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jueves, 3 de septiembre de 2020

Varillo, de Gavira

 




Varillo, de Gavira. Nacido en marzo de 2011 y estoqueado el domingo 20 de marzo de 2016, por tanto, cinqueño. Nº 46, 498 kilos de peso. Es el toro de la confirmación de alternativa en Madrid de Juan Ortega. Un toro manso en el caballo y mediano para la muleta con el que Juan salió a saludar al tercio tras estoquearlo, principalmente como muestra de cariño tras su presentación en Las Ventas como matador de toros, además de la torería que ya atesoraba por aquel entonces.

Observen la seriedad del toro, burel que rompió plaza, también temporada, y que fue aplaudido de salida. Gavira es una ganadería con marcada personalidad cuyos toros han dado momentos señalados los últimos años, destacando por el intachable trapío con el que presenta sus corridas en Madrid. Chapó por el señor ganadero. 

En este festejo salió por la Puerta Grande Curro Díaz, un triunfo ganado a pulso con torería y valor no exento de generosidad, especialmente en su primera faena. Cortó una oreja del sobrero de Torrealba y otra a uno de Gavira. 

Han pasado solo cuatro años y se me hace muy lejano. Aquel día inauguré la temporada en la grada del siete y dejé crónica para el blog que pueden recordar pinchando aquí.




viernes, 26 de abril de 2019

Juan Ortega


     Anda toda la afición venteña revuelta e impactada tras corroborar la grandeza del toreo de Juan Ortega, cuya actuación el 15 de agosto del año pasado hizo que se corriera la voz en los mentideros y el espada cogiera buen ambiente. Muchos no lo pudimos ver por la dificultad de la fecha o por presenciar la última corrida del Conde de la Maza en Cenicientos, como fue mi caso. Contrastados aficionados insistían que aquella actuación en plena canícula madrileña tuvo una categoría superior y diferente a lo acostumbrado, pero cuando uno no lo ve con sus propios ojos siempre tiene un margen de desconfianza. 

El pasado Domingo de Resurrección Juan Ortega regresó a Madrid y aquellos que no le habíamos visto no tuvimos otra que congratularnos y dar la razón a los amigos que nos habían puesto sobre aviso. La corrida de El Torero no valió nada por falta de fuerzas a excepción del sexto. Las imágenes de la faena de Ortega no trasmiten lo que se vivió en la plaza porque el toro desluce todo con sus constantes caídas, y en la plaza también, dirán ustedes. No, la plaza estaba desbordada por la torería de Juan Ortega. 

Es muy complicado explicar el toreo cuando cala, no obstante voy a intentarlo. Los argumentos que expuso Juan Ortega el Domingo de Resurrección se sustentaron en una torería añeja, propia de los tiempos de oro y plata del toreo, en una forma dramática de entrar y salir de la cara del toro, de improvisar el toreo de adornos, y una suerte de pureza, arte y clasicismo que cautivó a los allí presentes. Ganarse al público de esa manera con aquella birria de toro está al alcance de muy pocos, de hecho, si lo mata en condiciones hubiera cortado una oreja. La espada quedó caída y muchos no sacaron el pañuelo. La vuelta al ruedo fue a instancias de los aficionados.

Hacía tiempo que no quedaba así de impresionado con un torero, en verdad no sé si antes me había pasado. Seguiré atento su carrera, seguro que no son todo agasajos y se irán descubriendo debilidades. Solo pido, y no es poco, que esa torería que vimos el pasado domingo desemboque en garbo y naturalidad, cualidades que echamos tanto de menos; y no en manierismo y afectación superflua, tan habitual hoy día. Y otra cosa, respeto a la profesión, al toro y al aficionado, es decir, vergüenza torera.

Juan Ortega, un torero. 












Saludos a la afición.

domingo, 20 de marzo de 2016

Primera del año, Curro por la Puerta Grande

  Domingo de Ramos, primera de temporada con toros de Gavira y Puerta Grande para Curro Díaz. No pasa todos los días. Calentó los tendidos el torero andaluz en una tarde desapacible por el frío -la empresa puso un horario tardío para esta época del año- y nos dejó retazos de toreo caro, aderezados por la pinturería que atesora cuando se siente inspirado y ve los oponentes con lucidez. Tarde, por tanto, ideal para reencontrarse con la afición. 

  La divisa color merengue embarcó una corrida con cierta desigualdad, pero bien hecha, muy seria, imponente por delante y por detrás. Toros rematados de los cuartos traseros, que no es baladí. Ovacionado de salida el veleto y astracanado que rompió plaza y temporada, Varillo; de gran cuajo y trapío el tercero, largo como un tren, con un pitón derecho que era una guadaña. En este sentido no queda otra que felicitar al ganadero; otra cosa hay que decir si entramos en la parcela del comportamiento que desarrollaron en el platillo. Todos ellos mansos en varas, salían rebotados de la suerte y se marchaban de espantada al caballo de la querencia. De los que desorganizan la lidia y hay que banderillear en los terrenos de toriles. Corren tiempos de mansinobles, el bravo se cotiza caro. 

  El primero tuvo un viaje corto y tres o cuatro tandas en las que acudió pastueño antes de venirse abajo. Fue devuelto el segundo por un puyazo caído que hizo estragos, sustituido por uno de Torrealba (los sobreros de Taurodelta es un caso para estudiar aparte), un colorado mansurrón que no molesta a nadie y queda muy franco en la muleta. Tercero y cuarto igual de mansos que sus hermanos, desarrollaron nobleza atemperada. Y quinto y sexto descastados y aplomados, no valían un duro. 

  Juan Ortega no supo aprovechar las embestidas que le ofreció el toro de su confirmación antes de que se apagara, en ningún momento cogió vuelo el trasteo. El público lo sacó a saludar en una muestra de sensibilidad. Después se encontró con un marmolillo sin posibilidades. 

  David Galván no me convenció. Vino con la faena hecha desde casa. El mismo quite por chicuelinas en dos toros, perdiendo los trastos al rematar; el comienzo con el pase cambiado por la espalda con un toro que hasta el momento había sido incierto, resultando cogido en la pantorrilla derecha, de la que se veía perfectamente cómo le corría la sangre por la media. Cuando mejor estaba toreando, al natural, se puso a dar circulares, continuando con las manoletinas, como si estuviera en Cantalapiedra de Arriba. Dejó una estocada trasera pasando como un rayo, cortando una oreja ampliamente solicitada. No pudo salir de la enfermería y ahí quedó la historia. 

  Muy generoso el público con la primera oreja que le pidieron a Curro. La faena estuvo repleta de muletazos soberbios, de enjundia, pero todos ellos en lo accesorio. Los de pecho, las trincheras y los derechazos de perfil, ligados sin solución de continuidad, acompañando y componiendo figura torera. Mucha guarnición y poca carne. Mató de media en el hoyo y dos descabellos. 
  Otra cosa fue lo del cuarto. Transcurría el trasteo por los mismos derroteros de los chispazos, los remates excelsos, cuando se echó la muleta a la mano izquierda y ligó dos tandas entre las astas del bicho, mandando en la arrancada, pasándoselo por la femoral. Sensacional. Arreciaron los olés más graves. Curro miraba con complicidad a los aficionados que se encontraba en el siete, ahora sí. Se volcó en el morrillo del toro, la estocada fue de las que valen una oreja por sí sola. No dejó escapar la oportunidad y suma su segunda Puerta Grande en Madrid. Enhorabuena.   

  Para ir rematando consignamos que la torería de plata anduvo muy aseada, ligera, y en algunos pasajes brillante, para las complicaciones que plantearon los toros. Ya vendrán tardes de incapacidad y rechifla en esas desastrosas novilladas que programa la empresa...

  Todas las faenas principiaron con la muleta montada por la derecha. Habrá que ir fijándose en esto, no puede ser que el 100% de los toros desarrolle mejores condiciones por la diestra. Hay que venir con más verdad a Las Ventas.

  La nueva grada joven repleta, qué alegría tanta mocedad en los toros. De momento anduvieron fríos, como la tarde. Ya tendrán tiempo de calentarse.

Curro, a lo suyo