domingo, 2 de septiembre de 2012

La primera en la frente

 
 Como en las pastelerías de Londres que entra todo por la vista y luego sabe insípido. Así fueron los veraguas
 
  Fiasco, plomo, petardo, decepción, revés, catástrofe... y todos los adjetivos que se quieran poner; la novillada que ha traído don Tomás no ha valido un mísero duro. Presencia justa, variedad de capas y juego muy desagradable, tanto para los coletas como para los aficionados de exigentes pretensiones. Cero poder; cero casta, cero fijeza, cero bravura en el caballo.
 
 Con pesadumbre y desazón según transcurría la tarde, hemos visto un primero devuelto por inválido, en el mismo tono que el resto de la novillada, muy blandita toda ella. Un varapalo que nos ponía sobre aviso de lo que iba a ser el resto de la tarde. Sustituido  por un novillo de Juan Antonio Ruiz Román, manso de tableros y puerta de toriles, pese a la insistencia del novillero, que pasó toda la faena corriendo tras el bicho, de medios a tablas.
 
  Un segundo negro zaino que ni fu ni fa. Se repucha del caballo; no aprieta ni hacia dentro ni hacia fuera; se queja de los arpones. Tuvo dos tandas que no encontraron el mando que exigía, mas enseguida torna en protestón, no pasa y pega brincos; desconozco si el efecto es causa de la falta de dominio. Sin fijeza ni codicia.
 
  Un tercero de pelo jabonero que no tardó en doblar las pezuñas a pesar de salir como el rayo del calabozo. Simulacro en varas. Es noble pero se desploma en la muleta y se acaba echando. Lo que viene llamándose una babosa con bondad. 
 
  Un cuarto retinto ojinegro, o castaño según rezaba la reseña. Sale perdiendo las manos y hace cosas de burriciego, lo cual acarrea más de un susto y topetazos a los de a pie. Corta en banderillas. No embiste, pasa mirando al público de la andanada. Descaste total.
 
  Un quinto que salió del revés. Berrendo en negro aparejado, bien puesto de armas. La infantería lo saca rápido, recibiendo dos picotazos perfectamente señalados por Ismael Alcón. Tuvo la virtud de humillar, cualidad que sirve de poco cuando no hay codicia ni nobleza para seguir los engaños. Medio embistió dos veces por abajo y la tercera protestó. Eso fue todo.
 
  Se acabó la novillada (menos mal) con otro negro. Sale barbeando y no llega a los burladeros cuando lo reclaman. Basto de hechuras. Pega coces en el caballo; huye. Ni una sola embestida, se defiende continuamente. Manso con genio.
 
 
  Pésima tarde de los prietodelacal, como ocurre tantas veces en los toros y a otras tantas ganaderías que son repetidas año tras año, temporada tras temporada. Por ello, reivindico el mismo trato para el bueno de don Tomás; la oportunidad de resarcirse más pronto que tarde. No sería de recibo una condena al ostracismo porque la grandeza de la Fiesta reside en su variedad, en su riqueza, y su losa se fundamenta en la monotonía.
 
  Al volver a casa, no podía dejar de recordar estas palabras que escribía Luis Fernández Salcedo hablando de la ganadería de don Juan Manuel Sanchez, "Juanito Carreros":
 
  Bastó que él faltase, o que se apartara en sus últimos tiempos, para que se viniese abajo todo aquel gran castillo de naipes. No olvidemos, por otra parte, que en este asunto, por lo mucho que tiene de misterioso cuanto se relaciona con la bravura (y ahora me remito a mi primer libro de El toro bravo, en el cual se habla de la difícil selección de la bravura), hay un factor suerte (por llamarlo de algún modo) que cuando actúa en el mismo sentido que la competencia del criador, produce grandes efectos; pero que, en otros casos, hace un efecto enteramente letal. Podría formarse una interminable lista de grandes ganaderos en teoría, cuya actuación práctica quedó muy por bajo de su insignes merecimientos. Algo de esto debió de ocurrir a don Juan Manuel...
 

2 comentarios:

Jose Morente dijo...

Vazqueño:
El (mal) resultado de los novillos de Prieto de la Cal ha creado demasiada decepción pues las expectativas puestas en este ciclo se me antojan excesivas. Esto creo que debe hacernos reflexionar un poco a todos.

Suponer que estos encastes hoy en minoría son la única tabla de salvación de la fiesta (como se defiende en algunos foros) me parece excesivo e irreal. Si el mono-encaste Domecq prolifera es por su adecuación al toreo actual. Esto creo que es innegable.

Pero dicho lo anterior, sin embargo, tampoco pienso que el proceso de unificación ganadera que se sigue hoy sea en absoluto positivo para la fiesta. Creo que debemos arbitrar los medios necesarios para que el proceso de mono-encastamiento gire en sentido contrario al actual. Esto me parece muy importante porque la fiesta debe "abrir opciones". En ese sentido, cualquier esfuerzo que se haga (como el que hace usted en su blog) por la defensa y mantenimiento de los encastes “singulares” me parece necesario y loable.

Propongo pues, la "coexistencia" del exquisito toreo actual (del gusto de las mayorías) con la lidia a toros más fieros (del gusto de las minorías más selectas de aficionados). Esta “entente cordial”, donde aficionados y públicos jueguen cada uno su correcto papel (sin que ninguno de los dos planteamientos deba anular al otro), me parece necesaria para el buen futuro de nuestra fiesta.

¿Podría estar la solución (como propone André Viard en el último número de Tierras Taurinas) en la "redefinición" de la suerte de varas?

Un abrazo

Vazqueño dijo...

Suscribo cada una de las palabras de su comentario.

Para encontrar el equilibrio que tan acertadamente plantea, necesitamos un esfuerzo de los profesionales para "redefinir" el tercio de varas, como propone Viard y como hizo usted tan acertadamente en una serie de entradas magistrales. Siendo realistas, la respuesta, a todas luces, sabemos que será negativa por parte del gremio de picadores. El tercio de varas y su conflicto, eterno quiste de la Fiesta.

Lo que sí podemos hacer es pedir un esfuerzo a las empresas para que trabajen con sentido común y a los toreros que marcan las pautas, demostrando que se puede torear con grandeza a todas las castas del toro de lidia, teniendo en cuenta las ganaderías que se encuentren en buen momento; lo que también parece mucho pedir.

Había mucha ilusión con el encierro de Prieto de la Cal y más tratándose de una novillada, que suelen moverse más que los toros; por ello, como usted refiere, el golpe ha sido duro, muy duro en mi caso. Aún así seguiré muy pendiente de lo que hagan los preciosos veraguas de don Tomás, y le estaré siempre muy agradecido por esa filosofía romántica de crianza, en pro de la afición y la emoción de la Fiesta.

Un abrazo.