miércoles, 2 de noviembre de 2016

La suerte de varas

La suerte de varas, hacia 1855. Eugenio Lucas Velázquez (1817-1870)


   Entre las múltiples fuentes de inspiración que Eugenio Lucas encontró en la obra de Goya, el mundo de los toros protagonizó una parte muy sustancial de su carrera como pintor. Fue además buen aficionado a esta fiesta y amigo de toreros, reflejando su conocimiento del arte de la tauromaquia en una enorme cantidad de pinturas de la más diversa envergadura, ambición e interés, resueltas siempre con la factura enérgica y apasionada de su personal estilo, de toque vibrante y abocetado, que le identificó ya en su tiempo como el más legítimo seguidor del lenguaje goyesco entre la reducida clientela que apreció su obra en los años centrales del siglo XIX. De esta faceta del arte de Lucas es espléndido testimonio el presente cuadro. Representa un cruento episodio en el que un fiero toro berrendo, después de haber cogido al matador, atendido a la izquierda por su cuadrilla, embiste al caballo del picador -quien se apresta a realizar la suerte de varas-, desgarrando las entrañas del animal, que sangra abundantemente. Otro picador a caballo acude al galope a auxiliar a su compañero, mientras el resto de los subalternos intentan llamar la atención del astado con sus capotes. La corrida tiene lugar en la amplia plaza de un pueblo, formados los burladeros del improvisado ruedo con carretas y barricadas delante del caserío, dispuestas en círculo.


Fuente: Museo del Prado.