lunes, 11 de abril de 2016

Novillada de Pablo Mayoral, santacolomas de pitiminí

Crónica para la web de la Asociación El Toro de Madrid.



  Un cuarto de plaza en  Las Ventas en tarde fría y con aguacero en la segunda parte del festejo. Novillada de Pablo Mayoral, encaste Santa Coloma vía Felix Suarez, Tovar, Víctor Huertas. Alguna reminiscencia Veragua y Martínez. Desigualmente presentados, primero y tercero abecerrados. Devuelto el inválido cuarto por uno de Benjamín Gómez, también Santa Coloma, escurrido de hechuras.

  Floja novillada de Pablo Mayoral, tanto de poder como de casta. Tiempo ha de la última ocasión en la que lidiaban un encierro en Madrid y seguramente igual que yo, los aficionados iban con otras expectativas. Se vinieron abajo rápidamente y eso que se simuló la suerte en picas. Sólo el sexto aguantó con viveza. El quinto también duró, iba chochón y después de miles de muletazos que David de Miranda le pegó, el animal seguía sin enterarse de nada. Ha sido otro detalle que hemos observado: los animales han adolecido del comportamiento típico de la sangre santacolomeña, esto es la capacidad para penalizar los errores que se producen durante la lidia, para amoscarse cuando se faena a la contra, para colarse cuando ven las puertas abiertas. Como si fueran reses de una ganadería de esas que se tachan de borreguiles, los novillos aguantaban carros y carretas que no tenían una mala reacción ni desarrollaban ideas aviesas.

  De ahí se explica que los coletas aguantaran tanto tiempo en la cara y se hayan escuchado cinco toques de atención. “Gallo de Córdoba”, que abría cartel, de momento no está para estas lides. Carece del manejo más elemental de los trastos de torear y posee una técnica incipiente que no es de recibo en esta plaza. Se vio superado, y toreado, por sus oponentes, sobre todo por el sobrero de Benjamín Gómez, un novillo con pies que le hizo un faenón al toricantano. Daban ganas de pedir la oreja de “Gallo de Córdoba”.

  David de Miranda también firmó un lamentable trasteo al segundo del festejo, ahogándolo desde el principio, repleto de desarmes y de muletazos que eran latigazos. El utrero parado y muy bajo de casta. Con el quinto se hinchó a pegar pases, este manso que reculó en varas y quedó crudo requería un gran sentido del temple y mucho arte, cualidades que David de Miranda aún debe desarrollar.

  Juan Carlos Carballo ha sido el más puesto de la terna con diferencia y a esto le sumamos la disposición y la garra que ha demostrado. A su primer oponente le recetó dos tandas de naturales a media altura, toreadas y con solera. Se echó la muleta a la mano derecha y la faena quedó en nada puesto que el novillo echó el freno, pero ahí quedó eso, los mejores lances del festejo, con lo complicado que resulta calar en el ánimo del público con el toreo a media altura.
  Con el sexto confirmó lo que habíamos atisbado durante el festejo: la soltura manejando el percal. Lances de recibo de buen son a un novillo serio de fachada aunque recibió un meneo dando una larga cambiada de rodillas. Iniciando el tercio de muerte dio distancias, igual que hizo con el anterior, la idea era buena pero no consiguió dominar en ningún momento. El astado tuvo cierta aspereza que nunca fue atemperada ni canalizada por la muleta del torero oriundo de Extremadura.

  Vino con un buen número de paisanos que jalearon todo lo que hizo y de ahí las peticiones de trofeo, pero bien es verdad que dejó grata impresión y que merece más oportunidades.


Juan Carlos Carballo de capote

martes, 5 de abril de 2016

Araceli Guillaume en la revista Taurodelta

Como estudiosa de la Fiesta, ¿hasta dónde llega el alcance cultural de los toros?
Personalmente, asistir a una corrida de toros es, en sí, una actividad tan cultural como ir al teatro o la ópera. Los toros son una escuela de tolerancia, de respeto, pero también de exigencia. Suscitan inquietud, entusiasmo, emoción. Enseñan a aceptar la desilusión, a contemplar el fracaso y el triunfo como dos caras de la vida misma.


¿Qué riqueza resaltaría de la Fiesta? 
Su variedad: no se puede esperar lo mismo de una corrida en Sanlúcar que en Bilbao. En Bilbao se exige más, aunque en Sanlúcar parte del público pueda saber más de toros que en Bilbao, pero va con otro ánimo y tiene otra personalidad. Está además la cuestión de la ruralidad, del contacto con el campo, del entorno taurino natural de las tierras gaditanas. Y esos son matices que enseñamos a los niños de mi familia, también a observar al público y sus reacciones: nadie engaña a un andaluz y a otros hombres de regiones ganaderas sobre las cualidades y los defectos de un toro o de una faena. Puede ser amable, aplaudir y hasta pedir muchas orejas, pero él sabe perfectamente qué ha pasado en el ruedo. Por eso entiendo que hay que ver campo, es imprescindible para preservar la Fiesta, su sentido profundo. La relación campo-ciudad es un elemento clave de la propia existencia histórica de las corridas de toros.


Para Francis Wolff, la ética de la corrida se sustenta en el concepto de bravura. ¿Comparte esa idea?
Sí, la corrida se sustenta en el concepto de bravura, necesario, indispensable, pero no lo es todo, también está el hombre. El primer requisito ético consiste en exigir del toro lo que por su naturaleza seleccionada puede ofrecer: integridad dentro de su morfología propia y bravura. Estas condiciones irán sazonadas, según la estirpe y el individuo, con cualidades y defectos que pondrán a prueba al torero, cuyo valor es el corolario natural de la bravura del toro. Tan necesarios son lo uno como lo otro y la corrida se sustenta en ambos. Un torero no podría torear a un ciervo y un bravísimo toro sin torero delante no serviría ni para una feria de ganado; con el trapío le bastaba para la exhibición. El hecho de que un hombre exponga su integridad frente a un toro es la mejor justificación ética de la Fiesta. Por muy voluntaria que sea la entrega de un torero y por asumido que esté el riesgo que conlleva, sigue siendo tremendo asistir a un espectáculo así y ahí reside toda su grandeza ética: en el doble sacrificio. El del toro porque el toreo es la finalidad de su existencia misma y en el del torero porque, con su libre albedrío, acepta la eventualidad de lo inaceptable para cualquier humano: su propia muerte.


Doctora en Filología Hispánica y profesora titular de la Sorbona en París



lunes, 28 de marzo de 2016

Mano a mano Morenito versus Fandiño

  Frisó media plaza para la corrida del Domingo de Resurrección en Las Ventas y aún la primavera, tímida, no termina de enseñorearse. En el cartel un apetecible mano a mano entre dos toreros con sustanciosa historia en Madrid, de contenido distinto aunque similar necesidad: la urgencia de contratos. 

  La corrida de Martín Lorca y su hierro hermano, Escribano Martín, mal presentada. Antiguamente se valoraban los encierros por lo parejo de hechuras, por la igualdad en la báscula y cosas por el estilo. El clasicismo de la época romántica. Ahora, entre los propios criadores quedan muy pocos que miren este tipo de premisas, unas veces por la incontinencia de encontrar un hato presentable en Madrid, otras por la presión de los reconocimientos, o simplemente por pura desidia y falta de honra. Hoy, como digo, una paleta de hechuras y conformación de pitones muy alejados entre sí. Desde el cornidelantero corrido en primer lugar, pasando por el engatillado segundo, el basto castaño que salió en quinto lugar y el que asomó para cerrar plaza, finalmente devuelto, una mole de carne con la altura de un caballo. En su lugar un sobrero de José Luis Pereda, que después de la inmensidad del ejemplar devuelto, parecía una culebrilla. Y claro, se llevó la bronca. 

  De lo que llevaban dentro cabe destacar el comportamiento del primero. Manso, sí, pero muy encastado y con poco de tonto. Fandiño quedó a merced por el viento en un quite, se llevó una paliza y el toro tomó buena nota. Embistió fuerte, codicioso, y acabó subiéndose a las barbas de Morenito cuando tenía una oreja en el esportón, después de dos tantas de naturales en las que destacaron dos lances profundos y mandones, con el empaque personalísimo de este torero. Antes aguantó bien el brío del toro por el derecho, pero como decimos intentó prolongar una faena que tenía su medida y lo acabó emborronando. Selló con un pinchazo y una estocada en las péndolas de fenomenal ejecución, de lo mejor de la tarde, pidió a la cuadrilla con buen criterio que dejaran en paz al bicho, que marchó de huida al burladero del cinco y tuvo una bonita muerte a los pies del matador.

La muerte del primero

   El tercero fue el otro burel a destacar, el resto suspende en bravura sin ningún paliativo. En el caballo se dejó pegar y el piquero señaló en buen sitio, aunque barrenó descarada y vilmente, sin que la afición lo advirtiera y lo censurara. Llegó entero y voluntarioso a la muleta de Morenito y por lo que hizo con el anterior se presumía que iba a darle fiesta, pero no. El viaje no era largo pero acudía con celo a las telas, repitiendo. El torero castellano no consiguió que aquello cogiera vuelo y al final del trasteo flotaba en el ambiente la superioridad del toro. Espejo de la faena recién culminada, lo mató de estocada caída saliéndose. 

  Para agotar la última bala se las vio Morenito con un toro desabrido que se orientó por el pitón derecho durante la lidia. Y hete aquí que empezó el tercio de muleta por la mano izquierda, como requería el bicho. Por causas de fuerza mayor, pero ya hemos visto a un coleta iniciar el trasteo al natural, seguiremos informando... Dos pinchazos y una desprendida remataron una tarde que apuntó alto de inicio para el torero burgalés y cayó en picado.

  Lo de Fandiño es otro cantar. Desde aquella mítica encerrona anda bloqueado y hoy, en su primer acto de presencia, lidiándose el que rompió plaza, quitó por saltilleras a uno que no se desplazaba y cuando quiso salir de la cara, en un apretón, el viento le jugó una mala pasada y lo dejó a merced, llevándose una fuerte paliza de la que milagrosamente salió sin cornada. Presentarse en un mano a mano para poner la plaza a revienta calderas y volver al callejón desorientado, con una paliza en el cuerpo. La dureza del toreo.

  Salió su toro y en la segunda tanda le arrebató la muleta, fijo en la tela, costó arrebatársela. Todo se desarrollaba a la contra y así iba a ser durante toda la función. Cuando tomó la de acero pinchó pasando como una exhalación y, a continuación, dio una estocada con saltito, al estilo Juli. Donde antes habíamos visto estocadas casi frascuelinas, ahora había ardid, trampa. Malos tiempos para el fandiñismo.

  Entretanto, durante la lidia del tercero, Fandiño apareció para hacer el quite del mismo modo que se había llevado el revolcón, es decir, un desquite. Salió muy acelerado y revuelto, improvisó como pudo y perdió -o tiró- el capote al rematar los lances. Para colmo Morenito replicó y en los delantales sacó a relucir la torería, calentando al público. Otro palo para el torero de Orduña, la tarde era un calvario.

  La segunda opción para Fandiño no fue tal. El señor piquero, Rafael Agudo, se agarró en dos puyazos traseros que dejaron al toro inválido. La gente se mosqueó y protestó, don Justo Polo no tuvo a bien devolverlo y el resto ya se lo imaginan. A Rafael Agudo, si por un casual llegara a leer esto, que no lo creo, se le recomienda encarecidamente leer este documento

  Con el sobrero de José Luis Pereda, que se movía como descoordinado, Fandiño puso voluntad. El animal se dejaba hacer pero el trasteo resultaba hueco. Sin embargo a la hora de matar se tiró sobre el toro encunándose, como hizo en otras ocasiones, solo que esta vez el animal se pasó a Iván Fandiño de un pitón a otro como si fuera un pelele. Al parecer no hizo carne. La estocada quedó muy trasera y caída del lado contrario y parte del público sacó pañuelos, sin duda sobrecogidos por la arrogancia  y la temeridad del torero vasco.
  ¿Hasta qué punto es legítimo semejante temeridad, el desprecio por la vida, cuando se convierte en un habito? ¿Cómo podemos valorarlo los aficionados? Responder a estas preguntas daría para un tratado de filosofía.

martes, 22 de marzo de 2016

domingo, 20 de marzo de 2016

Primera del año, Curro por la Puerta Grande

  Domingo de Ramos, primera de temporada con toros de Gavira y Puerta Grande para Curro Díaz. No pasa todos los días. Calentó los tendidos el torero andaluz en una tarde desapacible por el frío -la empresa puso un horario tardío para esta época del año- y nos dejó retazos de toreo caro, aderezados por la pinturería que atesora cuando se siente inspirado y ve los oponentes con lucidez. Tarde, por tanto, ideal para reencontrarse con la afición. 

  La divisa color merengue embarcó una corrida con cierta desigualdad, pero bien hecha, muy seria, imponente por delante y por detrás. Toros rematados de los cuartos traseros, que no es baladí. Ovacionado de salida el veleto y astracanado que rompió plaza y temporada, Varillo; de gran cuajo y trapío el tercero, largo como un tren, con un pitón derecho que era una guadaña. En este sentido no queda otra que felicitar al ganadero; otra cosa hay que decir si entramos en la parcela del comportamiento que desarrollaron en el platillo. Todos ellos mansos en varas, salían rebotados de la suerte y se marchaban de espantada al caballo de la querencia. De los que desorganizan la lidia y hay que banderillear en los terrenos de toriles. Corren tiempos de mansinobles, el bravo se cotiza caro. 

  El primero tuvo un viaje corto y tres o cuatro tandas en las que acudió pastueño antes de venirse abajo. Fue devuelto el segundo por un puyazo caído que hizo estragos, sustituido por uno de Torrealba (los sobreros de Taurodelta es un caso para estudiar aparte), un colorado mansurrón que no molesta a nadie y queda muy franco en la muleta. Tercero y cuarto igual de mansos que sus hermanos, desarrollaron nobleza atemperada. Y quinto y sexto descastados y aplomados, no valían un duro. 

  Juan Ortega no supo aprovechar las embestidas que le ofreció el toro de su confirmación antes de que se apagara, en ningún momento cogió vuelo el trasteo. El público lo sacó a saludar en una muestra de sensibilidad. Después se encontró con un marmolillo sin posibilidades. 

  David Galván no me convenció. Vino con la faena hecha desde casa. El mismo quite por chicuelinas en dos toros, perdiendo los trastos al rematar; el comienzo con el pase cambiado por la espalda con un toro que hasta el momento había sido incierto, resultando cogido en la pantorrilla derecha, de la que se veía perfectamente cómo le corría la sangre por la media. Cuando mejor estaba toreando, al natural, se puso a dar circulares, continuando con las manoletinas, como si estuviera en Cantalapiedra de Arriba. Dejó una estocada trasera pasando como un rayo, cortando una oreja ampliamente solicitada. No pudo salir de la enfermería y ahí quedó la historia. 

  Muy generoso el público con la primera oreja que le pidieron a Curro. La faena estuvo repleta de muletazos soberbios, de enjundia, pero todos ellos en lo accesorio. Los de pecho, las trincheras y los derechazos de perfil, ligados sin solución de continuidad, acompañando y componiendo figura torera. Mucha guarnición y poca carne. Mató de media en el hoyo y dos descabellos. 
  Otra cosa fue lo del cuarto. Transcurría el trasteo por los mismos derroteros de los chispazos, los remates excelsos, cuando se echó la muleta a la mano izquierda y ligó dos tandas entre las astas del bicho, mandando en la arrancada, pasándoselo por la femoral. Sensacional. Arreciaron los olés más graves. Curro miraba con complicidad a los aficionados que se encontraba en el siete, ahora sí. Se volcó en el morrillo del toro, la estocada fue de las que valen una oreja por sí sola. No dejó escapar la oportunidad y suma su segunda Puerta Grande en Madrid. Enhorabuena.   

  Para ir rematando consignamos que la torería de plata anduvo muy aseada, ligera, y en algunos pasajes brillante, para las complicaciones que plantearon los toros. Ya vendrán tardes de incapacidad y rechifla en esas desastrosas novilladas que programa la empresa...

  Todas las faenas principiaron con la muleta montada por la derecha. Habrá que ir fijándose en esto, no puede ser que el 100% de los toros desarrolle mejores condiciones por la diestra. Hay que venir con más verdad a Las Ventas.

  La nueva grada joven repleta, qué alegría tanta mocedad en los toros. De momento anduvieron fríos, como la tarde. Ya tendrán tiempo de calentarse.

Curro, a lo suyo