miércoles, 24 de octubre de 2012

Jaquetón, ¿primer indulto de la historia?

   Ocurrió en Madrid, en la tercera corrida de abono del año 1887, domingo 24 de abril. Los toros pertenecían a la torada del "cura de Solís" (don Agustín Solís), de Trujillo, antes del Marqués viudo de Salas. Los toreros anunciados fueron Francisco Arjona Reyes, Currito (hijo del célebre Cúchares); Salvador Sánchez, Frascuelo; y Ángel Pastor.
   En cuarto lugar se lidió Jaquetón (nº 11), toro que ha pasado a la historia como uno de los más bravos que jamás se han lidiado, y también, como el primer indulto acaecido en la historia y en la plaza de Madrid. Pero no fue tal, tras bucear en la vasta hemeroteca de la Biblioteca Nacional y en los pocos libros que poseo, las conclusiones que saco difieren de la historia que ha corrido de boca en boca durante tantos años, bulos que se hinchan con el paso del tiempo, tan dados en el mundo de los toros. Como aquel que se cuenta de Gallito, cuando debutó en Madrid de novillero el 13 de junio del año 1912 cambiando los novillos del Duque de Tovar por toros de Olea. Falso.


La Lidia (04/11/1889) celebraba la contratación de Currito para la temporada de 1890 con un dibujo del Sr. Chavez. Torero querido y bien tratado por la afición madrileña, él hubo de pechar con Jaquetón


  El festejo dio inicio a las cuatro de la tarde bajo un clima agradable, la entrada fue buena, "con algunos pequeños claros en las gradas", mas algunos periódicos afirman que "los reventas fueron perseguidos". El palco regio estaba ocupado por la Infanta Isabel, los Duques de Montpensier y la Condesa de París. Pero vayamos al meollo de la cuestión, la corrida en conjunto fue buena, muy buena o sobresaliente, según criterio del revistero; Cossío habla de 48 varas en total, por 20 caídas y 20 jacos para el arrastre.
   La terna quedó regular: Currito, con el toro que abrió plaza anduvo mal con la muleta y sin acierto a espadas; Frascuelo dio una estocada de las suyas al quinto, "arrancando corto, derecho y saliendo limpio de la suerte"; y Ángel Pastor no tuvo material en el tercero y dejó una buena estocada en el último de la corrida.
   Agustín Solís se hizo con la vacada del Marqués el mismo año de lidiarse Jaquetón, si bien la ganadería venía de cuajar una gran temporada el año anterior y por lo general era bien recibida en Madrid aunque su comportamiento solía ser irregular. Como ejemplo de las dudas que generaba esta ganadería, Paco Media-Luna, en su Diccionario Cómico Taurino, dando significado -irónico y atinado significado- a varios hierros ganaderos, se refiere a la "S" del Marqués de Salas diciendo "¿saldré bueno?".


Coplilla escrita por Sobaquillo (Don Mariano de Cavia) en El Liberal del día después


  En lo tocante a la presentación del famoso Jaquetón, habiendo recabado varias reseñas y opiniones, da como resultado una fachada sin exageraciones y unos pitones astifinos aunque justos para la exigencia de la plaza. "Cárdeno, chorreado y algo escurrido de carnes" dice Cossío; "de hermosa lámina y adelantao de cuerno" según El Imparcial; en El Toreo lo reseñan "cárdeno, cornicorto, delantero, un tanto sacudido de carnes y con un pequeño defecto en el lado izquierdo".
   Manuel el Sastre, Canales, Paco Fuentes y Manitas fueron los picadores que se enfrentaron a la bravura de Jaquetón. En El Enano, Tiberio escribe: "Superior con la garrocha Paco Fuentes, que es hoy uno de los mejores picadores, por no decir el número uno, y muy bien el Sastre. En estas corridas que pegan es donde se conoce a los picadores de verdad".
   No se puede precisar los números exactos de Jaquetón en el tercio de varas, según el revistero la ecuación varía. Si partimos de la reseña de Cossío, cuento 9 entradas, 6 caídas y 5 pencos; 9 entradas y 6 jacos relata El Enano; en La Correspondencia afirman que "cuantas veces entró a los picadores los dejó en tierra, mató 6 caballos"; El Imparcial refiere "10 varas recargando, volteando a jinetes y caballos"; Sobaquillo en El Liberal habla de 11 puyazos derribando en todos, matando 7 caballos.
   Bien es verdad que los números de Jaquetón no son tan espectaculares en comparación con la leyenda que lo ha hecho famoso; peor resultado extraemos si lo comparamos con otros toros célebres que se lidiaron por aquella época y presumen de números mucho mejores. En su descargo hay que decir que los toros nada tienen que ver con las matemáticas. 

Dibujo de Perea dedicado a Jaquetón. La Lidia del lunes 23 de mayo de 1887

   El animal acometió con furia desde salida, desarrollándose el tercio con mucha rápidez y, más allá de las veces que acudió a los picadores, la importancia de Jaquetón radica en el tremendo poder, codicia y bravura que derrochó en los caballos, derribando prácticamente en cada acometida, yendo a más continuamente. Se desconoce el límite de tan extraordinario animal si no hubiera sido por una coz que lo dejó convulso cuando Jaquetón hacía hilo tras un caballo, después de descabalgar al picador Canales.
   En el fragor de tan movido tercio de varas, Ángel Pastor tropezó con un caballo inerte y cerca estuvo de sufrir una cogida de Jaquetón si no es por un quite providencial de Pulguita cuando el espada estaba a punto de convertirse en presa de Jaquetón.


Cuando hay un toro bravo en la arena ya se sabe... (El Imparcial sobre el tercio de varas de Jaquetón)

     La "versión oficial" dice que Jaquetón recibió una coz cuando llevaba siete u ocho puyazos con una codicia sensacional, de una u otra forma el burel quedó atontado, y el público pidió insistentemente que no se matara a tan sublime ejemplar. Entretanto, Corito clavó un par y se ganó una tremenda bronca. El presidente, don Juan José Giménez, accedió a tal demanda pero Jaquetón ignoró la parada de bueyes, por lo que Currito hubo de darle muerte al tercer golpe de descabello.
   Esa es la historia. El indulto de Jaquetón no llegó a materializarse y, en cualquier caso, el público lo solicitó al ver que el animal se había lastimado y no podía continuar la lidia, pues no querían ver morir en la plaza tan magnífico ejemplar encontrándose en un estado tan lamentable, otorgándole la indulgencia en aras de una posible recuperación. La petición se produjo por la lesión, si no, el público de aquel momento hubiera solicitado "¡más caballos!" hasta exprimir la bravura de Jaquetón al máximo posible; quién sabe cuantas varas hubiera llegado a coger. Fue un conato de indulto concedido por la presidencia debido a causas sobrevenidas.
   Jaquetón, como no podía ser de otro modo, fue despedido con una atronadora ovación cuando era arrastrado por el tiro de mulillas, después de arrastrar toda la caballería víctima de su poderío, como era costumbre cuando el comportamiento de los toros era bravo, pues en caso contrario eran arrastrados en primer lugar, antes que los caballos.


Con esta maestría lo contó don Mariano de Cavia


  Las cosas no podían quedar ahí, mucho se habló de tan singular toro y todavía habrían de venir nuevas hipótesis acerca de la malograda vida de Jaquetón. El número de La Lidia del día 2 de mayo, en una nueva vuelta de tuerca, da la exclusiva sobre la lesión de Jaquetón afirmando que fue un derrote seco a un caballo que perecía en la arena. Ni siquiera valoran la coz de un penco, causa que tuvo más partidarios; en este caso hablan de un puyazo, motivo que también se barajó, llegándose a comentar que una vara perforó un pulmón de Jaquetón.

La Lidia aportó nuevas razones acerca de la lesión de Jaquetón

 
  Cuenta Cossío en su obra: "Hace pocos años vimos en Trujillo la cabeza del toro Jaquetón. Está disecada al estilo antiguo, es decir, que puede decirse que está estrictamente la cabeza, sin apenas cuello. Su aspecto es insignificante, muy cariavacado, muy corto de pitones y muy afilados, muy descarnada y estrecha. Su dueño, un empleado de la casa de Banca Artadoitia y Cortés, la cuida con esmero, preservándola en lo posible de las inevitables contingencias del tiempo". 
  Desconozco si Banca Artadoitia y Cortés son descendientes de Agustín Solís, pero antes de poseerla ellos, la tuvo el propio ganadero por lo que cuentan en varias crónicas.

La Correspondencia de España


  Jaquetón ha permanecido siempre vigente en el mundo del toro, durante mucho tiempo los cronistas citaban su nombre como expresión máxima de bravura. Se ha utilizado para bautizar reatas de muchas ganaderías; en la jerga taurina, cuando se ve un gran toro por bravura y fiereza se dice que era un jaquetón, aunque hoy esta expresión ha caído en desuso. Incluso, yo he llegado a escuchar a amigos míos que no tienen ni idea de toros, referirse a una mujer de "buenas hechuras" como una jaquetona y, dejando a un lado la controversia de este uso, me parece impresionante que una persona iletrada en toros evoque el nombre de Jaquetón más de ciento veinte años después.

Simpática anécdota en El Liberal del 20 de mayo de 1887 haciendo alusión a Jaquetón

 
  Los curiosos sobre la casta de procedencia del toro Jaquetón podrán encontrar una buena reseña sobre los antecedentes de la ganadería del cura de Solís y avatares del Marqués de Salas en la edición de El Toreo del día 21 de mayo de 1894. Cuentan que el Marqués de Salas formó su ganadería con un hato de Toros de la Tierra (reses colmenareñas) de D. Pedro Varela y un semental de D. Antonio Miura. Dato interesante, ya que por aquella época los toros de nombre Jaquetón eran habituales en la ganadería de Miura... lo que nos puede dar una explicación sobre la capa de Jaquetón, toda vez que los toros jijones no se prodigaban en pelos cárdenos.
  Sin embargo, don Luis Fernández Salcedo, en el libro Trece ganaderos románticos, dice: "A su muerte (por don Pablo Bañuelos, en el año 1853), se divide toda su hacienda en tres partes, que se adjudican a sus hijos Manuel, Julián y Prudencia Bañuelos y Salcedo. Doña Prudencia, que entonces era muy joven, vende su parte a un vecino de San Agustín. Posteriormente, esta porción sirve para formar la ganadería del Marqués de Salas, con sementales de Muñoz y de don Manuel Bañuelos". Fernández Salcedo coincide con la reseña de El Toreo ya que, al fin y al cabo, lo de D. Pedro Varela venía de Bañuelos; de lo que no habla es del toro miureño.


  Para terminar dejo los versos que en La Lidia dedicaron a Jaquetón, en la edición del día 23 de mayo del año de la efeméride, los cuales pasan a formar parte de este blog de manera permanente, en honor al grandioso toro Jaquetón, ejemplo de bravura, poder y fiereza entre los de su especie.

La tarde clara y hermosa
de un día primaveral,
convidaba, bulliciosa,
a asistir a la famosa
fiesta hispano-nacional.
La madre tierra lucía
sus más esplendidas galas,
el gran circo contenía
al público que acudía
a ver seis toros de Salas.
El clarín volvió a sonar;
volvieron a rechinar
las puertas de los chiqueros,
y asomo, en cuarto lugar
un toro de los primeros.
Cárdeno el pelo y sedoso
bien puesto, fino, nervioso,
los cuernos en proporción,
bravo, duro, codicioso,
y por nombre Jaquetón.
Al salir pausadamente,
giro la mirada ardiente
por el ancho redondel,
y se abalanzó a la gente
cual a la caza el lebrel.
Ni a contener su pujanza,
ni a resistir su fiereza,
el arte sereno alcanza,
ni el caballo, ni la lanza,
que es un ciclón su cabeza.
Como arrolla el huracán
al objeto más sencillo,
lo mismo a su impulso van
el peón y el alazán
por el espacioso anillo.
Tan ruda es la acometida,
tal la furia de la res,
que deja en cada embestida,
la tierra en sangre teñida
y un cadáver a sus pies.
Y su indomable denuedo
siembra a punto de tal suerte
la consternación y el miedo,
que en el arenoso ruedo,
se confunden vida y muerte.
Hasta que el toro, asombrado,
ante su propia bravura,
y ciego, desesperado,
frenético, es atacado
del vértigo y la locura;
quedando en tal situación
que nadie da explicación
satisfactoria del hecho;
la cabeza sobre el pecho
y en horrible convulsión.
Absorta la plaza entera
ve como al dolor latiera
su altiva cerviz humilla,
e impide que la cuadrilla
se aproxime tan siquiera
a Jaquetón, que abatido,
descoyuntado, rendido,
loco de rabia y de pena,
cae al fin sobre la arena
muerto, sí, más no vencido.
Al arrastrar los despojos
 de tan soberbio animal,
con cariño hacia el corral,
le siguen todos los ojos,
y un aplauso general
resuena en la inmensa plaza,
como tritubo elocuente
al toro hermoso y valiente;
de su fina y noble raza,
ejemplar sobresaliente.

Mariano del Todo y Herrero

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Dices: "Como aquel que se cuenta de Gallito, cuando debutó en Madrid de novillero el 13 de junio del año 1912 cambiando los novillos del Duque de Tovar por toros de Olea. Falso."
No encuentro nada por ahí que avale esa opinión. La prensa de esos días da todo tipo de explicaciones sobre la visión clásica del asunto Mosquera/Tovar/Niños sevillanos. Me encantaría conocer la fuente de la que has sacado ese comentario.

Un cordial saludo, JRM.

Vazqueño dijo...


Claro. Tuve la suerte de asistir a la conferencia de José María Moreno Bermejo que hubo el curso anterior en el CEU. En ella trató el debut de Joselito y habló del libro que escribió sobre este asunto, titulado José Gómez Ortega "Gallito III" debuta en Madrid, donde somete a riguroso examen tanto el debut de los niños sevillanos, como los acontecimientos que rodearon al mismo.
De esta obra se desprende que fueron novillos de respeto y no toros los que se lidiaron aquella histórica tarde, y que los niños sevillanos aceptaron el cambio propuesto por la empresa y El Gallo puesto que Joselito tenía contratadas otras tres tardes más de importantísimo compromiso y no querían cabrear al público ni mancillar un debut que venía con mucho ambiente...

Podemos comentar más sobre este acontecimiento, pero yo no lo voy a contar tan bien como lo hizo el autor del estudio...

Saludos JRM

Jose Morente dijo...

Mejor no se puede contar una historia.

Vazqueño ha conseguido usted recrear el ambiente de aquella época y, por un rato, hacernos creer que estabamos en la plaza

Muchas gracias. He disfrutado de una tarde de toros en el Madrid romántico, algo que no me esperaba.

Saludos

Vazqueño dijo...

Muy agradecido, José.

Un abrazo