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domingo, 10 de mayo de 2026

Tarde histórica


[Crónica para la asociación El Toro de Madrid] 


Segundo festejo de la Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes”, con tiempo desapacible e inestable se ha lididado y estoqueado una corrida de La Quinta. En la mañana del día del festejo la empresa ha publicado un Acta de pesaje de los caballos de picar, hecho histórico sin precedentes.

Sosos y descastados los cuatro primeros, mal presentados Todos cinqueños, el quinto fue un toro mediano y el sexto un buen toro. El primero alto de agujas; el segundo bajo, generoso de carnes y badanudo; el tercero demasiado estrecho de cara; el berrendo cuarto no tuvo plaza y no aparentaba lo suficiente; quinto grandullón y sexto guapo y asaltillado.

 

Miguel Ángel Perera. Estocada atravesada saliéndose y varios descabellos; SILENCIO. Dos pinchazos y estocada caída saliéndose; SILENCIO.

Daniel Luque. Pinchazo y estocada; SILENCIO. Media estocada y descabello (un aviso); SILENCIO.

Tomás Rufo. Tres pinchazos y estocada honda (un aviso); SILENCIO. Estocada baja y dos descabellos (un aviso); SILENCIO.  

 

Presidente: Presidió el festejo el don Iñaki Sanjuán Rodríguez. Por la mañana envió a varios caballos a la báscula de pesaje y se publicó un Acta, muy bien. Por la tarde no tuvo ninguna situación comprometida, sin incidencias.

Tercio de varas: No se ha picado con mucha saña para lo que se estila. Se aplaudió a Juan Melgar por su labor con el cuarto, su caballo perdió los aplomos en la pelea y hubo un momento de peligro. Los toros, después de los primeros encuentros, no han sido huidizos ni tardos.

Cuadrillas:  Saludó la cuadrilla de Daniel Luqué tras el segundo tercio de su primer toro, lidiando Antonio Manuel Punta y banderilleando Juan Contreras y Jesús Arruga. Asimismo, saludó la cuadrilla de Rufo en el sexto de la tarde, lidiando José Luis Triviño y pareando Sergio Blasco y Fernando Sánchez, este último puso un par de categoría.


-o- 

 

No pasó apenas nada reseñable en lo estrictamente artístico y, sin embargo, fue una corrida histórica. Era la comidilla de todos los corrillos entre los aficionados, por fin, después de toda la lucha incesante por parte de esta Asociación, de su junta directiva encabezada por Carlos Rodríguez-Villa, hemos dado un pequeño gran paso acerca de las demandas sobre el pesaje de los caballos de picar, su publicidad y transparencia. En la mañana del día del festejo, el presidente de la jornada, el señor Iñaki Sanjuán Rodríguez, envió al menos dos caballos a la báscula −utilizada habitualmente para pesar los toros− y la empresa publicó un Acta de pesaje con una relación de seis caballos y sus correspondientes pesos en sus redes sociales, un hecho histórico y sin precedentes en esta plaza.

Algo a priori tan básico y sencillo como es cumplir con el pliego que rige Las Ventas y con el Reglamento de Espectáculos Taurinos vigente se transforma, por mor de los insondables recovecos de la Administración y la picaresca inherente de los taurinos, en toda una odisea. No se imaginan la lucha y la batalla que conlleva activar a todas las partes implicadas. Hemos dado un pequeño gran paso, como he dicho, pero todavía queda mucho. Para empezar, la infraestructura, es necesaria una báscula en el patio de caballos, sobre esto nuestra Asociación se ha ofrecido a instalar una. El pesaje ha de ser público y publicado, y los aficionados han de tener la forma de correlacionar y de hacer un seguimiento del caballo pesado con el que después sale a la plaza. Esos petos inmensos y rígidos también deben ser controlados, en fin, queremos justicia, equilibrio y espectáculo en el tercio de varas.

Además de las conversaciones sobre la acorazada de picar y el Acta de pesaje milagroso, se corrió y estoqueó una corrida cinqueña de La Quinta, de las malas, esto es, de las que van desarrollando descaste y, con ello, los malos vicios del encaste. Miradas al tendido, desentendidos de la pelea, sosería, paso sin embestir, dormidos, pegando el derrote por las nubes… un suplicio tanto para el público como para los toreros. Se me antoja realmente complicado conseguir algo lucido con animales de este cariz. Así fueron los cuatro primeros, además de feos o mal presentados.

Poco o nada pudo hacer Perera con su lote, desesperado frente al segundo de su lote viendo que aquello se diluía sin que pasara nada. Lo que sí pudo mejorar es la forma de matar dado que entró descaradamente a paso de banderillas en todas las ocasiones. En el saludo del cuarto de la tarde se llevó un susto y tuvo que tomar el olivo, lo paró resueltamente el subalterno Daniel Duarte.

Daniel Luque dio muestras de su dominio de las suertes de capa y tuvo momentos de lucimiento especialmente en un quite por cordobinas. Su primero se apagó tras la primera tanda, pero el quinto de la tarde se movió con más nervio que sus hermanos y permitió hacer faena. Me gustó su intención y actitud porfiando por el lado izquierdo hasta quedar por encima del animal, luego como que se pasó de faena. La gente no le echó cuentas en ningún momento, probablemente debido al sopor que llevaban encima a esas alturas de festejo.

El sexto tenía hechuras asaltilladas sobre todo por la conformación de pitones, veleto y cornipaso. Salió con viveza y en el segundo puyazo como que entró en calor y mostró buenos detalles. No estaba Rufo por la labor de pegarle otro puyazo clarificador, él juega en otra liga: la muletera. Fernando Sánchez le dejó al público de cara con un señor par del que salió con chulería mirando al tendido, tocaron a matar y Rufo se fue a los tendidos populares de sol y, entré las rayas, pegó dos tandas de derechazos excesivamente jaleadas. La primera perdiendo pasos y la segunda con la cosa de que ahí mandaba el toro. Por el izquierdo decayó su labor puesto que el morlaco ofrecía peores cualidades. Le dio una más por el derecho y cogió la espada de acero para dejar una estocada caída, también muy celebrada por unos tendidos que estaban locos por no irse de vacío. Había aficionados que afirmaban que le iban a pedir una oreja por semejante vulgaridad, pero esto se esfumó cuando Rufo empezó a fallar con el descabello.

Nos queda una corrida de La Quinta para toreros, digamos, de menor rango. Muchos aficionados nos recordábamos que si todo se desarrolla como se tiene que desarrollar y los ganaderos cumplen con el proceder acostumbrado, la del próximo sábado arreará mucho más que esta. Veremos.


El Acta milagroso que tanto ha costado conseguir



El toro Carretero, sexto de la tarde. Con varios como este estaríamos hablando de otra corrida... 


sábado, 18 de mayo de 2024

La corrida de La Quinta

 

Crónica para la web y el libro de crónicas de la Asociación El Toro de Madrid


MÁS DISPOSICIÓN QUE TOREO

 

Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes” con las andanadas de los tendidos uno, dos y tres a medio llenar; con un público, como es costumbre los últimos años, que impone la dictadura de los beodos, recrudecida especialmente los viernes y fines de semana. Contra las promesas que la empresa hace en invierno la discoteca de la terraza del siete a pleno funcionamiento cuando los espectadores abandonaban sus localidades, teniendo que aguantar la música a todo volumen y el desorden y peligro de una salida en la que unos van y otros vienen.

Acudió al festejo el líder del Partido Popular, señor Feijóo, en una barrera del diez. Vivimos tiempos de politización de la Fiesta, unos la atacan y otros dicen que la defienden. Le brindó Perera la muerte del cuarto entre división de opiniones.

Tiempo fresco y algunas rachas de viento, se ha lidiado y estoqueado una corrida de toros de La Quinta, casta Santa Coloma – Buendía, cinqueña y bien rematada, de comportamiento dispar, destacó por encima de todos el quinto de la tarde, Periquito, mucho más alegre y encastado que sus hermanos. A varios de ellos no les vimos las puntas de los pitones por más que observábamos con los anteojos, otros sí venían más buidos.

 

Miguel Ángel Perera. Aviso antes de entrar a matar, pinchazo y media estocada en el hoyo tapando la cara del toro (dos avisos); SALUDOS. Estocada honda en el rincón entrando bien (un aviso); VUELTA AL RUEDO.

Emilio de Justo. Estocada caída; SALUDOS. Estocada trasera caída entrando al hilo del pitón, tres golpes de descabello (dos avisos); VUELTA AL RUEDO.

Ginés Marín. Dos pinchazos, estocada corta en el sitio (un aviso); SILENCIO. Estocada enhebrada, pinchazo y estocada contraria (un aviso); SILENCIO.   

 

Presidente: Presidió el festejo el excelentísimo señor don Eutimio Carracedo Pastor. Mantuvo el rigor y acertó no concediendo trofeos a la muerte del cuarto y quinto de la tarde, hubo más petición para Emilio de Justo pero en ninguna de las dos la pañolada superaba la mayoría. El señor Carracedo Pastor, en esta ocasión, no se prestó a seguir degradando la categoría de la Plaza de Madrid con trofeos depauperados, esperamos que siga manteniendo este criterio.

Tercio de varas: No se ha picado con especial saña para lo que suelen ser estos festejos. Ángel Rivas se agarró en buen sitio con el primero antes de hacer la mayonesa; y Germán González recibió algunos aplausos por su labor con el quinto, más por la emoción que ponía el toro que por su propio hacer.

Cuadrillas:  Con los palitroques hay que mencionar al Fini con el primero, El Algabeño con el que hizo segundo, y saludó Morenito de Arles tras parear al quinto.

 

 

Rompió plaza un torazo cárdeno anchote, redondo, bien puesto de cara, que trajo a la memoria de algunos aficionados las hechuras de los antiguos pablorromeros. Cedadero se llamaba el morlaco, al que recibió Perera a portagayola, de juego muy blandito y muy rajado, antes de que hiciera su aparición el picador ya mostró lo que iba a acabar haciendo en el último tercio. Poca historia, muy venido a menos el toro, Perera le dio una tanda de derechazos mala para empezar la faena, luego una en versión carrusel, sin solución de continuidad, que fue jaleada por la plaza como si fuera la apoteosis, y seguidamente se paró. Perera se lo llevó a terrenos de los mansos, a la enfermería, con buen criterio, y allí intentó aprovechar inercias por el lado izquierdo, consiguiendo algunos muletazos aseados, dos de ellos a pies juntos que resultaron vistosos. El cuarto de la tarde, Vidriero, un toro recogido de tamaño y muy guapo, parecía que iba largo en los capotes. Le dieron poco en varas, sin embargo cuando llegó a la muleta tenía tendencia a colarse y acortar el viaje, Perera se llevó un par de tantarantán que no pasaron a mayores. Hubo mucha disposición, desplantes por parte del espada, pero poco toreo, poco mando y poca imposición. Se puso por la mano izquierda, un pitón ciertamente complicado, parecía que iba a imponer el dominio de su muleta de otras tardes pero no, de uno en uno, perdiendo muchos pasos tuvo que desistir sin conseguir sacar al menos una serie en redondo en la que quedara por encima del toro. Como decimos, hubo más disposición que toreo. Si lo mata mejor puede que hubiera cuajado una petición como para conceder la oreja pero el trasteo, ciertamente, no lo merecía.

 

El primero que sorteó Emilio de Justo nos pareció más feote que sus hermanos, hacía segundo de la tarde. Salía de los puyazos afligido, buscando el abrigo de las tablas. Fue un toro que se llevó dos quites por chicuelinas, uno de su matador y otro de Ginés Marín, lance que no nos parece el más indicado para un santacoloma con más cinco años. El conjunto de la faena de muleta se mantuvo en un tono bajo, el toro estaba muy agarrado a la arena, parado y soso, Emilio tampoco lo atacó en exceso, y solo le apuntamos una tanda de buen nivel por el lado derecho al inició de faena, quizá razón suficiente para que el toro se afligiera. El pasaje del quinto de la tarde contuvo la esencia de la corrida, fue este burel un animal bajo y astracanado, de un trapío intachable, que recibió algunas palmas de salida con toda justicia. Lo capea bien De Justo llevándoselo a los medios para rematar con una media verónica. En el caballo, al revés de como deben ser las cosas, lo dejo muy largo para el primer envite, al toro le costó mucho acudir, cuando lo hizo tuvo una arrancada espectacular. Luego en el peto peleó enrabietado. En el siguiente puyazo se vio que se quiso ir rápido de la pelea, desentendiéndose en el burladero de matadores. Tuvo este bonito ejemplar, apodado Periquito, una embestida con brío y alegría durante la lidia, yendo largo, muy superior a la de sus hermanos. En los primeros compases de faena le echó mano por el derecho, lo lanzó cayendo Emilio con la espalda, a continuación lo prendió por una pierna y lo volvió a revolcar. Este percance nos trajo los peores presagios y los peores recuerdos, conociendo las gravísimas lesiones de columna de las que Emilio se tuvo que recuperar. Volvió a la cara del toro con la muleta en la mano izquierda, consiguiendo un par de naturales que hicieron rugir Madrid, después hubo un par de series con la disposición y la colocación que caracterizan al torero extremeño, en los terrenos más comprometidos y por momentos adelantando la pierna, si bien no consiguió la brillantez en estos muletazos que su disposición y su verdad pretendían. Cogió el estoque de matar y se llevó el cárdeno a los medios, solos toro y torero en los terrenos que más pesan, se colocó Emilio un poco al hilo, cuarteando más de lo deseable y poniendo la muleta plana, cobrando una estocada trasera y algo caída. Una faena con mucha emoción, con mucha autenticidad y con menos toreo del que esperábamos.

Ginés Marín sale de este festejo perdiendo crédito en Madrid. Un torero que aquí ha dejado faenas memorables y ha sabido hacer el toreo grande, hoy se le ha visto realmente perdido, sin saber por dónde meterle mano a sus oponentes. Recibió al tercero de la tarde a portagayola, un toro de embestida sosa y vulgar, aunque se movió más que los dos toros anteriores. El toro sexto, el más feo del encierro, por su escasa cabeza y por avacado, tuvo un buen ramillete de arrancadas que nunca consiguió dominar ni templar, así que tanto toro como torero quedaron desapercibidos, como si no hubieran estado.

La corrida de La Quinta satisfizo a los aficionados por su presentación, remate y trapío; el juego fue diverso, en general sin terminar de romper, ni en varas ni en la muleta. Estuvo bien enlotada porque fue de menos a más en su desarrollo y, como nota muy resumida, podría decirse que fue una corrida mediana.



El precioso Periquito



Emilio de Justo, con la verdad por delante

sábado, 24 de mayo de 2014

Isidrada

  Segunda tarde consecutiva de figuras, y segundo lleno de reventón en los tendidos. "No hay billetes para hoy", qué bonita frase taurina, pero qué incómoda coyuntura en la Plaza de Madrid. En 3 años se han perdido 5000 abonados, así que 5000 "públicos" de aluvión hemos ganado en carteles de figuras como el de hoy, la mayoría con un nivel etílico vergonzante. El aficionado cabal, el crítico y escrutador aficionado de Las Ventas queda reducido a la nada. Algún valiente todavía se atreve a alzar la voz, pidiendo más compromiso, demandando, comunicándose con el torero, pero rápidamente es recriminado con insultos por voces de beodos enfurecidos, seguido por el aplauso y la risotada del resto. Para un día que vienen a los toros, nada ni nadie va impedir el triunfo, menos aún el atrevido aficionado que acude religiosamente a cada festejo, el que exige; porque algo bueno hay que contar a los amigotes y no se han emperifollado como pavos reales para salir de vacío del coso, sin las pelúas, de ninguna manera. El isidro siempre ha sido así, con la diferencia que ahora soportamos 5000 efectivos más. Casi nada. El aficionado se ha ido o sencillamente no lo hay, es un bien escaso y maltratado. Y esto, al sistema, parece ser que le agrada.

  Esta mañana, en el patio del desolladero, presencié con estupor cómo se descubría el azulejo "a la corrida más completa en presentación y bravura" del 2013, Victoriano del Río era el premiado. Una corrida en la que varios toros salieron pegando coces del caballo y uno de ellos mereció claramente una buena dosis de churrasco, o de las banderillas que lo sustituyen, por aquello de mantener calmados a los que se creen las películas de Walt Disney. Por la tarde observaba las reacciones del público, algunas ovaciones en el arrastre, y me preguntaba si esta corrida, que incluso se ha dejado pegar en el caballo, no sería merecedora de una estatua conmemorativa en la explanada de la plaza o algo por el estilo. Una cerámica va a ser poca cosa según está el nivel. Pero la realidad es que ha salido una corrida heterogénea de hechuras, edad y báscula; bien presentada en general, salvo un toro: el terciado que hacía segundo. Blandos, mansos, pastueños, dulces como el merengue y descastados.
  Primero devuelto por uno de Zalduendo, tremendamente manso y descastado, asustándose de su propia sombra; segundo blando, chochón y boyante; tercero blando, menos chochón, boyante y rajado; cuarto de arreones, brincos y cabezazos; quinto salió con brío, desangrado en varas y quedado en la muleta; y sexto manso, aplomado y bobalicón. Un corridón de toros, como se pueden imaginar.

En quinto lugar Jerezano, bella estampa


  Perera ha salido triunfador, los isidros necesitaban una víctima. La misma tauromaquia que siempre se ha rechazado en Las Ventas, exactamente la misma que se ha censurado severamente a Juli (de hecho yo dudada si era uno u otro el que estaba viendo triunfar), esa que deja la pierna atrás desde el primer cite, que retuerce el cuerpo antinaturalmente y lleva a los toros tirando líneas, es la que ha practicado Perera con el primero de su lote, un ejemplar almibarado y jabonoso. Muletazos largos, el toro cosido a la muleta, sí, pero, en qué lugar queda la ética y la estética, no hablemos ya de la naturalidad. La estocada, entrando con verdad, cayó muy pasada, y don Justó, el usía de turno, soltó con malas pulgas el pañuelo que concedía la segunda oreja, a todas luces indignado con los isidros. 
  Con el que cerró plaza, Perera, tras el clásico comienzo en los medios encadenando todo tipo de muletazos sin mover los pies -recuerdo un bonito cambio de mano seguido de uno de pecho- se ha pegado un arrimón, colocado entre los pitones, sintiendo los bufidos del animal y dando algunos muletazos mandones. No niego el mérito, tampoco la disposición, pero aquello, bajo los efluvios del humo del Cohiba a los isidros les pareció la séptima maravilla. Que vengan más días, se van a hartar de arrimones. Hay que decir que Perera lo remató de una fenomenal estocada.
  Tanto que ha despreciado a la afición de Madrid, o a cierto sector de la afición con declaraciones malsonantes, no creo que tenga queja el señor Perera, hoy lo han respetado como si fuera el mismísimo Marcial Lalanda.

  A Juli, tanto tiempo sin querer venir por aquí, lo he visto desorientado. No supo ni colocar los toros en suerte, puede ser la falta de costumbre, no es Julián un torero de Ceret precisamente. Ni tuvo lote para mostrar las maneras que Perera le ha plagiado, aunque al torero de San Blas sí se las hubieran censurado. Tampoco vimos ese poderío muletero con el que nos machacan sus panegíricos insistentemente, yo pensaba que iba a corregir el cabeceo del arisco cuarto, pero no. A este bicho lo mató de dos horrorosos julipies, uno detrás de otro, a los isidros les gustó aquello, batieron palmas con alegría.

  A media altura hubo de torear Manzanares al renqueante tercero. Yo le vi despegado y con ese peculiar estilo que no sabe uno dónde empieza el muletazo y dónde acaba. Los isidros estaban encantados. Imposible sacar nada del bonito y bien rematado castaño, por mucho brío que tuviera pocos animales aguantan la lanzada que le arreó "Chocolate" en el espinazo cuando el toro se le vino al galope desde el parquímetro situado en la división de los tendidos 6 y 7.

  Dos días de isidros y no se imaginan cómo echo de menos una tarde con los habituales, o una de esas con los "demagogos" toristas que acuden desde todos los puntos de España y del mundo entero.

  Epílogo: No hay más que ver las condiciones en las que los isidros han sacado a Perera por la Puerta Grande de Madrid para entender todo lo que les he contado; parecía el Cristo de la Buena Muerte.