viernes, 22 de junio de 2012

Fenómenos paranormales


Álvaro Núñez Benjumea explicando sus teorías ganaderas a los aficionados en tertulia celebrada por la Asociación el Toro de Madrid el día 4 de febrero de 2010 (queda suspendido el "don" hasta que presente un encierro en Madrid como Dios manda)

 

  Aún hoy un servidor de ustedes le sigue dando vueltas y no se explica cómo es que la torada de Núñez del Cuvillo, tan alabada y endiosada en los últimos tiempos por profesionales del mundo del toro (no tanto por esos tipos extraños llamados aficionados), paradigma del toreo posmoderno que unos aciertan a comprender y otros no tanto, haya protagonizado una serie de hechos tan vergonzosos que nada tienen que ver con una ganadería de tanto prestigio como se pregona, no sólo en este último San Isidro, sino en las últimas dos temporadas.

  Cómo es posible que Álvaro, propietario de una vacada que cuenta con 800 vacas madres, repito, ochocientas vacas madres, según dijo en la tertulia aludida que yo mismo pude presenciar, cómo es posible, decía, que este gachó no sea capaz de presentar doce bichos que satisfagan las demandas del aficionado venteño, es decir, unos toros con cara de toro, expresión de toro y hechuras de toro. Para mayor afrenta, les cuento lo más sangrante porque según dejó caer uno de los empresarios de Madrid, Manuel Martínez Erice, en tertulia desarrollada el 8 de marzo del presente, organizada por la Asociación el Toro de Madrid, sólo hay un ganadero que había subido sus emolumentos en 30.000 euros por corrida, uno que iba a comparecer dos tardes en el ciclo primaveral, y hasta ahí podía leer porque el señor Martínez Erice no quería dejar más pistas. Ya me dirán ustedes qué ganadero estaba anunciado dos tardes en la maratón de primavera que se celebra en Las Ventas. Estas frases tan jugosas las escuchó el que les cuenta esta historia con estos apéndices auriculares tan generosos que la naturaleza me ha dotado. 

  Lo dicho, con estas referencias y haciendo un repaso de las tardes que la ganadería de Núñez del Cuvillo ha sido anunciada estas dos últimas temporadas, dos de ellas en las que tuvo que ser remendada con una pareja de toros, una en la que dos animales fueron devueltos,  y todas ellas tras un trasiego constante de camiones de ganado se vieron ejemplares con expresión de novillo y cuerpo de novillo protestados por el público. A ver si alguien me puede explicar a que se debe un desaguisado de tal magnitud por dos años consecutivos cuando Álvaro dijo en 2011 que tan lamentables hechos no se volverían a producir, con una factoría de toros en el campo de todos los colores y tamaños, siendo además el ganadero (?) mejor retribuido de todo el ciclo isidril.

  No entro a valorar el juego de los animales y el comportamiento que Álvaro busca en sus toros, son suyos, que cada uno haga en su casa lo que quiera, pero si viene a Madrid con un presunto título de excelencia ganadera que lo demuestre con unos encierros de irreprochable lámina y trapío, y que no se persone con esas inmundicias bovinas que nos ha presentado estos años, un ridículo que cualquier ganadero auténtico sería incapaz de protagonizar bajo ningún concepto, es más, algún  ganadero antiguo como don Faustino Udaeta (este sí, ganadero con todas las letras) mandó su célebre vacada al matadero al ver el juego manso de sus toros en una corrida de gran expectación que estoquearon el 13 de mayo de 1894 nada más y nada menos que Espartero, Guerrita y Reverte. Apuesto que a don Faustino ni se le pasaba por la cabeza presentar un encierro en Madrid que no infundiera pavor en el público con su sola presencia. Que tome nota tanto criador de toros cobardes que hemos visto este San Isidro y alguno que ni siquiera es capaz de presentar seis toros con toda la barba.

  Añadir que la anécdota acerca de don Faustino Udaeta va en honor de mi amigo Luismi, gran aficionado a toros, que siempre me la ha contado con fascinación. 


4 comentarios:

Xavier González Fisher dijo...

En la ubicación siguiente, está la narración que hace del gesto de don Faustino Udaeta, José Sánchez de Neira, en el número de La Lidia publicado el 24 de junio de 1894, se titula "El ganadero y los toros de lidia":

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0002023207&page=8&search=Udaeta&lang=en

Saludos desde Aguascalientes, México.

Vazqueño dijo...

Xavier: En primer lugar agradecer que pases por mi blog y que además nos regales alguna aportación, es todo un honor.

Me encanta bucear en la vasta hemeroteca de la Biblioteca Nacional y lo cierto es que muchas veces lo hago para leer a Sánches de Neira. No conocía el artículo que nos enlazas, me ha parecido muy interesante. Comprendo la crítica que hace al ganadero por tan contundente decisión pero no comparto la opinión que da sobre el trapío ya que para Sánchez de Neira sólo parece existir un tipo de toro. Es verdad que por aquella época aún no se habían creado muchas Castas pero las diferencias entre unas y otras eran muy marcadas. Parece que Sánchez de Neira también cae en ese pensamiento equivocado en el que sólo se concibe un tipo de toro en cuanto a hechuras, pensamiento que considero muy marcado en nuestros tiempos, igual que sucede con el comportamiento. Son muy pocos los aficionados, aunque de mucha categoría, los que entienden y admiten la variedad de comportamientos según la Casta de procedencia, espero que Sánchez de Neira fuera el caso...


Me quedo con el último párrafo, sublime:

"Hasta los mas refractarios á nuestra incomparable
fiesta, no pueden ocultar su asombro al contemplarle,
al observar su gallardía y arrogancia, y al considerar
que sólo en España, y nada más que en nuestro privilegiado
suelo, se crian al aire libre esos ejemplares tan
hermosos, tan fieros y tan valientes como nobles".

Saludos.

Xavier González Fisher dijo...

Pedro: A veces se ha encontrado uno con las cosas que los amigos comentan algún tiempo antes. Yo transcribí ese artículo de Sánchez de Neira y lo puse en La Aldea hace ya un par de años y lo encontré sin buscarlo, recordando la anécdota que leí seguramente en alguno de los libros de Fernández Salcedo o Filiberto Mira. Y sí, Sánchez de Neira allí expresa su particular visión acerca de lo que él cree que debe ser el toro y la pontifica y convengo contigo en que aunque había diferencias marcadas entre lo que se criaba en esos días en unas y otras casas, no había mucho para comparar, pero lo había al final de cuentas. Lo único que se puede concluir, es que cada cabeza es un mundo y al final, Sánchez de Neira dijo lo que él creía, con razón o sin ella. No obstante, comparto contigo mi admiración por ese último párrafo y mi esperanza en que se busque hogaño el toro hermoso, fiero, valiente y noble... aunque a muchos les pese.

Vazqueño dijo...

Xavier: Así es, la anécdota la he leído en Trece ganaderos románticos, de Fernández Salcedo.

Sánchez de Neira decía siempre lo que creía, de eso no tengo dudas. Y por lo visto en ocasiones le costó alguna amenaza...

Saludos