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jueves, 3 de septiembre de 2020

Varillo, de Gavira

 




Varillo, de Gavira. Nacido en marzo de 2011 y estoqueado el domingo 20 de marzo de 2016, por tanto, cinqueño. Nº 46, 498 kilos de peso. Es el toro de la confirmación de alternativa en Madrid de Juan Ortega. Un toro manso en el caballo y mediano para la muleta con el que Juan salió a saludar al tercio tras estoquearlo, principalmente como muestra de cariño tras su presentación en Las Ventas como matador de toros, además de la torería que ya atesoraba por aquel entonces.

Observen la seriedad del toro, burel que rompió plaza, también temporada, y que fue aplaudido de salida. Gavira es una ganadería con marcada personalidad cuyos toros han dado momentos señalados los últimos años, destacando por el intachable trapío con el que presenta sus corridas en Madrid. Chapó por el señor ganadero. 

En este festejo salió por la Puerta Grande Curro Díaz, un triunfo ganado a pulso con torería y valor no exento de generosidad, especialmente en su primera faena. Cortó una oreja del sobrero de Torrealba y otra a uno de Gavira. 

Han pasado solo cuatro años y se me hace muy lejano. Aquel día inauguré la temporada en la grada del siete y dejé crónica para el blog que pueden recordar pinchando aquí.




domingo, 16 de octubre de 2016

Buenos palhas para terminar la temporada

  Toros de Palha para Fernando Robleño, Arturo Macías y Alberto Aguilar.

  Se acabó. La esperada corrida de Palha, que se hizo de rogar tras el aplazamiento, significó el fin de temporada. Ocho meses desde aquel primer festejo en el que Curro Díaz abrió la Puerta Grande, hemos visto pasar de todo, bueno, regular y malo. 

  Buena corrida de toros en conjunto, hubiera dejado una visión muy distinta de haberse lidiado los superiores primero y segundo en otro orden. Por conformación, el encierro ha tenido dos mitades bien marcadas, los tres primeros, negros zainos, finos de cabos, con esqueletos contenidos y caras muy serias, tanto de pitones como de miradas. Serios, muy serios. Y los restantes, altos de cruz, con carnes y bastotes. 

  Inaceptable la lidia con los dos toros que abrieron el festejo, recibiendo ambos sendos puyazos de muerte merced a la entrega y el empuje con el que respondían, cumpliendo con creces en la muleta a pesar de ello. De haber puesto voluntad la infantería, a buen seguro hubieramos visto unos tercios de varas espectaculares. Otra vez será... 

  Robleño se fue de inicio a portagayola, inconcebible con lo corraleados que estaban los toros, hubo voltereta y afortunadamente solo sufrió una herida de caracter leve. Saltillo II embistió cadencioso desde salida, empujó fijo en el caballo largo tiempo en ambos puyazos, sin huir, y en banderillas parecía afligido, protestando y sin celo por los banderilleros. Se vino arriba y tuvo un buen pitón derecho y un izquierdo por el que tiraba hachazos. Robleño estuvo voluntarioso pero con excesivas precauciones por el pitón bueno, quizá fue más meritorio cómo obligo al toro a pasar al natural a pesar de que se le tiraba al pecho. Metió la mano hábilmente, dejando una estocada caída y tuvo que saludar, digamos que por una labor aseada. 
  El burraco, segundo de su lote, fue un manso declarado y una borrica en la muleta. Nada que reseñar. 
   Esta no ha sido la mejor temporada de Robleño, sin duda, habrá resurgimiento. 

  Macías se las vio con uno de los toros de la temporada, Saltillo I. De primeras parece que no quiere pasar, al caballo acude como un misil y empuja en dos varas muy largas en las que el picador se ceba en demasía. Quitaron Macías y Aguilar por chicuelinas, lo cual tiene más mérito por parte del toro. En banderillas saca un berreo como de manso y poca codicia durante el tercio. Pegajoso por el derecho, Saltillo I era un dechado de casta, queriéndola coger por abajo. En la segunda tanda Macías se ve superado por el toro y cambia de mano, percatándose que iba más templado por la zocata, lado por el que continuó la faena, siempre perfilado, en la oreja, pésimamente colocado. Le dio una estocada en el sitio, menos mal, porque un toro tan encastado no merecía un sainete a espadas, y tuvo una muerte muy aplaudida, siendo arrastrado por las mulas en medio de una gran ovación. 
  El quinto fue un negro mulato que salía despedido de los caballos y tuvo una embestida corta, sosita, pero con posibilidades. No en manos de Macías, que no tuvo el día. 

  Alberto Aguilar ha echado una gran tarde, siempre con la cabeza muy despejada. Empezó la faena con el tercero al natural, cosa nada desdeñable en los tiempos que corren, prevenido por lo que había observado durante la lidia. Se trataba de un ejemplar recortado de lámina, hecho cuesta arriba, con una cabeza pavorosa, que no puso mucho empeño en los caballos. Aguilar estuvo jugando con el toro, cambiando de mano varias veces, intentando desengañar el sentido que desarrolló rápidamente. Era un buen pájaro. Lo vi muy de verdad aunque en conjunto no consiguió imponerse sobre Yegüero. Metió la mano y dejó una estocada honda rinconera. Echó a los peones, despejando la zona, permitiendo que Yegüero tuviera una muerte preciosa, a los pies del matador. 
  Quita-sustos para cerrar la temporada, un toro grandullón que salió sueltecito del segundo envite en varas e Iván García lo sujetó con un capotazo que puso en guardia a la afición. Se encargó de la brega y seguramente tenga mucha responsabilidad de cómo quedó el toro para la muleta. Cómo sería aquello que se vio obligado a desmonterarse correspondiendo la ovación, él no quería. Ya en el tercio de muerte, Aguilar enganchó al publico en dos tandas iniciales muy reunidas y ligadas. Se puso con la mano izquierda y todavía lo hizo mejor, bordándolo al natural, siempre muy embraguetado. Una faena compacta y medida, con fundamento. Si hay que poner un pero es que muchos muletazos no consiguió rematarlos por abajo. No tuvo muerte la estocada ida que dejó y perdió una oreja por el descabello, no obstante, hemos visto el Alberto Aguilar de las grandes tardes. 

  Como has visto, la corrida ha tenido dos grandes toros, primero y segundo, mejor éste último; dos toros buenos, quinto y sexto, también, mejor éste último; un toro de sentido y un manso descastado, el cuarto. 
   Al señor Folque sólo le falta rematar los toros por la cola, salen con un borlón reducido que resta mucha seriedad al conjunto. 

   Hasta el año que viene.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Lagunajanda en Las Ventas



  Este domingo en Las Ventas hemos visto una corrida desigual de presencia de Lagunajanda, uno castaño que hizo quinto terciado; de comportamiento blando y bobalicón. No aguantaban dos puyazos en regla y se estuvo simulando la suerte de varas toda la tarde. Se caían constantemente, aunque en la muleta en general se tenían, apagándose rápido y más tontos que Abundio. Aceptaban todo tipo de monadas, florituras y ventajas que no se enteraban de nada. La antítesis del toro de lidia.

lunes, 22 de agosto de 2016

La inspiración de Javier Jiménez con una corrida buena de Bañuelos

Corrida de toros de Antonio Bañuelos para David Galván, Emilio Huertas (confirma alternativa) y Javier Jiménez.
  
   ¡Ay lo bien que lo podríamos pasar los aficionados de Madrid y alrededores a poco que la empresa pusiera un poco de empeño! Con lo bonito que es ir a los toros domingo a domingo y que pudiéramos disfrutar de una temporada basada en los méritos, en la rivalidad y en los jóvenes que se comen el mundo. ¿Si todas las plazas fueran de feria quién se ocuparía de poner toreros en el disparadero? No hablamos de la quimera de llenar la plaza cada siete días, pero sí de llevar más aficionados, con más peso entre tanto turista y aficionado de autobús. Como dijo un día Choperita: "A lo mejor meter cinco o seis mil personas un domingo de temporada no es un fracaso". Y claro que no lo es, solo pedimos compensar un poco más la balanza, queremos ambiente fetén, que el aficionado de Madrid reconozca su plaza los festejos de temporada y no sienta desazón contemplando lo que un día fue y lo que es. Sin embargo el empresario el único amor que prodiga es el del vil metal, alejado de cualquier romanticismo de lo que pudo ser y significar la plaza de Las Ventas, no digamos la fiesta taurina en la ciudad de Madrid. ¿Si un mes de toros sustenta el resto de la temporada porque ha de trabajar en ésta el empresario? El romanticismo se topa de bruces con el realismo, la producción industrial de un San Isidro exprimido y extendido hasta el empacho, la ley del máximo resultado con el mínimo esfuerzo. Urge un Gallito del empresariado taurino, uno con verguenza torera para enfrentarse a todo tipo de toros, no solo al facilón y noblote Sanisidro; esos de ANOET que sacan una nota dejando entrever que sobra la temporada, que ellos saben lo que demanda el público -maldita expresión- y que el nuevo pliego no se ajusta a la realidad cultural de la fiesta -risas-, esos no nos representan.

   Hablo de este tema porque ayer vivimos una tarde muy agradable en Las Ventas que bien podría ser representativa de lo que trato de exponer, y no se crean que no había aficionados porque los había y muy buenos. Al ocupar mi localidad, antes del paseíllo, vi a un señor saltando de fila en fila, dirigiéndose entusiasmado al sitio que ocupaba un conocido, diciéndole: "Qué, viste a Eugenio de Mora. Desde Chenel no he visto a ninguno presentar la muleta tan plana, buenísimo, ¡así se presenta la muleta!". Estas conversaciones, por muchas plazas que uno visita, solo se escuchan en Las Ventas. Claro que para ver buenas tardes de toros como la de ayer, permítanme la obviedad, hacen falta toros, y aquí es donde vamos a ir entrando en harina. 

   Antonio Bañuelos, al que tenía estigmatizado por la birria de corrida que echó en Bilbao para su debut, se quitó todos los males de un plumazo. Un encierro que metía miedo de salida, rematado de pitón a rabo, igualado de hechuras, oscilando en los 70 kilos de margen. Cinqueño. Únicamente bajó el segundo, más recortado que sus hermanos pero el más bravo de la tarde; tomen nota: Arabesco. Cuatro toros embistieron y ofrecieron posibilidades de triunfo pero no nos engañemos, señor Bañuelos, la corrida no ha sido para sacar a saludar al mayoral, por muy entusiasmado que estuviera el personal. Las peleas en los caballos, salvando el segundo toro, fueron mediocres, predominando el que se deja pegar sin celo, el que se repucha y el que sale sueltecito. En descargo de mi plaza y su afición, que tantos palos se lleva de los que ven los toros por la tele con pijama y palomitas, hay que decir que lo mismo te saca al mayoral por una corrida brava en el caballo tremendamente complicada en la muleta, véase el encierro de Cuadri en 2012, que por una corrida inédita en varas y propicia en el último tercio. A Madrid le cabe todo, bendita afición.

   Vamos toro a toro. El de la confirmación de Huertas, Subastador, que era largo como una mañana sin almuerzo, lo recibió intercalando alguna chicuelina, a todo punto contraproducente a esas alturas de la lidia, como hacen las figuras con los toros-bonsái en plazas de provincia, costándole un disgusto a más de uno. Sale suelto de la primera vara y cabecea en la segunda. En el capote de José Otero, o gracias a él, se ve que el morlaco tiene buen galope. Huertas lo ve y le da distancia generosa varias tandas, dejando que se venga de largo, cosa que se agradece y que apuntamos positivamente porque también lo hizo con el otro toro. Aprovechando las inercias y el galope alegre de Subastador intercaló algunas tandas limpias con otras de banderazos, mandándolo al otro barrio de una estocada corta en los bajos y otra un poco pasada. 

    Sale Arabesco con mucho celo y pegajoso, haciendo pasar apuros a Galván. Coge un primer puyazo entrando muy fuerte en jurisdicción y sale mirando continuamente al montado; Galvan lo deja largo y rápidamente se arranca, entrando decidido y haciendo buena pelea. Continúa mirando al caballo pero Juan José Esquivel se marcha entre aplausos sin que viéramos otra entrada. Midió el astado en banderillas, haciendo pasar apuros a los de plata. Miguel Ángel Sánchez marró un par clavando a la atmósfera pero le vimos clavar con una finura inusual, dejando los palos con delicadeza como hicieran los toreros de la dinastía Bienvenida, disculpen el atrevimiento. Qué toro Arabesco, como viera un hueco, como no se le llevara dominado... Galván se llevó un recadito por el derecho y coladas por ambos pitones. Se equivocó en el planteamiento, encimándolo de primeras y sin tiempo apenas entre tanda y tanda, amontonándose por momentos. Lo puso más arisco todavía. Quería torear bien y componiendo desde el principio y nunca se dio cuenta que era un toro de los que primero hay que lidiar, someter, para después torear. Dejó algunos naturales de frente, sin ligazón, de mucho peso, y mató de un pinchazo y una estocada caída del lado contrario. Arabesco fue un gran toro que pasará desapercibido, la faena no fue lucida y no hubo una tercera vara que con toda seguridad hubiera tomado de buena gana.

Arabesco nº 89, 490 kilos

Galván al natural con Arabesco

  El tercero mansea a toriles de salida, también en el caballo saliendo suelto y peleando a regañadientes. Lo bregan aseado y hace aparición Javier Jiménez, cuya actitud en esos primeros muletazos trasluce seguridad en sí mismo, confianza y clarividencia. Una constante toda la tarde. Fueron tres tandas por la derecha y dos por la izquierda en tono brillante y armónico todas ellas, sin llegar a la excelencia. Midió con inteligencia la faena y entró bien a matar dejando una estocada rinconera.

  El cuarto fue probablemente el más serio de la corrida, un señor toro. También el de peor juego, no quiso pelear en varas y salió descastado, pegando cabezazos con la cara por la nubes, con escasa fuerza. Galván fue arrollado de salida cuando se lo sacaba a los medios, estuvo muy bien en un quite por chicuelinas y otro por delantales pero de salida pasó apuros en ambos. Se pasó de faena y el trasteo no tuvo ninguna historia. De nuevo destacó Miguel Ángel Sánchez bregando magníficamente.

  En quinto lugar otro toro de pavorosa seriedad, esta vez de pelo colorado, bautizado con el nombre de Obrador. Otro ejemplar que pelea sin celo y sale sueltecito de la caballería. En banderillas José Otero puso un par memorable, dejándose llegar el toro, casi en los medios, clavando en la cara de poder a poder. Nunca fallan los hermanos Otero, banderilleros valientes y poderosos donde los haya. En la faena de muleta Huertas dio distancias nuevamente, toreando mecánico, pero en la tercera tanda se vio como amainaba el toro. El torero tiró de repertorio populista antes de dejar una buena estocada en los rubios, sin soltar la muleta como se estila ahora, aunque haciendo la pantalla. El usía, señor Julio Martínez, denegó la oreja ampliamente solicitada por la misma razón que le regala una puerta grande a López Simón; él sabrá. 

  Para concluir uno de capa negra de nombre Aseñorado que en el segundo puyazo se desploma y no recibe castigo. Hubo un momento de duda pero finalmente la presidencia autorizó el cambió de tercio. Un solo puyazo para Aseñorado que se vino arriba en banderillas y embistió pastueño y templado en la muleta de Javier Jiménez. Comienza por la derecha nuevamente, por momentos ligando al estilo tiovivo; al natural le pega dos series, la última muy reunida y templada que termina de calentar la plaza. La estocada de Jiménez muy fea; deja media caída, tendida y trasera; que no es obice para que el público pida los trofeos fervorosamente. A Javier Jiménez hay que verlo, cuando un espada demuestra ese punto de seguridad y lucidez hay que ponerlo en los carteles, más aún con esa juventud porque puede haber torero.

Javier Jiménez, Puerta Grande

   En cuando al ganado y como resumen final: Dos embistiendo galopando, uno más pastueño, uno encastado que pedía los papeles, uno que se apaga muy pronto y otro descastado. Mansedumbre en los caballos y peleas mediocres. Esto nos recuerda a las ganaderías predilectas de las figuras de hogaño, solo que algunas ya ni embisten, pasan obedientemente y simplemente se mueven.

Miguel Ángel Sanchez pareando al segundo de la tarde

martes, 14 de junio de 2016

Novillada de Guadaira



   Continúa la regularidad de Guadaira en nuestra plaza, las novilladas que echa no suelen fallar y en esta ocasión no fue una excepción. Bien es cierto que antaño salían con más picante y últimamente parecen más a modo, demasiado manejables.

La corrida estuvo bien presentada aunque dispar. El quinto bien comido y rematado; sexto serio; los demás correctos de presencia. El segundo el más terciado y el tercero el más ofensivo por delante, veleto y astifino.

De mansedumbre discreta en el caballo, acudían, se dejaban pegar y salían huidos. El más declarado el quinto, casualmente el más serio del encierro, que no quería acudir a la contraquerencia sabiendo que le esperaba el castigo de la puya. En banderillas se dejaban hacer y en la muleta todos ellos, salvo el citado quinto que fue manso descastado de arreones, quedaron voluntariosos, ofreciendo un buen numero de embestidas boyantes, óptimas para hacer el toreo y triunfar con ellos. Tanto es así que primero, segundo y sexto recibieron palmas en el arrastre; y tercero y cuarto fueron ovacionados.

Juan Miguel fue el más aplaudido merced a la claque que trajo a la plaza, pero su toreo ha carecido de sentido, colocación y profundidad. Lo mejor fue la serie de inicio al primero, en los medios y de rodillas, aguantando bien el fuerte galope del novillo, lo demás fue todo vulgaridad. Incapaz de imponerse al que rompió plaza y a la aspereza que fue desarrollando, lejos de domeñarla fue agravándola y el novillo acabó pegando cabezazos al final de cada muletazo. El cuarto, al que le cortó una oreja, fue un animal pastueño, bobo. Basó la faena en el pitón derecho pero lo mejor lo hizo en la única tanda que dio al natural. Estuvo siempre muy descolocado y amontonado, sin dar aire entre serie y serie.

Un novillo tuvo Guillermo Valencia para reivindicarse, el primero de su lote. Este utrero repetía las embestidas con buen aire, Valencia lo toreó mecánico y aquello no dijo nada. Sin mandar ni templar, sólo hubo algunos naturales sueltos. Con el quinto no tuvo oportunidad, el novillo en la muleta fue reservón y muy parado, totalmente deslucido. Un manso que lo tenía todo guardado y sólo se empleaba en los arreones. Con tan complicado ejemplar, durante el tercio de banderillas, vimos a Rafael Serna pegando verónicas al aire en los medios, con el mentón en el pecho, mientras el resto pasaba apuros con el peligro declarado del novillo. Un detalle que dice mucho y mal del novillero, esperamos que sus mentores le corrijan y no se repita.

Rafael Serna tiene un empaque que lo distingue, lindando con lo superfluo. El primero de sus oponentes que hacía tercero embistió templado y por momentos lo toreó bien, en lo accesorio mejor aún. El trasteo fue a menos, como el astado. Buen lote, porque el sexto tuvo similar condición, noble y claro en las acometidas. A este le hizo un trasteo más vistoso que ortodoxo, pendiente de componer la figura el novillo le ganó el terreno por el derecho. Por el izquierdo pegó algunos tirando bien del bicho. Un lote para haber apostado en los medios, sin embargo ambas faenas se desarrollaron en el tercio o en las rayas. Deja buena impresión este novillero sevillano, hay que seguir viéndolo, pero queda mucho por pulir.

Tanto Rafael Serna como Guillermo Valencia fueron gravemente heridos entrando a matar, cornadas de las que quitan el sitio a los toreros; a ambos les deseamos que tengan una pronta y satisfactoria recuperación. Esperamos verlos pronto delante de la cara del toro. 


Rafael Serna con el tercero de la tarde

domingo, 1 de mayo de 2016

Novillada de Conde de Mayalde

  Novillada insulsa de Conde de Mayalde para dar comienzo a un mes de mayo que viene intenso y bien cargado de días de toros. Animales que parecían que sí, manejables, dejándose hacer, pero en verdad totalmente vacíos de la auténtica casta exigible a reses de raza brava. El primero fue un auténtico regalo para el novillero, Miguel Ángel Silva. Seguro que ni en los días previos al festejo soñaba con un animal así, tan boyante, con tan francas intenciones, humillando y yendo largo en cada cite. Además duró. Silva se hartó de pegar muletazos que no dijeron apenas nada, se pasó de faena y se hizo un corte en la mano entrando a matar. No quiero pasar página sin decir que este primero, de nombre Escultor, en los primeros tercios hizo ademán de saltar al callejón y salió del caballo refugiándose en los tableros del nueve; para no dar lugar a interpretaciones erróneas.

  Del resto podríamos destacar la seriedad y el cuajo de la segunda parte del festejo. Naturalmente, hubo diferencias en el juego que ofrecieron. No voy a entrar en ello, no merece la pena. En general siguieron un mismo patrón, el de salir huidos de la pelea con el jaco, la nobleza bobalicona y la falta de casta. De tan nobles resultan artificiales; ni rastro del nervio, la listeza y el poderío en las arrancadas que se presume en un toro bravo. Los novilleros, aun con las carencias y la bisoñez que exhibieron, no pasaron ningún apuro. Por algo sería.    

Miguel Ángel Silva al natural con el que rompió plaza, Escultor

lunes, 11 de abril de 2016

Novillada de Pablo Mayoral, santacolomas de pitiminí

Crónica para la web de la Asociación El Toro de Madrid.



  Un cuarto de plaza en  Las Ventas en tarde fría y con aguacero en la segunda parte del festejo. Novillada de Pablo Mayoral, encaste Santa Coloma vía Felix Suarez, Tovar, Víctor Huertas. Alguna reminiscencia Veragua y Martínez. Desigualmente presentados, primero y tercero abecerrados. Devuelto el inválido cuarto por uno de Benjamín Gómez, también Santa Coloma, escurrido de hechuras.

  Floja novillada de Pablo Mayoral, tanto de poder como de casta. Tiempo ha de la última ocasión en la que lidiaban un encierro en Madrid y seguramente igual que yo, los aficionados iban con otras expectativas. Se vinieron abajo rápidamente y eso que se simuló la suerte en picas. Sólo el sexto aguantó con viveza. El quinto también duró, iba chochón y después de miles de muletazos que David de Miranda le pegó, el animal seguía sin enterarse de nada. Ha sido otro detalle que hemos observado: los animales han adolecido del comportamiento típico de la sangre santacolomeña, esto es la capacidad para penalizar los errores que se producen durante la lidia, para amoscarse cuando se faena a la contra, para colarse cuando ven las puertas abiertas. Como si fueran reses de una ganadería de esas que se tachan de borreguiles, los novillos aguantaban carros y carretas que no tenían una mala reacción ni desarrollaban ideas aviesas.

  De ahí se explica que los coletas aguantaran tanto tiempo en la cara y se hayan escuchado cinco toques de atención. “Gallo de Córdoba”, que abría cartel, de momento no está para estas lides. Carece del manejo más elemental de los trastos de torear y posee una técnica incipiente que no es de recibo en esta plaza. Se vio superado, y toreado, por sus oponentes, sobre todo por el sobrero de Benjamín Gómez, un novillo con pies que le hizo un faenón al toricantano. Daban ganas de pedir la oreja de “Gallo de Córdoba”.

  David de Miranda también firmó un lamentable trasteo al segundo del festejo, ahogándolo desde el principio, repleto de desarmes y de muletazos que eran latigazos. El utrero parado y muy bajo de casta. Con el quinto se hinchó a pegar pases, este manso que reculó en varas y quedó crudo requería un gran sentido del temple y mucho arte, cualidades que David de Miranda aún debe desarrollar.

  Juan Carlos Carballo ha sido el más puesto de la terna con diferencia y a esto le sumamos la disposición y la garra que ha demostrado. A su primer oponente le recetó dos tandas de naturales a media altura, toreadas y con solera. Se echó la muleta a la mano derecha y la faena quedó en nada puesto que el novillo echó el freno, pero ahí quedó eso, los mejores lances del festejo, con lo complicado que resulta calar en el ánimo del público con el toreo a media altura.
  Con el sexto confirmó lo que habíamos atisbado durante el festejo: la soltura manejando el percal. Lances de recibo de buen son a un novillo serio de fachada aunque recibió un meneo dando una larga cambiada de rodillas. Iniciando el tercio de muerte dio distancias, igual que hizo con el anterior, la idea era buena pero no consiguió dominar en ningún momento. El astado tuvo cierta aspereza que nunca fue atemperada ni canalizada por la muleta del torero oriundo de Extremadura.

  Vino con un buen número de paisanos que jalearon todo lo que hizo y de ahí las peticiones de trofeo, pero bien es verdad que dejó grata impresión y que merece más oportunidades.


Juan Carlos Carballo de capote

lunes, 28 de marzo de 2016

Mano a mano Morenito versus Fandiño

  Frisó media plaza para la corrida del Domingo de Resurrección en Las Ventas y aún la primavera, tímida, no termina de enseñorearse. En el cartel un apetecible mano a mano entre dos toreros con sustanciosa historia en Madrid, de contenido distinto aunque similar necesidad: la urgencia de contratos. 

  La corrida de Martín Lorca y su hierro hermano, Escribano Martín, mal presentada. Antiguamente se valoraban los encierros por lo parejo de hechuras, por la igualdad en la báscula y cosas por el estilo. El clasicismo de la época romántica. Ahora, entre los propios criadores quedan muy pocos que miren este tipo de premisas, unas veces por la incontinencia de encontrar un hato presentable en Madrid, otras por la presión de los reconocimientos, o simplemente por pura desidia y falta de honra. Hoy, como digo, una paleta de hechuras y conformación de pitones muy alejados entre sí. Desde el cornidelantero corrido en primer lugar, pasando por el engatillado segundo, el basto castaño que salió en quinto lugar y el que asomó para cerrar plaza, finalmente devuelto, una mole de carne con la altura de un caballo. En su lugar un sobrero de José Luis Pereda, que después de la inmensidad del ejemplar devuelto, parecía una culebrilla. Y claro, se llevó la bronca. 

  De lo que llevaban dentro cabe destacar el comportamiento del primero. Manso, sí, pero muy encastado y con poco de tonto. Fandiño quedó a merced por el viento en un quite, se llevó una paliza y el toro tomó buena nota. Embistió fuerte, codicioso, y acabó subiéndose a las barbas de Morenito cuando tenía una oreja en el esportón, después de dos tantas de naturales en las que destacaron dos lances profundos y mandones, con el empaque personalísimo de este torero. Antes aguantó bien el brío del toro por el derecho, pero como decimos intentó prolongar una faena que tenía su medida y lo acabó emborronando. Selló con un pinchazo y una estocada en las péndolas de fenomenal ejecución, de lo mejor de la tarde, pidió a la cuadrilla con buen criterio que dejaran en paz al bicho, que marchó de huida al burladero del cinco y tuvo una bonita muerte a los pies del matador.

La muerte del primero

   El tercero fue el otro burel a destacar, el resto suspende en bravura sin ningún paliativo. En el caballo se dejó pegar y el piquero señaló en buen sitio, aunque barrenó descarada y vilmente, sin que la afición lo advirtiera y lo censurara. Llegó entero y voluntarioso a la muleta de Morenito y por lo que hizo con el anterior se presumía que iba a darle fiesta, pero no. El viaje no era largo pero acudía con celo a las telas, repitiendo. El torero castellano no consiguió que aquello cogiera vuelo y al final del trasteo flotaba en el ambiente la superioridad del toro. Espejo de la faena recién culminada, lo mató de estocada caída saliéndose. 

  Para agotar la última bala se las vio Morenito con un toro desabrido que se orientó por el pitón derecho durante la lidia. Y hete aquí que empezó el tercio de muleta por la mano izquierda, como requería el bicho. Por causas de fuerza mayor, pero ya hemos visto a un coleta iniciar el trasteo al natural, seguiremos informando... Dos pinchazos y una desprendida remataron una tarde que apuntó alto de inicio para el torero burgalés y cayó en picado.

  Lo de Fandiño es otro cantar. Desde aquella mítica encerrona anda bloqueado y hoy, en su primer acto de presencia, lidiándose el que rompió plaza, quitó por saltilleras a uno que no se desplazaba y cuando quiso salir de la cara, en un apretón, el viento le jugó una mala pasada y lo dejó a merced, llevándose una fuerte paliza de la que milagrosamente salió sin cornada. Presentarse en un mano a mano para poner la plaza a revienta calderas y volver al callejón desorientado, con una paliza en el cuerpo. La dureza del toreo.

  Salió su toro y en la segunda tanda le arrebató la muleta, fijo en la tela, costó arrebatársela. Todo se desarrollaba a la contra y así iba a ser durante toda la función. Cuando tomó la de acero pinchó pasando como una exhalación y, a continuación, dio una estocada con saltito, al estilo Juli. Donde antes habíamos visto estocadas casi frascuelinas, ahora había ardid, trampa. Malos tiempos para el fandiñismo.

  Entretanto, durante la lidia del tercero, Fandiño apareció para hacer el quite del mismo modo que se había llevado el revolcón, es decir, un desquite. Salió muy acelerado y revuelto, improvisó como pudo y perdió -o tiró- el capote al rematar los lances. Para colmo Morenito replicó y en los delantales sacó a relucir la torería, calentando al público. Otro palo para el torero de Orduña, la tarde era un calvario.

  La segunda opción para Fandiño no fue tal. El señor piquero, Rafael Agudo, se agarró en dos puyazos traseros que dejaron al toro inválido. La gente se mosqueó y protestó, don Justo Polo no tuvo a bien devolverlo y el resto ya se lo imaginan. A Rafael Agudo, si por un casual llegara a leer esto, que no lo creo, se le recomienda encarecidamente leer este documento

  Con el sobrero de José Luis Pereda, que se movía como descoordinado, Fandiño puso voluntad. El animal se dejaba hacer pero el trasteo resultaba hueco. Sin embargo a la hora de matar se tiró sobre el toro encunándose, como hizo en otras ocasiones, solo que esta vez el animal se pasó a Iván Fandiño de un pitón a otro como si fuera un pelele. Al parecer no hizo carne. La estocada quedó muy trasera y caída del lado contrario y parte del público sacó pañuelos, sin duda sobrecogidos por la arrogancia  y la temeridad del torero vasco.
  ¿Hasta qué punto es legítimo semejante temeridad, el desprecio por la vida, cuando se convierte en un habito? ¿Cómo podemos valorarlo los aficionados? Responder a estas preguntas daría para un tratado de filosofía.

domingo, 20 de marzo de 2016

Primera del año, Curro por la Puerta Grande

  Domingo de Ramos, primera de temporada con toros de Gavira y Puerta Grande para Curro Díaz. No pasa todos los días. Calentó los tendidos el torero andaluz en una tarde desapacible por el frío -la empresa puso un horario tardío para esta época del año- y nos dejó retazos de toreo caro, aderezados por la pinturería que atesora cuando se siente inspirado y ve los oponentes con lucidez. Tarde, por tanto, ideal para reencontrarse con la afición. 

  La divisa color merengue embarcó una corrida con cierta desigualdad, pero bien hecha, muy seria, imponente por delante y por detrás. Toros rematados de los cuartos traseros, que no es baladí. Ovacionado de salida el veleto y astracanado que rompió plaza y temporada, Varillo; de gran cuajo y trapío el tercero, largo como un tren, con un pitón derecho que era una guadaña. En este sentido no queda otra que felicitar al ganadero; otra cosa hay que decir si entramos en la parcela del comportamiento que desarrollaron en el platillo. Todos ellos mansos en varas, salían rebotados de la suerte y se marchaban de espantada al caballo de la querencia. De los que desorganizan la lidia y hay que banderillear en los terrenos de toriles. Corren tiempos de mansinobles, el bravo se cotiza caro. 

  El primero tuvo un viaje corto y tres o cuatro tandas en las que acudió pastueño antes de venirse abajo. Fue devuelto el segundo por un puyazo caído que hizo estragos, sustituido por uno de Torrealba (los sobreros de Taurodelta es un caso para estudiar aparte), un colorado mansurrón que no molesta a nadie y queda muy franco en la muleta. Tercero y cuarto igual de mansos que sus hermanos, desarrollaron nobleza atemperada. Y quinto y sexto descastados y aplomados, no valían un duro. 

  Juan Ortega no supo aprovechar las embestidas que le ofreció el toro de su confirmación antes de que se apagara, en ningún momento cogió vuelo el trasteo. El público lo sacó a saludar en una muestra de sensibilidad. Después se encontró con un marmolillo sin posibilidades. 

  David Galván no me convenció. Vino con la faena hecha desde casa. El mismo quite por chicuelinas en dos toros, perdiendo los trastos al rematar; el comienzo con el pase cambiado por la espalda con un toro que hasta el momento había sido incierto, resultando cogido en la pantorrilla derecha, de la que se veía perfectamente cómo le corría la sangre por la media. Cuando mejor estaba toreando, al natural, se puso a dar circulares, continuando con las manoletinas, como si estuviera en Cantalapiedra de Arriba. Dejó una estocada trasera pasando como un rayo, cortando una oreja ampliamente solicitada. No pudo salir de la enfermería y ahí quedó la historia. 

  Muy generoso el público con la primera oreja que le pidieron a Curro. La faena estuvo repleta de muletazos soberbios, de enjundia, pero todos ellos en lo accesorio. Los de pecho, las trincheras y los derechazos de perfil, ligados sin solución de continuidad, acompañando y componiendo figura torera. Mucha guarnición y poca carne. Mató de media en el hoyo y dos descabellos. 
  Otra cosa fue lo del cuarto. Transcurría el trasteo por los mismos derroteros de los chispazos, los remates excelsos, cuando se echó la muleta a la mano izquierda y ligó dos tandas entre las astas del bicho, mandando en la arrancada, pasándoselo por la femoral. Sensacional. Arreciaron los olés más graves. Curro miraba con complicidad a los aficionados que se encontraba en el siete, ahora sí. Se volcó en el morrillo del toro, la estocada fue de las que valen una oreja por sí sola. No dejó escapar la oportunidad y suma su segunda Puerta Grande en Madrid. Enhorabuena.   

  Para ir rematando consignamos que la torería de plata anduvo muy aseada, ligera, y en algunos pasajes brillante, para las complicaciones que plantearon los toros. Ya vendrán tardes de incapacidad y rechifla en esas desastrosas novilladas que programa la empresa...

  Todas las faenas principiaron con la muleta montada por la derecha. Habrá que ir fijándose en esto, no puede ser que el 100% de los toros desarrolle mejores condiciones por la diestra. Hay que venir con más verdad a Las Ventas.

  La nueva grada joven repleta, qué alegría tanta mocedad en los toros. De momento anduvieron fríos, como la tarde. Ya tendrán tiempo de calentarse.

Curro, a lo suyo