sábado, 3 de febrero de 2018

¡A los toros!




—¡Altramuces! ¡Abanicos! ¡Naranjas! ¡El programa de la corrida! ¡La lista grande!
Alcahuetas y cesantes, pícaros y bohemios, ciegos y lisiados, con donaires y lástimas, dan tientos a bolsa ajena. El gentío de a pie, con el sol en la espalda, sube hacia la plaza esparcido por las dos aceras. Endrina y garbosa, ondula la gitana prometiendo venturas. Sobre un penco trota el picador, amarillo jinete, con el azul monosabio a la grupa. Un ciego pregona el romance del Horroroso Crimen de Solana. En la imperial de los ómnibus, chungas y algarabías, calañeses y peinetas de teja, bastoneo y pataleo, luces morenas. El mayoral arrea el tiro de mulas. Bailan borlones y cascabeles. Restalla la fusta. Avinados berridos blasfemos. En torno de la plaza tumulto de ruedas y caballos. Humo de fritangas:
—¡Agua, azucarillos, aguardiente! ¡El programa de la corrida! ¡Agua, azucarillos, aguardiente! ¡Claveles! ¡Claveles! ¡Claveles! ¡Patitas de bailaor, déjame una mota!
Moscas y polvareda. Negrea el tendido en las entradas de la plaza. Disputas taurómacas. Impacientes empellones.
—¡Naranjas! ¡Naranjas! ¡Fresa! ¡Fresquita!... ¡De la Fuente del Berro! ¡Aleluyas de don Perlimplín! ¡Risa para un año! ¡El programa de la corrida! ¡El horroso crimen de la Solana!


Ramón María del Valle-Inclán. Viva mi dueño, 1928

sábado, 20 de enero de 2018

Toro de saca de Tomás Prieto de la Cal






Berrendo aparejado en jabonero. Número 30 o 34, guarismo 3. Ejemplar extraordinario por su seriedad y belleza, muy en el tipo del encaste a excepción de lo generoso y lo veleto de sus defensas, menos frecuente en esta divisa. Desconozco el nombre pero seguro que lo averiguamos, el toro va a dar que hablar. Está por ver si el animal demuestra lo que lleva dentro en el tercio de varas, en una plaza, o termina en las calles arremetiendo contra talanqueras y mobiliario urbano, sería una pena que eso sucediera. Encontrar hermanos de camada que igualen ese trapío para poder lidiarlo en un festejo mayor supongo que estará complicado. Veremos.

Nos informan que se trata de Lucero, nº 34, guarismo 3.

sábado, 13 de enero de 2018

Aclaraciones sobre Cazarrata, de Moreno Silva


     Debido al tráfico de visitas que está recibiendo la entrada sobre este toro y con el fin de evitar malos entendidos, he añadido una nota en dicha entrada aclarando mi opinión que podéis leer a continuación:


Nota añadida: Viendo el número de visitas que está generando esta entrada debido al furor que está despertando este toro dos temporadas después (¿?), me gustaría añadir unas palabras aclaratorias. Efectivamente, Cazarrata no se dolió al castigo de las banderillas negras, bien, pero es solo un detalle dentro del conjunto de su lidia que, como sabemos, cuenta desde que sale del toril hasta que el hondero le pone la cincha para arrastrarlo. Este ejemplar, cuyas hechuras eran mucho más estrechas de lo que suele presentar su ganadero y también con respecto a las fotos que se vieron los días previos a su lidia, salió frenándose y buscando por el pitón derecho desde el primer momento, cosa que podemos atribuir a una naturaleza aviesa del animal o a que estaba currado, como opinan muchos aficionados. No estoy en posición de afirmar nada categóricamente, solo el ganadero lo sabe. En el tercio de varas Cazarrata se comportó con una mansedumbre clara y palmaria, buscando las vueltas del caballo, calamocheando o simplemente huyendo. Por mucho que le dieran siete u ocho veces, la mayoría fueron picotazos porque el bicho no se dejaba dar ni los picadores acertaron a taparle la salida. Ya en la muleta, Sánchez Vara, dentro de la dignidad de su actuación, no explotó el pitón izquierdo todo lo que debería a tenor de que el lado opuesto era imposible, como ya he comentado, creo que hubiera tenido alguna posibilidad por la zurda. El aliño fue muy corto y cuando cogió la tizona dejó media estocada tendida y baja, suficiente para que Cazarrata se echara sin mucha demora. Muy poca dureza de patas a la hora de morir. Esta es la lidia que yo vi, el que quiera la puede rememorar en YouTube. 

A mí el toro no me parece un dechado de nada, probablemente llama la atención por sus intenciones homicidas por el lado derecho y porque fue protagonista de un tercio con banderillas negras (en Madrid hemos pasado lustros completos sin que asomara el pañuelo rojo y no será por falta de mansos). He visto toros igual o mucho más listos, con tanta o más mansedumbre, pero con muchísimo más poder y casta, requisitos indispensables que Cazarrata apenas tuvo. He presenciado cantidad de toros desangrados en varias varas, con medio metro de palo dentro, y parecía imposible que nadie fuera capaz de tumbarlos. Cazarrata no tuvo casta ni en el sentido de acometividad, ni en el de vender cara su vida. Ni siquiera me trasmitió mucha fiereza o animalidad, simplemente mala leche para ir al cuerpo del torero y para arrancarse cuando entendía que podía hacer presa. 

Después hay otro aspecto no menos importante. A este comportamiento un tanto extraño, hay que sumar las declaraciones de su criador días después de la lidia de Cazarrata, afirmando que le había puesto una vacuna, a este y a toda la corrida, para tranquilizarlos y para que no se pegaran en el campo tratando de evitar bajas. De ahí, al parecer, la estrechez de hechuras. No sé si fue un arrebato del ganadero para exculparse y que los toreros no le hicieran la cruz, o si es cierto. En principio, si lo dice el ganadero, lo tengo que tomar por cierto, y, siendo así, un animal que ha sido vacunado antes de salir al ruedo para modificar su comportamiento no puede entrar en ninguna escala de méritos que yo haga. Es muy simple, el comportamiento del toro está manipulado, no es natural. Si esto le pasa a un ganadero del encaste dominante hubiera sido vapuleado. Cualquier tipo de manipulación siempre será censurada por un servidor, venga de donde venga, los toros han de salir a la plaza tal y como los parió la vaca. 

Se levantan muchas sospechas fundadas sobre Cazarrata. ¿Estaba toreado, estaba vacunado? Con estos aspectos oscuros, sumado, como he dicho, a que no fue ningún dechado de poderío y de casta, no me parece un toro, ni mucho menos, para elevar a los altares del torismo, del torismo que yo entiendo, al menos.

He dicho.




sábado, 2 de diciembre de 2017

Citando a banderillas




Impresionante escena de ese gran pintor de toros que fue Manuel Castellano. El toro es de casta vazqueña, si no me equivoco marcado con el hierro del Duque de Veragua, crecido en la querencia del caballo muerto y de bellísima estampa.

lunes, 27 de noviembre de 2017

El toro de Urbina que mandó al equino y al torero a la enfermería


     Ocurrió el 30 de agosto en la plaza de Toro, en la provincia de Zamora. Sobrero de Sánchez Urbina lidiado en sexto lugar, anunciando, según la tablilla, 580 kilos. De nombre Desencanto. Le hizo frente David de Miranda, que sufrió un terrible volteretón del que pudo salir muy mal parado. El toro me llama poderosamente la atención por la escena que propició en el tercio de varas.

Las imágenes hablan por sí solas. 












No quedó claro si el caballo murió o no. Las imágenes, como ven, son de otra época. En La opinión de Zamora, E. S. Domínguez firmaba la siguiente reseña:

Desencanto se llamaba, 580 kilos de toro, alto, imponente, negro zaino, mal encarado y el sobrero que no tenía que haber sido lidiado. Fue el último astado de la tarde, el séptimo, y se convirtió en el protagonista para mal de la corrida de toros de las fiestas de San Agustín. Una dura cogida sobre David de Miranda dejó al joven matador inconsciente sobre el suelo, haciendo temer lo peor a todos los allí presentes. Instantes antes de la fuerte cogida sobre el de Huelva, el animal había derrumbado al caballo en el tercio de varas, dejando atrapada la pierna del picador durante más de un agónico minuto en la que el astado no dejó de embestir sobre el equino, que tuvo que ser arrastrado por los toreros fuera de la plaza sangrando abundantemente y prácticamente sin moverse. El Cid, que logró salir por la puerta grande, quedó opacado por la desgracia que protagonizó la última faena de la tarde en la que también toreó Juan José Padilla.  

No tuvo suerte David de Miranda con las reses ayer, el sexto volvió a toriles tras el tercio de varas, su pata trasera derecha estaba dañada y el astado cojeaba ostensiblemente. Y el séptimo, de 580 kilos, era un mal bicho. Con 70 kilos menos que el segundo de "El Cid" aparentaba todavía un tamaño mayor. En el segundo pase que le dio el joven matador el astado entró con una fuerza desmesurada, a diferencia del resto de animales, nadie hubiera pitado un duro castigo por parte del picador. Puntazo que no pudo ser porque el sobrero derrumbó al subalterno de Miranda y creó la primera escena de pánico de la tarde.  

El animal tenía una arrancada terrorífica, cargó contra el caballo y lo derrumbó casi de inmediato. El toro no atendía a llamada alguna y se cebó con el equino. "Fortuna" que permitió, tras un agónico minuto, liberar la pierna atrapada del picador, que estuvo a merced del de Sánchez Urbina si este hubiera dejado de embestir un solo momento. El caballo, totalmente indefenso y desprovisto de las protecciones desgarradas por el toro comenzó a sangrar abundantemente. Tras finalmente conseguir llamar la atención del animal, mozos y toreros evacuaron al caballo arrastrándolo, tras cubrirlo con una lona. El animal fue inmediatamente operado por el veterinario. Solo una coz al viento cuando salía por el ruedo mostró que en el equino quedaba vida, inmóvil sobre el albero minutos después de la horrible cogida. Desencanto no perdió peligro ni frescura tras el tercio de banderillas, repleto de tensión y miedo en los tendidos. David de Miranda no se achantó y consiguió, ya con la muleta, pegarle un par de derechazos al animal. Las ganas de agradar del joven matador hizo que se acercara bastante y en un desplazamiento lateral el toro forzó un tropiezo del torero, que al intentar recuperar la verticalidad sufrió un tornillazo del toro que le cogió de lleno, alzándolo en volandas hasta caer de una altura considerable. No hubo pitonazo, pero Miranda cayó con el cuello y quedó inconsciente al instante. La plaza enmudeció, para después sobrecogerse por el estado del matador, que indicaba a primera vista lo peor. El toro, embravecido con el capote, no se cebó sobre el cuerpo inconsciente del torero, que fue trasladado rápidamente a la UVI Móvil y de ahí al complejo hospitalario de Zamora, con un esguince cervical y pendiente de una revisión más exhaustiva, tal y como confirmaron las autoridades allí presentes. La ambulancia salió de la plaza arropada por un estruendoso aplauso. Fue Padilla el encargado de acabar con el séptimo toro de la tarde, tras varios intentos con la espada.






Analizando los detalles que nos proporciona el periodista, sin más versiones a mano y con la ligereza que tienen este tipo de opiniones, diría que sucedió lo que tantas veces sucede hogaño, y más en este tipo de plazas. Salió un toro duro, de patas y de cabeza, que nadie supo o ver, o que si vieron temieron seguir picando por el qué dirán y la consiguiente bronca del público iletrado que no quiere ver tercio de varas. El cornúpeta llegó entero a la franela (se ve muy poca sangre en la cerviz) y se quitó de en medio al matador de un tantarantán que le pudo provocar una lesión gravísima. O quizá no, si alguien sabe más o hay otra versión que lo diga, si sabe qué pasó con el equino, también.

A día de hoy, David de Miranda todavía se está recuperando de las lesiones que le provocó el revolcón. Desde aquí le deseo lo mejor y una pronta y satisfactoria recuperación. 


Novillos de Prieto de la Cal




Novillos de Prieto de la Cal en Pedrajas de San Esteban (Valladolid). Publicada en internet el 26 de agosto de 2017.