martes, 22 de abril de 2014

Cartel de toros sin toros


Azulejo para la posteridad en la plaza de toros de Málaga. El Juli y Morante consiguen un hecho sin precedentes en la historia de la Tauromaquia: Un cartel de toros sin toros. Un hito solo al alcance de estas figuras incomparables. Y lo peor de todo es que aparecen por ahí los nombres de José y Juan; no se lo merecen.

lunes, 21 de abril de 2014

Partido de Resina para las calles

Mientras que en Las Ventas se celebra una corrida de Martín Lorca, el día 10 de mayo, en el barrio de Colonia Segarra, en Vall de Uxó (Castellón), correrán por las calles este encierro de la legendaria e histórica ganadería de Partido de Resina. No sabemos qué harían en los caballos y muleta, ni lo sabremos. Hace pocos años, en corrida de a pie, provocaron cinco caídas de los jacos y desde entonces, que me refresquen la memoria, no nos hemos visto en otra. 













Se pueden ver más fotos en el blog DesdeToriles. Deleitense.

domingo, 20 de abril de 2014

¡Ahí va la liebre!

  Cuando todos preveíamos una corrida de toros de Los Bayones para el domingo de Resurrección venteño, por ese birlibirloque taurodeltiano, al final fue que no. Los Bayones, esa ganadería en la que curan un jamón ibérico de bellota de primerísima categoría (según me cuentan pues no he tenido el gusto de catar), pero no se tienen noticias de un toro que haya embestido por derecho. Luego marearon la perdiz al bueno de Gerardo Ortega, con todo el perjuicio que conlleva menear los animales bravos como si fueran paquetes de mensajería. Y final y oficialmente, nos dijeron que iba a ser una de Gavira, que no se corría en Madrid desde el año 2012, en la festividad de la Virgen de la Paloma, donde vimos un encierro duro y seco, y un torero madrileño, de corte clásico, que sufrió una aparatosa y grave cornada: Fernando Cruz.

  No fue esta como aquella de 2012, toda ella igualada y de pelos zainos. Hoy, sin embargo, hemos visto una escalera de corrida, de dispares hechuras y cornamentas, con dos ejemplares de pelo colorado. Todos ellos, salvando el sexto, salían de chiqueros y huían del encuentro con los picadores al grito de "¡ahí va la liebre!". Una apabullante forma de escapar de la refriega que ya quisiera para sí Esperanza Aguirre cuando le dan el alto los agentes de movilidad en la plaza de Callao. Mansos sin paliativos.

  En la muleta no tenemos muy claro lo que llevaban dentro, ya que hemos tenido coletas, como Curro Díaz, que no han tenido su día. Muy acelerado y descentrado toda la tarde, sin dar tiempo a que los toros cogieran aire, ni ofrecer esa distancia que los hace crecerse. Como siempre, obcecado en torear con la muleta montada por el derecho, se le fue un tiempo maravilloso con el cuarto de la tarde, en vez de ponerse al natural por el único pitón potable. Eso sí, al inicio de faena dejó tres o cuatro lances por bajo, arrebatados, de esos que hacen rugir la plaza y que, por otra parte, le convierten en un consentido de la afición venteña.
  El que abrió plaza, un pavo de gran remate, pechos prominentes y pitones veletos que metía mucho miedo, a la postre fue el que más se movió -junto con el sexto- permitiendo a Curro dar un par de tandas por el lado izquierdo enroscándose el toro. Con la espada un sainete; se dio el curioso caso de matar al primero con un segundo estoque, pues el primero se hallaba envainado y no hubo forma de poder desprenderlo de la piel del toro. 

  Morenito de Aranda se las vio con un lote deslucido que nunca acometió con franqueza, descompuestos y con media arrancada. Siempre con la mansedumbre de argumento principal. Lo mejor fue el quite por verónicas que dejó en el primer toro de la corrida. 

  El colorado que hacía tercero andaba con la fuerza justa y perdía las manos a la mínima. Muy protestado por los tendidos, el señor presidente Javier Cano hizo caso omiso y al final se verificó que el público tenía razón; un inválido. Señor Cano, háganos caso a nosotros que usted es un neófito. Con el sexto, un ejemplar de pelo negro a punto de cumplir los seis años, escurrido de carnes, montado, bien colocado de armas y astifino; Antonio Nazaré cometió el error claro de echarse la muleta a la mano derecha cuando estaba calentando los tendidos con unos naturales de mano muy baja, corriendo la mano y embraguetados. Tirando mucho de lumbares y extendiendo el brazo en exceso, forzando mucho la figura, al estilo julianesco. Pero ya digo que el error fue flagrante. Lo mató de estocada trasera de ejecución hábil, que no ortodoxa, provocando petición de oreja, a mi entender no mayoritaria, con resultado de vuelta al ruedo sin apéndices cárnicos. 

  Todos los toros se han llevado dos rigurosos puyazos, no hubo simulacros. Exhibieron mansedumbre huidiza y tres de ellos tuvieron faena de lucimiento en la muleta. En la caballería: José Antonio Flor, medio toreando a caballo con el sexto y agarrándose en buen sitio. En la infantería: Francisco Javier Crespo, muy valiente y lucido pareando al cuarto. Luis Carlos Aranda clavó par y medio, una pena. Los coletas mal, vulgares y poco avispados; salvamos a Nazaré por disposición y ganas.

Carabinero, el primero de la tarde, un pavo

jueves, 3 de abril de 2014

El veto de Victorino

Fotografía Antón Goiri

XL. ¿Nunca se han negado a que sus toros estén en un determinado cartel?
Victorino Martín García. Hay un solo antecedente: en 2003, mi padre se negó a que una figura que quería torear sus toros en Madrid lo hiciera, y la figura no los mató. El empresario decía: «Esto no lo he visto en mi vida».
 
XL. ¿Se está refiriendo al Juli?
V.M.G. Sí, le hizo una pajarraca en Ávila y mi padre dijo: «Este ya no me mata una corrida más».
 
XL. ¿Qué es una pajarraca?
V.M.G. Actuó de una forma muy poco correcta en Ávila y mi padre se molestó y se plantó.
 
XL. ¿Y qué quiere decir con «poco correcta»?
V.M.G. No trató bien a los toros en el ruedo. Digamos que acabó con el toro antes de la cuenta y mi padre le puso cruz y raya.
 
Victorino, que para entrar en calor se ha acercado a la chimenea, escucha a su hijo hablar del Juli y se arranca:
Victorino Martín. Es que era...
V.M.G. ¡Cuidado que luego se publica todo! [le interrumpe el hijo a su padre]. Hay que ser diplomáticos...
V.M. Ni diplomáticos ni gaitas [insiste el ganadero]. A mí me van a hablar ahora de diplomacias a estas alturas. ¡Y que publique lo que quiera! Son unos golfos. A mi edad ya puedo decir lo que me dé la gana [enfadado], que tengo más premios que años.
 
***
 
Un nuevo episodio del viejo conflicto Victorino Martín-Juli en la entrevista que los ganaderos han concedido para el Grupo Vocento. El mejor ganadero de la segunda mitad del siglo XX, con su brevísima intervención, hace gala de ello y de la rígida personalidad que siempre le ha caracterizado. Victorino Martín Andrés es un ganadero romántico y acreditado que cría sus bravos ejemplares con mucho esmero y, más de diez años después no da un paso atrás y no perdona que nadie, se llame como se llame, eche a perder sus toros de manera caprichosa, usando los peores trucos y artimañas que el arte de la lidia ofrece -tan viejos como la propia tauromaquia-. Julián López, como si de un torero decrépito se tratara, eligio un mal día y la divisa equivocada para tapar al toro. Otro obscuro capítulo en la carrera del torero de San Blas, al que veremos actuar en San Isidro en apenas un mes. No torea en Sevilla y, casualidades de la vida, esta temporada si ha habido entendimiento con la empresa de Madrid. Ojalá no tenga tan mala suerte como en Valencia y no le salga un toro bravo. Te esperamos Julián.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Peregrino, de Vicente Martínez


Peregrino

De don Vicente Martínez, lidiado en Madrid el 7 de junio de 1869
Motivó la amputación de la pierna derecha del Tato
En la corrida celebrada para solemnizar la jura o promulgación de la Constitución democrática, se lidio en cuarto lugar a "Peregrino", que llegó al último tercio de la lidia humillado, desafiando y amparándose en las tablas. Hallándose este terciado delante de las del tendido número 6 (Plaza vieja), el Tato le tendió la muleta con la que hizo tres faenas, que fueron acompañadas de media estocada trasera en dirección a atravesar primeramente. Pinchó, luego, en hueso, y por último, una estocada; siendo empuntado por bajo de la rodilla derecha y causándole "Peregrino" una herida de tres centímetros de profundidad por cuatro de longitud. Retirado el Tato a la enfermería, remató el toro Lagartijo.

martes, 25 de febrero de 2014

Lo que demanda el público

  Cuando el Guerra dio la orden a sus picadores para dejarse de tando picotazo inútil y caldear severamente el morrillo de los toros, el II Califa cordobés ya había hablado con el público, conocía sus demandas. No se trata de ninguna casualidad. De este modo, los toros permitían más lucimiento en el tercio postrer, y a partir de ese momento se empezó a vislumbrar la lidia moderna. Es algo que todo el mundo conoce en esto de los toros, la comidilla de todas las tertulias, la frase de todos los reportajes ganaderos, el recurso del espada en apuros: Lo que demanda el público. Ha sido así desde siempre; el Pasmo de Triana, por ejemplo, a nadie se le ocurre pensar que su quietud hierática y su toreo de brazos que tanto marcó en adelante fuese cosa suya, fruto del toreo empírico fraguado a la luz de la luna y una personalidad fuera de lo común. De ninguna manera. El Pasmo, como todo el mundo sabe, era un hombre inclinado a las relaciones sociales intelectuales, por ello estaba bien informado de lo que demandan los públicos. Algo parecido ocurrió con José, cuando se puso a encadenar muletazos en redondo, uno detrás de otro. Era tal la demanda del público por estas nuevas formas que tuvo que proyectar las plazas monumentales con capacidad para decenas de miles de publicos.
  Los ganaderos, advertidos por la demanda del público, qué duda cabe, seleccionaron un toro propenso al tercio de muleta, de tal modo que llegó el IV Califa de Córdoba, Manuel Rodríguez, y, alentado por la demanda del público, sublimó el arte del toreo con la perfección que hubieran soñado para sí los genios sevillanos de Gelves y de Triana, combinando ligazón, técnica y temple en el espacio de un baldosín. Pero el público soberano nunca se contenta, quiere más, por eso demandó a Dámaso la faena de ciento cincuenta muletazos cantados por el graderío; y a Ojeda, la invasión de terrenos reduciéndolos a cero, brotando por aquellos años 80 el fabúloso y espléndido pase circular, en todas sus modalidades.
   Andando el tiempo, pasados ya los años en los que el público demandaba el toro elefante que no dejaba de caerse, llegamos a nuestros días, en los que el público demanda el toro que da coces en los jacos, la lidia rápida y al relance, los primeros tercios inexistentes... y faenas de muleta largas, muy largas, cuanto más largas mejor, sin importar como se ejecute la suerte de matar.
  Solo hay que entrar en una taberna en un día de toros: "Muy buenas, ¿es usted el público? / Sí, soy yo, qué desea / Dígame, qué espera de la tarde / He venido a divertirme / ¿Y qué le divierte, ver al servicio de carpintería de plaza arreglando burladeros, los toros arráncandose fogosos a todas las provocaciones? / Pero qué diantres dice usted, está loco; he venido a ver cómo cortan orejas los coletas, eso es lo que me interesa / Es complicado, tenga en cuenta que esta es una plaza exigente / ¡Que va! El torero solo tendrá que prolongar la faena hasta la extenuación, sin necesidad de usar la mano izquierda, culminando con unas buenas manoletinas o circulares, cruzando miradas con los tendidos, una estocada efectiva y toda la cuadrilla empleada en derribar con celeridad al animal. Es sencillo / Tiene usted razón, cómo no se me había ocurrido. Que pase una buena tarde / Pero oiga, espere / Dígame / Al toro, si colabora con el torero, lo vamos a indultar por bueno, no se piense que nos olvidamos del animal / Ah, bien... / Los animalistas nos lo agradecerán / Ya me imagino... / Lo ve, anímese, va a ser una gran tarde / Que así sea. Gracias, buenas tardes / Adiós amigo".

   Ya ven, así ha sido, es y será. Es lo que demanda el público, por eso el toreo es como es y será como el público quiera. ¿O no?


Triple circular invertido con tirabuzón, por El Juli, Perera y Matias Tejela. Lo que demanda el público y está deseando ver en las plazas