viernes, 28 de septiembre de 2012

En homenaje a Gallito

 Tal día como hoy hace una centuria, como sabeis, Joselito el Gallo era investido matador de toros a manos de su hermano Rafael. Tan magno acontecimiento sucedió en la plaza de toros de Sevilla, dando muerte a un toro de la ganadería de Moreno Santamaría, de nombre Caballero. No quería dejar pasar una fecha tan ilustre sin conmemorarla de algún modo en este blog, para ello, he escogido un texto relacionado con Madrid porque este, principalmente, es un blog de toros y Madrid. Un texto, como decía, escrito por un ferviente gallista: D. Luis Fernández Salcedo, donde relata lo acontecido en la plaza de toros de Madrid día 3 de julio de 1914, con sólo diecinueve años y sin llegar a cumplir dos como matador de toros, Gallito se encerró aquel día con seis toros de la ganadería de Martínez, propiedad en ese momento de D. Julián Fernández Martínez, padre de D. Luis Fernández Salcedo. Gallito fue un torero excepcionalmente capaz y se prodigó con abundancia en corridas como único espada, sin embargo, la fecha citada fue su única encerrona en Madrid, estoqueando finalmente no seis sino siete toros de Martínez, con resultado de éxito inapelable y un trasfondo en la carrera de tan insigne torero que no voy a profundizar porque no es el caso que nos concierne. 
  Vaya por delante que las fotografías que ilustran la entrada no corresponden necesariamente con la tarde que D. Luis narra, las cuales han sido "hurtadas" sin ánimo de lucro y con fe gallista de los blog de D. José Morente y D. Mariano Cifuentes.
  Porque no había toro que pudiera contigo, ni existía ninguno ilidiable; porque hacías fácil lo difícil; porque dominabas todos los toros y todas las suertes; porque no hay vergüenza torera como la tuya; porque nunca se había toreado así hasta que tú llegaste; porque nadie ha puesto tanto riesgo en las suertes con la torería que tú lo hiciste; porque no habrá quien te iguale; porque eres y serás el Rey de los Toreros:

Gloria a ti, Gallito


El cartel 

  "Desde el número 9 de la fila tercera, de la grada décima, que valía 5,75 y lleva puesto el sello de Contaduría", Don Luis Fernández Salcedo nos cuenta cómo discurrió aquella histórica tarde:


  Los que nunca habían visto corridas de un solo matador, se figuraban que el diestro únicamente aprovecharía las buenas oportunidades, y en los toros que no se prestasen al lucimiento tendería a salir decorosamente del paso. Los que además sabíamos la repugnancia con que Joselito se avino a torear los berrendos, pensábamos que la lidia de ambos sería puramente de trámite. Todavía no conocíamos hasta dónde llegaban la afición y el amor propio de aquel torero excepcional.


Los toros

  Había despachado muy lucidamente a "Descarao" y "Comedido", cuando se abrió el portón para dar salida a "Barrabás". Con aquella alegría que le caracteriza, apenas el berrendo pisó la arena, le saludó con cuatro garbosos recortes capote al brazo, consumando a la perfección la suerte favorita de Reverte. Tomó el toro cuatro puyazos, y José, tirando una vez más de repertorio, hizo todos los quites diferentes y artísticos, escuchando grandes ovaciones.


Le saludó con cuatro garbosos recortes capote al brazo

  Como la pelea del toro, muy brava y noble, le había gustado desde el primer momento, sin dejarse arrastrar por ideas preconcebidas, tomó las banderillas espontáneamente, al uso de entonces (en efecto, los matadores solamente banderilleaban aquellos toros que, por sus condiciones, permitían un segundo tercio lucido, a base de parear de distinta manera que los peones. No se concibe por qué razón hoy los espadas se prodigan para poner pares al cuarteo, sin preparación vistosa, como un banderillero cualquiera, y con el inconveniente de tardar mucho más, accediendo a hacerlo por otra parte de mala gana, ante el palmoteo del público, que les llama como el sereno). Gallito, después de prepararse el toro, cambió sin clavar, marcando los tiempos de modo admirable. A continuación, jugó materialmente con "Barrabás" antes de ponerle al cambio un par magnífico. Clavó después uno bueno de frente, que quedó un poquito trasero, y un tercer par magnífico, de dentro a afuera, aprovechando una arrancada tremenda y resultando los palos algo desiguales.


Jugó materialmente con Barrabás antes de ponerle al cambio un par magnífico

  Con la muleta, tras un pase cambiado, dio una magnífica serie de ayudados por bajo y por alto, de kikirikí y de trinchera, intercalando también un molinete. Hubo después una segunda parte de adornos -¡esa escuela sevillana, movida y retozona, según la frase de don Natalio!- uno de los cuales consistió en pasar el pañuelo, con auténtico mimo, por la cara del enemigo, dominado a las primeras de cambio, el cual ni pestañeó siquiera. El momento, vistosísimo, fue captado por muchas máquinas fotográficas, entre ellas la de Cortés, que preparó con ella una portada para La Lidia de entonces... ¡Se llegó a decir que en el pañuelo de bolsillo echaba unas gotas de cloroformo para atontar a los toros!


Dominado a las primeras de cambio

  Agarrado José al cuerno del toro, acabó de prepararle para la muerte en la suerte natural, consiguiendo una media estocada ligeramente trasera y desprendida, que al mismo matador ahondó con eficaces pases de muleta, hasta que dobló el noble "Barrabás", escuchando por toda su lidia una gran ovación, con insistente petición de oreja, que no llegó a cortar, aunque sí en el toro siguiente, "Coralino".

  Para dar un descanso al quinto, "Nevadito", se sento un momento en el estribo del 10, después de un gran tercio de banderillas. El éxito del joven matador había ido "en crescendo"; pero a estas alturas tenía completamente empapada de sudor la taleguilla celeste y oro. Muchos pensaron que ya no podía más y que aquella brega incesante, a base de hacérselo todo, y aquel calor de espanto, agotaban sus fuerzas. ¡Cuál no sería el general asombro cuando, al salir el sexto lugar el otro berrendo, mandó imperativamente que todos los peones se quedasen en el callejón, a excepción de Blanquet!... Y si a lo largo de toda la corrida fue la dirección de lidia quizá lo mejor, la proeza de lidiar entre los dos aquel toro ahí quedó, en espera de que alguien la iguale. ¡Cuántas tardes de ahora, viendo a los matadores rodeados de toreros, viene a mi imaginación esta escena! Las mejores verónicas de la tarde se las dio a "Presumido", con los pies mucho más juntos que de costumbre y con más temple y suavidad. El toro fue muy bravo, aunque de poco poder. En una de las varas derribó al caballo que tenía prendido y, por no poder sacar el cuerno cayó el toro también, y tumbado en el suelo aún seguía corneando. Recuerdo bien este detalle.


Se sentó un momento en el estribo del 10, después de un gran tercio de banderillas


  Tomó el joven espada nuevamente los palos e intentó sesgar, pero tuvo que pasarse en falso y salió perseguido muy de cerca por el toro. Blanquet, corriendo en dirección contraria, le hizo un quite oportunísimo. Un espectador había arrojado un sombrero de paja, y con él alegró José al berrendo, consintiéndole con verdadera maestría, para poner al cuarteo un gran par, seguido de otro impecable, cambiando los terrenos, estando al quite nuevamente Blanquet.

  Y aquel maestro, de gran corazón, tuvo un rasgo felicísimo. Con el tercer par de banderillas se dirigió a donde estaba su subalterno y se le ofreció, reclamando el capote, con el cual le preparó el toro, tan eficaz como modestamente. Blanquet puso un par soberbio, levantando muy bien los brazos, y el público, auténticamente emocionado, hizo objeto a ambos de una calurosa emoción.

  Brindó Joselito a todos los espectadores desde el mismo centro del redondel y a continuación hizo la mejor faena de la tarde, entre el entusiasmo delirante del público, totalmente entregado, que ya no sabía cómo aplaudir. Entrando mejor que otras veces, dio una estocada un poco caída, de efecto fulminante. Corto una oreja, y desde el centro del ruedo oyó una inacabable ovación.


Entre el entusiasmo delirante del público

  Nadie se movió de sus asientos. El gran secreto del apartado había cundido por todo Madrid, y los que no sabían "de buena tinta" que el mocito iba a regalar un séptimo toro, hicieron sus conjeturas al ver que el sobrero era de la misma ganadería. No hicieron falta consultas, ni anuncios con pregón o pizarra. Don José Álvarez Arranz, que presidía, sacó el pañuelo con naturalidad y salió "Mulato", el toro preferido del niño. ¡Buen chasco le dio! Fue el único manso, hasta el extremo que hubo de tirarle Camero el castoreño para que tomase el tercer puyazo. Gallito hizo, lidiándole, prodigiosos alardes de facultades, sobre todo en el segundo tercio, poniendo un gran par a la media vuelta, aunque parezca raro; pero no había manera para el lucimiento con la flámula, y con el estoque estuvo desgraciado, necesitando tres pinchazos en hueso, media estocada y tres intentos de descabello para verle doblar, lo cual tuvo efecto a las siete en punto, dos horas después del comienzo del inolvidable espectáculo.

  Joselito fue sacado en hombros "de verdad", por la puerta de Madrid, y ovacionado después al tomar el coche, y en el trayecto hasta el Hotel Palace. Iba ligeramente disgustado por no haber redondeado el éxito -que fue, de todos modos, enorme- y podéis tener seguro que si el séptimo toro responde a las esperanzas que en él tenía puestas, hubiera hecho alguna nueva genialidad... y habría dado muerte también al "Sagitario", que si bien salvó su vida de momento, creo recordar que sucumbió, dentro de ese mismo mes, en las corridas de Valencia.


Fue sacado en hombros de verdad

  En su rabietilla final de niño voluntarioso es bien seguro que resonarían de nuevo en sus oídos las palabras de mi padre: "Me considero en el deber de facilitar el camino, señalando, a mi juicio, cuáles son los toros de confianza". Y, en efecto, los dos berrendos le habían proporcionado los mayores éxitos de la tarde. ¿El "Mulato"? ¡Ese no va, de ninguna manera! Ahora soy yo el que no se fía del resultado". Y a pesar de la cara de bravo que tenía el condenado fue el único lunarcillo de la corrida... ¡Bah! De todas maneras no podía tener queja el novel estoqueador. Había salido muy airoso del trance, y durante mucho tiempo hablaría de esta corrida el público de Madrid: el mejor del mundo cuando se entrega, como se entregó en la tarde de este viernes 3 de julio de 1914...


Durante mucho tiempo hablaría de esta corrida el público de Madrid, el mejor del mundo cuando se entrega  

lunes, 24 de septiembre de 2012

Tres y pa'casa


Mario Alcalde frente a Gorrión III, de Hoyo de la Gitana

  Eso es lo que tenía que haber hecho una vez cayó el tercero de la tarde, irme a casa, y así se lo comenté a los amigos que me acompañaban en el tendido cuando Torrero, de Sánchez Fabrés, murió como un bravo mediando la corrida. Con el regusto de ver dos ejemplares de Hoyo de la Gitana, de comportamiento serio y temperamental, más el novillo aludido de Sánchez Fabrés, que pedía constante pelea en los medios y no dejaba ni respirar al novillero, lo mejor hubiera sido marcharse del coso y saborear ese poso que deja el toro de casta. Pero no fue así, el aficionado a toros es sufridor por naturaleza, masoquista si me apuran, y el más noble de todos los animales, como bien dijo don Mariano de Cavia una tarde de petardo. Se habían apurado todos los cartuchos santacolomeños, restaban tres novillos de Sobral, al parecer procedencia Cebada Gago y Marqués de Domecq, mejunje que me dio cierto tufillo... "me temo que esto de Sobral va a ser una de tantas; nobleza, nobleza y nobleza", comentaba en voz alta a mis compañeros de localidad. Debe ser que Sobral constituye un encaste minoritario y es por eso que remienda la novillada, cavilaba inocentemente, esta vez en mi fuero interno ¿Y si, por casual, hicieron una buena adquisición de la acreditada ganadería de Cebada Gago y un hato de la otrora encastada ganadería del Marqués de Domecq que tanto me han comentado los viejos aficionados?, especulaba, ingenuo de mí. Pues no, piensa mal y acertarás que dice el refrán, mis agoreras reflexiones iniciales se hacían realidad según se iban lidiando los novillos de Sobral, de bonita lámina y contenido tan usual en estos tiempos, esto es, animales mansi-bravos que tan pronto quieren saltar la barrera y huir de la pelea, como les da por embestir, siempre bajo la premisa de una extrema suavidad, y una bondad tal que permite estar en la cara el tiempo que plazca, colocado en cualquier sitio. Porque estos animales de hoy lo admiten todo (menos dos puyazos en regla) y están preconcebidos para finos estilistas, empeño de los ganaderos que no logro entender porque echando un vistazo al escalafón, no veo estilista para tanta ganadería suave y tontorrona que puebla el campo bravo.
 
  Os decía que vimos dos novillos muy serios de Hoyo de la Gitana; pena ese tercero que fue devuelto con cojera en una mano. El primero descabalgó en el primer puyazo y salió furioso del segundo encuentro, embistiendo a todo aquel que lo provocaba. Urgía un tercer puyazo para calibrar con certeza la bravura del bicho, pero eso aquí, en la meseta central, no se lleva. Escarbó toda la lidia, lo cual no fue óbice para arrancarse en siete u ocho tandas por el pitón derecho con afán de coger el trapo, humillando, con nervio y mucho que torear. Jesús Fernández estuvo ahí, sin decir gran cosa, sin que su arte calara en los tendidos, y por supuesto, como le ocurre tanto a la novillería de hoy cuando se trata de esta clase de animales, sin dar la sensación que en la arena, el que mandaba era él. Aplaudimos sus buenos volapies, pues hacía ya unos cuantos domingos que no se veían espadazos dignos.
 
  El segundo, conocido allá por campos salmantinos con el sobrenombre de Gorrión III, salió alegre del toril y humillando desde el principio, se llevó dos soberanos puyazos en la suerte de la carioca que a la mayoría de toros de ganaderías que todos tenemos en mente los hubiera dejado con la lengua por los suelos, amorcillados para el resto de la pelea. "El Jaro" e Ignacio Estévez lo parearon superior y, cuando tocaron a matar, Mario Alcalde se fue a los medios, lo citó, y el novillo se vino alegre, regalando dos embestidas por abajo y humilladas que fueron un primor. Le arrebató la muleta y se enceló con ella, muchos vaticinábamos que en ese momento se acababa la historia y el novillo tornaría en bronco, pero no fue así e incluso fue creciendo a lo largo de la faena, acometiendo en todos los terrenos con franqueza. Lo referido sobre el mando y el poder cuando hablaba de Jesús Fernández también sirve para Mario Alcalde, que estuvo digno con el novillo si lo tratamos con benevolencia pero el animal invitaba torear con grandeza. Sintió en sus carnes la máxima de Lagartijo, útil para el toreo de lucha, que decía "si no te quitas tú te quita el toro", pues en la manoletinas finales, citando en la rectitud del astado, fue arrollado y, como un pelele, el novillo se lo pasó de un pitón a otro por los aires corneándolo en ambas piernas. Y no se puede decir que el animal fuera una alimaña, ni muchísimo menos, sino que las alharacas deben ser medidas y ponderando las cualidades de los toros. Tuvo el gesto torero de permanecer en la arena hasta ver morir a su oponente antes de ser trasladado a la enfermería.
 
  Jesús Duque está muy nuevo y cabreó todavía más al de Sánchez Fabrés dejando que le tocara la muleta varias veces a principio de faena, aún así, aguantó de forma decorosa el comportamiento del bicho, continuamente pegajoso y de embestida descompuesta. Siempre pidió pelea en los medios y mostró codicia incluso para morir. Lástima esos dos de Coquilla que no pudimos o no nos dejaron ver, más aún con el buen juego que dieron el verano pasado; y lástima no haberme ido a la muerte del tercero para quedarme sólo con el sabor de esos gracilianos duros, nobles y bravos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Jesús Chover, novillero de ley

 
 Pavito, 528 kilos, de Concha y Sierra, jugado en sexto lugar
 
 
  Tarde aciaga en Madrid; tarde de sentimientos encontrados. Cuando esperábamos abandonar la plaza complacidos por el juego regulero de una ganadería que dábamos por muerta, sumado a la actitud de un joven torero, valiente y arrogante, que había dejado gratas impresiones en unos pocos aficionados, nos hemos encontrado con dos terribles cornadas en el momento que la corrida tocaba a su fin. Ha sido en el sexto y último del encierro, cuando el tiempo para finiquitar a la res había cumplido y la presidencia lo había ignorado, presintiendo que gracias al ímpetu del novillero la muerte del bicho era inminente, cuestión de un golpe de cruceta letal, uno de tantos que ya se habían dado. Mal menor preferible a ese tercer recado de los timbaleros, afrenta suprema de cualquier matador de toros que se precie. Pero no fue así, el bicho tomó conciencia de aquello, se dejaba llegar para buscar ese hachazo final de toro agonizante, el peor de todos los hachazos que pueda asestar un animal de casta. De la primera cornada -de quince o veinte centímetros según el parte- se rehizo como si nada, volviendo a la cara del toro con más ansia si cabe. A continuación vino la segunda, acompañada de un tremendo volteretón que dejó noqueado al espada, pues sus intentos por levantarse fueron en vano hasta que su cuerpo quedó sin señal de vida sobre la arena, ante el regocijo de unos guiris descerebrados que jamás entenderán el arte de lidiar toros, produciéndose un bochornoso espectáculo en la plaza mientras los toreros llevaban el cuerpo exánime del novillero a manos del milagroso equipo médico del coso. Situación angustiosa para el aficionado cabal, verdaderamente lamentable. Varios minutos aguantó el novillo en la arena, ignorando la parada de bueyes, hasta caer de un golpe de puntilla desde el burladero de matadores.
 
  Antes, mucho antes de que esto sucediera, el joven Jesús Chover, de la escuela de Valencia, había dado toda una lección de lo que debe ser un novillero y una clase magistral de cómo se ponen las banderillas de poder a poder en los mismos medios del platillo; cuarteando; saliendo de dentro a afuera; y al quiebro. Encontrando toro en todos los terrenos con una facilidad abrumadora, y dejando los palos en los mismos hocicos del animal, tanto es así que por no hacer la salida de Judas fue arrollado por ese novillo que finalmente lo mandó a la enfermería. En el tercer par de cada toro se permitió el lujo de partir los palos contra la barrera y dejar las banderillas a la mitad de su medida original. Como buen torero valenciano, Jesús Chover ha demostrado unas cualidades como banderillero superiores.
 
  No se dejó ganar la pelea en quites y, con variado repertorio, compitió en buena lid con Iván Abasolo durante toda la tarde, un pique que se palpaba en el tendido. Se le vio más limitado con la franela, sin terminar de acoplarse frente a sus oponentes, ni acertar con las distancias, las alturas y los tempos. La espada, sin duda, fue el borrón. Así fue la presentación de Jesús Chover en Madrid, con sólo dos novilladas toreadas la temporada anterior, se enfrentó a un novillo de notable condición y alegre embestida que lució en el caballo; y el mencionado sexto, un precioso colorado salpicado en el tipo de la casa, que fue manso en el caballo, de dulce en la muleta perdiendo las manos varias veces, viniéndose arriba a la hora de morir.
 
 
Jesús Chover pareando al quiebro al tercero de la tarde, de nombre Magnífico. Gran novillo de Concha y Sierra
 
 
  Por lo demás, se lidió una novillada interesante y variada en comportamiento, sin ser nada del otro jueves, de diversa y preciosa lámina; con un primero que hizo pelea de bravo en el caballo, acusada posteriormente y que, con más fuerza, hubiera sido un buen ejemplar; un segundo manso en varas, sin fijeza, de embestida descompuesta; un cuarto que se ceñía por los dos pitones y requería espadas curtidos en el arte; y un quinto descastado, agarrado al piso, para torear en las cercanías. El lote más lucido, aludido más arriba, fue el de Jesús Chover. Iván Abasolo, siendo el más rodado, no supo solventar los problemas que plantearon sus novillos. Y Ángel Puerta estuvo aseado con su lote.
 
 
  Nota añadida: Copio este párrafo de una buena crónica escrita por mi buen amigo Cartujanillo en el blog Reflexionando a la verónica, suscribiendo cada una de sus palabras:
 
Especialmente vergonzoso el comportamiento de los turistas al contemplar las caídas del novillero y reirse, aplaudir las cornadas, ovacionar al toro cuando lo iban a apuntillar arrimándolo a las tablas, ovacionarlo muerto, abuchear al puntillero, arrojar las almohadillas con el chico en la enfermería...Y preocupante que en Madrid no seamos aficionados con criterio los suficientes para acallar a quienes no saben lo que hacen. Me he visto solo junto a Domingo Delgado de la Cámara y Vazqueño, del blog Dominguillos, ovacionando la labor del puntillero de plaza. Sinceramente preocupante que esté así este coso dando esta imagen durante la temporada.
 

lunes, 10 de septiembre de 2012

El torito de las figuras

 
 El Juli, ante una res de Torreherberos-Torrehandilla, aniquilando por segundo año consecutivo cualquier atisbo del animal que tradicionalmente se echa en la singular Feria del Toro de Pamplona.
 


Se ha dicho en letras de molde que el torero tiene derecho a elegir sus instrumentos de trabajo, como el pintor elige los mejores pinceles y pinturas para pintar sus cuadros. Y esto es verdad. Conformes. El torero tiene derecho a elegir los mejores capotes, muletas y estoques, que son sus instrumentos de trabajo. Pero ¿el toro? El toro es el cuadro a pintar. ¿Qué mérito daríamos a un pintor que, con los mejores pinceles, puesto ante el lienzo, se limitase a pintar un aro, por ejemplo? Y, ante otro lienzo, otro aro. Y ante otro, otro. No; el pintor que elija siempre como asunto para sus cuadros un aro, no puede ni debe cobrar treinta mil duros por sus obras. Hay que elegir asuntos más difíciles. Y, en el toreo, el toro no es instrumento de trabajo; es asunto. Y tiene más mérito pintar Las Meninas que pintar un aro.
 
Adolfo Bollaín; extracto de la conferencia titulada Hoy se torea peor que nunca, pronunciada en el Club Taurino Madrileño el día 7 de febrero del año 1947
 
 

domingo, 2 de septiembre de 2012

La primera en la frente

 
 Como en las pastelerías de Londres que entra todo por la vista y luego sabe insípido. Así fueron los veraguas
 
  Fiasco, plomo, petardo, decepción, revés, catástrofe... y todos los adjetivos que se quieran poner; la novillada que ha traído don Tomás no ha valido un mísero duro. Presencia justa, variedad de capas y juego muy desagradable, tanto para los coletas como para los aficionados de exigentes pretensiones. Cero poder; cero casta, cero fijeza, cero bravura en el caballo.
 
 Con pesadumbre y desazón según transcurría la tarde, hemos visto un primero devuelto por inválido, en el mismo tono que el resto de la novillada, muy blandita toda ella. Un varapalo que nos ponía sobre aviso de lo que iba a ser el resto de la tarde. Sustituido  por un novillo de Juan Antonio Ruiz Román, manso de tableros y puerta de toriles, pese a la insistencia del novillero, que pasó toda la faena corriendo tras el bicho, de medios a tablas.
 
  Un segundo negro zaino que ni fu ni fa. Se repucha del caballo; no aprieta ni hacia dentro ni hacia fuera; se queja de los arpones. Tuvo dos tandas que no encontraron el mando que exigía, mas enseguida torna en protestón, no pasa y pega brincos; desconozco si el efecto es causa de la falta de dominio. Sin fijeza ni codicia.
 
  Un tercero de pelo jabonero que no tardó en doblar las pezuñas a pesar de salir como el rayo del calabozo. Simulacro en varas. Es noble pero se desploma en la muleta y se acaba echando. Lo que viene llamándose una babosa con bondad. 
 
  Un cuarto retinto ojinegro, o castaño según rezaba la reseña. Sale perdiendo las manos y hace cosas de burriciego, lo cual acarrea más de un susto y topetazos a los de a pie. Corta en banderillas. No embiste, pasa mirando al público de la andanada. Descaste total.
 
  Un quinto que salió del revés. Berrendo en negro aparejado, bien puesto de armas. La infantería lo saca rápido, recibiendo dos picotazos perfectamente señalados por Ismael Alcón. Tuvo la virtud de humillar, cualidad que sirve de poco cuando no hay codicia ni nobleza para seguir los engaños. Medio embistió dos veces por abajo y la tercera protestó. Eso fue todo.
 
  Se acabó la novillada (menos mal) con otro negro. Sale barbeando y no llega a los burladeros cuando lo reclaman. Basto de hechuras. Pega coces en el caballo; huye. Ni una sola embestida, se defiende continuamente. Manso con genio.
 
 
  Pésima tarde de los prietodelacal, como ocurre tantas veces en los toros y a otras tantas ganaderías que son repetidas año tras año, temporada tras temporada. Por ello, reivindico el mismo trato para el bueno de don Tomás; la oportunidad de resarcirse más pronto que tarde. No sería de recibo una condena al ostracismo porque la grandeza de la Fiesta reside en su variedad, en su riqueza, y su losa se fundamenta en la monotonía.
 
  Al volver a casa, no podía dejar de recordar estas palabras que escribía Luis Fernández Salcedo hablando de la ganadería de don Juan Manuel Sanchez, "Juanito Carreros":
 
  Bastó que él faltase, o que se apartara en sus últimos tiempos, para que se viniese abajo todo aquel gran castillo de naipes. No olvidemos, por otra parte, que en este asunto, por lo mucho que tiene de misterioso cuanto se relaciona con la bravura (y ahora me remito a mi primer libro de El toro bravo, en el cual se habla de la difícil selección de la bravura), hay un factor suerte (por llamarlo de algún modo) que cuando actúa en el mismo sentido que la competencia del criador, produce grandes efectos; pero que, en otros casos, hace un efecto enteramente letal. Podría formarse una interminable lista de grandes ganaderos en teoría, cuya actuación práctica quedó muy por bajo de su insignes merecimientos. Algo de esto debió de ocurrir a don Juan Manuel...