viernes, 31 de mayo de 2013

Resurrección

Antonio Ferrera jugando con Baratillo, un señor toro
  Estos días de San Isidro, al finalizar las corridas indecentes que hemos visto día tras día, salían los aficionados de la plaza como muertos vivientes, marchaban taciturnos a sus casas, blasfemando sobre este espectáculo que están perpetrando los taurinos, empresa Taurodelta S.A. a la cabeza. Pero hoy, como algunos intuíamos, lo triste y anodino ha tornado en emoción, rito, valor, variedad, juego, riesgo; la Fiesta de los Toros en todo su esplendor. Las caras de los amigos que días atrás maldecían la Fiesta hoy se han iluminado, han vuelto a sonreír. La afición ha resucitado.
  Adolfo Martín presentó una señora corrida de toros a excepción del segundo de la tarde, escurrido y terciado. De salida se ovacionaron dos toros, primero y sexto, de lámina intachable. Como también se debió aplaudir al cuarto, Baratillo, Saltillo arcaico, ligeramente acarnerado y cornivuelto, un toro que transmitía pavor solo con su presencia.
  Pero esta corrida no hubiera sido apenas nada si no es por la torería y la generosidad de todos los hombres que se pusieron delante, especialmente Antonio Ferrera, así como Javier Castaño y su extraordinaria cuadrilla. En general faltó algo más de empuje y codicia en la muleta, no hubo ninguno verdaderamente bravo en varas aunque sí se vieron peleas espectaculares y todos muy exigentes para lidiar y torear de muleta.
  Aunque Ferrera no se entendiera demasiado con el toro que abrió plaza, burel blando, pegajoso por el derecho y más complicado por la zurda, durante toda la tarde, si acaso hubo algún momento para la distracción, ahí aparecía él, bien para ordenar la lidia, bien para colocar un toro en suerte a disposición del piquero, o para quitarlo presto del peto, haciendo planear las embestidas en su capote y rematar con medias verónicas de nota. Hasta en tres ocasiones nos deleitó en esta suerte de quitar al toro del caballo que destiló sabor añejo, torero y autenticidad. Mención aparte el tercio de banderillas que nos brindó con el cuarto, después de que el toro mostrara cierta renuencia para acudir a las provocaciones del piquero, demasiado aplomo, amén de hacer surcos en el suelo a fuerza de escarbar constantemente. Bien es verdad que cuando iba lo hacía con fijeza y poderío, colocando la cara para acometer al peto con celo, proporcionando un emocionante tumbo en el primer encuentro de puro poderío. Y seguro que esos dos encontronazos tan violentos fueron motivo de merma en los restantes tercios de la lidia. Como decía, Ferrera estuvo en maestro en banderillas. Primer par al cuarteo muy en corto, después de colocarlo él mismo con el capote que dejó plantado en los medios y que posteriormente lo uso para hacerse el quite a si mismo. Llevo el toro a punta de banderillas hasta la segunda raya para clavar un par de dentro a afuera tremendo. Y finalizó con un par pegado a las tablas, al quiebro, que no fue uno sino tres. Los palos quedaron bien reunidos, sólo le achacamos ese salto en el momento de clavar, sino hablaríamos de perfección, por lo demás rayó a un nivel magistral en cuanto a variedad, dominio del toro y sus terrenos. En la muleta hubo dos buenas tandas por la derecha, tirando del toro, la faena no cogió el tono que esperábamos, debido seguramente a la condición aplomada del toro en estos últimos compases -y en toda la lidia- porque Ferrera estuvo bien plantado y colocado en todo momento. Lo mató por arriba de estocada en la cruz algo atravesada. Oreja de ley.
  Javier Castaño sufrió una herida en la mano cuando toreaba de muleta al segundo, toro blando que quedó sin picar y se defendió en el tercio de muerte. Sin embargo, él y su cuadrilla pusieron la plaza en pie durante la lidia del sexto, que habría de lidiarse en quinto lugar si no se hubiera producido este percance. Tres puyazos en los que el toro tardeó, rajándose en el tercero, buscando excusas en los capotes. En los dos envites finales vimos el toreo en la suerte de varas, Tito Sandoval movió magistralmente el caballo y citó con la vara provocando la arrancada del toro con verdadero temple, igual que si lo hiciera el mejor de los toreros con el percal o la franela. Sublime. La ovación fue atronadora. La lidia continuó con tres soberbios pares de banderillas; David Adalid, que siempre ve toro, tenga la condición que tenga; y Fernando Sánchez, cogiéndolo en corto, andando en torero, dejó un par que provocó un clamor. Sonaron clarines para el tercio de muleta, con toda la plaza empujando, nos ilusionamos con el inicio de faena de Javier Castaño y algunos naturales largos y mandones que tuvieron eco en los tendidos en forma de olé ronco y seco. Ahí quedó, la faena nunca cogió vuelo puesto que Marinero tuvo a bien contener la euforia y esperar a Castaño dentro de dos días, cuando lleguen los Cuadri. Pero eso será otra historia.
  Alberto Aguilar sorteó el peor lote y no pudo refrendar las buenas actuaciones que ha cuajado esta Feria. El manso tercero fue muy descompuesto en la muleta y el quinto se orientó desarrollando mucho peligro. Le esperamos.

sábado, 25 de mayo de 2013

Victoriano del Río, figuras y Puerta Grande

  Las Ventas, toros de Victoriano del Río para Sebastian Castella, José María Manzanares y Alejandro Talavante. Sol y lleno de no hay billetes, los tendidos a rebosar, público de figuras. Se presentó un nutrido número de seguidores y partidarios deseosos de ver triunfar a sus toreros; la ponderación, la justicia, la equidad, son palabras desconocidas para toda esta turba de ultras enardecidos, mucho más peligrosos que cualquier aficionado de esos que llaman torista.

  Los toros de Victoriano, aunque de lámina desigual, estuvieron bien presentados, serios, con trapío, lo cual ya es mucho decir en un cartel de este tipo. Mansa de caballos y nobles toreables para la muleta en distintos grados.
 
  Abrió plaza un animal lesionado de una mano que Castella, con buen criterio, estoqueó con celeridad. En cuarto lugar deleitó a la masa con su archiconocida faena tantas veces vista, que todos los aficionados recitan de pe a pa; en esta ocasión más pueblerina que otras veces, enredándose con unos tremebundos circulares a un animal que admitía toreo fundamental, y del bueno. Por un momento pareció que nos iba obsequiar con el desplante del teléfono que algunos sólo hemos visto en foto, pero no, prefirió besar su mano y tocar la testuz del toro. Cortó una oreja.

  José María Manzanares sorteó un animalito más dulce que el merengue, de embestida pajuna y trote derrengado con el que pudo lucir su toreo de estilismo  en plenitud, ese que Ortega y Gasset decía que ocultaba el verdadero arte [el arte taurino está en agonía porque desde hace un cuarto de siglo entró en la zona etérea, remilgada y aniquiladora del estilismo]. Mató de una estocada recibiendo aprovechando inteligentemente las querencias del manso, de sobresaliente ejecución, llevando al toro toreado en el último lance de la lidia. Fue otorgada una oreja pedida mayoritariamente. Luego, parece ser que Manzanares se enfrentó a una fiera resucitada del averno taurino, pues no había manera que el hombre se impusiera al toro y de allí no salía nada en claro.
 
  Talavante abrió la Puerta Grande de Madrid cortando las dos orejas del tercero, bien es verdad que había petición sobrada y méritos suficientes para cortar la primera, pero la segunda, potestad del presidente, nunca debió concederse. Atendiendo al Reglamento Taurino, si la autoridad debe valorar lo sucedido en todos los tercios de la lidia, Talavante dio un recital de incapacidad y falta de recursos para lidiar un manso espantado en los caballos. Montó un buen guirigay moviendo los pencos desordenadamente. Era muy manso, pero no lo suficiente como para encerrarlo en tablas y dejarlo a merced del picador para arrearle un buen puyazo, esta vez sí, tapándole la salida. Así que el toro quedó crudito y a muchos hasta nos pareció de banderillas negras (qepd). En la muleta vino lo bueno y Talavante pegó tres o cuatro naturales soberbios, uno por aquí, otro por allí. El toro se lo echó a los lomos después del mejor natural que se ha dado en lo que va de temporada, cuando el Extremeño perdía la cara al toro y salía borracho de triunfo hacia las tablas, terreno que tanto gustaba al manso; otro detalle más de carencia lidiadora. A continuación vino el toreo por los adentros aprovechando los terrenos del toro, las bernardinas, y la estocada hasta la bola en la cruz. El toro tuvo su punto de nervio y de casta que calaba en los tendidos. Y al final, quedó la sensación que el bicho merecía una faena más rotunda, con más argumentos que los lances a favor de querencia y cuatro muletazos puntuales.
  Cerró la corrida un animal del demonio que, por lo que hizo Talavante con él, no tenía ningunas posibilidades, pero algunos tenemos nuestras dudas.

Así sale un torero ante sus partidarios en el siglo XXI
 
Pd. Queridos aficionados a toros, durante la lidia, olvídense de calibrar el pitón óptimo del toro, sea de la forma que sea, el 99% de los toreros comienza la faena por el derecho dejando bien claro "la verdad" con la que vienen a esta plaza.

domingo, 19 de mayo de 2013

Superado por los grises

  Desde el día que la empresa anunciara la encerrona de Talavante, a la sazón apoderados del torero, los aficionados hemos discutido largo y tendido durante el largo invierno que aún se resiste a marchar, hemos hecho muchas y diversas cábalas barruntando lo que pudiera acontecer en tarde de tanta expectación. Había opiniones de todos los gustos, tantas como tipos de aficionados: agoreros, triunfalistas, escépticos, cabales, pesimistas, optimistas, reservados... Estos últimos aportaban datos irrefutables, decían: "Plaza de Toros de Madrid, 6 victorinos, ganadería que Talavante nunca ha toreado", y se callaban. El resto nos mirábamos en silencio los unos a los otros y rápidamente nos abandonábamos de nuevo a la conversación haciendo mil y una conjeturas. El aficionado es iluso por naturaleza.
  Sin embargo ayer, cuando Talavante dio muerte al segundo de la tarde soltando la muleta y dando un sprint olímpico hacia el burladero del 10, volvíamos a la realidad de los toros, a la realidad de un torero que, efectivamente, no había olido la casta de los victorinos en la vida. En esos dos primeros capítulos ya habíamos visto como se inhibía de la lidia capotera, de vital importancia con estos toros; promulgaba la anarquía en los tercios de varas, abandonando las reses a su suerte y a la de unos picadores nefastos, sañudos, amantes de la paletilla y el espinazo; o despachaba al primero de una ominosa estocada envainada. Observamos también como Talavante era superado con capote y muleta por los grises, como el primero de la tarde, tras un inicio que orientó al animal, le ganó la acción a derechas en todo momento terminando por cabrearlo; o como fue incapaz de sacar una serie pulcra del segundo, toro malo, sí, como tantos otros con los que Fundi, Cid, Alberto Aguilar, Ferrera, Esplá, o Fernando Robleño, pelearon hasta imponerse aunque sólo sea en una tanda, antes de tomar la espada de matar con la cabeza bien alta.
 El tercero quedó en atisbo de faena grande por el lado izquierdo, y por momentos vimos esa mano izquierda del extremeño capaz de levantar al aficionado de la piedra en cada muletazo, pero ya digo que la faena fue un conato de lances puntuales y series de dos o tres muletazos, algunos excelsos y otros atropellados. Mató entrando bien, atravesando ligeramente el estoque, dando varios golpes de descabello antes de pasaportar al bicho, algo que quizás le privó de mayor premio que la ovación con saludos recibida.
  Aquellos naturales resultaron un palmeral en mitad de la inmensidad del desierto porque la tarde discurrió en la misma tónica que habíamos visto anteriormente, el torero ausente, inhibido y falto de recursos, esperando quizás el toro de carril que últimamente vemos con más frecuencia de lo deseado en la ganadería de Victorino. Intuíamos que el quinto lo iba a escoger el ganadero y raramente iba a fallar, así fue, pero aquello supuso el naufragio definitivo del extremeño. Se dejó torear de capa, fue manso y cuidado en varas, y a pesar de recibir una lidia aciaga el toro llegó a la franela y no paraba, humillando continuamente, sin echar una mala mirada a nadie. Sin ser toreado en ningún momento, con una estocada envainada y una media trasera muy tendida, este ejemplar, de nombre Plazajero, fue abroncado en el arrastre por el cada día más extraño y bipolar público de Las Ventas.

  El soso y descastado que hizo cuarto quedó inédito en manos del extremeño y el marmolillo que cerró el encierro era de nulas posibilidades para torear en redondo.

  En conjunto, imagen muy pobre de Alejandro Talavante con el animal de mil y un matices que se sale de lo acostumbrado y difiere de la monotonía ganadera que las figuras están imponiendo en la Fiesta. En ningún momento dio la sensación de dominar la técnica del toro de Albaserrada, de imponer la ley de su muleta. Ni bregó, ni lidió con la capa. Hubo un quite en toda la tarde, por chicuelinas (!). Mató mal. Las cuadrillas en la brega y los picadores, de pena. Un despropósito en general.
  El ganadero se rebajó a las exigencias que supone una figura contemporánea en el cartel y trajo una corrida terciada, sin el cuajo y la seriedad que acostumbra en la Plaza de Madrid, salvando el cuarto y sobre todo el sexto. De juego: media casta, mansos en varas, y después de ver la actitud y aptitud del torero, ¡menos mal! Para ver un corridón de Victorino esta temporada, además del que ya echó en Arles, me temo que hay que ir a Bilbao.



Pd. El viento tiene la culpa de todo lo anterior. 

martes, 7 de mayo de 2013

Grises para San Isidro





Fotos web Victorino Martín

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 Fotos Emilio Pérez
 
 
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Toros reseñados para San Isidro, de Victorino y de Adolfo Martín, respectivamente. Quede claro que no sé qué llevarán dentro; sin embargo, por lo que se ve en las fotos, en cuanto a fachada, cuando normalmente los toros de la A coronada suelen venir a Madrid un punto por encima respecto a la gandería del hierro de la V, este año tiene pinta que se invierten las tornas...
 ¡Qué cosas!

lunes, 6 de mayo de 2013

Carriquiri

  Buen encierro de Carriquiri vimos ayer en Las Ventas, con más posibilidades de las que realmente obtuvieron los coletudos. El conjunto de los toros, sin ser muy corpulentos ni impresionar por sus cabezas, tuvo trapío, trapío de Núñez, algunos con una estampa realmente bella. Toros cinqueños, salvo el segundo, de gran finura, bajos de cruz, apretados de carnes, con rizos en la pelota y miradas serias. Hubo un garbanzo negro en sexto lugar, devuelto por inválido que fue sustituido por un ejemplar de Aurelio Hernando. De comportamiento variado que desgloso a continuación.  
 
  El primero quizás, por ser más basto, regordío y recortado de viga, fue el que más se diferenció de sus hermanos en hechuras. Un colorado anteado de nombre Flautista, que buscó los terrenos de la enfermería de salida pero acabó empujando en la contraquerencia en un tercer encuentro con los de a caballo. José María Arenas pasó en falso en dos ocasiones con los palos, dando la sensación de falta de poderío y facultades. Con la franela el toro tuvo un pitón derecho potable, voluntarioso y con cierta humillación, sin ser un dechado de codicia. Por el izquierdo apenas porfió Arenas tras un desarme. Mató arrancando de estocada trasera y caída, dejando una sensación anodina con el toro de su confirmación.
 
  Con muchos pies salió del toril Palillo, negro, bajo, largo y bien puesto. Empujó con brío en una primera vara, a media altura, y después Oliva Soto lo metió bajo el peto al relance privándonos del tercio de varas, como es costumbre actual.  Manseó muchísimo al sentir los arponcillos e incluso se descompuso con el peonaje. El toro peleó fenomenal en una primera tanda por el derecho, bien toreada por Oliva Soto y después se apagó y ofreció solo media embestida que el torero de Camas aprovechó para sacar muletazos de adorno muy pintureros. Toro rajado.
 
  El primero del lote de Esaú Fernández fue un colorado, ojo de perdiz, y apretado de armas, con el que pasó un mal rato y dejo evidencias de mal lidiador durante el tercio de varas. El toro no quería caballos y Esaú no tuvo recursos para imponerse, solo gestos de desaprobación para su cuadrilla que sonaban a excusa. El primer puyazo lo tomó el bicho por su cuenta en toriles y el segundo en la contraquerencia, haciendo el picador la suerte de la aceituna más allá de la primera raya, con la correspondiente bronca del público ignaro, que toma esto como una auténtica afrenta. Cuando tocaron a matar el toro quedó embestidor y tuvo faena por los dos pitones, como así se vio en las cuatro primeras tandas, antes de que Esaú se dedicara al toreo encimista de péndulos y caderazos en los hocicos del bicho. Mató entrando derecho de una estocada baja.
 
  Despúes salió el cuarto, para Oliva Soto, un toro que lo dejó en evidencia a pesar de las ganas y la actitud que transmitió. Este ejemplar, algo recortado de lámina y ensillado, lució una seriedad y un trapío incuestionable, amén de un comporamiento voluntarioso y sin reacciones reprobatorias en las dos varas que tomó en la Puerta de Madrid, siendo castigado arriba y no muy trasero, ¡por fin! Con fijeza y buen galope en banderillas, haciendo hilo a los de a pie, pasó a la muleta con muchísimo que torear: había que engancharlo, conducirlo y dominar al toro en todo momento, en una palabra, había que torear. Oliva Soto no hizo nada de esto en ningún momento y fue superado continuamente por Delicioso, falto de técnica y de mando, de bragueta, dejando nuevamente algunos lances de toreo accesorio y algún natural citando de frente, con el compás abierto, en la rectitud, de muy bella factura, aunque supo a poco para tan noble y boyante ejemplar. Lo pasaportó de una media en la cruz.


Delicioso de salida

Toreo de frente al natural de Oliva Soto, extraordinario planteamiento, escasos resultados. (Foto Francisco Pastor)



  El quinto daba aspecto de línea Villamarta, más alto, escurrido y ofensivo que sus hermanos, de hecho fue el de menos peso del encierro. Gañan se apodaba, de gran viveza y nervio durante toda la lidia. Se arrancó como un rayo al primer envite, se coló bajo el caballo y al levantar la cabeza en los cuartos traseros del caballo dio un tumbo espectacular del que Anderson Murillo, picador de dinastía, salió mal parado y tuvo que retirarse. Hubo unos segundos dramáticos, el toro corneando al caballo, los monos coleando al toro, el picador entrillado y el peonaje bastante pasivo a la hora de hacer el quite y alejar el toro del peligro. Después, colocado de nuevo en suerte, el toro tardea, se hace el distraido y se vuelve arrancar con celo, empujando fuerte en una segunda vara a cargo de Ricardo Romero, traserísima y carnicera que desangró al animal, dejando un reguero de sangre allí donde paraba el bicho sus pies. Imposible hacer faena a un toro en ese estado, aún así humilló y tuvo cierta codicia, antes de apagarse como era de esperar.
 
Gañán, de Carriquiri, derribando

Muy mal, ningún torero al quite. (Fotos Francisco Pastor)
 

 Cerró la corrida, tras devolución de un inválido de Carriquiri, un jabonero sucio de Aurelio Hernando, feote. Curiosamente se comportó al revés que un Vazqueño, frío y huidizo en los primeros tercios y a más en la muleta, codicioso y rebrincado. Esaú, con su tauromaquia rural, se hinchó a pegar pases, algunas veces limpios y otras deslucidos cuando los remataba por arriba y el toro cabeceaba el trapo. Pinchó una vez antes de finiquitar al jabonero, para darse una vuelta al anillo por voluntad propia muy protestada por el público.

El de Aurelio Hernando
 

viernes, 3 de mayo de 2013

Banderillas negras

  Vaya por delante que no presencié la corrida de El Cortijillo-Hermanos Lozano que se celebró en el día de ayer en el coso de Las Ventas, sencillamente no tuve ganas de acudir a un nuevo encierro de estos hierros a pesar de los toreros tan interesantes que había anunciados. Son ya muchas tardes en las que los hermanos Lozano se ríen de la afición, principalmente cuando de sus marcas blancas se trata, presentando en nuestra plaza verdaderas limpias de cercados, toros feos, abrochados, cornicortos, caballares, mulares, sin tipo Núñez, uno de este hierro, otro de aquel...; todo ello bajo el beneplácito de veterinarios y autoridades, muy condescendientes ellos con los propietarios de estas divisas. A través de la web de la plaza vi los toros en los corrales y terminé de confirmar mis sospechas: Corrida conmemorativa de aquel glorioso 2 de Mayo madrileño y en los corrales de su histórica plaza, veo que hay uno alto, otro bajo, aquel con cara de joven, otro con expresión viejuna, el de más allá escaso de defensas y a su vera uno que parece un buey. Bien sabe el aficionado el error que supone juzgar los bichos por las fotografías de los corrales, por variados y diversos motivos, pero aquello era tan sumamente claro que no dejaba lugar a dudas.
 
 
Novillo y toro de El Cortijillo. ¿Dónde queda la finura clásica del Núñez, los vientres recogidos, el lomo ligeramente ensillado?
 
  Haciendo honor a la verdad, no tengo nada que achacar a las hechuras del encierro presentado por El Cortijillo en la corrida del 10 de mayo de 2012, de muy buen trapío, sin embargo, y aquí llego al tema que quiero tratar en esta entrada, los toros de aquel día exhibieron una mansedumbre tal, tan espantadiza y cobarde, que parecían animales de media casta, moruchos de capea pueblerina.
 
  No pretendo, ni mucho menos, hacer afrenta con esta entrada a las marcas blancas de los hermanos Lozano, la mansedumbre es una condición más del toro de lidia presente en casi todas las corridas que se celebran, en todo tipo de ganaderías, y motivo de lucha constante del buen ganadero tratando de vencerla seleccionando casta y bravura. Otros ganaderos, muy modernos ellos, se vanaglorian de criar el toro bravo auténtico, el toro de hoy, el toro artista, el que sirve; y no es otra cosa que un manso que acomete, mansi-bravo que dicen algunos, o mansi-tonto, o perri-manso, ya no recuerdo cómo era exactamente. El toro de comportamiento verdaderamente bravo es una cosa muy seria y se ve en contadas ocasiones a lo largo de una temporada, un milagro de la naturaleza. No obstante, en lo que va de campaña hemos tenido la fortuna de ver ejemplares de esta clase en Castellón, con Cuadri; en Valencia, con Adolfo Martín; o en Arles, con Victorino Martín o Cebada Gago.

El bravo es un milagro, ya lo dijo Paco Media-Luna en su "Diccionario Cómico-Taurino para diestros que lo necesiten (que son muchos)".
 
Lagarto, de Cebada Gago. Lidiado y estoqueado en Arles 2013. Un toro bravo
 
  Todos los aficionados coinciden que en el día de ayer, se volvió a dar el caso de un toro huidizo que no quiere ver al caballo ni en pintura, siendo en vano todos los intentos por llevarlo a la caballería, pasando a los tercios posteriores sin recibir el castigo conveniente. Un toro de banderillas negras. No es un hecho aislado, lo hemos visto en infinidad de ocasiones en las últimas temporadas: en la corrida del día de la Hispanidad 2012, con el primer toro de Samuel Flores, la corrida del Cortijillo referida anteriormente, Atanasios-Lisardos de la familia Fraile, etc.
  El Reglamento Taurino que rige en Madrid, a este respecto, es claro y tajante:
 
 
 
  Es un facultad, no es un deber, el texto dice "podrá ... disponer la aplicación de banderillas negras". Entonces, ¿qué sucede con el equipo gubernativo de Las Ventas que nunca puede disponer la aplicación de banderillas de castigo? ¿Por qué nunca se aplica el castigo que han merecido tantas reses a lo largo de estos años? ¿Es un ardid por salvaguardar la honra de las divisas; hay algún tipo de confabulación entre presidentes y ganaderos; o quizá entre presidentes y lidiadores? ¿O simplemente es otro abandono de tantos que se producen restando a la lidia su variada y compleja preceptiva, a fin de convertirla en un solitario y triste tercio de muleta, que no de muerte?

  No dispongo de los datos exactos acerca de las últimas reses condenadas a banderillas de castigo por su mansedumbre, el último caso que encuentro es en 2007, en una novillada de Miguel Zaballos fueron condenados dos ejemplares, uno de ésta y un sobrero de El Pizarral. Juan Pelegrín publicó una buena entrada sobre ello. Aquella tarde, clavó fenomenalmente los rehiletes negros un torero que con el tiempo ha tomado categoría de maestro en el arte de banderillear: David Adalid.

  Pero si podemos hablar de lo que pasó en la segunda mitad del siglo XX, concretamente en las 50 primeras ferias de San Isidro (1947/1997), donde un total de 37 ejemplares sufrieron la condena del pañuelo rojo. Son estos:
San Isidro. 50 Ferias 50. Diego Lechuga
 
  En 50 ferias 37 ejemplares, un promedio que en los últimos años ha caído hasta llegar prácticamente a cero, insisto, ¿por qué se produce esta inhibición por parte de los presidentes? Porque mansos pregonaos se siguen y se seguirán viendo. La lidia se ralentiza de forma exasperante, se le hacen mil perrerías a los toros que perjudican a su comportamiento, algunos pasan crudos a la muleta y, al fin y al cabo, es otra suerte de la Tauromaquia que queda relegada al ostracismo, a la prehistoria. Otro pétalo que arrebatamos a la flor del espectáculo. 
 
 
 
Una lidia emocionante a un toro de banderillas negras, de Cortijoliva. Tarde histórica, Jose Miguel Aroyo, "Joselito",  encerrona en Madrid el 2 de Mayo de 1996
 


 
¿Acaso se habrá extraviado el pañuelo colorado del palco presidencial de Las Ventas?