sábado, 19 de mayo de 2012

Torear con la muleta

Tomás Orts Ramos (1886-1939) firmó con el seudónimo de Uno al Sesgo



  Acabo de terminar este libro fantástico que aprovecho para recomendar desde esta humilde tribuna, está escrito por y para aficionados, sin ningún tipo de recelo, imparcial y muy equilibrado en todos los juicios que hace.

  He subrayado gran número de frases por su calidad literaria o de contenido técnico, entre ellas me encuentro con estos párrafos que a continuación transcribo, en relación con algunas cosas que he escrito en la anterior entrada sobre la tarde de figuras en la Feria de San Isidro, ya que uno no se explica tan bien ni por asomo, dejemos que lo haga un maestro. Dice así:


 En la labor que el espada realiza con la muleta, más que en cualquier otra de la lidia, precisa unir la belleza a la eficacia, o, en otros términos, torear para el público y torear para él. Una sola de las dos cosas, son bastantes los que lo consiguen, ambas, contadísimos. Dar pases bonitos es relativamente, fácil, mucho más dar el parón en estatuarios ayudados por alto, o de pecho, especialmente con la derecha, a favor de querencia, y componer la figura cuando el toro sigue su viaje; presenta grandes dificulatades, que son pocos lo que logran vencer, realizar eso mismo llevando al toro toreado, tirando de él, obligándole a seguir los vuelos de la muleta, porque para eso se necesita arte (maña) y valor, conocimiento de lo que el toro es y la valentía precisa para consentirlo cuando no es bravo, para aguantarlo y pararle cuando lo es, para correrle la mano, echarlo fuera si tiene codicia y se revuelve pronto, sujetarlo si tiende a la huida, y en una palabra para ser siempre el torero el que toree.

  Como lo primero que ha de hacer el espada para ello es dominar a su enemigo, reducirlo, quitarle poder si lo tiene en exceso, resabios si los demuestra, hasta que tome la muleta para poder "hacer faena", cuando de eso hay posibilidad, que no la hay con todos los toros, pues una vez dominados son muchos los que se agotan y quedan mansos o sin facultades, la faena de muleta los grandes maestros la dividen en dos partes: una primera de dominio, en que torean para ellos, y una segunda de adorno en que torean para el público, pero sin perder de vista lo que las condiciones del toro permiten, a fin de no deshacer por un afán de palmas lo hecho con anterioridad.


  Después de leerlo, cualquiera diría que el señor Uno al Sesgo estuvo viendo a Castella, Talavante y sobre todo a Manzanares la tarde de los victorianos. Iré subiendo más fragmentos de este libro que merecen la pena, algunos aclaratorios sobre temas muy controvertidos.


4 comentarios:

Jose Morente dijo...

Vazqueño:

Magnífico planteamiento el de Uno al Sesgo. Hoy (desde Manolñete para acá), por desgracia, queremos que se toree desde el primer muletazo. Además, la lidia no debe notarse.

Es bueno sacar a la palestra estos viejos textos para demostrar que pueden existir otras formas (distintas) de hacer las cosas. Formas que, a veces, pudieran ser mejores que aquellas a las que ya nos hemos acostumbrado.

Con independencia de la actuación de los toreros el jueves pasado, esas otras formas (como la que propone Uno al Sesgo) exigen más paciencia de los públicos que la que hoy se estila. Otro motivo para dar a conocer estos textos.

Un abrazo

Sergio J&B dijo...

Fantástico. Muchas gracias por la recomendación. ¿Sabe si se sigue editando?
Leyendo los extractos parece de una literatura elevada, ese esfuerzo cada vez menos exigido, y además de un lúcido sentido común. Hablando de literatura taurina quisiera resaltar algo: desde que leo acerca de toros y concretamente las crónicas, me ha llamado la atención siempre las diferencias entre las "valoraciones" de los principales portales y los blogs. No es difícil concluir porqué, lo cierto es que esas diferencias se me antojan tan enormes, que difícilmente puede alguien que no haya visto la corrida o sencillamente el profano, hacerse idea del evento. Digo todo esto por la impresión de equilibrio que me han causado los textos extraídos del libro a que hace referencia la entrada.

De nuevo gracias.

Vazqueño dijo...

Sr. Morente: Pienso que el público necesita que le muestren a las claras y en la plaza esas otras formas de proceder que, según con que toros, se me antojan de obligado cumplimiento. Porque el público no se molesta en estudiar, en tratar de comprender los "porqués" y los "cómos".

Para eso se necesitan variedad de encastes y comportamientos, y necesariamente toreros largos, inteligentes y dominadores que tanto echo de menos.

Lo dejo en este punto que la cuestión daría para muchas reflexiones y me voy a enrollar...

Un abrazo.

Vazqueño dijo...

Sergio: El libro intuyo que ya no se edita, pero no será difícil de conseguir en las webs de Librería Rodríguez, Egartorre o Iberlibro.

Estoy de acuerdo con tu valoración. La crítica tiene que alabar lo bueno y censurar lo malo, la crítica debe tener magisterio y enseñar al público, y eso, hoy día, pienso que no existe en los medios oficiales, al menos yo no lo percibo. En los blogs, afortunadamente, se pueden encontrar plumas que escriben en libertad y cuentan muy bien lo que sucede en la plaza, algunas de una forma muy instructiva.

Muchas gracias a tí por participar en este blog.

Saludos.