacado por las cuadrillas rápidamente, con buen criterio. Aquí también echamos en falta, al menos, un tercer puyazo que esclareciera la verdadera bravura de Camorrista. Se le dio buen trato en banderillas y Ecijano II saludó una ovación. El toro presentaba todas las complicaciones del encaste en la muleta, si bien era agradecido en la sabia muleta de Robleño, que estaba haciendo una faena brillante hasta que se echó la muleta a la mano izquierda por segunda vez, cuando parecía que no lo iba a intentar más, después de una tanda al natural en la que el toro protestó muchísimo. Fue en ese momento cuando vimos los mejores lances del fin de semana, nadie en la plaza lo esperaba, Robleño se acercó al toro y pegó cuatro o cinco naturales tremendos, soberbios, de esos que permanecen indelebles en la memoria del aficionado. Fue como una alucinación: naturalidad, verticalidad, medio pecho, compás abierto, pata alante, bragueta y mano baja. Los tendidos se llenaron de emoción y sonrisas; el toreo. Media estocada en la yema entrando derecho y un golpe de descabello le valieron con creces una oreja. Camorrista fue ovacionado y Robleño paseó la oreja entre vítores, demostrando una vez más porqué  es el ídolo en una plaza tan seria y exigente como Céret.
 





  El segundo de Fernando Cruz fue otro toro maltratado en varas con dos cariocas, ante la pasividad del matador, quien se confió después de unos templados muletazos de inicio y sufrió un revolcón en la primera tanda, aparentemente sin consecuencias graves. Después pudo dejar dos tandas de derechazos aseadas, pasaportándolo de un pinchazo y media en buen sitio. Cuidadoso quedó inédito.
 



 
  En la foto superior vemos el toro de Escolar devuelto por su presunta invalidez, de nombre Corredor II. Finalmente se lidió el ejemplar que vemos sobre estas líneas, un toro voluminoso de Fidel San Román, feo de cara. Cumplió en tres encuentros con la caballería y no paró de embestir en la muleta de Rubén Pinar, por ambos lados. La faena no caló en los tendidos, seguramente por el estilo anodino y periférico del diestro. Estocada en buen sitio y saludos, nuevamente por su cuenta, con ademán de vuelta al ruedo que no llegó a producirse.