martes, 7 de mayo de 2013

Grises para San Isidro





Fotos web Victorino Martín

-o-








 Fotos Emilio Pérez
 
 
-o-
 
Toros reseñados para San Isidro, de Victorino y de Adolfo Martín, respectivamente. Quede claro que no sé qué llevarán dentro; sin embargo, por lo que se ve en las fotos, en cuanto a fachada, cuando normalmente los toros de la A coronada suelen venir a Madrid un punto por encima respecto a la gandería del hierro de la V, este año tiene pinta que se invierten las tornas...
 ¡Qué cosas!

lunes, 6 de mayo de 2013

Carriquiri

  Buen encierro de Carriquiri vimos ayer en Las Ventas, con más posibilidades de las que realmente obtuvieron los coletudos. El conjunto de los toros, sin ser muy corpulentos ni impresionar por sus cabezas, tuvo trapío, trapío de Núñez, algunos con una estampa realmente bella. Toros cinqueños, salvo el segundo, de gran finura, bajos de cruz, apretados de carnes, con rizos en la pelota y miradas serias. Hubo un garbanzo negro en sexto lugar, devuelto por inválido que fue sustituido por un ejemplar de Aurelio Hernando. De comportamiento variado que desgloso a continuación.  
 
  El primero quizás, por ser más basto, regordío y recortado de viga, fue el que más se diferenció de sus hermanos en hechuras. Un colorado anteado de nombre Flautista, que buscó los terrenos de la enfermería de salida pero acabó empujando en la contraquerencia en un tercer encuentro con los de a caballo. José María Arenas pasó en falso en dos ocasiones con los palos, dando la sensación de falta de poderío y facultades. Con la franela el toro tuvo un pitón derecho potable, voluntarioso y con cierta humillación, sin ser un dechado de codicia. Por el izquierdo apenas porfió Arenas tras un desarme. Mató arrancando de estocada trasera y caída, dejando una sensación anodina con el toro de su confirmación.
 
  Con muchos pies salió del toril Palillo, negro, bajo, largo y bien puesto. Empujó con brío en una primera vara, a media altura, y después Oliva Soto lo metió bajo el peto al relance privándonos del tercio de varas, como es costumbre actual.  Manseó muchísimo al sentir los arponcillos e incluso se descompuso con el peonaje. El toro peleó fenomenal en una primera tanda por el derecho, bien toreada por Oliva Soto y después se apagó y ofreció solo media embestida que el torero de Camas aprovechó para sacar muletazos de adorno muy pintureros. Toro rajado.
 
  El primero del lote de Esaú Fernández fue un colorado, ojo de perdiz, y apretado de armas, con el que pasó un mal rato y dejo evidencias de mal lidiador durante el tercio de varas. El toro no quería caballos y Esaú no tuvo recursos para imponerse, solo gestos de desaprobación para su cuadrilla que sonaban a excusa. El primer puyazo lo tomó el bicho por su cuenta en toriles y el segundo en la contraquerencia, haciendo el picador la suerte de la aceituna más allá de la primera raya, con la correspondiente bronca del público ignaro, que toma esto como una auténtica afrenta. Cuando tocaron a matar el toro quedó embestidor y tuvo faena por los dos pitones, como así se vio en las cuatro primeras tandas, antes de que Esaú se dedicara al toreo encimista de péndulos y caderazos en los hocicos del bicho. Mató entrando derecho de una estocada baja.
 
  Despúes salió el cuarto, para Oliva Soto, un toro que lo dejó en evidencia a pesar de las ganas y la actitud que transmitió. Este ejemplar, algo recortado de lámina y ensillado, lució una seriedad y un trapío incuestionable, amén de un comporamiento voluntarioso y sin reacciones reprobatorias en las dos varas que tomó en la Puerta de Madrid, siendo castigado arriba y no muy trasero, ¡por fin! Con fijeza y buen galope en banderillas, haciendo hilo a los de a pie, pasó a la muleta con muchísimo que torear: había que engancharlo, conducirlo y dominar al toro en todo momento, en una palabra, había que torear. Oliva Soto no hizo nada de esto en ningún momento y fue superado continuamente por Delicioso, falto de técnica y de mando, de bragueta, dejando nuevamente algunos lances de toreo accesorio y algún natural citando de frente, con el compás abierto, en la rectitud, de muy bella factura, aunque supo a poco para tan noble y boyante ejemplar. Lo pasaportó de una media en la cruz.


Delicioso de salida

Toreo de frente al natural de Oliva Soto, extraordinario planteamiento, escasos resultados. (Foto Francisco Pastor)



  El quinto daba aspecto de línea Villamarta, más alto, escurrido y ofensivo que sus hermanos, de hecho fue el de menos peso del encierro. Gañan se apodaba, de gran viveza y nervio durante toda la lidia. Se arrancó como un rayo al primer envite, se coló bajo el caballo y al levantar la cabeza en los cuartos traseros del caballo dio un tumbo espectacular del que Anderson Murillo, picador de dinastía, salió mal parado y tuvo que retirarse. Hubo unos segundos dramáticos, el toro corneando al caballo, los monos coleando al toro, el picador entrillado y el peonaje bastante pasivo a la hora de hacer el quite y alejar el toro del peligro. Después, colocado de nuevo en suerte, el toro tardea, se hace el distraido y se vuelve arrancar con celo, empujando fuerte en una segunda vara a cargo de Ricardo Romero, traserísima y carnicera que desangró al animal, dejando un reguero de sangre allí donde paraba el bicho sus pies. Imposible hacer faena a un toro en ese estado, aún así humilló y tuvo cierta codicia, antes de apagarse como era de esperar.
 
Gañán, de Carriquiri, derribando

Muy mal, ningún torero al quite. (Fotos Francisco Pastor)
 

 Cerró la corrida, tras devolución de un inválido de Carriquiri, un jabonero sucio de Aurelio Hernando, feote. Curiosamente se comportó al revés que un Vazqueño, frío y huidizo en los primeros tercios y a más en la muleta, codicioso y rebrincado. Esaú, con su tauromaquia rural, se hinchó a pegar pases, algunas veces limpios y otras deslucidos cuando los remataba por arriba y el toro cabeceaba el trapo. Pinchó una vez antes de finiquitar al jabonero, para darse una vuelta al anillo por voluntad propia muy protestada por el público.

El de Aurelio Hernando
 

viernes, 3 de mayo de 2013

Banderillas negras

  Vaya por delante que no presencié la corrida de El Cortijillo-Hermanos Lozano que se celebró en el día de ayer en el coso de Las Ventas, sencillamente no tuve ganas de acudir a un nuevo encierro de estos hierros a pesar de los toreros tan interesantes que había anunciados. Son ya muchas tardes en las que los hermanos Lozano se ríen de la afición, principalmente cuando de sus marcas blancas se trata, presentando en nuestra plaza verdaderas limpias de cercados, toros feos, abrochados, cornicortos, caballares, mulares, sin tipo Núñez, uno de este hierro, otro de aquel...; todo ello bajo el beneplácito de veterinarios y autoridades, muy condescendientes ellos con los propietarios de estas divisas. A través de la web de la plaza vi los toros en los corrales y terminé de confirmar mis sospechas: Corrida conmemorativa de aquel glorioso 2 de Mayo madrileño y en los corrales de su histórica plaza, veo que hay uno alto, otro bajo, aquel con cara de joven, otro con expresión viejuna, el de más allá escaso de defensas y a su vera uno que parece un buey. Bien sabe el aficionado el error que supone juzgar los bichos por las fotografías de los corrales, por variados y diversos motivos, pero aquello era tan sumamente claro que no dejaba lugar a dudas.
 
 
Novillo y toro de El Cortijillo. ¿Dónde queda la finura clásica del Núñez, los vientres recogidos, el lomo ligeramente ensillado?
 
  Haciendo honor a la verdad, no tengo nada que achacar a las hechuras del encierro presentado por El Cortijillo en la corrida del 10 de mayo de 2012, de muy buen trapío, sin embargo, y aquí llego al tema que quiero tratar en esta entrada, los toros de aquel día exhibieron una mansedumbre tal, tan espantadiza y cobarde, que parecían animales de media casta, moruchos de capea pueblerina.
 
  No pretendo, ni mucho menos, hacer afrenta con esta entrada a las marcas blancas de los hermanos Lozano, la mansedumbre es una condición más del toro de lidia presente en casi todas las corridas que se celebran, en todo tipo de ganaderías, y motivo de lucha constante del buen ganadero tratando de vencerla seleccionando casta y bravura. Otros ganaderos, muy modernos ellos, se vanaglorian de criar el toro bravo auténtico, el toro de hoy, el toro artista, el que sirve; y no es otra cosa que un manso que acomete, mansi-bravo que dicen algunos, o mansi-tonto, o perri-manso, ya no recuerdo cómo era exactamente. El toro de comportamiento verdaderamente bravo es una cosa muy seria y se ve en contadas ocasiones a lo largo de una temporada, un milagro de la naturaleza. No obstante, en lo que va de campaña hemos tenido la fortuna de ver ejemplares de esta clase en Castellón, con Cuadri; en Valencia, con Adolfo Martín; o en Arles, con Victorino Martín o Cebada Gago.

El bravo es un milagro, ya lo dijo Paco Media-Luna en su "Diccionario Cómico-Taurino para diestros que lo necesiten (que son muchos)".
 
Lagarto, de Cebada Gago. Lidiado y estoqueado en Arles 2013. Un toro bravo
 
  Todos los aficionados coinciden que en el día de ayer, se volvió a dar el caso de un toro huidizo que no quiere ver al caballo ni en pintura, siendo en vano todos los intentos por llevarlo a la caballería, pasando a los tercios posteriores sin recibir el castigo conveniente. Un toro de banderillas negras. No es un hecho aislado, lo hemos visto en infinidad de ocasiones en las últimas temporadas: en la corrida del día de la Hispanidad 2012, con el primer toro de Samuel Flores, la corrida del Cortijillo referida anteriormente, Atanasios-Lisardos de la familia Fraile, etc.
  El Reglamento Taurino que rige en Madrid, a este respecto, es claro y tajante:
 
 
 
  Es un facultad, no es un deber, el texto dice "podrá ... disponer la aplicación de banderillas negras". Entonces, ¿qué sucede con el equipo gubernativo de Las Ventas que nunca puede disponer la aplicación de banderillas de castigo? ¿Por qué nunca se aplica el castigo que han merecido tantas reses a lo largo de estos años? ¿Es un ardid por salvaguardar la honra de las divisas; hay algún tipo de confabulación entre presidentes y ganaderos; o quizá entre presidentes y lidiadores? ¿O simplemente es otro abandono de tantos que se producen restando a la lidia su variada y compleja preceptiva, a fin de convertirla en un solitario y triste tercio de muleta, que no de muerte?

  No dispongo de los datos exactos acerca de las últimas reses condenadas a banderillas de castigo por su mansedumbre, el último caso que encuentro es en 2007, en una novillada de Miguel Zaballos fueron condenados dos ejemplares, uno de ésta y un sobrero de El Pizarral. Juan Pelegrín publicó una buena entrada sobre ello. Aquella tarde, clavó fenomenalmente los rehiletes negros un torero que con el tiempo ha tomado categoría de maestro en el arte de banderillear: David Adalid.

  Pero si podemos hablar de lo que pasó en la segunda mitad del siglo XX, concretamente en las 50 primeras ferias de San Isidro (1947/1997), donde un total de 37 ejemplares sufrieron la condena del pañuelo rojo. Son estos:
San Isidro. 50 Ferias 50. Diego Lechuga
 
  En 50 ferias 37 ejemplares, un promedio que en los últimos años ha caído hasta llegar prácticamente a cero, insisto, ¿por qué se produce esta inhibición por parte de los presidentes? Porque mansos pregonaos se siguen y se seguirán viendo. La lidia se ralentiza de forma exasperante, se le hacen mil perrerías a los toros que perjudican a su comportamiento, algunos pasan crudos a la muleta y, al fin y al cabo, es otra suerte de la Tauromaquia que queda relegada al ostracismo, a la prehistoria. Otro pétalo que arrebatamos a la flor del espectáculo. 
 
 
 
Una lidia emocionante a un toro de banderillas negras, de Cortijoliva. Tarde histórica, Jose Miguel Aroyo, "Joselito",  encerrona en Madrid el 2 de Mayo de 1996
 


 
¿Acaso se habrá extraviado el pañuelo colorado del palco presidencial de Las Ventas?

 

domingo, 28 de abril de 2013

Dios me libre de un toro bravo

 
  Todo el mundo sabe que siempre, o casi siempre, con el toro auténticamente bravo ha fracasado el matador, y esto por tres razones principales: primera, porque cuando sale un enemigo de esta clase, haga lo que haga el espada, al público siempre le parece que el toro se merecía mejor faena. Segunda, porque estos bichos excepcionales tienen muchísima cuerda y, después de 30 pases, siguen comiéndose la muleta, por lo cual, si el diestro, creyéndose ante un toro corriente, intenta ya matarle, el público estima que, por haberle tomado asco, se le quiere quitar precipitadamente de en medio y protesta enérgicamente. Tercera y principal, porque el toro bravo es un animal peligroso, en el sentido de que se revuelve rápidamente; que acomete sin tregua; que atosiga al matador, al cual de buena gana engancharía, etc. No hay que olvidar que, como dijo "Frascuelo", gravísimamente herido en la corrida de "El Gran Pensamiento",  los toros dan cornadas porque no pueden dar otra cosa y, si dieran caramelos, todo el mundo sería torero.
 
  La bravura -bravura del toro, muy diferente de la mal llamada bravura comercial-, lleva casi siempre aparejada el fracaso material o moral del espada de turno. Fracaso material, con bronca. Fracaso moral, con ovación y salida al tercio, solamente. En la mente de todos vosotros están los fracasos que han tenido lugar, en lo que va de siglo, con los toro de bandera; pero, si queréis un ejemplo más sencillo, id al Batán y leed las lápidas; tomad nota de las fechas e indagad, después, cómo estuvieron los espadas correspondientes en los toros lapidados. Y esto es así, porque la bravura es fiereza y el toro, cuanto más bravo, más fiero y menos colaboracionista.
 
Luis Fernández Salcedo; Media docena de rollos taurinos.

martes, 9 de abril de 2013

Confirmación de alternativa de Antonio Bienvenida

  Tal día como hoy del año 1942 se doctoraba en Madrid con reses de Miura el matador de toros Antonio Bienvenida, motejado por los aficionados como don Antonio. Uno de los toreros que más han respetado, conocido y amado su profesión, paradigma de vergüenza torera, ídolo de la afición madrileña. Así sucedió y así lo cuenta Filiberto Mira en la biografía del espada.
Antonio Bienvenida
  Era la primera corrida de Miura que a su nombre lidiaba en Las Ventas el nuevo titular de la legendaria vacada, pues el año anterior don Antonio y don José Miura Hontoria ("los niños de Miura", como les decían los coetáneos) le habían traspasado los derechos de hierro y divisa a su hijo y sobrino Eduardo Miura Fernández, conocido entonces por Eduardito.
  Impresiona ver a estos toros en el campo; bueno es un decir, porque los miuras impresionan en cualquier sitio que se les contemple. Son desde luego las reses con más personalidad. Dicen que los toreros pierden el sueño desde que se ven anunciados con ellos en los carteles. No solo les asusta a los lidiadores el recordar las muertes de Pepete (el de Córdoba, tío de Manolete por cierto), de El Espartero, de Domingo del Campo "Dominguín"... sino que les aterra lo alto de sus agujas, lo elástico y flexible de sus cuello, lo duro y veloz de sus patas, lo apretado de sus carnes lo detonante de sus bramidos, lo largo de su trapío, lo fijo que miran, lo pronto que aprenden, lo certero de sus derrotes, y sobe todo lo difícil que resultan de engañar por lo avispados que son.
Miura en los corrales de Pamplona
  En una de esas tertulias alguien comento:
  - Buen gesto el de Antonio Bienvenida, el de tomar la alternativa con miuras.
  Y otro replicó:
  -Una locura de el Papa Negro, más cómodo le resultaría torear urquijos o apés en tarde de tanto compromiso.
  Fue gesto de Antonio y no locura del padre, porque la decisión la tomó personalmente el propio matador. Tan empecinado en el capricho, que por cumplir su deseo, hasta en la cárcel estuvo.
  Resultó que al llegar los miuras a Madrid, se pelearon en el desencajonamiento, unos con otros, y varios quedaron maltrechos, dictaminaron los veterinarios que los seis no podían lidiarse. Determinó la competente autoridad que con sobreros de otros hierros se remendase el encierro y el festejo se podía celebrar en la fecha anunciada. Opinó la empresa, con el cartel de "No hay billetes" en las taquillas, que un preventivo advertiría al público la sustitución de las reses, que nadie devolvería las entradas, y que como todo era legal la corrida se diese, pues no daba tiempo a traer desde Sevilla otros de la misma divisa.
  No opinaron lo mismo los hermanos Bienvenida. Para Antonio era una cuestión de dignidad profesional y un compromiso de honor con su propia historia y con la afición a la que le había prometido lidiar miuras en su alternativa. Él y Pepote se negaron en rotundo a torear. Como en la Fiesta ocurren, han ocurrido y ocurrirán tantas paradojas, resultó que la autoridad no estimó pertinenetes las alegaciones de los diestros (que ante todo manifestaban que no admitían que se pudiese estimar que era un ardid para evitar enfrentarse a toros de tan temida divisa, pues algunos podrían creer que era falso lo del maltrecho de las reses) y ordenó la encarcelación de los espadas en la madrileña Prisión de Porlier. Lo de las paradojas lo decimos porque no deja de ser "curioso" el meter presos a dos toreros POR EMPERRARSE EN TOREAR MIURAS.
  Lo cierto fue que Pepote y Antonio estuvieron puestos a la sombra durante tres días, y como dio tiempo, entre tanto, a traer nuevos miuras con ellos al fin se dio la corrida del doctorado en el madrileño coso el jueves 9 de abril de 1942.
 
  En lo artístico la tarde fue de intermitencias, con ráfagas de olés y otras de hastío, como suele ocurrir, cuando el ganado embiste desigual para la lidia. No los hubo ni rotundamente peligrosos ni tampoco salió uno de esos miuras con sobrecarga de nobleza, que también se dan en esta ganadería, exigiendo un torero excepcional que sea capaz de estar a su altura. Antonio que a lo largo de su vida mató medio centenar de los de este hierro, se habría de encontrar de los unos y de los otros, pero en la corrida de su alternativa se halló con un lote de los que imponen el pasaportarlos con prontitud y aseo. Aunque hasta el pase cambiado le dio al cárdeno Cabileño (así se llamó el que le cedió Pepote), en la jornada de su doctorado no obtuvo, ni muchas palmas ni muchos pitos. Estuvo sobrado lidiando a tres toros ariscos y derramó, como muestra, algunas gotitas del perfume de su arte. El gesto se cumplió con el mérito de que los miuras no fueran cómodos ni fáciles.

miércoles, 3 de abril de 2013

La "crítica" moderna y la estocada de Juli

Cuando el espada se arranca a matar o espera en la suerte de recibir, la mirada inteligente del aficionado imparcial no está en el morrillo de las reses para ver dónde cae el estoque, sino en los pies del espada para ver cómo ejecuta la suerte. La colocación del arma depende de mil accidentes independientes de su arte y de su voluntad.
Bachiller González de Rivera

Estocada de Juli a un Garcigrande (5º de la tarde, 2º suyo) el reciente Domingo de Resurrección

Criticar no es censurar sistemáticamente; pero tampoco es elogiar por sistema. Criticar es alabar lo digno de alabanza, y fustigar lo digno de censura.
Adolfo Bollaín
 ¡Y aquí surge el cronista taurino! Este tiene el deber de comentar, con arreglo a su especial criterio, los lances más importantes de la fiesta. Debe juzgarlos y clasificarlos. Debe dar a cada lidiador el pago a que por sus faenas se haya hecho acreedor.
José de la Loma, Don Modesto
***
Mundotoro: El espadazo, los derechazos con el acero dentro y los dos pañuelos que salen a compás en la tronera del palco. (Sin firma).
Burladero:  La estocada pudo no caer en el sitio, cuestión de milímetros, pero la impresión fue la mejor. (Javier García Baquero).
Cultoro: Así le decía un moderno a otro cuando Juli flotaba en naturales con la mano derecha tras hundir una estocada perfecta al quinto y poner Sevilla bocabajo o patasarriba, según se mire. (Javier Hernández).

Aplausos:  Lo reventó con la espada y llegó el primer trofeo. // Y la estocada, como la faena, fue soberbia. (Víctor García-Rayo).
El Mundo:  Estocada al cuarteo contundente. Una oreja y desproporcionada petición de la segunda. // Estoconazo y dos orejas. (Zabala de la Serna).
ABC:  Con su habitual salto, logra un estoconazo: muere el toro en una bella estampa y corta la primera oreja. // Mata de estocada, volcándose, y el presidente saca a la vez los dos pañuelos. (Andrés Amorós).
El País:  Volvió a volcarse sobre el morrillo del animal y cobró otro estoconazo, trasero como el primero, que desbordó el entusiasmo. (Antonio Lorca).
***
¿Qué pasa aquí? ¿Por qué este engaño alevoso? ¿O es que estos "críticos", o "cronistas", no saben lo que es un "espadazo", "estoconazo", una "estocada soberbia" o "volcarse en el morrillo"?