lunes, 10 de febrero de 2014

La casta es la fiesta

 

Por Andrés de Miguel

 
Valdemorillo es un buen pistoletazo de salida de la temporada. El viento, la lluvia y el frío se quedan fuera de la grande y fea plaza cubierta donde se disfrutan unos carteles modestos e interesantes para muchos aficionados.

El atractivo de la pequeña feria de tres días estaba en la corrida de Ana Romero, inhabitual en Madrid y siempre llamativa por encastada. Una corrida de presentación nada espectacular con toros atacados de kilos, pero con un tesoro en sus embestidas: la casta.

Obedientes a los cites, acudían siempre con una embestida nada bobalicona. Cada pase había que ganarlo pero los toros respondían con fijeza y no permitían descuidos, que por otra parte nunca ocurrieron.

Castaño y su explosiva cuadrilla empezaron la temporada sin que todo este invierno de premios y reconocimientos haya mermado su disposición. El propio Castaño sacó una tanda de naturales de mucho mando, exposición, aguante y mérito en su primero. Paulita volvió a ser el torero que recuerdo de hace una década con su mezcla de decisión, elegancia impostada y parsimonia que hacen de él un torero interesante de ver. Escribano menos a gusto que con los bobalicones Algarra del día anterior, parece seguir su proceso de recuperación tras la tremenda cornada.

La docilidad de los juampedros de Luis Algarra protagonizó unas faenas sin ninguna emoción, absolutamente previsibles y que si para algo sirvieron fue para ver el oficio de David Mora y la intrascendencia de Saldívar.

Los de Prieto de la Cal tuvieron bonitas capas jaboneras, barrosas y demás tonalidades rojizas junto a feas hechuras, escasas embestidas y poco interés, si bien dos de ellos sacaron algo de movilidad para justificar el viaje.

La enorme diferencia entre la casta noble de los santacolomas de Ana Romero, y la mansedumbre obediente de los Algarra, marca el camino de la tauromaquia. Una fiesta que propicia el interés, el riesgo y por tanto el mérito y en su caso la belleza y por tanto la trascendencia o bien una diversión menor para pueblos en fiestas que encara un proceso cierto de decadencia y banalidad.

Fotos El Esportón
 

2 comentarios:

Alejandro P. dijo...

Hacía tiempo que veía una foto de un toro embistiendo con el rabo tan hacia arriba.

Vazqueño dijo...

Cierto. Vimos unos cuantos salir con el rabo enhiesto, buena señal!

Un saludo Alex